REFORMAS CONSTITUCIONALES
Estamos de acuerdo que la Constitución necesita de una profunda reforma. La forma en que fue, en su tiempo, negociada y consensuada, la convirtió en un documento plagado de ambigüedades, de imprecisiones y, peor todavía, de contradicciones. Si, una vez "redactada", el texto final hubiera sido entregado no a un escritor como Cela, un buen escritor pero un pensador dudoso, sino a un Delibes, para darle una forma literaria, más o menos, "majestuosa", el pobre hombre las hubiera pasado putas, consultando sin parar para tratar de aclarar todas las antedichas ambigüedades etc.
En donde no podemos estar de acuerdo es con varios razonamientos que últimamente han salido a la luz. Hay dos que llaman la atención. Por un lado el aritmético: ¿aprobación por dos tercios ó tres quintos?. Por otro lado el famoso problema de la necesidad de convocar inmediatamente elecciones generales después de la votación positiva por parte del Parlamento.
Poco importa si las reformas pueden ser aprobadas con dos tercios (66,6 %) o con tres quintos (60%). La realidad es que ninguna reforma puede ser aprobada sin la concurrencia de los dos partidos principales. No estamos hablando de votos electorales, estamos hablando de escaños en el Congreso de Diputados; y gracias al sistema electoral vigente los dos grandes partidos suman mas del 80% de los mismos. Por otra parte, la necesidad de proceder a elecciones generales tampoco es un gran inconveniente. Simplemente hay que dejar coincidir la reforma con el final de la legislatura cuando la convocatoria de las generales es, de todas formas, obligatoria.
ã 5/2000
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Þ POLÉMICA