REFERÉNDUM FALSO, PLEBISCITO FALLIDO
| ¿Referéndum o plebiscito? | Resultado falso | "Objeciones" al tratado |
Todo lo relacionado con el referéndum nacional sobre la supuesta "Constitución Europea" fue manipulación pura. Para empezar no se trata de una constitución sino de un Tratado Internacional entre los estados que forman la Unión Europea, no diferente a los muchos tratados que hayan firmado antes. La cooperación europea se germinó en 1951 con la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), seguido por la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1957, y la fusión de los tres anteriores en la Comunidad Europea en 1967. A partir de allí hemos visto el nacimiento del Sistema Monetario Europeo (SEM) en 1979, el Acto Único Europeo (1987), el Mercado Único Europeo (1991), culminando en el Tratado de la Unión Europea (Maastricht,1992) y sus posteriores modificaciones en los Tratados de Amsterdam y Niza. Todos estos tratados entre los estados integrantes en cada momento, fueron ratificados por el Parlamento español sin que nunca fueron expuestos a referendos. Ni siquiera la entrada de España en la entonces todavía Comunidad Europea - un paso tan importante como la continuidad o salida de la OTAN - tuvo este tratamiento, como tampoco un hecho tan importante como la introducción del euro. El Tratado actual es una lógica continuación de los anteriores y es, de cierta forma una unificación, codificación y ampliación de todos los anteriores, sobreponiéndose a estos. O sea, un paso más en el ya largo, y lento, camino recorrido.
¿REFERÉNDUM O PLEBISCITO?:Zapatero se inventó el referéndum como una especie de plebiscito a su gestión; el primero en Europa, el número uno de la clase, el macho ibérico/europeo por excelencia, el Luis Dominguín de la política europea (claro este entendía bastante más de toros que ZP de talante político). Para más INRI la Constitución española solo contempla para estos casos la modalidad del referéndum consultivo, o sea, por lo menos jurídicamente, el famoso -más bien notorio - referéndum no es ni siquiera vinculante. Y ha pasado lo previsible: una altísima abstención. Que nadie se rasgue las vestiduras; la mayoría del electorado se ha negado a votar un texto que desconocen (apuesto que las personas que lo hayan leído no llegan ni siquiera a las diez mil) - centenares de páginas, 448 artículos, una redacción francamente indigesta - y han dicho claramente que para votar cosas de esta índole han elegido a sus representantes y que hagan su trabajo. De los votantes el 6% han votado en blanco y con este voto han querido transmitir idéntico mensaje, cumpliendo al mismo tiempo con su supuesto deber cívico de acudir a las urnas. De los demás, el 77% del sí y el 17% del no, la inmensa mayoría han seguido simplemente las recomendaciones de sus lideres políticos; otra demostración de que el referéndum fue totalmente superfluo, ya que la ratificación parlamentaria del tratado hubiera dado un resultado groso modo similar, y que el fin primordial del referéndum era dar la oportunidad a ZP de darse un baño de multitudes (más bien de "minitudes").
RESULTADO FALSO: El resultado de tanto bochorno ha sido opuesto al pretendido (malgastando además mucho dinero del erario público) y ha dado la impresión de que los españoles son poco europeístas - solamente 32 de cada 100 electores han votado a favor - cuando en todas las encuestas a través de los años han demostrado lo contrario: más que ningún otro país. Si el Gobierno de verdad hubiera estado interesado en conocer la opinión pública, antes de la ratificación parlamentaria del Tratado, hubiera bastado un macrosondeo de opinión que hubiera dado un resultado altamente favorable a cualquier progreso hacia una futura Europa unificada. Es sorprendente el afán de ZP de exponer asuntos no aptos, por su complejidad, a un referéndum consultivo y por otra parte ni imaginarlo para un asunto de fácil entendimiento pero de gran importancia sociológica como el matrimonio homosexual.
LAS "OBJECIONES" AL TRATADO: Hemos oído críticas al Tratado por doquier. Críticas por parte de los comunistas (sic), ecologistas, nacionalistas, feministas, anticapitalistas, antirracistas etc.etc. No digo yo que no tuvieran razón en apuntar muchas omisiones y defectos en el texto si se tratase de una verdadera Constitución unificadora; pero no es así y con sus críticas están simplemente demostrando que su concepción de la Unión Europea no solamente no tiene nada que ver con la realidad sino que es totalmente ilusoria.
La Unión Europea es una organización entre Estados soberanos - muy celosos de su soberanía por cierto - que no llega ni de lejos al ámbito de una Confederación. Si esta organización tiene ciertas poderes es porque así lo han decidido los Estados y sólo para alcanzar "objetivos comunes". No constituye una entidad supranacional sino su función es de (mera) "coordinadora" de las políticas nacionales de sus socios. Ya en Maastricht Kohl se inventó el "principio de subsidiariedad" para evitar la invasión por parte de la Comisión de las competencias nacionales. El resultado fue que la UE está relegado a coordinar, enfocar y ejecutar las competencias que los Estados no pueden asumir por si solos para lograr objetivos comunes. Por lo tanto la Unión dispone de competencia exclusiva en 5 áreas muy definidas:
La unión aduanera.
Normas de competencia para el buen funcionamiento del mercado interior.
La política monetaria de la zona euro.
La conservación de los recursos biológicos marinos.
La política comercial común.
Todos los demás ámbitos son compartidos con los Estados o exclusivos de estos.
O sea, criticar omisiones en campos tales como política social, libertades, seguridad, justicia, defensa, política ecológica y otros muchos más, no tiene el mínimo sentido si no como indicación de querer mucho más Europa. Y hay que decir que este sentimiento de "más Europa" está previsto en el propio Tratado el cual es lo suficientemente abierto e indefinido para permitir en el futuro que los Estados más europeístas no resultan para siempre frenados por los más "soberanistas". Por esta razón el Tratado establece el concepto de cooperación reforzada en virtud del cual los estados que lo deseen podrán compartir competencias usando para este fin las instituciones comunitarias. Para que se pueda activar la cooperación reforzada en cualquier ámbito es necesaria la participación de por lo menos un tercio de los socios. Una vez constituido queda abierta a cualquier Estado que eventualmente quiere sumarse a ella.
Como vemos el Tratado lleva incorporada la semilla de su propia modificación y amplificación, lo que indica que la Unión durante algún tiempo puede funcionar a varias velocidades. Por una parte la velocidad general del Tratado, una segunda y hasta tercera velocidad acelerada de los países que pueden estar dentro de uno o más grupos de cooperación reforzada (aplicada a competencias distintas) y la velocidad de transición de los 10 Estados recientemente incorporados.
Con todas las lógicas diferencias de tiempo, lugar y estructura, el Tratado se parece en su esencia bastante a la situación en los Estados Unidos cuando poco después de la independencia se firmó un acuerdo entre los miembros del Congreso Continental, conocido como los Artículos de la Confederación, que fue aprobado por el Congreso en 1777 y ratificado sucesivamente por los diversos estados. Según los artículos, los estados miembros conservaban de forma explícita su autoridad soberana, el Congreso era un órgano en el que estaban representados los estados y no el pueblo, funcionaba como un gran poder ejecutivo plural con unos mínimos poderes delegados. Hasta la Constitución de 1789, esbozada en la Convención Constitucional de Filadelfia, regulaba - antes de las posteriores enmiendas - un gobierno confederativo de poderes limitados y delegados. De igual forma los 10 nuevos estados de la Unión Europea se parecen bastante a los territorios del Medio-Oeste y Oeste americanos del siglo XIX antes de incorporarse - después de un periodo de transición - como estados de pleno derecho.
Volviendo a nuestro Tratado, podemos intuir que durante las próximas décadas, habrá cada vez más países implicados en uno o más grupos de cooperación reforzada, cada uno abarcando una, o hasta varias, competencias y que llegará el momento, cuando casi todos los países se han asociado a algún grupo en particular, en que la Unión considerará oportuna redactar un nuevo Tratado. No me sorprendería si de esta forma veremos 3 o 4 tratados más en los próximos 30 años, culminando a mitades de siglo en una verdadera Constitución confederativa. Pero por el momento la Unión es ni más ni menos que un conjunto de 25 Estados Libres Asociados. De donde si no piensan que Ibarretxe saco su Plan.
ã 2/2005
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