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LA POLÍTICA Y EL SENTIDO COMÚN

Hay una queja casi universal de que la única profesión que no necesita ninguna oposición, licencia o otros exámenes de aptitud, sea justamente la de político, lo que ha llevada a muchos a la conclusión que los políticos sean gentes sin oficio ni beneficio y que más que servidores públicos parecen ser en conjunto un auténtico peligro público. No hay duda de que la inmensa mayoría de los políticos es gente mal preparada, especialmente en los países con representación proporcional, nacional o por provincias, y listas cerradas, donde el único criterio para la inclusión de muchos candidatos en las listas electorales parece ser la ciega obediencia a la cúpula dominante del partido. Francamente, en estos casos la preparación de la mayoría de los congresistas y senadores importa poco ya que su papel se limita a votar según las directrices de su partido. En general ni se molestan de estudiar los textos de los leyes, reglamentos o presupuestos que van a votar y son en general unos auténticos enchufados de la política. Lo malo es cuando algunos de ellos por azares de la vida política llegan a dirigir sus partidos y, peor todavía, la nación. Dicho esto, hay también políticos con un importante bagaje universitario e intelectual que, no obstante, funcionan igual de mal que los indocumentados. Este en gran parte por carecer de ninguna experiencia práctica de gestión, una falta importante ya que un gobierno tiene que gestionar y dirigir la empresa más importante del país, la Administración Pública, que absorbe, según países, entre el 30 y 45% del PIB, y, tomando como ejemplo España, tiene 3 millones de empleados, más que ninguna multinacional en el mundo entero. Podemos pensar entonces que el mejor candidato para formar gobierno sería un gran gestor, un gran empresario. No es necesariamente así.  Aparte de que los grandes gestores tienen en general poco interés en dedicarse a una profesión que para ellos está muy mal pagada, son escasos - los problemas en muchas de las grandes empresas industriales occidentales, por falta de previsión, demuestra que muchos de los gestores son meros burócratas rutinarios-, y generalmente muy especializados. No es lo mismo gestionar un banco, un compañía industrial o una empresa de servicios. Salvo excepciones, los gestores no funcionan muy bien fuera de su ámbito natural, fuera de su zona de confort. La Administración del Estado no solamente es la empresa más grande del país sino además la más compleja y multifacética y necesitaría por lo tanto un gestor ducho en muchos campos. Haría falta la lámpara de Diógenes para encontrarlo.

Si ni la capacidad intelectual, ni el nivel educativo, ni la experiencia empresarial, bastan para ser un gran líder político de un país, un gran jefe de gobierno, podemos plantearnos la pregunta de cual es el atributo o calidad mental, necesario para tal fin. Personalmente no tengo duda que esta calidad sea el sentido común, este sentido tan "poco común" y hasta depreciado por muchos. ¿Y que es? Es un factor de la inteligencia pero no esta relacionado directamente con la educación o el aprendizaje intelectual. y está igualmente presente en todas las capas sociales. No es una división horizontal sino vertical. Es una capacidad analítica casi subconsciente, mezcla de instinto, intuición y razonamiento, que en sus niveles más altos induce a la elección casi instantáneo de la opción más certera entre muchas.

Hasta en sus manifestaciones más aparentes es una capacidad muy minoritaria. El famoso test de cociente de inteligencia, la escala de Wechsler-Bellevue, contiene algunas preguntas relacionadas con el sentido común y más del 85% de los testados fallaran en su momento en uno de los más fáciles. Se trataba de decidir que hacer cuando uno encuentra en la calle una carta con dirección y franqueado. Había varias opciones, desde entregarla a la policía, enviarlo al remitente etc. Como ya he dicho, solamente el 15% acertaba en escoger la opción más lógica: echarla al buzón de correos más cercano. Si ya con cosas tan elementales el sentido común es todo menos común, podemos imaginar lo que pasa con asuntos complicados en que las opciones son múltiples y menos definidas.

¿Que demuestra el sentido común de un político? En primer lugar la huida de cualquier posición ideológica, ya que sabe instintivamente que las posiciones preconcebidas, las ideas fijas, terminan por condicionar las decisiones de forma negativa. [En Estados Unidos, Reagan, un hombre con pocos antecedentes intelectuales pero nada ideologizado, levantó el país que había entrado en una profunda recesión - 10% de paro, 20% de inflación, intereses muy altas, un impuesto federal marginal del 70% (incluyendo impuestos estatales y locales, el 90%) y un alto déficit presupuestario - por culpa de la política socializante de Carter, aplicando el sentido común. Bajó el impuesto marginal al 30%, cortó servicios excesivos, y con esto logró estimular la economía hasta tal punto que aumentaron los ingresos fiscales, se crearon 25 millones de puestos de trabajo y logró equilibrar el presupuesto. Clinton que empezó su primer mandato imitando a Carter fue lo bastante sensato para cambiar de postura cuando su partido perdió, dos años después, la mayoría tanto en el Congreso como en el Senado.] Obama es un ejemplo mayor como la falta de sentido común y un exceso de ideología puede hundir a un país. La reforma sanitaria, votado sumisamente por la mayoría demócrata y sin contar con el más mínimo consenso, es un ejemplo claro. Digo sumisamente porque los congresistas tuvieron solamente 48 horas para leer. estudiar y analizar, una ley de más de 2000 paginas antes de votarla. Como este es una tarea a todas luces imposible, todos, menos los que la habían elaborada, votaron una ley cuya contenido les era desconocido. ¿Y que dijo Nancy Pelosi la muy izquierdista presidenta del Congreso a los suyos? "Tenéis que votar a favor, ya os enteraréis del contenido después". (sic). Lo mismo ha ocurrido con la recién aprobado Ley Bancaria- otra vez más de 2000 paginas y que por más inri fue redactado en gran parte por los personajes más culpables de la crisis-, que básicamente da a la Administración Federal el control total de la economía y, en mi opinión, terminará con el sistema capitalista del libre mercado y hundirá el país en una larga depresión. Aparte de todo esto,  lo forma en que Obama ha hecho frente al hundimiento de la plataforma de BP, y el desastre ecológico resultante, es de un sinsentido casi antológico. Se perdieron días y semanas en culpar BP en vez de buscar soluciones prácticas para limitar los daños. Se rechazaba la ayuda de más de diez países que habían tenido que resolver problemas similares y que ofrecieron buques y barcazas especializadas en la recogida de crudo en alta mar. El rechazo fue el resultado de la presión de los sindicatos que no estaban dispuestos a que el presidente  suspendiera temporalmente una ley naval de los años veinte prohibiendo actividades marítimas dentro de las aguas territoriales de los Estados Unidas por parte de buques extranjeros. Pero ni siquiera se aceptó la oferta de una compañía local propietario de tres buques ionizantes, capaces cada uno de limpiar el agua de mar extrayendo hasta 50.000 barriles de crudo al día. Si desde el primer día se hubiera instalado un par de kilómetros de barreras flotantes alrededor del pozo averiado y usado los tres barcos ionizantes se podía haber controlado el derramamiento casi totalmente. Todo las acciones eran incomprensibles; la Coast Guard -el cuerpo naval que se ocupa de guardar las costas y del salvamiento marítima-, que tiene jurisdicción sobre las aguas territoriales prohibió tajantemente a los estados costeras y los pueblos playeras intervenir en la limpieza de sus propios playas para prevenir "daños ambientales" (¡!). La estupidez y la burocracia al poder. Pero no hay nada nuevo porque el verdadero culpable del desastre fue el Congreso de hace algunas décadas que prohibió totalmente las perforaciones petrolíferas en aguas de poco calado y solamente las autorizó en aguas profundas, en alta mar y lejos de la costa. Que las compañías lograron hacerlas es uno de los logros más impresionantes de la ingeniería en las últimas décadas. No obstante, tratar de arreglar una avería accidental a más de 1500 metros de profundidad es otro cantar. y la avería era un accidente que forzosamente iba a ocurrir, era un accidente anunciado. Con miles de plataformas funcionando durante varias décadas sin incidente era de locos pensar que un accidente era imposible. Muy al contrario, era previsible que iba a ocurrir en el futuro en una plataforma o otra. Ha sido la mala suerte de BP que ha sido en una de las suyas, pero podía haber pasado a cualquiera de las otras compañías petrolíferas. Cuando el Congreso prohibió las perforaciones en aguas poco profundas lo hizo bajo la errónea convicción de que cuando más lejos mejor. Se ha demostrado, una y otra vez, que una marea negra causado a gran distancia de la costa tiene, por el efecto dispersión, un impacto mucho más extendido que uno causado a poco distancia (vea para un efecto similar: El Prestige, la marea negra y el quinto pino). Además, no hay duda que una avería a 100 o 200 metros de profundidad tiene más fácil arreglo que una a 1500 metros o más.

La historia de todos los países está, desde sus principios mismo, llena de ejemplos de la falta de sentido común de sus gobernantes, hasta tal punto que puede haber sido el hecho más definitorio de la misma. España tiene un largo historial de reyes y gobernantes con una alarmante falta de sentido común que ha condicionado su historia y su hacienda y que convirtió el país más poderoso del mundo del siglo XVI en una potencia de segundo nivel primero, y atrasado después. Carlos I (V) era lo bastante sensato para darse cuenta que no podía con toda la herencia que le había tocado y ya en los años veinte cedió a su hermano Fernando(I), Austria, Tirol y los demás territorios patrimoniales de los Habsburgo. Éste además se convirtió en rey de Bohemia y Hungría en 1527 por matrimonio. Todavía era sensato cuando abdicó en 1558 como emperador a favor de él. Lo insensato fue que dos años antes había cedido a su hijo Felipe II no solamente la herencia de los Reyes Católicos sino también la herencia de  María de Borgoña, su abuela paterna - o sea Franco Condado, Artois y los Países Bajos- un regalo envenenado que hubiera sido mejor ceder a su hermano. Felipe II era cien por cien castellano incapaz de entender la mentalidad y psicología nórdica de igual forma que su padre nunca entendió a los españoles. Felipe era además un católico ultramontana y hasta fanático y por lo tanto la peor elección para verse envuelto en los conflictos religiosos del norte de Europa a partir del Concilio de Trento. Si esto no era ya suficiente, la herencia mantenía el grave conflicto geoestratégico con Francia que iba a seguir intentando romper el cerco "castellano" a que estaba sometido con lo que un casi continuo estado de guerra se mantuvo durante tres reinados y 5 generaciones. Si antes he entrecomillado "castellano" es porque el vocablo correcto sería felipisto ya que los territorios borgoñeses formaban un patrimonio personal de Felipe II y no formaban parte de Castilla y muy remotamente de la Monarquía Hispánica. De forma insensata, temeraria y ilegal, trato de doblegar a los Países Bajos y en particular a la provincia de Holanda lo que provocó la guerra de los Ochenta Años. Ilegal porqué, igual a que habían intentado su abuelo y su padre, repudió el Gran Privilegio, la carta en la cual María de Borgoña había garantizado en 1477 el autogobierno de los Países Bajos. Si por lo menos Felipe II hubiera sido un verdadero creyente en vez de un fanático arrogante cabía de esperar que hubiera aceptada la Armadadestrucción de la Armada Invencible por los elementos como un señal de Dios de que estaba por el mal camino, Castilla se hubiera ahorrado los múltiples suspensiones de pago y bancarrotas de las décadas siguientes. De todas formas parece que Felipe II se había dado cuenta de que el problema de los Países Bajos se estaba convirtiendo en un cáncer para la Monarquía Hispánica y que lo mejor era separarlo del tronco. ¿Que otra explicación cabe para explicar que en 1598, poco antes de morir, cedió el control del territorio a su hija Isabel Clara Eugenio y su marido el archiduque Alberto de Austria como príncipes soberanos? Esto más que una independencia total significaba un cierto nivel de vasallaje con Felipe III pero la implicación de Castilla en el conflicto bajo muchos niveles y la esperanza de Felipe II bien puede haber sido que con el tiempo la responsabilidad de la maldita herencia borgoñesa pasase a la rama austriaca de los Habsburgo, como debiera de haber hecho Carlos V cuarenta años antes. La cosa funcionaba razonablemente bien y los príncipes lograron en 1609 negociar una tregua con las Provincias Unidas - la república de los provincias norteños que en 1581 había abjurado a Felipe II y se había declarado independiente - tregua que fue ratificado por Felipe III, lo que implicaba el reconocimiento de hecho de la independencia "holandesa". Desgraciadamente para Castilla el archiduque se murió en 1621 sin descendencia y, como previsto para tal caso, la soberanía volvió a la Corona de Castilla en la persona de Felipe IV. Como era previsible la guerra se reanudó poco después dando en los 27 años siguientes el golpe de gracia definitivo a la prosperidad hispana, sacrificando en el proceso lo mejor del ejercito; los Tercios de Castilla y Nápoles, mal llamados de Flandes.  El error, o sea la falta de sentido común, de Carlos V fue el culpable de tanta desgracia y a la postre la Monarquía Hispánica terminaba por perder la herencia borgoñesa, parcialmente a Francia, parcialmente a Austria. ¿No era previsible? Bueno, Luis Vives, el filósofo valenciano y un hombre de gran sentido común, ya había avisado a Carlos V: "Si se quieren perder (los protestantes ) que se pierdan pero que no se pierda Castilla".

Si me he extendido en el caso de Carlos V y sus sucesores es por ser el ejemplo por antonomasia de falta de sentido común y de reflexión, y cómo estas faltas pueden influir la vida política, económica y social de una sociedad durante siglos.

Existía durante siglos un sinsentido generalizado basado en la creencia de que sucesivos matrimonios entre las diferentes casas reales prevenían futuros guerras. Cada vez que se firmaba un tratado de paz entre dos países se acordaba la boda del príncipe heredero de uno con una princesa del otro, y algunas veces hubo dos bodas simultáneas cruzados. Aparte de que las princesas reales se convirtieron en simples piezas del ajedrez político, destinándoles a vidas desgraciadas en cortes extranjeros donde siempre fueron sospechosas de intrigar a favor de su país de origen, las sucesivas bodas durante generaciones tuvo como resultado que el rey de España, el de Francia y el emperador pudieran ser al mismo tiempo primos hermanos, primos segundos, terceros y cuartos, y cuñados. Incesto por mayor con graves consecuencias genéticas. En los tres países los monarcas de cada generación fueron inferiores a sus antecesores, y no es sorprendente que los hijos bastardos eran superiores en capacidad física y mental a sus hermanastros legítimos.  Hubiera sido mejor para todos si los monarcas hubieran buscado sus parejas en otros ambientes. No obstante, lo más negativo de estas mesclas dinásticas fueran las guerras de sucesión en que varios candidatos a ocupar un trono, que se había quedado desierto por falta de descendencia masculina, tuvieron idénticos derechos consanguíneos. En las disputas dinásticas resultantes se mesclaron casi todas las potencias europeos que se disputaban intereses políticos, económicos y territoriales. La Guerra de Sucesión Española entre un candidato borbónico (nombrado heredero por Carlos II) y un candidato austriaco confirmaba esta regla. La contienda era entre Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV, y el archiduque Carlos, hijo del emperador Leopoldo, siendo el primero, por ser nieto y bisnieto de infantas españolas y nieto de Felipe IV, tan habsburgo como Carlos. La guerra tuve se parte europea con como resultado el desmantelamiento de la Monarquía Hispánica (Austria se quedaba con los Países Bajos sureños y con Italia), y una guerra civil en España entre Felipe apoyado por una Castilla que había sufrido más que nadie el mal gobierno de los Habsburgo y Carlos de Austria apoyado por los territorios de la Corana de Aragón. En esencia la Corana de Castilla contra la Corona de Aragón. Es curioso como los catalanes habían cambiado de opinión desde su rebelión de 1640 y su experiencia con el todavía incipiente centralismo francés. Preferían a los Habsburgo o, mejor dicho, sus ancestrales fueros de la Corona de Aragón. Antes de ganar la contienda definitivamente en septiembre de 1714, Felipe V había demostrado ya su falta de sentido común tomando venganza por la oposición de los territorios aragonesas.  Los Decretos de Nueva Planta suprimieron el gobierno propio de los reinos de Aragón y de Valencia (1707), de Mallorca (1715) y del principado de Cataluña (1716), y implicaba la incorporación forzosa de la Corana de Aragón en la Corana de Castilla. La Monarquía Hispánica dejo de existir y nació España en el sentido jurídico. Mientras que esto a la larga tuvo aspectos positivos - la anulación de barreras aduaneras tenía muy positivas efectos para la economía - la forma de imponerla no fue la más sensata y ha creado secuelas que tres siglos después están amenazando la unidad de la nación. Tratar los territorios en cuestión como si fueron tierras conquistadas era un inmenso error, además de dudosa legalidad. Bien podía haber seguido las recomendaciones de Maquiavelo sobre como convertir los enemigos en amigos. Felipe V podía haber conseguido lo mismo con más mano izquierda y con más paciencia.

La historia  europea y mundial está llena de ejemplos parecidas. En la historia contemporánea española podemos citar la manipulación de la redacción de la Constitución dejándola, por razones partidistas, llena de lagunas, ambigüedades, omisiones y clausulas mal redactadas; el Estado de las Autonomías que terminará por quebrar y destruir la nación; la anulación de la consulta previa al Tribunal Constitucional; la politización de la justicia etc.
Los gobiernos de Rodríguez Zapatero han tenido una larga serie de decisiones, actitudes y talantes insensatos y sinsentido que si el hombre sigue dos años más nos llevará a la ruina, la insolvencia y la bancarrota.

EL SENTIDO COMÚN  SALVA A LOS PAÍSES, LA AUSENCIA DEL MISMO LES CONDENA A LA  DECADENCIA Y A LA RUINA.

 

© 6/2010

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