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LAS NEGOCIACIONES PARA EL AUMENTO DEL TECHO DE LA DEUDA EN ESTADOS UNIDOS: UN EJERCICIO EN HIPOCRESÍA

 

En las recientes luchas en Estados Unidos entre la Administración Obama y el Senado, controlado por los demócratas, por un lado, y la Cámara de Representantes, controlado por los republicanos, por el otro, casi todas las manifestaciones de la Administración eran pura mentira. Para empezar, la famosa fecha del 2 de Agosto en la cual el país estaría en suspensión de pagos era un invento del Secretario del Tesoro, Geithner. La verdadera fecha límite para aumentar el techo era a finales del mes. También la supuesta suspensión de pagos era mentira. Con dos cientos mil millones de dólares de ingresos al mes. La Administración hubiera podido pagar sin ningún problema el servicio de la deuda, las pensiones, la seguridad social, el sistema sanitario y el personal militar etc. No hay duda de que muchos servicios y muchas agencias se hubieron tenido que cerrar, pero esto ya ocurrió en 1995 durante dos semanas,  bajo la presidencia de Clinton, y mucha gente ni siquiera se enteraron.

La izquierda se dedicó a lanzar una feroz campaña tipo agitprop contra los republicanos y en particular contra sus miembros alineados con los Teaparties. Les llamaron de todo, les acusaron de querer arruinar el país, de que por culpa de ellos los jubilados no iban a recibir sus pensiones, que los enfermos se iban a morir por falta de atención médica etc.etc. La verdad era todo lo contrario. Solamente la Cámara de Diputados controlado por los republicanos aprobó hace varios meses, y poco después de las elecciones, un presupuesto, algo que los demócratas no habían hecho en más de dos años. De igual forma elaboraron planes concretos para contener el galopante déficit de la administración federal. Mientras tanto, ni el presidente ni el senado presentaron plan alguno para llegar a un consenso con la oposición. El Presidente Obama demostró su ya proverbial falta de liderazgo (El clon negro de Zapatero) y se limitaba a hablar y hablar y calentar el ambiente. Líderes demócratas acusaron a los republicanos a querer "limitar su capacidad de gastar dinero”, de no querer aumentar el techo de la deuda como se había hecho "siempre”, de querer llevar el país al abismo.

Aparte de que por lo menos una vez (1995, Clinton) el Congreso no había querido aumentar el techo automáticamente, y que el propio Obama hace 4 años, siendo Senador, votó entonces en contra de levantar el techo de la deuda propuesto por Bush, el automatismo (el "siempre") ha sido totalmente contraria al espirito de la Ley de Techo de Deuda aprobado en 1962, con el propósito de evitar que la Administración se podía comportar como un marinero borracho, tirando el dinero a manos llenos. Aquel espirito fue traicionado desde el principio y a conciencia. El techo fue aumentado - muchas veces a escondidas, incluyéndolo en otras leyes que no tenían nada que ver con el asunto - más de 60 veces en los últimos 50 años, en promedio cada 9 meses y pico. Esto es lo que pretendían - entre otras cosas - los republicanos: aprobar el aumento por una cantidad que cubriría las necesidades de la Administración hasta mayo del 2012, mientras que los demócratas querían un aumento que les cubre hasta después de las elecciones presidenciales y legislativas de finales del año que viene. Los republicanos sabían que no podían ganar la batalla por tener en contra la mitad del legislativo (el Senado) y al ejecutivo (la presidencia) con su poder de veto. Tuvieron que aceptar un consenso más bien malo y dejar la lucha para controlar el déficit hasta después de las elecciones, con la esperanza de obtener tanto la mayoría del Senado (24 senadores demócratas tienen que presentarse a la reelección y se prevea que por lo menos la mitad podía perder su escaño frente a candidatos de los teaparties) como ganar la Presidencia (la popularidad de Obama ha bajado por debajo del 40% y sigue cayendo). La lucha se centraba en dos posiciones diametralmente opuestas: la de los demócratas que quieren bajar el déficit con una fuerte subida de los impuestos de los "ricos"; la de los republicanos que quieren meter las tijeras en unos gastos insostenibles.

En una situación de estancamiento de la economía no hay nada peor que aumentar impuestos ya que deprime la situación todavía más. Además, los números indican que el aumento de impuestos ni siquiera tiene mucho impacto sobre el déficit. Por ejemplo, si se subiese la tasa fiscal marginal a partir de los 250.000 dólares al 100%, es decir si se confiscase todo el dinero que los "ricos" ganan por encima de esta cantidad, solo se lograría bajar el déficit del año en curso en un tercio. Además la operación sería irrepetible ya que antes de llegar a este nivel de ingresos los contribuyentes afectados se irían de vacaciones. Esto ya ocurrió bajo Carter, a finales de los años setenta, con una tasa marginal del 71% (un 90% incluyendo impuestos estatales y locales) cuando gran parte de los profesionales liberales se iban de vacaciones a partir de Octubre. Por otra parte, si el gobierno confiscara las fortunas de las 500 personas más rico del país, solamente lograría bajar el déficit del 2011 en otro tercio. Está claro que aumentar impuestos no es la solución, además de ser totalmente injusto considerando que el 1% de la población ya paga el 40% de los impuestos federales, el 10% el 69%, y, al otro extremo, un 50% no paga nada.

Queda el recorte de los gastos. Hay que tomar en cuenta que en este momento el déficit federal anual equivale al 40% del gasto total, o sea de cada dólar que gaste la Administración Obama, 40 centavos proviene del endeudamiento, nada menos que 1,6 billones de dólares. Con la economía estancada, los servicios sociales, Medicare, Medicaid, etc. crecen un 8% anual, conque en menos de 40% años se comerían todo el PIB. Una población muy sana muriéndose de hambre. El fraude y el despilfarro en todos estos servicios son legendarios y llegan a más del 25% del gasto total. 

Ya he dicho que el consenso logrado es francamente malo y hasta ridículo. Un recorte del déficit del orden de 2 billones de dólares en 10 años, desigualmente repartido - poco al principio y el 70% a partir del año 17 - lo que significa que el recorte del déficit actual será escasamente un 5%. Mucho ruido para pocas nueces. Proyectando el pacto al futuro veremos que la deuda pública se quedaría dentro de diez años en unos 28 billones de dólares en vez de llegar a los 30. A finales del año en curso la deuda soberana estadounidense equivaldrá al 100% del PIB, si a esto añadiremos la de los estados y de Fanny Mae y Freddie Mac, estamos hablando del 140+%, muy comparable a lo de Grecia.

Standard y Poor´s y Moody han bajado la calificación de la deuda soberana no por la lucha política entre republicanos y demócratas, sino porque el pacto alcanzado ha sido totalmente insatisfactorio. Ellos piden por lo menos el doble de los recortes, aplicables inmediatamente y no aplazados en gran parte a fechas futuras. No estuve de acuerdo que las agencias de calificación bajaron las deudas griegas, portugueses y irlandeses a nivel de bonos basura (véase: Pensar fuera del marco) por complicar todavía más sus esfuerzos para controlar sus déficit, pero en el caso de Estados Unidos bajar su calificación está más que justificada como advertencia a una Administración sorda, y viene con por lo menos un año de retraso. El bajón bursátil también ha venido con retraso y los índices empiezan a reflejar la realidad de una economía a punto de entrar en una segunda recesión o, mejor dicho, definitivamente en depresión. El resultado lógico, no solamente por no haber hecho nada hace siete años para enfriar las diferentes burbujas, sino también por no haber actuado con firmeza y decisión cuando la crisis estalló. Dejar que las cosas se pudren no es la mejor forma de salir del bache y terminará por convertir éste en socavón.   

Zapatero y Obama: una alianza cavernícola.      

 

 

 

© 8/2011

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