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UNIVERSIDAD Y MANIPULACIÓN

 

Demagogia política aparte, habrá que considerar que la "Marcha sobre Madrid" del 1/12 ha sido un sonoro fracaso. La manifestación contra la Ley Orgánica de Universidades  convocada por CCOO, UGT, sindicatos y asociaciones estudiantiles y otras organizaciones juveniles del PSOE y de IU, logró reunir poco más de cien mil manifestantes de los cuales por lo menos la mitad no tenían nada que ver con la Universidad, hasta tal punto que uno de los estudiantes entrevistados decía:" Hay pocos estudiantes y mucho vejestorio", otros dijeron cosas como: "Participo porque me han dicho que me van a quitar la beca", "Yo estoy en contra de la ley, pero a los profesores no los defiendo, se salvan muy pocos", " El sistema está muy mal" etc. De esto podemos sacar varias conclusiones:

1. En primer lugar que los, más o menos, cincuenta mil estudiantes que participaron - todos con transporte gratis y bocadillo - representan poco más que el 3% de los estudiantes universitarios matriculados en España o sea una minoría casi insignificante.
2. Que la controversia sobre la ley ha sido manipulado de forma indecente lanzando todo tipo de rumores como que lo que ésta pretendía era la privatización de la Universidad, un ataque a su autonomía, la eliminación de las becas, el aumento de las matriculas, los contratos precarios para los profesores etc. Una manipulación y unas mentiras que debían de ser sujetos al Código Penal para que de una vez la oposición y los sindicatos se enteren que en política no vale todo, y que en la democracia hay unos niveles éticos mínimos de obligado cumplimiento.
3. La politización de la manifestación la demostraron grupos de jubilados cantando la Internacional y gritando que el Gobierno les quería quitar la educación pública.
4. El hecho mismo de que muchos de los estudiantes que participaron en la Manifestación tenían ideas completamente erróneas sobre la Ley y, gracias a estas, eran completamente manipulables, demuestra la necesidad de una profunda reforma del sistema universitario ya que lo mínimo que hay que exigir a un estudiante es una cierta independencia de criterio y alguna capacidad de investigación. Investigar tampoco era muy difícil tomando en cuenta que la Ley en su totalidad ha sido publicado en todos los periódicos; claro, leer la prensa - o simplemente leer- no parece formar parte del bagaje "intelectual" de la inmensa mayoría de los universitarios.

 Me ha llamado mucho la atención que mientras que una generación anterior de estudiantes se movilizó en 1987 contra la LRU, que entonces fue considerado nefasta (había sido aprobada en 1983, con nocturnidad y alevosía, por tramite de urgencia en pleno verano), parte de la generación  actual, tantos años después, pretende, espoleado por estos rectores, catedráticos y profesores que se han puesto la Universidad por montera, defenderla a ultranza. Otro tanto ocurre con la selectividad que ahora es defendido por los mismos - oposición y estamentos universitarios - que durante años han pedido su abolición. 

La nueva LOU es bastante mejor que la LRU anterior, por lo menos termina con la endogamia y el enchufismo del profesorado que a partir del año 1985 creó un sistema en el cual, durante muchos años, para tener acceso a puestos académicos  era más importante tener carné del PSOE que las calificaciones académicas (profesores de esta procedencia ocupan casi un 70% de los puestos adjudicados entre 1983 y 1996). El resultado ha sido que la calidad de la Universidad española, antes quizás mediocre, ha bajado a niveles tercermundistas. No hay duda que en la nueva Ley hay cosas positivas y negativas, pero no hay ningún intento de privatizar la Universidad, más bien al contrario, ni de subir las tasas (competencia de las comunidades autónomas), ni de bajar las becas (que no se fijan por ley, sino en las convocatorias). Lo más negativo es que la LOU no ataca ni remotamente el problema principal; la masificación de la Universidad y la correspondiente falta de exigencia académica e intelectual para ser admitida en ella. 

El problema de la masificación se remonta ya a la reforma educativa de 1970, y fue el resultado de no haber sabido distinguir entre educación terciaria y universitaria, cuando esta debiera ser la cima de aquella. Igualando erróneamente los dos conceptos, la Universidad se ha masificado durante los últimos treinta años hasta tal extremo que se ha convertido virtualmente en un inmenso parvulario terciaria. En las manifestaciones contra la nueva ley, estudiantes, profesores y hasta rectores la han acusada de ser  "elitista". Una acusación temeraria y sumamente tonta; la Universidad para cumplir su cometido de cima del sistema educativo tiene la obligación de ser elitista, no (desde luego) elitista en el sentido económico-social, sino elitista intelectual.  Este concepto ha sido totalmente incumplido por haber convertido la Universidad en un cajón de sastre, en parte por dar satisfacción a la obsesión de la gente con la "titulitis", que, por lo menos en el pasado, garantizaría el bienestar de los hijos. El resultado ha sido que el sistema educativo español no es piramidal sino cilíndrico, y que el cilindro esta divido, desde arriba hacia abajo, en tres segmentos iguales. Porque lo abismal del sistema es que los estudiantes universitarios forman la tercera parte de su grupo de edad, o sea, grosso modo, uno de cada tres jóvenes de  19 a 26 años están en la Universidad dando lugar a una increíble  masificación y el consiguiente sacrificio de todos los exigencias intelectuales. Todos los estudios sobre la inteligencia humano han demostrado de sobra que escasamente un 8 a 10 % de los jóvenes tienen la inteligencia y capacidad intelectual para poder aprovechar una educación universitario exigente y de alto nivel, lo que indica que 2 de cada 3, o hasta 3 de cada 4, estudiantes universitarios sobran ( y han sobrado durante por lo menos los últimos 20 años). Esto llegó a ser evidente durante los años 80 cuando la mitad de los estudiantes que empezaron en la Universidad  no fueron capaces de terminar la carrera (con un alto costo social para la sociedad y un importante nivel de frustración para los fracasados), y, por otra parte, un porcentaje muy considerable del resto solamente lograron terminar por los pelos empleando hasta 3 o 4 años más que los 5 previstos. Para mejorar estos resultados se introdujeron las carreras cortas (diplomas) de 3 años para ver si de esta forma se podía bajar el porcentaje de fracasos, creando títulos sin sentido como arquitecto técnico, ingeniero técnico y tantos otros. Incluir carreras cortas en la Universidad es un contrasentido ya que por definición alguien que termina la Universidad debiera ser "doctorandus", o sea tener el derecho a doctorarse, derecho del que los diplomados lógicamente carecen. Las diplomaturas no caben en la Universidad y para las carreras correspondientes habría que crear, recrear, o potenciar, Escuelas Profesionales de nivel medio. Tomemos como ejemplo un hecho que, grosso modo, puede servir para todas las "diplomaturas"; abolir la Escuela de Aparejadores y convertir esta noble profesión en una carrera universitaria corta bajo el eufemismo de "Arquitectos técnicos" parece corresponder al mismo snobismo que sustituyó la palabra "portero" por "empleado de finca urbana" y la de "chacha, doncella o asistenta" por "empleada de hogar". Pero si este fuese el problema principal, el asunto sería meramente risible y no tendría más importancia; lo malo es que como "universitarios" los arquitectos técnicos no solamente se consideran más arquitectos (eliminan el adjetivo con sorprendente facilidad) que aparejadores, o sea técnicos medios, sino además no tienen ni siquiera la educación adecuada para funcionar  como estos. Siendo "universitarios" sus profesores sienten la obligación de llenar su currículo con conocimientos teóricos muy por encima de sus necesidades, combinado con una casi total ausencia de prácticas. No es sorprendente entonces que la carrera corta sigue teniendo tantos fracasos como la larga, y que ni siquiera sus graduados pueden ejercer las funciones medias que la sociedad necesite llenar.  El problema empezó antes de entrar en la Universidad, en la enseñanza secundario y la selectividad. El medio universitario, incomprensiblemente, está muy orgulloso de que en la última convocatoria de la selectividad más de un 80% de los candidatos aprobaron, cuando  este "éxito" lo único que demuestra es que la selectividad no "selecciona" absolutamente nada,  tomando en cuenta la pésima calidad media de la enseñanza secundaria. Este calificativo tan fuerte queda justificada por el resultado de la última encuesta educativa realizado por la OCDE en la cual los quinceañeros españoles salen muy mal parados, ocupando puestos muy bajos, muy por debajo de la media, en el ranking de comprensión de textos, de  matemáticas y de ciencias. Pero hay más; el sistema anterior, por  promediar las notas de la enseñanza secundaria y la selectividad, era altamente perjudicial para los alumnos de los mejores colegios españoles - públicas y privadas - en donde es más difícil obtener un aprobado que una matricula de honor en la inmensa mayoría de colegios- también públicos y privados- mediocres y hasta malos, con exámenes poco o nada exigentes. La única forma de evitar tal despropósito no es solo eliminar la selectividad sino además crear un  examen nacional de fin de enseñanza secundaria, un especie de  reválida, en el cual todos los alumnos serían examinados de una forma que desde el punto de vista organizativa podría imitar la selectividad, con la diferencia que en vez de medir una supuesta "madurez intelectual" se examinaría, objetivamente, los conocimientos de los candidatos a la Universidad, y la entrada a esta tendría que estar limitada probablemente a los que obtengan un notable alto. Los demás aprobados tendrían que ser canalizados hacia las carreras cortas una vez que estas hayan sido  convertidas en Escuelas Profesionales no universitarias. 

Antes he mencionado el porcentaje alto de  estudiantes que terminan la carrera por los pelos con 2,3 o hasta 4 años de retraso sobre los 5 años establecidos. No hay duda que es mejor terminar que abandonar - hay estudiantes que abandonan no por falta de capacidades sino por falta de estimulo intelectual y por el sistema puramente memorístico que existe en la Universidad - pero lo aterrador es que hay fuertes indicios de que muchos de estos estudiantes "lentos", a sabiendas que no tienen nada que hacer  en la empresa, terminan formando parte del profesorado universitario apuntándose a la vida cómoda, segura y poco exigente del funcionariado. Como es lógico, profesores con estos antecedentes no solamente son incapaces de dar ningún estimulo intelectual a los mejores de sus alumnos - la masificación es altamente negativo para los alumnos potencialmente más brillantes - sino que crea una enseñanza memorística, única forma con la cual los profesores puedan disfrazar su total falta de preparación: 

Lo aprendido eminentemente como memorización mecánica, a los tres meses, prácticamente está perdido. No hay recuerdo de nada. Cuántas empolladas, previas a los días/burocracia de los exámenes, sirven para bien poco. No sólo hay olvido, desprendimiento de materiales de información, no retenidos en red significativa oportuna. Lo menos inteligente es que ese tipo de estrategia memorizante sin red no genera entrenamiento intelectual. No provoca expansión cognitiva, ni metacognitiva"(J.D.Novak,1982)       

Nota: La traducción no es mía sino de la Enciclopedia Encarta.

 

 El problema del aprendizaje memorística no es solamente aplicable a los estudiantes sino hasta a las oposiciones para cátedra, que, como  todas las oposiciones, se basan en buena parte en la memorización, con punto y coma, de un temario extendido. No hay nada en contra del conocimiento profundo de un temario así, si la oposición se basase en preguntas analíticos sobre el mismo para dar al opositor la posibilidad de demostrar su total comprensión de la materia  y su capacidad para interconectar temas diferentes para llegar a conclusiones intelectualmente válidas. Muy al contrario, lo único que históricamente ha importado a los Tribunales, muchos de cuyos componentes no son expertos en la disciplina de la oposición, es poder seguir la exposición del opositor con el dedo, palabra por palabra, regla por regla, y con todos sus comas y puntos en los sitios adecuados. De esta forma no se juzga la capacidad intelectual del opositor sino meramente su capacidad de memorización mecánica. Hace años hubo en Francia un semi-atrasado mental con una memoria a prueba de bomba, hasta tal punto que el hombre se sabía todo la guía telefónica de Paris de memoria. No  quiero ni imaginarme a qué alturas este hombre pudiera haber llegado en España dedicándose a hacer oposiciones.
Los catedráticos y profesores más eminentes - los hay, pero no suficientes - están horrorizados con la bajísima calidad intelectual y la peor preparación de los estudiantes que llegan de la enseñanza secundaria. Pero no hay que sorprenderse, ya que si a los 15 años la mayoría  son incapaces de comprender textos fáciles no se pueda esperar que a los 18 o 19 repentinamente comprendan textos de cierto nivel intelectual, ni que al terminar la carrera pudiesen comprender lo todo. Para que la Universidad pudiera cumplir su función haría falta que los nuevos estudiantes que lleguen a ella vinieran con un alto nivel de comprensión intelectual para poder hacer su carrera universitario en un plazo de 5 años con total aprovechamiento. Para estudiantes bien preparados la Universidad debiera en esencia ser más fácil que la segunda enseñanza ya que mientras esta es multidisciplinaria, aquella es, básicamente, unidisciplinaria  y, si el estudiante ha escogido bien, debiera corresponder a su interés principal y a su talento específico. Como he dicho antes, está claro que 3 de cada 4 no debieran nunca entrar en la Universidad y debieron dedicarse a menesteres intelectualmente menos exigentes.

Si tomamos en cuenta todo lo antedicho podemos plantearnos la pregunta del porqué de la manifestación contra la nueva Ley, si no hay duda que el sistema actual está profundamente prostituída y que además la LOU  se queda bastante corta en la necesaria reforma. Vamos a ver las razones de porqué los estamentos e instituciones están tan en contra:
1. RECTORES Y VICERRECTORES: Dos grupos de menos de 50 personajes cada uno, de los cuales unos 40 defienden, panza al trote, unas Reinos de Taifas creados a partir de 1985 - algunos llevan en el puesto desde entonces -  reacios a perder sus privilegios y prebendas, o, mejor dicho, ante la mera posibilidad de que esto pudiera ocurrir.
2. EL PSOE Y IU: Los dos partidos de izquierdas de la oposición están, igual que Boabdil, llorando en la manifestación lo que no han sabido defender como políticos en el Parlamento. El PSOE además está defendiendo su control de la Universidad, laborado a conciencia desde 1983 ,el año que ocupó el poder. IU se apunta a todo, a ver si logra sacar algún provecho electoral en los siguientes comicios, con la vana esperanza de salvar los muebles y de no convertirse en extraparlamentario. Que los dos lo hacen demagógicamente creando rumores falsos sobre privatización, matriculas y becas debiera ser de "juzgado de guardia".
3. LOS SINDICATOS: La función y obligación de los sindicatos es preocuparse por la situación laboral y la protección social de los trabajadores, y una manifestación a favor de una legislación más exigente sobre  accidentes laborales entraría en su cometido, no se pueda decir lo mismo sobre su pretensión de opinar sobre una reforma universitaria, en gran parte organizativa, si no es porque pretenden defender el caciquismo y el derecho a pernada de muchos catedráticos y profesores que les son afines.
4. CATEDRÁTICOS Y PROFESORES: Hay una fundada sospecho que muchos de los catedráticos contraria a la reforma universitaria temen que esta les va a exigir el cumplimiento de su cometido - hay ejemplos de sobra que muchos con plaza  en "propiedad" (sic), delegan la enseñanza de sus asignaturas en tres, cuatro y hasta cinco profesores ayudantes, o sea las asignaturas que debieran ser enseñadas al nivel más alto de conocimiento, lo son al nivel más bajo - y  que van a tener que exponerse a unos controles mínimos de calidad. Otro tanto ocurre con muchos profesores - que igual que los catedráticos aludidos sí se han tomado la molestia de leer la nueva Ley - tan acostumbrados a impartir sus clases de forma rutinaria, arcaica y anacrónica. Hace años cuando un profesor de entonces, notorio por su falta de innovación, se vanagloriaba de sus treinta años de experiencia, una lengua "malvada" respondió que, mejor todavía, tenía el gran "mérito" de tener
¡la experiencia de UN año TREINTA veces repetida! Desgraciadamente la anécdota sigue teniendo plena validez y puede ser  multiplicada por mil.
5. LOS ESTUDIANTES: Estos pueden ser divididos en universitarios y de segunda enseñanza, en engañados y preocupados. Los engañados no se han molestados en enterase del verdadero contenido de la ley - poco importa, porque  si la hubieran leído tampoco habrían sabido entenderla - y se han dejado manipular como bobos sobre conceptos como matriculas, becas, privatización de la Universidad etc. Los preocupados más jóvenes tienen miedo de que la abolición de la selectividad - la misma de que antes siempre estuvieron en contra - y  su cambio por sistemas de selección más objetivos, les vaya a impedir la entrada en la Universidad y sienten un agravio comparativo en relación con las últimas generaciones de estudiantes universitarios. Los  mayores, más o menos a punto de terminar la carrera, tienen miedo a que el incremento  de criterios de selección del profesorado universitario les van a impedir incorporarse a la docencia universitario y que sus bien trabajados enchufes no les va a servir de nada. De cierta forma los dos grupos comparten la ambición, nunca confesada, de querer abolir cualquier tipo de examen comparativo, lo que recuerda a la huelga universitaria italiana de hace unos 15 años en la que se exigía el derecho de todo estudiante a recibir la licenciatura por el mero hecho de haberse matriculado durante 5 años (sic). Seguro que también participaba una tercera categoría: la de los pelotas que acompañaban a sus profesores con la esperanza de sacar mejores notas!
6.LOS JUBILADOS: La mayoría eran septuagenarios nostálgicos del pasado, del 68, del 82 y de las maravillas del felipísmo. Defendieron, según sus manifestaciones, la enseñanza pública como si alguien la estuviera amenazando. Hasta en el caso que el Gobierno hubiera estado tentado en algún momento de privatizar la gestión (no la propiedad) el ejemplo de las nuevas Universidades privadas les habría quitado la idea de la cabeza, ya que algunas de estas tienen niveles de exigencia todavía más bajas que la pública y parecen existir principalmente para asegurar un título universitario a los cachorros menos competentes de la burguesía. 

Algunos de los eslóganes de la manifestación dejan a uno auténticamente maravillado por su desfachatez. Usar conceptos como "Autonomía Universitaria" y "Libertad de Cátedra" para mantener posiciones caciquiles, solamente demuestra la falta de ética y altura intelectual de sus pronunciadores. Una cosa es la Autonomía Universitario, y otra  es convertir las Universidades de las Autonomías en feudos privados de sus rectores y de un partido político. La Universidad ha seguido en esto las mismas pautas que la política, también  muchas Autonomías han sido convertidos en feudo personal de sus presidentes que en algunos casos (Bono, Rodríguez Ibarra, Fraga, Pujol) ya llevan 16 o hasta 20 años en el poder. Con vistas a esto, no es sorprendente que CiU haya votado  contra de la ley, ya que, al igual  que el PSOE controla la mayoría de las Universidades en las Autonomías no nacionalistas, CiU se ha ocupado de controlar las catalanas. De todas formas, los conceptos mencionados no pueden ser de ninguna forma absolutos -por ejemplo, las Universidades son financiados con los impuestos de todos y tienen que rendir cuentas a la sociedad; los catedráticos y profesores no pueden usar la libertad de cátedra como excusa para no cumplir con su cometido o enseñar conceptos que van en contra del Estado de Derecho etc. - y necesitan de una rigurosa reglamentación.  

Tengo la ligera sospecha que las protestas en contra de la LOU, tienen mucho que ver con una venganza contra la ministra Pilar del Castillo por haber evolucionado desde posiciones muy izquierdistas - pertenecía hace años a Bandera Roja - a posiciones centristas. Fue nombrada, aparte de por su reputación de buena gestora, justamente por no ser sospechosa de defender posiciones conservadoras. Parece que la jugada no ha funcionado, principalmente  porque la izquierda no perdona y considera a del Castillo como una traidora a la "sagrada causa común".  No entiendo muy bien esto de "sagrada causa", pero parece que en gran parte  consiste simplemente en tratar de copar todas las poderes del Estado en favor de las cúpulas dirigentes de partidos supuestamente "progresistas". Me pregunto si fue mera casualidad que las dos leyes con que el PSOE logró  dominar respectivamente la Universidad y el Poder Judicial daten de 1983 y 1985, año anterior y posterior al famoso "1984" de George Orwell. De lo que no hay duda es que a Felipe González  el papel de "Gran Hermano" le venía como anillo al dedo.

La nueva ley es solamente un paso, casi pasito, en la buena dirección. Así lo han entendido unánimemente los catedráticos más prestigiosos del país -¡ si, los hay! - las Academias, representaciones importantes de casi todas las Universidades y buena parte de los profesores universitarios y de segunda enseñanza, y todos aquellos estudiantes que no solamente quieren obtener un título sino recibir una educación de calidad.

“Los rectores de las universidades públicas españolas han sacado a concurso en lo que va de año casi el triple de plazas a profesorado funcionario que en el pasado ejercicio. Con la medida, todos los puestos vacantes publicados antes de que se apruebe la Ley Orgánica de Universidades (LOU) habrán eludido de facto pasar por la exigente prueba de habilitación a la que obliga la futura norma”,  (El Mundo). Antes de que se pueda aplicar la ley, los rectores se han quitado la máscara y, abiertamente, han dejado ver su cara "mafiosa". Este  año, en plena discusión de la nueva norma, los rectores han sacado a concurso casi 9.000 plazas nuevas (incluyendo más de mil para catedráticos) - la mayoría en las últimas 4 semanas - usando el viejo sistema de la endogamia - un eufemismo para el enchufismo y el amiguismo - lo que implica un 20%  de la totalidad  de las plazas existentes hasta ahora. Con esta afrenta al Gobierno los rectores logran sus dos propósitos principales; de un lado, igual como hicieron en 1985, las plazas de profesorado universitario -¡funcionariado! - quedaron saturadas durante muchos años, asegurando así el control político de la Universidad por parte de los "progresistas" durante los próximos 25 años, de otro lado ellos mismos garantizan su continuidad futura con el voto de tanto enchufado inepto agradecido. Para colmo, el "incalificable" Gallardón, tan experto en nadar y guardar la ropa, va y da una bofetada tanto a la ministra como a su partido, nombrando a Joaquín Leguina para el cargo de presidente del Consejo Social de la Universidad de Alcalá de Henares a propuesta de su rector, que probablemente debe su cargo a aquel. Lo único que falta - vivir para ver - es  que los rectores empiecen a intercambiarse "Doctorados Honoris Causa" para reconocerse mutuamente sus grandes "aportaciones" a la Universidad.    

ã 12/2001
 

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