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LA IZQUIERDA Y EL FENÓMENO DE LOS "TEAPARTIES" EN ESTADOS UNIDOS

 

El reciente atentado contra la congresista demócrata Gifford durante un acto político en Tucson, Arizona -  que resultó en la muerte de varios de sus oyentes y múltiples heridos, incluyendo la propia congresista- provocó de inmediato una histérica reacción por parte de los medios de comunicación izquierdistas acusando a los tea parties de ser los responsables del mismo por haber fanatizado el discurso político por la extrema derecha. Se demostró rápidamente que el agresor era un estudiante con un historial de graves problemas mentales y, políticamente, más bien inclinado hacia la extrema izquierda. No obstante, las cadenas de televisión ABC, NBC y CBS, y muchos periódicos incluyendo el New York Times - antes famoso por su imparcialidad y buen hacer, pero que hace ya una década se parece cada vez más a "EL PAÍS" español en su partidismo y manipulación política - siguieron durante varios días con el timo y aprovecharon la oportunidad de atacar una vez más a Sarah Palin, exgobernadora de Alaska y excandidata a la Vice Presidencia en las últimas elecciones presidenciales. Palin ha sido, desde su aparición a nivel nacional, ridiculizada, difamada, denostada y denigrada por los medios izquierdistas a un nivel nunca visto antes. Hasta las ultra feministas - parece que las mujeres conservadoras no tienen los mismos derechos que las "progresistas" - la atacaban, en un ejercicio increíble de hipocresía, por no dedicarse exclusivamente a la crianza de sus hijos.  Fue una reacción totalmente defensiva ya que desde el principio la izquierda se daba cuenta de que Palin era una auténtica fuerza política capaz de revitalizar a los conservadores y estimular la campaña de McCain. Obama ganó las elecciones en parte por crear la imagen falsa de ser un político moderado y por atraer el 95% del voto negro, más por identificación racial que por otra cosa. No obstante, desde el principio Palin se convirtió en un icono de un movimiento espontáneo de base opuesta a la política progresista y socializante de Obama y de la mayoría demócrata parlamentaria, tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes. El movimiento se convirtió rápidamente en un auténtico e inesperado portento con la creación de "tea parties" - en imitación de la Fiesta del té de Boston, nombre por el que se conoce la acción llevada a cabo el 16 de diciembre de 1773 por un grupo de ciudadanos de la ciudad, en protesta contra los aranceles británicos sobre el té importado a las colonias -, por doquier. Hay que hablar en plural porque todavía no existe como tal una organización global, sino muchas a niveles estatales y hasta comarcales. Lo que sí tienen en común es una filosofía política compartida.

Desde el principio los participantes en sus mítines han sido descalificados por los demócratas, y gran parte de los medios, como paletos, racistas,  violentos y, globalmente, como la ultraderecha.  Las investigaciones han demostradas que tienen un nivel medio de educación considerablemente más alto que la media  -de paletos nada- que entre sus participantes hay un considerable contingente negro y latino - dos negros lograron ser elegidos como representantes en distritos donde ningún negro había sido elegido desde 1870, gracias al apoyo del tea party local; de racismo nada -, y sus mítines protestativos han sido mucho más pacíficos que los de la izquierda que en sus demostraciones anticapitalistas cometieron un sinfín de actos vandálicos y destructivos. Todo eso a los medios progresistas les deja sin cuidado ya que tienen la íntima convicción de que sus opiniones viscerales van a misa. Es sorprendente el elitismo de la izquierda "chic", tan convencida de su superioridad; a la vez rica y anticapitalista, anti-israelí  y pro islámico, defensor de la Cuba comunista y el Irán teocrático (ambos aliados contra Occidente).

Para poder llamar a este movimiento "ultraderecha" habría que cambiar todo el léxico político, o  llegar a la conclusión de que la izquierda invierta el significado de los términos (el "doubletalk" orwelliano). Si la ultra izquierda es por definición totalitaria, y la ultraderecha, entre otras cosas, autoritaria y dictatorial, llamar ultraderecha a un movimiento cuyo ideología consiste en querer limitar los poderes del gobierno, reducir las burocracias, cortar los déficit, legalizar la obligación de equilibrar los presupuestos, exigir menos intervención reglamentaria en la vida de los ciudadanos y más responsabilidad personal de estos, es de locos. La única explicación de tal despropósito es que los tea parties son lo contrario de la ultra izquierda, tan partidaria de convertirse en el "Gran Hermano" (véase: La radicalización de los Estados Unidos)  y controlar la vida de la gente, minuto a minuto, desde que nazca hasta que muera. Por esta razón, mientras que la ultra izquierda crea en subir los impuestos - de forma más progresiva todavía de lo que exista actualmente - para crear un Estado de bienestar basado en la dependencia, los tea parties consideran que hay que bajar los impuestos para todos, y creen que el individuo gasta su dinero mejor que un Estado burocratizado y despilfarrador. La etiqueta de ultraderecha tiene todavía menos sentido considerando que se ha demostrado que el origen "ideológico" de sus votantes es: 40% republicano, 40% independiente y un 20% demócrata.

El movimiento es muy constitucionalista y mientras que acepte que el mundo ha cambiado desde  1789, lo que implique una interpretación moderna de la Constitución, está opuesta a la ingeniería jurídica aplicada a ésta en las últimas décadas, que la ha convertida en algo que valga tanto para un roto como para un descosido. Es muy conservador en el sentido de querer conservar las esencias del origen de los Estados Unidos: un fuerte sentido de libertad personal y de la posibilidad de perseguir el "sueño americano" sin excesiva intervención del Estado. Todo combinado con una gran inclinación hacia la responsabilidad personal y, por lo tanto solamente a favor de un Estado de bienestar como garantía de que ningún individuo subsista por debajo de un mínimo umbral de calidad de vida, y no como un proceso socializante de redistribución de riqueza.

Como en todas partes, la clase política no llega a más de un 15% de aprobación, y existe una impresión generalizada de que los políticos, más que servidores públicos y representantes de los votantes, se han convertidos en los amos que, una vez pasadas las elecciones, se olviden de sus promesas y van a su aire. Sin límites de tenencia, estos "elegidos" ya no son clase política sino casta política ralea. Para los tea parties la culpa no es solamente de los demócratas sino también, en menor medida, de los republicanos que de cierta forma han traicionado sus valores esenciales y que, igual como ha ocurrido con la derecha europea, se han comportado más como social-demócratas que como conservadores. Consideran a muchos republicanos como RINO´s (Republicans In Name Only = "Republicanos de boquilla") No obstante, los tea parties se consideran republicanos reformadoras y no han tenido ninguna intención de formar un nuevo partido político sino de enmendar el partido republicano desde dentro. Han presentado sus candidatos en las primarias republicanas en circunscripciones marginales en poder de los demócratas y no ganaron solamente aquellas sino también quitaron el escaño a estos. Casi todos los escaños republicanos nuevos - que han dado la mayoría en la Cámara de Diputados a su partido y que ha bajado la mayoría demócrata en el Senado de 17 a 3 ( además de 3 senadores independientes que normalmente voten con los demócratas ) y esto cuando en Noviembre solamente la tercera parte del mismo estaba sujeto a elección  - han sido ganado por representantes de los tea parties que, no obstante de formar un grupo que represente menos del 25% del total republicano, han cobrado una enorme influencia y están avigorando todo el partido. Para empezar han logrado imponer la derogación de la reciente Ley de Sanidad ("Obamacare") - un mastodonte de más de 2000 páginas, infumable, ambiguo y confuso, y con muchísimos elementos que no tienen nada que ver con el sistema sanitario - impuesto por la cúpula demócrata, no solamente a los republicanos sino también a la mayoría de sus propios diputados que no tuvieron oportunidad de leer, estudiar y analizarla (Votad, ya os enteraréis después de su contenido). No ocurrió lo mismo en el Senado donde la mayoría demócrata votó en contra, incluyendo algunos de los que habían sido reelegidos en Noviembre gracias a manifestar su oposición a la Ley en cuestión y que, en parte, han traicionado a sus electores. Esto ha puesto de cierta forma en entredicho el papel del Senado que hasta la ratificación de la decimoséptima Enmienda a la Constitución en 1913 fue una Cámara de representación de los estados - de allí la igual representación de dos representantes por estado sin tomar en cuenta el número de sus habitantes -,  cuyos miembros fueron elegidos no por sufragio universal sino por las asambleas legislativos de éstos. Desde entonces los senadores, en vez de representar en el ámbito federal la voluntad de sus estados, se han convertido en representantes de su partido. Con el sistema original también el Senado hubiera derogado la Ley sanitaria ya que hasta ahora 30 de los 50 estados han presentado recursos de inconstitucionalidad contra la Ley, lo que implica que 60 senadores debieran de haber seguido la voluntad de sus asambleas y gobiernos estatales. Por cierto, 29 de los estados han obtenido sentencias a favor de sus tesis, y el asunto terminará sin duda en el Tribunal Supremo. No es que los republicanos están en contra de la reforma sanitario sino quieren negociar - si es posible de forma consensuada - una ley aceptable para todos (véase: Sugerencias para la reforma del sistema sanitario en Estados Unidos ).

Existe la impresión en que tanto los conservadores en Europa como los republicanos en Estados Unidos son los grandes defensores del capitalismo, una impresión solo parcialmente verdadera. Los republicanos, y especialmente los tea parties, son los principales defensores de la pequeña y mediana empresa, y de los emprendedores autónomos, que representan el 80% del empleo y el 70% del PIB, y están totalmente opuesta a la alianza parasitaria entre el gobierno y partido demócrata, los grandes bancos y empresas, y los sindicatos obreros. Las grandes empresas y sindicatos obreros financian las campañas electorales de los demócratas, estos subsidian parcialmente a los sindicatos, que solamente representan el 8% de los trabajadores (casi el 50% en el sector público) y, por otra parte, aceptan socializar las pérdidas de las grandes empresas (demasiado grandes para dejarlos quebrar). Todo esto es parcialmente culpa del hecho de que los gerentes de las grandes empresas, salvo excepciones como Microsoft, Google y otros, no son emprendedores (no han montado nunca nada, ni han tenido que pagar nunca unos sueldos de sus propios bolsillos) sino burócratas corporativos que en muchos casos han subido en las empresas por falta de peso, enchufismo, lameculos y quitamotas. Otro tanto ocurre con los sindicatos.  Un ejemplo de la influencia de estos: durante la elaboración de la Ley sanitario, el presidente del sindicato de los trabajadores sanitarios se entrevistó más de 40 veces con el Presidente Obama, el líder parlamentario de los republicanos solamente una.

No me sorprendería si  Uds. tienen la impresión que mucho de lo anterior es directamente aplicable a España, y que considerasen que aquí necesitásemos algo parecido a un tea party.  Pero mientras que Estados Unidos empezó su existencia como una democracia y, por lo tanto, la población tiene todavía capacidad de reacción frente al asalto socialista, en España nos hemos acostumbrado a una democracia ficticia y a una derecha socialdemócrata en lo fiscal y solamente conservadora en lo social. ¡Aquí también tenemos nuestros conservadores de boquilla!

 

 

ã 2/2011

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