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TORRES EN LLAMAS
El ataque terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York (World Trade Center) ha demostrado una vez más la enorme vulnerabilidad y fragilidad de nuestra sociedad contemporánea. El presidente Bush ha estado defendiendo la necesidad de un "Escudo antinuclear" para proteger el mundo occidental contra posibles ataques terroristas nucleares sin darse cuenta que los países que respaldan al terrorismo en general, y al terrorismo islámico integrista en particular, no estarán dispuestos a exponerse a una retribución nuclear que probablemente vaporizaría sus países por completo, cuando existen formas mucho más sencillas de desbaratar la seguridad y la economía de los Estados Unidos y del mundo occidental. Ha habido muchos estudios sobre los elementos especialmente vulnerables en los países industrializados, como aeropuertos, centrales eléctricas nucleares y térmicas, embalses, trenes subterráneos, puentes, bancos y servicios financieros, estadios de deportes etc., que han estimulado la imaginación de varias generaciones de guionistas y directores de Hollywood. Hay hasta una película cuya trama se base en el secuestro del avión presidencial (Airforce One) -con presidente dentro- con la intención de lanzarlo contra la Casa Blanca. Es sorprendente que los terroristas no se limitaran a adoptar más o menos la misma trama; hubiera tenido un impacto psicológico mucho más grande- con infinitamente menos victimas- y hubiera desorganizado efectivamente, por lo menos a corto plazo, el gobierno federal.
Nunca he entendido la admiración casi sacramental que los rascacielos provocan en la gente. Desde que empezaba a frecuentarlos en los años sesenta, siempre me han parecidas unas construcciones enormemente peligrosas y con pocas defensas contra el fuego y los terremotos. Como anécdota puede contar que a finales de los años ochenta convencí a un amigo de no instalar su pequeña compañía de servicios financieros en la Torre Sur, y se decidió por una planta en un hermoso "brownstone" (edificio del siglo XIX) por la calle 76, donde obtuvo, en un ambiente señorial, el doble de espacio por la mitad de dinero. Volviendo a las Torres, parece increíble que después del impacto de los aviones no hubo ningún experto que avisó a los bomberos, sanitarios y otros servicios de rescate del inminente peligro de colapso de los edificios. Si tomamos en cuenta que las plantas de las Torres medían, grosso modo, 63.5 x 63.5 metros, y que los aviones Boeing 767 tienen un largo de 48.5 metros y una envergadura de alas de 47.6 metros, los aviones, al incrustarse, a 400 millas /hora, en los edificios, no solamente destruyeron totalmente las plantas en las que penetraron sino destruyeron el mástil central de acero rígido y la intricada red de cables de acero que soportaban toda la estructura del edificio. Parece que nadie en los grupos de rescate tenía esta información, por otra parte al alcance de cualquier ingeniero de construcción mínimamente especializado en grandes edificios.
Todo el secuestro y el subsiguiente uso de los aviones como proyectiles "kamikazos", demuestran que el secuestro de aviones nunca ha sido tratado con la debida atención. Igual que los secuestros de personas por parte de ETA nunca hubieran tomado importancia, si, en el primero, las autoridades hubieron hecho todo lo posible para impedir el pago de un rescate por parte de los familiares, aceptando el peligro de que el secuestrado fuese asesinado (no haciéndolo convirtió el secuestro en la fuente de financiación más importe de ETA, sin tampoco evitar el asesinato), también el éxito y la frecuencia de los secuestros aéreos fueron el resultado de una política equivocadamente "humanitaria", que al final ha culminado en los hechos del día 11. No me quepa duda que finalmente, con varias décadas de retraso y miles de muertes innecesarios, las autoridades van a estudiar el tema de la prevención en serio. Tampoco es demasiado difícil; simplemente hay que aislar la cabina de los pilotos totalmente del resto del avión, con su propio retrete y mini-cocina para calentar sus comidas y bebidas, y sin que nadie - tampoco las azafatas - pueden entrar, ni los pilotos salir, hasta que los servicios de seguridad en el aeropuerto de llegada les abren la puerta usando un código especial. Paso lo que pasa dentro del avión, sean las que sean las amenazas usadas, los pilotos tendrán tajantemente prohibidos aceptar ninguna orden de los secuestradores y tendrán que aceptar el posible asesinato de algunos de los pasajeros. Hay que evitar por todos los medios la más mínima posibilidad de que los secuestradores se hagan con el control del avión. Creo que la simple adopción de este sistema y su debida publicidad ya quitaría las ganas de actuar a cualquier grupo de secuestradores en potencia, a sabiendas que no iban a tener ninguna posibilidad de cumplir sus objetivos y sí la máxima posibilidad de terminar, o muertos o pasando el resto de su vida en la cárcel. Además, como a partir de ayer secuestro equivale a muerte, la valentía de los pasajeros frente a los secuestradores aumentará geométricamente y es muy improbable que en el futuro unos terroristas lograran imponerse con unas simples navajas como parece hicieron.
La primera reacción de los expertos ha sido sorprenderse de la supuesta sofisticación de la operación, el largo periodo de preparación necesario, la pericia de los pilotos involucrados y otras observaciones de igual estilo. Me permito a discrepar totalmente. Secuestrar y hacerse con el mando de un avión es muy fácil, no sé de ningún intento fallido; otra cosa es que los secuestradores logren sus objetivos - dinero, liberación de presos etc.- y salir con vida, lo que implica poder aterrizar y poder repostar mientras duran las negociaciones. Pero como sabemos, el día 11 los objetivos fueron muy diferentes, el día 11 los secuestradores no querían negociar, ni aterrizar, ni repostar, ni salvar sus vidas, sino, muy al contrario, querían matar y morir, lo que facilitaba enormemente la organización de la operación. ¿En que consistía esta organización? Básicamente en seis puntos: la localización geográfica exacta de los edificios (en cualquier tienda de montañismo se pueden comprar unos bonitos localizadores electrónicos por satélite, y situándose entre las dos Torres - o al lado del Pentágono- podían saber su posición hasta el último segundo geográfico); la disponibilidad de 20 hombres fanatizados dispuestos a inmolarse para la "Yihad"; el entrenamiento de los pilotos; la elección de los aviones por tipo, itinerario, y hora de salida (dos de estas tenían que coincidir para que pudieron llegar a las Torres casi simultáneamente); algún viaje previo en estos mismos aviones por parte de alguno de los participantes; y como último decidir la fecha. El lector me dirá que por lo menos el entrenamiento de los pilotos constituía un problema de primer orden, y también me atrevo a discrepar. Hay una enorme diferencia en mantener un avión en el aire y volar; lo difícil es despegar y aterrizar. Además, cuando se apoderaban del avión ya estaría puesto el piloto automático. La peripecia del "piloto" se limitaba entonces en saber programar el piloto automático con un rumbo nuevo- latitud y longitud de la situación de las Torres o el Pentágono - e indicar la altitud del ángulo de ataque a llegar allí ( 1000 pies, más o menos). Parece que con el avión que atacó la Torre Norte esto funcionó a la perfección sin ninguna necesidad de corrección posterior, el segundo iba unos cientos de metros desviado y tuvo que girar al último momento. Alguien con licencia de piloto privado puede aprender todo esto con un simulador de vuelo - ya hay programas informáticas que permitan hacerlo en el PC (Microsoft Flight Simulator!)- y un instructor con experiencia en el tipo de avión elegido; y si esto lo podía hacer, probablemente, un piloto con poca experiencia, qué decir de un piloto con cierta experiencia militar o civil. Con relación a esto, no sería muy sorprendente si algunos pilotos de líneas áreas árabes no se reincorporan ya nunca más a sus puestos de trabajo.
Como hemos visto ciertas operaciones pueden ser más fáciles de lo que nunca hemos podido sospechar. Ahora bien, es lógico que nosotros nunca habíamos pensado en una posibilidad así, ¿ pero la CIA, y el FBI? ¿ No debían haber analizado todos los escenarios posibles? ¿ Y sabiendo de la existencia de terroristas fanáticamente integristas dispuestos - como ya se había visto con los hombres-bomba en Israel- a inmolarse, no debían haber tomado las medidas para que posibles secuestradores nunca se pudieran apoderar de los mandos de los aviones? Como ya habíamos sospechado hace mucho, las dos organizaciones son un típico ejemplo de "mucho ruido, pocas nueces", y han llegado a niveles peligrosos de incompetencia.
Ahora parece (pero las apariencias pueden engañar) que los terroristas fueron unos auténticos chapuceros; han dejado pistas por doquier y el FBI ha podido descubrir la identidad de gran parte de los implicados en menos de 48 horas. O sea, de "sofisticación" nada. Hay que pensar entonces que por mucho que los terroristas tuviesen unos objetivos preestablecidos no les importaba en demasiado si los alcanzasen; una cosa sabían con certeza: volando a una altura de 800 -1000 pies, forzosamente iban a dar con un rascacielos u otro. Seguro que el "éxito de su hazaña" ha sido muy superior a sus esperanzas. No podían prever el derrumbamiento de las Torres, ni mucho menos el posterior colapso de otros 7 edificios y la posibilidad de que lo mismo podrá ocurrir con 8 o 9 edificios más. El substrato rocoso de Manhattan que siempre ha sido considerado como una enorme ventaja por los constructores, ha agravado enormemente la destrucción. Cada colapso ha dado lugar a una especie de mini- terremoto que, propagándose a través de las rocas, ha creado vibraciones que han afectados a las estructuras de los edificios en un radio de, probablemente, varias millas alrededor. Con la posibilidad de otros colapsos en los próximos días se creará un efecto dominó de, todavía, imprevisibles consecuencias.
Lo que en todo este trágico episodio llama la atención, por ingenua, es el horror que han expresado las autoridades estadounidenses sobre el hecho de que las victimas fueran "civiles", como si esto no fue una característica principal del terrorismo. De una parte, el crimen no hubiera sido menos espantoso si todas la victimas hubieran sido militares, y, por otra parte, para los terroristas todos somos "culpables" sin ninguna excepción. No obstante, el terrorismo no tiene la exclusiva. Las últimas guerras sin victimas civiles fueron las guerras de los ejércitos profesionales (reales) de la primera parte del siglo XVIII ( juegos de Reyes) hasta la Guerra de Independencia de las 13 colonias inglesas en América. ¿Fueron o no fueron civiles los habitantes de Guerníca, Rótterdam, Coventry, Londres, Dresden y Hiroshima? Hasta tal punto los civiles han estado implicados en todas las guerras del siglo pasado, que la inmensa mayoría de los soldados y oficiales que lucharon y murieron en estas guerras fueron de reemplazo, o sea civiles hasta el día de su forzosa o voluntaria incorporación a los ejércitos. Igual que en España los nacionalistas ganaron la guerra gracias a sus voluntarios y sus alfereces provisionales, así también Estados Unidos ganó la Segunda Guerra Mundial gracias a sus soldados y oficiales de reemplazo.
La única diferencia entre la situación pasada y la actual, es que la guerra terrorista es principalmente una guerra entre civiles; terroristas civiles y víctimas civiles. Como he dicho antes, puede sorprender que los terroristas no usasen la oportunidad de lanzarse contra la Casa Blanca, o que el ataque contra el Pentágono ha sido claramente secundario, pero ellos escogieron claramente como blanco principal las Torras Gemelas, parcialmente por su importancia económico-financiero y por su papel simbólico (el área afectado coincide casi exactamente con la que ocupaba Nueva Amsterdam, o sea el origen mismo de los Estados Unidos), y más todavía por la enorme cantidad de victimas que resultarían del ataque. El fin principal del terrorismo es simple y llanamente sembrar el terror, y a base de este terror obtener publicidad, que a su vez aumenta el sentido de total inseguridad e indefensión (vea: Terror y publicidad).
Hay que hacerse la pregunta sobre el origen del terrorismo palestino y/o fundamentalista. La diabólica espiral tuvo su principio, curiosamente, en el surgir del Sionismo, al final del siglo XIX, como movimiento nacionalista singular. El siguiente paso fue la Declaración Balfour en 1917 (vea
: Los judíos y Palestina ) que 30 años después llevó a la proclamación del estado de Israel, una especie de robo de un país (Palestina) a sus legítimos dueños con la colusión de los poderes occidentales, y usando como justificación un supuesto derecho divino a recuperar el territorio que hubieron perdido 1800 años antes. El desplazamiento de la mitad de la población palestina y su miserable vida en campos de refugiados, que nadie nunca se ha tomado la molestia en remediar, fue desde el principio un perfecto caldo de cultivo para el terrorismo. Ningún tipo de terrorismo es justificable pero hay algunos más "comprensibles" que otros. No hay que cometer el craso error de comparar el terrorismo ETARRA con el palestino. Aquel, además de ser criminal e injustificable, es totalmente incomprensible ya que no hay la más mínima razón económica, social o democrática para que los vascos se pudieran sentir oprimidos, despreciados o discriminados. La situación de los palestinos es muy diferente, Israel desde el principio - hasta en su periodo inicial laico- se ha comportado como un auténtico matón de barrio. Y este comportamiento ha ido en aumento a la par con el paulatino aumento de poder por parte de los partidos religiosos fundamentalistas que en la última década han logrado convertir Israel en un estado semi-teocrático. El ejercito israelí se ha dedicado muchas veces a ejercer un verdadero terrorismo de estado, apoyado con entusiasmo por los colonos fundamentalistas, tan terroristas como lo son los seguidores de Hamas. En estas condiciones, la existencia del terrorismo palestino no pueda sorprender a nadie, lo sorprendente hubiera sido si no hubiera surgido. De todas formas no parece que ni Hamas, ni el "Frente para la Liberación de Palestina" de Naif Hawatmek, están implicados en el Ataque a América; todos los indicios apuntan a Osama ben Laden y su Al-Qaida (la Base), una organización extendida por casi 50 países con células autónomas de 3 o 4 efectivos, casi impenetrables. El hecho que los primeros arrestados portaran pasaportes saudíes y argelinos parece confirmar las sospechas.Igual que Castro y Jomeini, también Osama ben Laden y sus guerrilleros afganos fueron hace años apoyado por la CIA, y uno se pregunta lo que este haya hecho para que sus antiguos protegidos se conviertan con el tiempo en enemigos declarados de los Estados Unidos.
USA clame venganza y ya suenan los tambores de guerra. ¿Pero guerra contra quién? ¿Contra Afganistán, un país hundida en la miseria después de 20 años de guerra ininterrumpida, en donde los únicos objetivos son ciudades ya por si destruidas, además de chozas, cabras y montañas? No hay duda de que ben Laden se ha construido allí una auténtica fortaleza como si se tratase de la resurrección del "viejo de la montaña", y que su organización se dedica a la captación, entrenamiento y mentalización de muchos de los "guerreros"/terroristas fundamentalistas, pero sus comunicaciones y hasta sus movimientos de dinero están muy controladas, lo que implica que por mucho que pueda haber sido la inspiración de este y otros actos terroristas, es muy improbable que haya sido él el responsable y organizador del "ataque". Toda la información apunta a que Al Quaida funciona como una organización paraguas de un movimiento terrorista fundamentalista muy amorfo, una confederación de multitud de grupos más unidos por sus propósitos anti- occidentales compartidos que por una única cúpula dirigente. En la lucha contra tal monstruo de múltiples cabezas, los ejércitos, más que una ayuda, puedan llegar a ser un estorbo por que la lucha no será nunca abierta sino subterránea, sorda y sucia. Una guerra por parte de Occidente contra Afganistán y otros países islámicas a la larga solamente resultaría en fomentar el fundamentalismo islámico y podría provocar la caída de gobiernos más o menos amigos con consecuencias políticas y económicas (
¡ petróleo!) imprevisibles. Más inteligente sería apoyar incondicionalmente a los países islámicos en su lucha contra el fundamentalismo, todavía más peligroso para sus sociedades que para Occidente.El surgir de este fundamentalismo en las últimas décadas no es en sí muy sorprendente; además de las razones ya consabidas, no hay que olvidar que el Islam esta en el siglo catorce de su existencia, y ha pasado hasta ahora por su época clásica, su época bajomedieval y está en este momento en su época de "cruzadas" ( "medialunadas"), no solamente en el sentido de la conquista de Jerusalén sino en su sentido tardío de lucha contra pueblos paganos, contra herejes, y contra enemigos políticos (del Papa). Traduciendo estos conceptos al ambiente fundamentalista estaríamos hablando de guerra contra los cristianos (y judíos), contra musulmanes moderados y contra Occidente. Lo que parece demostrar que, grosso modo, las pautas cronológicas de las religiones tienden a ser sorprendentemente similares.
Hay pruebas de sobra de que el terrorismo fundamentalista nutra sus arcas con un impuesto "revolucionario" o "islámico", impecablemente aplicado a los reyes y jeques del petróleo ( y no sería nada sorprendente si estos pagos implicases hasta a las compañías petrolíferas occidentales) Además sabemos que los fundamentalistas cuentan con muchos apoyos, más o menos conscientes, más o menos voluntarios. Es un secreto público que los fundamentalistas de muchos países son financiados por los saudíes, y que los talibanes lo son casi abiertamente por los paquistaníes. Dos países supuestamente amigos de occidente. Por otra parte dos enemigos declarados de occidente - y entre si- Irak e Irán, son, por razones diferentes, también enemigos de los fundamentalistas y de los talibanes. Como vemos, en Oriente Medio las amistades y enemistades son muchas veces putativas si no putescas.
Como en las novelas policíacas hay que preguntarse quién saca provecho del crimen, del acto de guerra y de la provocación. Aparte de los fundamentalistas/terroristas - a corto plazo ganan siempre, ya que una reacción fulgurante de Estados Unidos aumentará enormemente el número de los adictos fundamentalistas, y en caso contrario, Estados Unidos quedará como "un tigre de papel" -, habrá que apuntar a Irán ( tendrá mano libre para meterse con Afganistán e Irak), Rusia (justifica su comportamiento en Chechenia), Israel (habrá menos critica de su comportamiento con los palestinos), los halcones estadounidenses ( ya hay un senador que públicamente ha manifestado que no quiere ni oír hablar de aumentar los presupuestos para educación y sanidad sino que hay que dedicar todo a defensa). Todos los elementos para un brebaje diabólico. Bienvenidos al siglo XXI.
Ó 14/9/2000
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