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¿SON LAS RELIGIONES MALAS PARA LA SALUD?

(persecuciones, cruzadas, inquisiciones y guerras religiosas)

 

 Prehistoria Antigüedad Judíos  Cristianismo Papado
Gregorio VII Cruzadas Inquisición Protestantismo Imitadores
Nuevas guerras religiosas Islam Islamismo Cristianismo actual Salud

"A través de los milenios y siglos no hay mucha duda de que más de ser simplemente malas para la salud, las religiones en sus formas prehistóricas primitivas o clásicas desarrolladas - matriarcales o patriarcales - han sido para muchos auténticamente mortales. Hay cada vez más indicios que la subespecie Homo sapiens neanderthalensis no se extinguió así por las buenas; no había ningún cambio climático que lo justificaba, ni hubiera surgido ninguna pandemia ya que ésta hubiera afectado igualmente a la subespecie paralela, el Homo sapiens sapiens, o sea nuestros antepasados directos. Que las dos subespecies eran algo como primas hermanas ha sido reforzado por el hecho de que hace poco se ha confirmado la existencia de genes neandertales en el hombre moderno. Esto demuestra la existencia de contactos sexuales entre las dos, lo que indica que individuos de las dos subespecies se encontraron con cierta frecuencia. Los neandertales desaparecieron del registro arqueológico europeo hace unos 30.000 años, pero parece altamente improbable la teoría de que esto fue el resultado de la competencia del Homo sapiens sapiens por los mismos recursos; en aquellos tiempos los recursos eran muy amplias para los pocos representantes de los dos grupos que hubo en la tierra. El número de homo sapiens sapiens era probablemente del orden de los 100.000 y el número de homo sapiens neanderthalensis no más de 20.000. Más probable parece que nuestros antepasados eliminaron poco a poco, durante miles de años, a los neandertales hasta su extinción. Este "labor" puede haber sido facilitada  si estos tuvieron periodos de gestación más largos y menos frecuentes que aquellos. Si nuestros antepasados estuvieron implicado en la extinción de los neandertales - no muy sorprendente si tomamos en consideración que el Homo sapiens sapiens ha demostrado a lo largo de su existencia ser enormemente agresivo y violento con otras especies - estaríamos hablando de un lento y prolongado "subespeciocidio". Como el artefacto religioso más antiguo encontrado - en forma de una cruda figura femenina encinta- date de hace 35.000 años a.C., tampoco sería sorprendente si primitivas consideraciones religiosas hubieron justificadas las masacres en cuestión.

"Posteriormente las religiones matriarcales ofrecieron sacrificios humanos a la Diosa para garantizar las cosechas (vea: El matriarcado en el antiguo Egipto), pero con el desarrollo de las civilizaciones estos sacrificios fueron pocos y puntuales.  La incursión de las hordas nómadas patriarcales con sus dioses masculinos, tampoco creó violencias religiosas per se, ya que rápidamente asimilaron la cultura local e incorporaron las diosas a su religión, creando a un nuevo sincretismo religioso como, por ejemplo, en el Olimpo griego.  La definitiva violencia religiosa empezó con la primera religión patriarcal monoteísta, la religión del autoproclamado "pueblo elegido". Este término no era racista sino puramente religioso. Pertenecer a la misma genealogía tribal solamente era significativo si ésta iba combinado con la adoración exclusiva del "Dios celoso":

Ex 34:14- Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es CELOSO, Dios celoso es.

Según el Antiguo Testamento tanto Canaán, Moab y Ben- Ami, eran descendientes directos de Noé y primos o sobrinos de Abraham. No obstante, los respectivos dioses de los Cananeos, de los Maobitas y de los Amonitas, fueron considerados por los judíos como "abominaciones - como todos los dioses excepto el suyo- y sus creyentes fueron considerados como enemigos a ser exterminados.  El mensaje puesto en boca de Dios es tajante: "los exterminaré" (Ex 23, 23).  Al entrar en el país prometido - el país que mana "leche y miel"- deberán expulsar a todos los habitantes del lugar (Nu 33, 52);"los consagrarás al exterminio" (De 7, 2; 20, 17); "no te prosternarás ante sus dioses ni los servirás, ni imitarás las obras de aquéllos, sino que los aniquilarás por completo" (Ex 23, 24). No hay duda de que con el tiempo tuvieron éxito y, a partir de su entrada en Canaán (datado en ±1250 a.C.), lograron destruir, a sangre y fuego, una antiquísima civilización que ya en el 4000 a.C. había creado grandes y populosas ciudades como Byblos (nombre que ha dado lugar al vocablo "Biblia") y Jericó. La memoria de este hecho creó posteriormente bastantes problemas, ya que algunos profetas veían en el mantenimiento de los lugares altos y otras señales de la práctica del culto de los cananeos (Baal), el origen de las desviaciones de muchos de los monarcas, y la causa de los castigos divinos.

Con el tiempo los judíos se convirtieron de perseguidores y exterminadores en perseguidos y exterminados, lo contrario a lo que pasó a los cristianos un milenio más tarde. Durante el último milenio a.C. - más o menos el cuarto milenio judío [para los judíos el mundo fue creado por YHWH (Yahweh) el 6 de octubre del año 3761 a.C.] -, los judíos pasaron muchas tribulaciones y calamidades, desde ocupaciones, al exilio, la destrucción del Templo etc., pero durante este periodo nunca fueron sistemáticamente perseguidos por su religión. La persecución religioso empezó solamente a partir del segundo siglo de nuestra era. y, sorprendentemente, por parte de los seguidores del Hijo judío del Dios judío, que se habían inventado de que los judíos hubieron matado a Dios. Todo una curiosidad teológica - por definición Dios es inmortal - y una manipulación bíblica ya que, según los Evangelios, Jesús fue crucificado por los romanos por razones políticas (INRI). Hay fundadas sospechas de que las infrecuentes persecuciones de algunas sectas cristianas en los siglos II y III -hubo hasta 200 sectas distintas - por parte de las autoridades romanos, tenía que ver con que aquellos se dedicaban a asesinar judíos por deicidas. Considerando que el pueblo judío se convirtió poco a poco de "Pueblo Elegido" en "Pueblo Maldito" hay que admirar la fe y  constancia de los creyentes judíos en seguir aceptando un Dios que les había dado la espalda.

A finales del siglo IV la secta cristiana romana se convierte en hegemónica y  el cristianismo romano católico se hace religión del estado y se convierte en la "IGLESIA" con mayúscula. Como una de las primeras exigencias de la Iglesia fue la fe ciega, o sea la aceptación total del Credo y de la Santa Trinidad, y como gran parte de la cristiandad no aceptaba estos conceptos, se abrió el camino para la persecución sin piedad de todos los supuestos herejes. Un trabajo arduo y duro, ya que había herejías por doquier. Mencionaré solamente algunas de las más conocidas: Arrianismo, Adopcionismo, Donatismo, Apolinarismo, Monofisismo, Nestorianismo, Priscilianismo, Paulianismo etc. La erradicación de estas herejías tardó casi siglo y medio y fue lograda a base de centenares de miles de muertos. Donde el largo brazo de la Iglesia no alcanzaba, algunos de estos herejías sobrevivieron y crearon sus propios Iglesias, como la copta, la etiopia, la armenia, la sirio-jacobita y la maronita. El Nestorianismo logró implantarse durante siglos en Asia Central hasta que fue superado por el Islam. Con el seguir de éste en África del Norte y Oriente Medio, muchos herejes se convirtieron a una religión más monoteísta y patriarcal que el propio cristianismo.

Cuando por el momento ya no había herejes a perseguir, la lucha entre cristianos se centraba en las elecciones papales en Roma. La elección estaba en manos del populacho romano, muchas veces con sangrientas luchas en las calles entre bandas opuestas. En el siglo y medio entre el año 880 y aprox. 1030, hubo nada menos que 35 pontífices, que reinaron un promedio de 4 años. Esto hubiera sido normal si hubieran sido hombres viejos y achacosos, pero nada más lejos de la verdad. Eran en su mayoría hombres jóvenes y hubo hasta adolescentes. Algunos aguantaron solamente algunas semanas o meses. Seis fueron destituidos y por lo menos 15 asesinados o mutilados. Hubo satanistas, paganos, fornicadores, pedófilos, libertinos, asesinos y locos. En conjunto estos papas han sido considerados como el grupo humano más espiritualmente corrupto en los anales de la historia universal. Uno de los más locos fue Esteban VII que sucedió a Bonifacio VI (896) después de haberle envenenado. Desenterró el cadáver del antecesor de éste, Formoso (891-896), le juzgó formalmente por hereje, le condenó al fuego eterno y le hizo descuartizar  y arrojar al Tíber. Hubo venganza por esta sacrilegio ya que 14 meses después los partidarios de Formoso lo estrangularon. El siglo X fue conocido como la Pornocracia Papal ( vea: PORNOCRACIA) en la Roma Deplorabilis.  La degradación llegó a tales extremos que es francamente sorprendente que el cristianismo, por lo menos el catolicismo occidental, logró sobrevivir. La única explicación es la falta total de comunicación existente por la cual la inmensa mayoría de los creyentes no se enteraban de lo que pasó en Roma.

Durante 600 años a partir del siglo IV, los papas habían sido juguetes en los manos del poder secular - fuese este el populacho de Roma, señores de guerra locales, o el emperador; poco importaba - pero todo cambió a partir de Gregorio VII  - todavía elegido por aclamación popular en Roma y reconocido por el emperador Enrique IV - un homuncio (enano) convencido de que un simple sacerdote era superior a cualquier lego, incluyendo reyes y emperadores, y que  entonces la superioridad del Papa, como sucesor de Pedro, era infinito. Con esta convicción y una voluntad de hierro, logró cambiar no solamente el papado y la Iglesia sino hasta la religión misma, con efectos mortales para los creyentes. Se inventó un número de prerrogativas papales para cuya justificación creó una auténtica escuela de falsificadores que durante todo su papado satisfizo su necesidad de antecedentes para sus decisiones. Se trataba de manipular documentos antiguos para que dijeran lo contrario de su intención, de crear documentos inventados y hasta de certificar falsificaciones de los siglos IX y X. Con esto se cambió literalmente la historia eclesiástica ya que todas estas falsificaciones fueron inmediatamente incluidas en el derecho canónico. Orwell anticipado en 9 siglos.

Todo esto condicionó la fe y la Iglesia durante siglos y tuvo unas consecuencias aberrantes. No solamente se justificó que la prohibición para los creyentes a "comerciar" (tener contacto) con excomulgados se extendió a reyes, emperadores y hasta países enteros, sino llegó a igualar excomulgados con herejes; un precepto usado posteriormente para impunemente justificar masacres. Por otra parte la ciega aceptación posterior de todas estas condicionamientos explica la oposición de Beckett a Enrique II, y la de Tomás Moro a Enrique VIII, ambas basadas en preceptos falsos y erróneas. Hasta Tomás de Aquino basó buena parte de su Summa Teologica  en datos falsos. Considerando que las opiniones de Aquino tuvieron mucha influencia en el Concilio Vaticano I, podemos decir que la declaración de la infalibilidad papal también estaba influida por preceptos falsos. Esto además a sabiendas, ya que por entonces las falsificaciones de Gregorio VII eran de sobra conocidas.

Aparte de humillar al emperador y empezar el largo camino que llevó a la imposición definitivo del celibato clerical, Gregorio VII sacó poco provecho de sus falsificaciones. Fue destronado y exiliado por el mismo emperador que había humillado, y murió, solo y abandonado, en Salerno. Sí dejó como herencia una Iglesia que había dejado de ser universal, que había dejado de ser enriquecida por culturas y experiencias distintas, y que había sido moldeada según el patrón romano de latín, celibato y teología escolástica. Hasta el título del Papa cambió poco después del tradicional "Vicario de Pedro" al de "Vicario de Cristo". Las pretensiones absolutistas heredadas por sus sucesores lo fueron de él y no de Cristo. Esto llevo a Inocencio III (1198-1216) a declarar con una arrogancia sorprendente y totalmente anticristiana - en un pasaje que forma parte del derecho canónico - que el pontífice romano es:      

" El Vicario en la tierra, no de un mero hombre, sino del mismo Dios. Ahora pueden ustedes ver quién es el servidor que es puesto sobre la familia del Señor; verdaderamente es el Vicario de Jesucristo, el sucesor de Pedro, el Cristo del Señor; puesto entre Dios y el hombre, de este lado de Dios, pero más allá del hombre; menos que Dios, pero más que el hombre; quien juzga a todos, pero no es juzgado por nadie" . 

Por otra parte, Juan XXII, en principios del siglo XIV, iba al extremo de dejarse llamar: "Dominuin Deun nostrum Papam" ("Nuestro Señor Dios el Papa").

 Urbano II (1088-1099), se inventó, él solito, las cruzadas en los concilios de Piacenza y Clermont (1095). Aquellas fueron  concebidos en su origen como una auténtica guerra santa para conquistar (primero), o mantener el control (después) sobre, los lugares sagrados en Palestina; pero pronto se degradaron y llegaron a significar cualquier guerra  sancionada por el papado contra los enemigos de la Cristiandad occidental, ya fueran éstos paganos, infieles, herejes o adversarios políticos. Entre 1095 y 1270 hubo ocho cruzadas oficiales. No es este el momento para analizar la génesis de las cruzadas pero estas tuvieron muchos elementos dispares, desde una manifestación fanática de religiosidad, a aspectos sociales, políticos y económicos: la fuerte expansión demográfica, el descontento popular, la proliferación de guerras nobiliarias entre los grandes señores que despojaron a la pequeña y mediana nobleza, la generalización del mayorazgo (que entregaba toda la herencia de un linaje al hijo primogénito). Todo  se tradujo en la formación de una amplia capa social de nobles sin tierra, lo que sirvió de detonante inmediato para su participación en el movimiento de las cruzadas. Al mismo tiempo las cruzadas sirvieron para canalizar la violencia ejercida por nobles, bandidos y campesinos sublevados hacia el exterior a servicio del pontificado, no solamente para liberar a Palestina sino también para satisfacer las ambiciones papales con respeto a la Iglesia bizantino. Parte del éxito de la llamada a la guerra santa fue una repuesta popular a los relatos - totalmente falsos- que estaban circulando por la Cristiandad acerca de las atrocidades cometidas por los musulmanes contra  peregrinos y  cristianos orientales.   

 La primera parte de la primera cruzada, llamada la de los pobres, era espontanea, popular, y una repuesta al llamamiento de predicadores fanatizados que recorrieron Inglaterra, el norte de Francia, Flandes y Renania. Grandes masas de campesinos, hambrientos por las inclemencias del invierno del ´95, se echaron al camino de Jerusalén al grito de "Dios lo quiere".  En la primavera del ´96 unos 50.000 villanos, siervos y pobres libertos, junto con delincuentes y aventureros, estaban ya en camino. Proporcionalmente a la población de Europa de entonces, fue como si hoy en día una multitud de un millón de personas vagaran en masa hacia Constantinopla en camino a Palestina. Hubo graves disturbios a lo largo de la ruta, con terribles matanzas de judíos en las ciudades alemanas que pasaron, y saqueos en Hungría, Bulgaria y los Balcanes para su abastecimiento. La reacción violenta de los locales causó muchos bajos, y la "cruzada" llegó a Constantinopla ya muy mermada. El emperador bizantino hizo que los trasladaron al otro lado del Bósforo para evitar malas mayores para la ciudad. Allí fueron derrotados y aniquilados por el ejército turco (selyuquí) frente a Nicea el 21 de octubre de 1096. Se calcula que el número total de victimas provocado por esta cruzada fue del orden de las 150.000.

La segunda parte, llamada la cruzada de los caballeros, organizada por Urbano II, consistía de tres contingentes de diversas regiones de Europa occidental. Los tres llegaban a Palestina por rutas diferentes a partir de agosto de 1096. Se estima que, en total, participaron unos 4.000 o 5.000 caballeros, cerca de 25.000 soldados de infantería y varios miles de simples peregrinos de toda condición.  Después de muchos combates y de haber arrasado la ciudad cristiana (hereje) de Tarso y la igualmente cristiana cuidad armenia de Edesa, conquistaron primero Antioquía y finalmente Jerusalén. En ambas ciudades asesinaron cuantos musulmanes, judíos y cristianos "herejes" encontraron, incluyendo mujeres y niños. Se han calculado que las víctimas de esta cruzada fueron del orden de los 300.000.

  La segunda cruzada (1146-1148), fue el resultado de una bula promulgado por el papa Eugenio III en 1145 con el propósito de ayudar a los territorios cristianos en Palestina asediados en extremo por los turcos. La Bula puso el acento en las virtudes expiatorias de la cruzada ofreciendo la salvación a "homicidas, raptores. adúlteros, perjuros y criminales de cualquier índole". Que tropa. Duró 3 años, fue un fracaso total y tuvo, como el anterior, un enorme precio en vidas humanas.  

El Papa Gregorio VIII, convocó de inmediato una nueva cruzada, la tercera (1188-1192), cuando el ejército del reino de Jerusalén fue derrotado y destruido en 1187 en Hattin, derrota seguida pocos meses después por la toma de Jerusalén por Saladino.  Esta cruzada más que tener un fondo espiritual,  puso de manifiesto las ambiciones expansionistas de los tres monarcas que la lideraron respecto al levante Mediterráneo y desató una serie de conflictos por culpa del  choque de intereses entre Alemania, Inglaterra, Francia y las repúblicas italianas. Su único logro verdadero fue la conquista de Chipre por los ingleses. La expedición fracasó por completo en su supuesto objetivo fundamental: la reconquista de los Santos Lugares.

 Inocencio III fue el impulsor de la Cuarta Cruzada, en principio dirigida contra los musulmanes de Oriente y a la postre "desviada" contra Constantinopla y la Iglesia ortodoxa. Los intereses económicos venecianos acabaron primando y llevaron a la ocupación y saqueo de la capital bizantina por los caballeros occidentales en 1204. Se instaló en ella un reino latino (1204-1261).

 La gran obra "cristiana", más bien diabólica, de Inocencio fue la cruzada (1209)  dirigido contra los "herejes" de Languedoc, aplicando el precepto gregoriano (VII) de igualar excomulgados con herejes, para justificar el baño de sangre, la masacre y la exterminación de los cátaros o albigenses . Estos predicaban un cristianismo heterodoxo y dualista con elementos maniqueos; pero posiciones doctrinarias aparte, sus predicadores fueron en la realidad cotidiana hombres y mujeres!  que difundieron un mensaje verdaderamente cristiano en el sentido de caridad, tolerancia, libertad y esperanza. Su austeridad contrastaba con la opulencia y corrupción en la cúpula de Iglesia romana. La doctrina cátara se extendió rápidamente durante todo el siglo XII, llegando a ser la religión predominante en el sur de Francia (incluidos varios focos en el reino de Aragón) y en algunas zonas del norte de Italia. Según los cátaros, el mundo, creado por un ser perfecto e incorruptible, no podía ser gobernado por una institución  tan absolutamente infrahumana y corrupta como la Iglesia. Llegaron a llamar a Inocencia III el "Anticristo". y el papa hizo todo lo posible para merecerse el apelativo.

La cruzada contra los cátaros duró 6 años  y fue todo un hito ya que por primera vez la cruzada no era contra el infiel sino contra el hereje, estableciendo de esta forma el poder del papa para actuar allí donde y como el quisiera. El absolutismo sin limitaciones. La cruzado atrajo a todos los aventureros de Europa y fue entusiásticamente apoyada por el rey de Francia (entonces limitada al Noreste del territorio actual) y su nobleza - no por razones religiosas sino por querer extender su dominio hasta el sur-  ya que el papa les daba la excusa perfecta para apoderarse de las riquezas del Languedoc. Todos estaban encantados con la lapidaria orden del legado papal:  "Matadlos a todos, que Dios reconocerá a los suyos". Una orden que les daba mano libre a matar a todos los que encontraran en su camino, herejes o no.  Así pues, la tropa - y qué tropa - de la mal llamada "Cristiandad" se dedicaron durante los siguientes años a la destrucción y el saqueo sistemático de las villas y campos, y a la masacre sin cuartel de sus habitantes. Se calcula que más de la mitad de los habitantes del Languedoc perecieron.

A partir del siglo XIII las cruzadas perdieron su antiguo poder de convocatoria religiosa y espiritual, y tanto  el pueblo como  la nobleza se habían dado cuenta que el papado las estaba utilizando como instrumento para imponerse sobre sus enemigos cristianos tanto religiosos como políticos, y como una forma para conseguir ingresos fiscales. De ahí que los periódicos llamamientos a la guerra santa, obtuvieron apenas respuesta. Hubo la llamada cruzada de los niños en la cual millares de adolescentes se decidieron a marchar hacia Tierra Santa para liberar a Jerusalén y el santo Sepulcro del dominio musulmán, usando como armas lo que hoy pudiéramos llamar buenísmo. Se ha estimado que más de cincuenta mil niños perecieron víctimas en el intento o fueron vendidos como esclavos.

Todavía se convocaron más cruzadas durante el siglo, pero éstas simplemente fueron campañas militares de conquista y todas salieron  mal. Especialmente para las victimas.

El balance que arrojan las cruzadas es muy negativo, pues no cumplieron de forma duradera sus objetivos.  La conquista de Jerusalén duró menos de un siglo. En Europa occidental las cruzadas provocaron una oleada de violencia antisemita a lo largo de las rutas terrestres seguidas por los peregrinos y sus predicadores, que contribuyó decisivamente a acabar con cualquier posibilidad de convivencia entre judíos y cristianos. En Siria, Armenia y Palestina, los cruzados tuvieron que enfrentarse a la resistencia de las comunidades cristianas no latinas, a las que habían masacradas durante los primeros tiempos de la conquista y que, lógicamente, se desvincularían de los esfuerzos de los latinos por mantener sus dominios en Oriente. No lograron unir a la Cristiandad contra el "infiel", mientras que  la pugna de intereses entre las fuerzas nacionales y sociales que tomaron parte en las cruzadas sólo agravó los conflictos. Los beneficios culturales eran muy superficiales y los verdaderos llegaron a Occidente a través de la península ibérica. Los escasos beneficios económicos/comerciales fueron para venecianos genoveses ya que para el resto de Occidente las cruzadas fueron muy costosas, tanto en hombres como en recursos materiales. Por otra parte, el choque de los intereses materiales y políticos del papado con los de los príncipes redundó en el descrédito de la "guerra santa", al tiempo que ganaba terreno la idea de que la Iglesia había experimentado un enriquecimiento anormal y se dedicaba más a la acumulación de bienes terrenales que al socorro de los pobres. En este sentido, se ha llegado a afirmar que la Reforma del siglo XVI hundió sus raíces en el desprestigio que las cruzadas echaron sobre el papado. 

Las cruzadas, incluyendo la cátara, provocaron más de un millón y medio de muertos. En Oriente Próximo las masacres crearon una duradera enemistad contra Occidente y un rechazo del cristianismo romano infinitamente superior al existente hasta entonces.

Pero erre que erre, el papado no había aprendido nada, consideraba que había que apretar todavía más la severidad de sus persecuciones, y en 1231 el papa Gregorio IX constituyó la Inquisición y puso la persecución de herejes (del Gr. hairetikos = elección propia) bajo la dirección del pontificado, nombrando para tal fin inquisidores  y estableciendo severos castigos. En el principio estuvo restringida a Alemania y Aragón, pero enseguida entró en vigor en el conjunto de la Iglesia, aunque no funcionara por entero, o lo hiciera de forma muy limitada, en muchas regiones de Europa. En 1252 el papa Inocencio IV autorizó la práctica de la tortura para extraer la verdad de los sospechosos. Por entonces los dominicos cuya orden había sido creado en 1216 con la finalidad de contrarrestar las herejías de aquel tiempo, por medio de la predicación, la enseñanza y los ejemplos de austeridad, se habían quedado con la exclusiva de la Inquisición y podían ahora añadir la tortura a sus propósitos de fundación.

La Inquisición fue una organización inhumana y anticristiana. Los acusados no fueron informados de que se les acusaron, no tenían derecho a defensa ni a testigos. Los hijos eran obligados a denunciar a sus padres, los maridos a sus mujeres y los familiares y vecinos se denunciaban entre sí. Se pagaba a los testigos de la acusación para que declararan, y a los sospechosos se les infligían torturas inhumanas para forzar su confesión. A los condenados se les confiscaban todos sus bienes y a los inquisidores les correspondía la mitad del valor de estos. El resultado lógico fue que todos fueron condenados y que los inquisidores tenían un especial interés en perseguir a gente acomodada. Y la Iglesia todavía se atrevía a hablar del "libre albedrío".

Un caso especial fue la caza de brujas. Estas, supersticiones aparte, eran en general curanderas - herederas de antiguos conocimientos herboristas - que aportaban los únicos cuidados médicos conocidas. Ya que la Iglesia mantenía que las enfermedades fueron obras del diablo y que la única posibilidad de curación fue la oración, consideraba el éxito modesto de las curanderas como una auténtica afrenta. De allí a acusarlas de brujería había solamente un paso.

 A los cazadores (acusadores) de brujas se les pagaba una recompensa por cada fallo condenatorio después de reunir las acusaciones y poner a prueba a los sospechosos. Los inquisidores no dudaban en traicionar sus promesas de perdón a aquellos que reconocían su culpa después .La persecución se dio en toda Europa, principalmente en el norte de Francia, suroeste de Alemania, países de Escandinavia e Inglaterra. Centenares de miles de personas fueron condenadas a la hoguera por practicar esta supuesta brujería. La caza llegó a su punto culminante después de la bula papal Summis Desiderantes, promulgada  en 1484 por Inocencio VIII, y la publicación poco después del Malleus maleficarum (el célebre e infame Martillo de las brujas. La caza tenía parcialmente su origen en el odio de muchos clérigos hacia la mujer desde el principio del cristianismo:

Nada rebaja tanto a la mente varonil de su altura como acariciar mujeres y esos contactos corporales que pertenecen al estado del matrimonio." [San Agustín, "De Trinitate"]

¿Y no sabes tú que eres una Eva? La sentencia de Dios sobre este sexo tuyo vive en esta era: la culpa debe necesariamente vivir también. Tú eres la puerta del demonio; eres la que quebró el sello de aquel árbol prohibido; eres la primera desertora de la ley divina; eres la que convenció a aquél a quien el diablo no fue suficientemente valiente para atacar. Así de fácil destruiste la imagen de Dios, el hombre. A causa de tu deserción, incluso el Hijo de Dios tuvo que morir."  [Tertuliano, Padre de la Iglesia, "De Culta Feminarum", 1.1]

Es Eva, la tentadora, de quien debemos cuidarnos en toda mujer... No alcanzo a ver qué utilidad puede servir la mujer para el hombre, si se excluye la función de concebir niños." [San Agustín, Padre de la Iglesia]

"Las mujeres no deben ser iluminadas ni educadas en forma alguna. De hecho, deberían ser segregadas, ya que son causa de insidiosas e involuntarias erecciones en los santos varones." [ San Agustín, Padre de la Iglesia]

 

La Inquisición española (ya existía en Aragón desde el principio)  se fundó con aprobación papal en 1478 (con 250 años de retraso) a propuesta de los Reyes Católicos. Esta Inquisición se iba a ocupar del problema de los llamados marranos, los judíos que por coerción o por presión social se habían convertido al cristianismo. Después de 1502 centró su atención también en los conversos del mismo tipo del islam, y a partir de 1520 a los sospechosos de apoyar las tesis del protestantismo. A los pocos años de la fundación de la Inquisición española, el papado renunció en la práctica a su supervisión en favor de los soberanos españoles. De esta forma la Inquisición en España se convirtió en un instrumento en manos del Estado más que de la Iglesia, aunque los dominicos, actuaran siempre como sus funcionarios. Estuvo dirigida por el Consejo de la Suprema Inquisición, pero sus procedimientos fueron similares a los de su réplica medieval. Con el tiempo se convirtió en un tema popular, en especial en las zonas protestantes, por su crueldad y oscurantismo, aunque sus métodos fueran parecidos a los de instituciones similares en otros países católicos romanos y protestantes de Europa. Sin embargo, su superior organización y la consistencia del apoyo que recibía de los monarcas españoles, descollando Felipe II, hicieron que tuviera un mayor impacto en la religión, la política o la cultura que las instituciones paralelas de otros países. Esta eficacia y el apoyo político permitieron a Tomás de Torquemada, el primero y más notable gran inquisidor, ejecutar por miles a supuestos herejes. Carlos V introdujo la Inquisición en los Países Bajos en 1522, pero no consiguió acabar con el protestantismo. Éste desarrolló  instituciones tan represivas como la Inquisición española, por ejemplo el consistorio de Ginebra en tiempos de Calvino. La Inquisición quedó al fin suprimida en España en 1834, pero durante la primera guerra carlista, los carlistas más integristas todavía  luchaban bajo el lema: "Viva la Inquisición" .(Carlismo).

 

  Alarmado por la difusión del protestantismo y por su penetración en Italia, en 1542 el papa Pablo III  constituyó en la propia Roma, la Congregación de la Inquisición, conocida también como el Santo Oficio, que se preocupó no tanto de la ortodoxia de los creyentes sino de la de teólogos y eclesiásticos. En 1555, ya bajo Pablo IV, emprendió una persecución activa de sospechosos, incluidos obispos y cardenales . La Congregación elaboró una lista de libros que supuestamente atentaban contra la fe o la moral, y publicó el primer Índice de Libros Prohibidos en 1559. (Solamente en 1965, Pablo VI  reorganizó el Santo Oficio y le puso el nuevo nombre de Congregación para la Doctrina de la Fe, y en 1966 anunció que no se publicarían nuevas ediciones y que el catálogo actual ya no era vinculante. Se retiró la pena de excomunión por leer los libros del Índice).

Parece, que después de casi mil años de persecuciones y masacres,  todavía había ganas para seguir con el vertido de sangre. La nueva herejía, el protestantismo, no estaba dispuesto a dejarse exterminar. La Reforma creaba una enorme división en la Cristiandad. En sus principios la Iglesia y los Hapsburgo usaban la Inquisición para hacer frente a la nueva amenaza, pero esto solamente agravaba el problema y provocaron una rebelión en los Países Bajos, y abiertas guerras regionales en Alemania. La cuestión del libre albedrío se convirtió en uno de los principales causantes del conflicto religioso ya que muchas sectas protestantes, y en particular el calvinismo, siguieron la doctrina agustina de la predestinación y la exclusión del libre albedrío. Esto fue considerado una herejía por parte de la Iglesia. A esto había que añadir la creencia protestante de que los cristianos se salvan exclusivamente por el don de la gracia de Dios y no por sus propios esfuerzos o méritos.

 En Alemania, las guerras religiosas del siglo XVI y la guerra de los Treinta Años en el XVII fueron encarnizadas y devastadoras. En Francia los hugonotes calvinistas lucharon en una sangrienta guerra civil contra los católicos.  En Inglaterra, la guerra civil entre el Parlamento y la monarquía correspondía también en gran parte a una contienda intestina entre puritanos y anglicanos. La guerra de los  Treinta Años, fue una larga serie de conflictos que se extendieron desde 1618 hasta 1648, en los que participaron la mayoría de los países de Europa occidental, y que en su mayoría se libraron en Europa central. Los odios religiosos, que llevaban encendidos más de medio siglo, estallaron, a partir de 1618, en una guerra que fue uno de los conflictos más destructivos en la historia europea, y tuvo devastadoras consecuencias económicas, sociales y culturales. Los territorios alemanes fueron las víctimas principales. Las estimaciones actuales sugieren que la población total del Sacro Imperio disminuyó en un 25%. Las zonas rurales fueron las más afectadas y la actividad económica decayó en todos los estados alemanes. El impacto psicológico del largo conflicto, con su recuerdo colectivo del miedo, del caos y del horror, condicionaron la vida diaria de los alemanes durante siglos.

Con la Ilustración, la mayoría de los países abolieron la Inquisición. No obstante, en los Estados Pontificios la Inquisición siguió - excepto por los años entre 1807 y 1814 cuando estuvieron incorporados al Imperio napoleónico - hasta la ocupación por el ejército italiano (piamontés) en 1870. En Roma continuó hasta el momento mismo de la ocupación por parte de Garibaldi, y los que presenciaron la apertura de la cárcel del Santo Oficio llamaron la situación de los presos, "indescriptible". Por cierto, en el mismo día se cerró el último gueto en Occidente, del que durante siglos ningún judío había podido salir de noche.

Los muchos siglos de absolutismo de la Iglesia, por lo menos en lo religioso, que aceptaba el libre albedrió solamente en teoría y con la boca pequeña, y perseguía "herejes", "brujas", judíos y cristianos nuevos (judíos y musulmanes conversos) con una saña más inspirado en el Pentateuco que en los Evangelios, terminó por crear imitadores. El periodo fue tan largo que ha inspirado a otros a seguir el mismo camino para fines seculares. La Revolución Francesa llevó a cabo una política represiva a aplicar, en septiembre de 1793, la Ley de Sospechosos, que supuso la condena en tan sólo cuatro días de 35.000 personas por el Tribunal de Vigilancia. Napoleón no se quedó corto y con el odiado Fuche como Ministro de Policía, creó un auténtico estado policiaca. Por otra parte, parece claro que totalitarismos como el comunismo, el fascismo y el nazismo, crearon sus propias inquisiciones en la forma de KGB, Gestapo y Ovra; policías secretas con enorme poder, que aplicaron los mismos métodos que fueron tan característicos de la Inquisición: "Los acusados no fueron informados de que se les acusaron, no tenían derecho a defensa ni a testigos. Los hijos eran obligados a denunciar a sus padres, los maridos a sus mujeres y los familiares y vecinos se denunciaban entre sí. Se pagaba a los testigos de la acusación para que declararan, y a los sospechosos se les infligían torturas inhumanas para forzar su confesión." Los perseguidos fueron otra vez los judíos (la tradición de tantos siglos) y los opositores (herejes) al sistema totalitario establecido. ¿Quienes fueron los herejes en estos regímenes totalitarios laicos que habían reemplazados las religiones por el  colectivismo? En la Unión Soviética: los zaristas, los mencheviques, socialistas y liberales, y a partir de los años treinta, trotskistas y, otra vez, los judíos y cualquier bicho que se atrevería a moverse; en la Italia fascista: comunistas, demócratas, liberales, anarquistas y socialistas ( no obstante de que el Fascio de Duce había empezado su vida como grupo autónomo dentro del partido socialista) y, como no, judíos; en la Alemania nazi ("Nationalsocialistische Deutsche Arbeiter Partei" = "Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán"): por encima de todo los judíos, gitanos, homosexuales y otra "escoría" humana,  sus primos hermanos socialistas y comunistas, demócratas y liberales etc. O sea, muchos de los perseguidos fueron muy similares a los de Inquisición católica.

La eliminación temporal de dos de estos absolutismos laicos espoleaba, con una rapidez sorprendente, guerras religiosas que parecían ya historia. La independencia del subcontinente indio provocó la división política con la creación de un nuevo estado islámico, Pakistán, que desde entonces ha mantenido un estado de tirantez con India, mayoritariamente hindú. En la India misma hay regulares brotes de violencia entre hindús y musulmanes. El conflicto en Ulster fue, y sigue siendo, una repetición de las guerras religiosas del siglo XVII entre católicos y protestantes. El desmantelamiento de Yugoslavia daba lugar a una guerra nacionalista/religiosa a tres bandas entre ortodoxos (serbios), católicos (croatas) y musulmanes bosnios. La larga guerra civil en Somalia entre musulmanes norteños y cristianos sureños ya ha dado 2 millones de victimas en los últimos 10 años.

La caída de la Unión Soviética no ha implicado de ninguna forma la desaparición de comunismo. No solamente ha sobrevivido en China y Cuba, sino se ha instalado en Venezuela, Perú y Honduras.

El caso del Islam es curioso. Es una religión rabiosamente monoteísta donde Mahoma es el "profeta perfecto", pero nada más. No ha dado lugar entonces a la multitud de interpretaciones ("herejías") sobre la personalidad de su fundador como en el cristianismo. Por otra parte, lo fundamental del Islam son los llamados "cinco pilares del islam": profesión de fe, oración, limosna, ayuno y peregrinación. Son preceptos no discutibles, pero fuera de ellos hay lugar para la especulación ya que el islam no tiene una autoridad dogmática oficial. No tiene clérigos en el sentido cristiano; los ulemas, cadíes y muftíes son investigadores e intérpretes de la Ley. En la sociedad islámica, el término Derecho tiene un significado más amplio que en el espacio occidental, pues engloba imperativos tanto morales como legales. Por la misma razón, no todo el Derecho islámico puede ser formulado como norma legal ni ser impuesto por los tribunales. En gran parte depende exclusivamente de la conciencia. Además de Mahoma, el  Islam acepta como profetas menores a Adán, Noé, Abraham, Moisés y Jesucristo. El Corán esta muy influido por el Antiguo Testamento y los Evangelios y, por esta razón, el judaísmo y el cristianismo son aceptados como "religiones del libro" (basadas en la revelación). Existe una prohibición para la conversión forzosa de los creyentes de ambas religiones.

Por todo esto, no han existido persecuciones de herejes (un concepto extraño al islam) ni persecuciones sistemáticas de judíos y cristianos. Habrán existido algunas conatos, hasta algunas conflictos, pero estos nunca eran ni organizados, ni justificados, por el poder. Por ejemplo en al-Andalus el título de califa significaba ser jefe espiritual y temporal de todos los musulmanes y protector de las comunidades no musulmanas bajo su jurisdicción (cristianos y judíos), así como el de príncipe de los creyentes (amir al-muminin). Era política común en todo el Oriente Próximo islámico que los cristianos y judíos pudieron mantener sus prácticas religiosas pagando un tributo como "pueblos protegidos" (dimmies) mientras no se sublevaran. Gran parte de los judíos expulsados en 1492 de España terminaron en el Imperio Otomano, donde prosperaban como sefardíes sin muchos impedimentos. De igual forma, los cristianos ortodoxos, que en la parte europea del imperio formaban la mayoría de la población, se autogobernaban en gran parte y tuvieron sus propios representantes frente a la autoridad turca. La conclusión es que los musulmanes fueron infinitamente más tolerante con judíos y  cristianos, de lo que había sido la Cristiandad con judíos, musulmanes y cristianos no católicos.

La situación ha cambiado mucho durante el siglo pasado. El colapso otomano y la ocupación europea, creó una corriente fundamentalista por un fuerte resentimiento hacia el colonialismo occidental y un rechazo de todo lo relacionado con ello como sinónimo del mal. Surgió el llamado "islamismo" que justifica la violencia como arma para dotar los estados de una esencia religiosa. Los primeros atentados terroristas protagonizados por grupos fundamentalistas islámicos tuvieron lugar en 1945 y fueron perpetrados por los denominados Hermanos Musulmanes, movimiento fundado en Egipto en 1928.  Los grupos radicales se multiplicaron en la década de 1970. En Egipto, Siria y Jordania, su acción iba encaminada a desestabilizar los regímenes existentes, representantes de un panarabismo laico e izquierdista, que se consideraban derrotados tras la guerra de los Seis Días (1967). Es curioso que este islamismo, en el siglo XIII y XIV desde el nacimiento del Islam, ha creado, con su llamada al yihad, algo muy parecida a la guerra santa de las cruzadas; y con su interpretación de la sharia  - en su verdadera esencia una ley muy garantista de difícil aplicación - su propia inquisición que puede llegar a ser tan destructiva como la cristiana. Si la Inquisición era anticristiano por definición, la sharia inquisitorial es anti-islámico y anatema. 

El cristianismo en general, y el papado en particular, no ha tenido más remedio que suavizar sus tendencias más agresivas y absolutistas, pero - exceptuando el periodo corto de Juan XXIII - no ha cambiado su esencia. Hace poco Benedicto XVI - en pleno efervescencia de las acusaciones por pedofilia clerical - exigía respeto para el clero como representantes de Dios delante de los creyentes, no muy diferente a la superioridad clerical defendida por Gregorio VII. Poco en común tiene este criterio con el del cristianismo primitivo en donde presbiterianos y obispos - elegidos libremente por la grey - eran considerados como representantes de los creyentes delante Dios. 

Me he extendido en analizar el efecto mortal de las religiones sobre los seres humanos que quisieron ejercer su derecho al libre albedrío. Ahora quiere señalar como las religiones siguen influyendo negativamente sobre la salud de sus creyentes. Hace unos  años un grupo de líderes islámicos en Nigeria proclamaron una fatwa declarando que las vacunaciones contra el polio fueron una conspiración de Estados Unidos y la ONU contra el Islam. Supuestamente había sido fabricado para estilizar a los verdaderos creyentes y su intención era genocida. La fatwa prohibió terminantemente la vacunación, y en cuestión de meses la poliomielitis volvió a aparecer. Desde entonces esta prohibición se ha manifestado en varios países africanos, en Yemen, países que antes habían erradicada la enfermedad. Si alguien piensa que algo parecido ya no puede suceder en el cristianismo, se equivoca de par en par. Hace un par de años prelados católicos (el presidente del Consejo Pontifico para la familia; el obispo auxiliar de Rio de Janeiro; cardenales en Nicaragua,  Kenia, Uganda, etc.) se han metido contra el uso del condón: "han sido fabricados secretamente con micro-agujeros para infectar los usuarios con Sida"; "son antinaturales ya que nunca he visto un perro usarlos". Y muchas barbaridades por el estilo. Hace poco el papa ha seguido esta corriente y ha prohibido el uso del condón hasta como protección contra el Sida, ya que, según el, " ha sido demostrado que no evita la infección por HIV, y que la única forma de evitarla es la abstinencia"!. El islamismo radical comparte esta posición con entusiasmo. Pájaros del mismo plumaje.

Siempre me ha sorprendido la obsesión de grupos minoritarios de imponer sus criterios a la humanidad. Una obsesión que quizás hay que considerar como la enfermedad mental más importante y corriente. Consiste en querer "mejorarnos", convirtiéndonos en obedientes hormigas, en clones idénticos para más gloria del "Gran Hermano" (papa, ayatola, führer, duce, "coma andante", líder etc.). Esta inclinación existe también en nuestras democracias más avanzadas en donde grupos políticos izquierdistas han optado por el gradualismo. Las revoluciones violentas ya no son de recibo, y se pretende cambiar nuestras sociedades con una política, paso a paso, de hechos consumados. Cada vez más, muchos gobiernos introducen nuevos reglamentos, nuevas prohibiciones, que poco a poco están mermando nuestras libertades. Los gobiernos aumentan continuamente su tamaño, controlan más y más la economía, y son cada vez menos capitalistas y más "progresistas" ( o sea, marxista).        

     

© 10/2010

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