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El reciente atentado contra la congresista demócrata Gifford
durante un acto político en Tucson, Arizona - que resultó en la muerte de
varios de sus oyentes y múltiples heridos, incluyendo la propia congresista-
provocó de inmediato una histérica reacción por parte de los medios de
comunicación izquierdistas acusando a los tea parties de ser los responsables
del mismo por haber fanatizado el discurso político por la extrema derecha. Se
demostró rápidamente que el agresor era un estudiante con un historial de
graves problemas mentales y, políticamente, más bien inclinado hacia la extrema
izquierda. No obstante, las cadenas de televisión ABC, NBC y CBS, y muchos
periódicos incluyendo el New York Times - antes famoso por su imparcialidad y
buen hacer, pero que hace ya una década se parece cada vez más a "EL
PAÍS" español en su partidismo y manipulación política - siguieron durante
varios días con el timo y aprovecharon la oportunidad de atacar una vez más a
Sarah Palin, exgobernadora de Alaska y excandidata a
Desde el principio los
participantes en sus mítines han sido descalificados por los demócratas, y gran
parte de los medios, como paletos, racistas, violentos y, globalmente,
como la ultraderecha. Las investigaciones han demostradas que tienen un
nivel medio de educación considerablemente más alto que la media -de
paletos nada- que entre sus participantes hay un considerable contingente negro
y latino - dos negros lograron ser elegidos como representantes en distritos
donde ningún negro había sido elegido desde 1870, gracias al apoyo del tea
party local; de racismo nada -, y sus mítines protestativos han sido mucho más
pacíficos que los de la izquierda que en sus demostraciones anticapitalistas
cometieron un sinfín de actos vandálicos y destructivos. Todo eso a los medios
progresistas les deja sin cuidado ya que tienen la íntima convicción de que sus
opiniones viscerales van a misa. Es sorprendente el elitismo de la izquierda
"chic", tan convencida de su superioridad; a la vez rica y
anticapitalista, anti-israelí y pro islámico, defensor de
Para poder llamar a este movimiento "ultraderecha" habría que cambiar todo el léxico político, o llegar a la conclusión de que la izquierda invierta el significado de los términos (el "doubletalk" orwelliano). Si la ultra izquierda es por definición totalitaria, y la ultraderecha, entre otras cosas, autoritaria y dictatorial, llamar ultraderecha a un movimiento cuyo ideología consiste en querer limitar los poderes del gobierno, reducir las burocracias, cortar los déficit, legalizar la obligación de equilibrar los presupuestos, exigir menos intervención reglamentaria en la vida de los ciudadanos y más responsabilidad personal de estos, es de locos. La única explicación de tal despropósito es que los tea parties son lo contrario de la ultra izquierda, tan partidaria de convertirse en el "Gran Hermano" (véase: La radicalización de los Estados Unidos) y controlar la vida de la gente, minuto a minuto, desde que nazca hasta que muera. Por esta razón, mientras que la ultra izquierda crea en subir los impuestos - de forma más progresiva todavía de lo que exista actualmente - para crear un Estado de bienestar basado en la dependencia, los tea parties consideran que hay que bajar los impuestos para todos, y creen que el individuo gasta su dinero mejor que un Estado burocratizado y despilfarrador. La etiqueta de ultraderecha tiene todavía menos sentido considerando que se ha demostrado que el origen "ideológico" de sus votantes es: 40% republicano, 40% independiente y un 20% demócrata.
El movimiento es muy
constitucionalista y mientras que acepte que el mundo ha cambiado desde
1789, lo que implique una interpretación moderna de
Como en todas partes, la clase política no llega a más de un
15% de aprobación, y existe una impresión generalizada de que los políticos,
más que servidores públicos y representantes de los votantes, se han
convertidos en los amos que, una vez pasadas las elecciones, se olviden de sus
promesas y van a su aire. Sin límites de tenencia, estos "elegidos"
ya no son clase política sino casta política
ralea. Para los tea parties la culpa no es solamente de los demócratas sino
también, en menor medida, de los republicanos que de cierta forma han
traicionado sus valores esenciales y que, igual como ha ocurrido con la derecha
europea, se han comportado más como social-demócratas que como conservadores.
Consideran a muchos republicanos como RINO´s (Republicans In Name Only =
"Republicanos de boquilla") No obstante, los tea parties se
consideran republicanos reformadoras y no han tenido ninguna intención de
formar un nuevo partido político sino de enmendar el partido republicano desde
dentro. Han presentado sus candidatos en las primarias republicanas en
circunscripciones marginales en poder de los demócratas y no ganaron solamente
aquellas sino también quitaron el escaño a estos. Casi todos los escaños republicanos
nuevos - que han dado la mayoría en
Existe la impresión en que tanto los conservadores en Europa
como los republicanos en Estados Unidos son los grandes defensores del
capitalismo, una impresión solo parcialmente verdadera. Los republicanos, y
especialmente los tea parties, son los principales defensores de la pequeña y
mediana empresa, y de los emprendedores autónomos, que representan el 80% del
empleo y el 70% del PIB, y están totalmente opuesta a la alianza parasitaria
entre el gobierno y partido demócrata, los grandes bancos y empresas, y los
sindicatos obreros. Las grandes empresas y sindicatos obreros financian las
campañas electorales de los demócratas, estos subsidian parcialmente a los
sindicatos, que solamente representan el 8% de los trabajadores (casi el 50% en
el sector público) y, por otra parte, aceptan socializar las pérdidas de las
grandes empresas (demasiado grandes para dejarlos quebrar). Todo esto es parcialmente culpa del
hecho de que los gerentes de las grandes empresas, salvo excepciones como
Microsoft, Google y otros, no son emprendedores (no han montado nunca nada, ni
han tenido que pagar nunca unos sueldos de sus propios bolsillos) sino
burócratas corporativos que en muchos casos han subido en las empresas por
falta de peso, enchufismo, lameculos y quitamotas. Otro tanto ocurre con los
sindicatos. Un ejemplo de la influencia de estos: durante la elaboración
de
No me sorprendería si Uds. tienen la impresión que mucho
de lo anterior es directamente aplicable a España, y que considerasen que aquí
necesitásemos algo parecido a un tea party. Pero mientras que Estados
Unidos empezó su existencia como una democracia y, por lo tanto, la población
tiene todavía capacidad de reacción frente al asalto socialista, en España nos
hemos acostumbrado a una democracia ficticia y a una derecha socialdemócrata en
lo fiscal y solamente conservadora en lo social. ¡Aquí
también tenemos nuestros conservadores de boquilla!
ã 2/2011
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