Imprimir

LA RADICALIZACIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS 

 Ya sabemos de sobra el origen de la crisis económica y no hace falta repetirlo. Lo que merece atención es la forma en que los países pretenden solventar las problemas, estimular la economía y limitar los daños. En Estados Unidos, Obama, que cada vez se parece más a un Zapatero mulato, no ha elegido exactamente el camino más apropiado. Observé hace tiempo, en otra opinión, que parecía demencial que por todas partes pretenden solventar las problemas actuales con las mismas políticas que nos han llevado al desastre. Si el problema original consistía en demasiada liquidez, demasiado crédito y intereses demasiado bajos, parece por lo menos contraproducente que la solución sea más liquidez, más crédito, en forma de un brutal aumento del gasto gubernamental, e intereses oficiales todavía más bajos. Igualmente sorprendente es que sean justamente los más culpables que ahora son llamados a arreglar la situación. En Estados Unidos, Larry Somers antiguo Secretario del Tesoro durante la última época de Clinton y directamente responsable de que los derivados - lo más tóxico de los instrumentos financieros y en gran parte culpables del desastre -, fueran excluidos de cualquier tipo de regulación y supervisión, ha sido nombrado principal consejero económico de la Casa Blanca y Frank y Dodd, respectivamente presidentes de las comisiones de servicios financieros del Congreso y del Senado, que defendieron con anhelo la obligación de los bancos a facilitar el crédito hipotecario a los más pobres, se lavan ahora los manos y echan toda la culpa a Bush. ¿Suena familiar? 

Las medidas para sanear la banca por un lado y estimular la economía por otro han sido desde el principio dudosas y poco apropiadas. Todavía bajo el mandato de Bush y con Paulson como Secretario del Tesoro se aprobó un paquete descomunal de rescate de las grandes instituciones financieras, especialmente bancos de negocios de Wall Street, de una forma bastante selectiva ya que se dejaba a algunos, como Lehman Brothers y Bearns Stears, quebrar, a otras se pretendieron salvar con su forzosa absorción por parte de la gran banca comercial, mientras que en algunas privilegiadas se inyectaron grandes masas de liquidez con poco control y casi sin ninguna restricción. Estas inyecciones de dinero público se extendió también a compañías de seguros como AIG. Esta compañía, la más grande del mundo en su campo, había ampliado su negocio normal - los seguros y reaseguros de vida, de incendio, de coches, de barcos, de aviones etc.etc. que funcionaba muy bien y sin problemas -, al seguro de instrumentos financieros y la venta de CDS (credit default swaps) que no son activos tóxicos sino obligaciones tóxicas.  El resultado ha sido que hasta ahora AIG ha recibido del paquete de rescate financiera aprobado bajo la Administración Bush nada menos que 160.000 millones de dólares y todavía hará falta mucho más. Lo lógico hubiera sido intervenir la compañía, separar la división tóxica de derivados del negocio raíz y dejar que aquélla quebrase. Los contribuyentes se llevaron la desagradable sorpresa de que buena parte del rescate terminaba en los bolsillos de bancos europeos que, listillos ellos, habían asegurado con AIG los bonos con garantías hipotecarias emitidos por Wall Street. Solamente este hecho demuestra que si no hubiera sido por Fanny, Freddy y AIG, el mercado de subprime hubiera muerto hace años por inanición. 

El paquete de estímulo económico de casi 800.000 millones de dólares dedicado a mejorar las infraestructuras del país y al mismo tiempo crear 3 millones de puestas de trabajo y mantener el paro en el 8%, ha sido un auténtico fracaso como era de prever. No es que la idea era mala. Las infraestructuras en Estados Unidos están bajo par hace ya varias décadas; por lo menos 10.000 puentes necesitan una urgente reforma, como miles de presas, para no hablar de carreteras y las vías de los ferrocarriles. Lo malo era el eslogan con que se promocionaban estas obras: "preparadas para cavar" . De preparadas nada, como es lógico considerando que toda obra civil necesita sus proyectos, su ingeniería, sus presupuestos y sus licencias. Hasta ahora han logrados a gastar más o menos una cuarta parte de lo previsto y la mayoría no en proyectos sino en salvar empleo público en estados como California y Michigan que están a punto de quebrar. Gastado de verdad en obras han sido unos 50.000 millones y parece que con está inversión han logrado crear unos 60.000 puestos de trabajo reales a un coste totalmente desproporcionado. Mientras tanto el paro ha aumentado en 3 millones y ha llegado casi al 10%. (30% en Detroit). Lo parecido al Plan E de Zapatero es sorprendente, hasta en las "Obamacarteles" por doquier en sitios donde todavía no hay obra a la vista. También igualito a Zapatero, Obama no ha levantado un dedo para ayudar a los pymes - la columna vertebral del capitalismo americano y responsable del 70% del empleo del país - y su vuelca en la ayuda a las grandes empresas. Pocos se dan cuenta de la enorme proximidad entre los "progresistas" y las grandes compañías. La razón es muy simple; en ellas están instalados los sindicatos obreros, tan íntimamente asociados con los partidos izquierdistas. Además, en caso de crisis necesitan y reciben grandes ayudas (¡socializar pérdidas!) por ser demasiado grandes para dejarles quebrar,  con lo que están cada vez menos independientes y se convierten en apetitosos candidatos a futuras nacionalizaciones.          

Desde el principio la Administración Obama, espolada por un Congreso con mayoría demócrata controlada por un aparato muy izquierdista, se ha dedicado a inventar más y más planes que no han sido tanto para estimular la economía sino para imponer toda una filosofía de ingeniería social que han anhelado durante décadas. Es verdad que algunos proyectos tienen mérito como tratar de instaurar un sistema sanitario que cubre a toda la población, pero el costo va a ser enorme y una época de crisis no es el mejor momento para hacerlo, especialmente cuando no parece haber ninguna intención de atacar el problema en su raíz.(vea: Negligencia médica). Un asunto de tanta transcendencia y que representa en este momento el 16% del PIB estadounidense debiera de ser considerado como una emergencia nacional y su reforma debiera ser por consenso mutuo entre los dos grandes partidos, especialmente porque la reforma debe de asegurar un sistema sanitario viable durante gran parte de este siglo. Además, necesita un profundo estudio con participación de muchos expertos, una tarea que probablemente duraría varios años. Pero parece que Obama y los suyos no han aprendido nunca lo de: " Despacio al pensar y pronto al ejecutar". O sea, mejor una buena reforma en dos o tres años que sea sostenible a través del tiempo que una mala y ruinosa de prisa y corriendo. A gran prisa, gran vagar. No solamente la excesiva prisa con que Obama y los lideres del partido demócrata han querido imponer sus opiniones sobre la reforma sanitaria, sino especialmente la forma autoritaria y opaca con que están actuando, ha provocado una resistencia pública no solamente entre conservadores sino también entre gran parte de independientes y demócratas moderados. Llama la atención que parte de la estrategia de la Casa Blanca es atacar a las aseguradoras por sacrificar la salud de la población por mor de sus ganancias. Una crítica espuria ya que la industria en cuestión está clasificada en el trigésimo lugar según beneficios, con solamente el 2,5% anual. Obama también ataca imprudentemente a los médicos, según él más interesados en sus ingresos que en la salud de sus pacientes, conque no es de sorprender que, según las encuestas, hasta un 80% está en contra de la reforma anunciada y la mitad manifiestan la posibilidad de dejar el ejercicio de su profesión.         
 Parecido a Zapatero que presumía de un cambio de talante, sin explicar que el suyo sería manipulador y exageradamente partidista, Obama, que prometía ser transparente es más opaco que nadie, no da ni agua a la oposición y deja que sus lugartenientes acusen a los participantes de los centenares de reuniones por todo el país - los "teaparties", memorativos de la primera "fiesta del té de Boston" a finales de 1773, considerado como el preludio de la posterior Guerra de Independencia - en contra de la reforma sanitaria y el excesivo intervencionismo del gobierno, como fascistas y antipatriotas (¿les suene?). Han ido todavía más allá y consideran que todos estas millones de personas solamente se manifiestan en contra de Obama por puro racismo. Esto ha enfurecido todavía más a las opositores, especialmente los negros entre ellos, porque consideran esta acusación un intento para callarles la boca de forma indigna. Hay casi una orgía de autoritarismo. Por ejemplo, una agencia del Ministerio de Salud prohibió a las aseguradoras sanitarias dar su opinión a sus clientes sobre la nueva ley que el Congreso quiere sacar adelante. Un ataque directo a la libertad de opinión. Otro ejemplo de que la Casa Blanca de Obama - muy acostumbrada a la adulación de la mayoría de las emisores de televisión y de la prensa escrita - no acepte la crítica es el fulgurante ataque contra Foxnews- la principal emisora de televisión por cable y con más audiencia que todas las demás juntas-, acusándola de no ser una emisora de noticias sino de opinión. Esto fue seguido por un intento de boicot en toda regla para amordazarla, prohibiendo la presencia de sus corresponsales en entrevistas a ministros organizado por la Casa Blanca. No lograron imponerlo por la cerrada oposición de las demás emisoras, no dispuestos a tolerar  que la gente de Obama manipulase la sagrada libertad de prensa. Todo esto ha tenido el efecto opuesto a que los chicos de Chicago  - casi todo el entorno de Obama, su jefe de gabinete y consejeros principales incluidos, pertenecen al aparato demócrata de Chicago que ha controlado la ciudad durante los últimos 40 años y la ha convertido en la más corrupta del país - pretendieron. En los medios adictos ya empiezan a surgir voces discordantes y críticos. Parece que, poco a poco, la aventura amorosa con Obama se está terminando,

 La nueva Ley Sanitaria del Congreso, que después tiene que ser consensuado con otra elaborada por el Senado, ha sido elaborada casi en secreto, y detrás de puertas cerradas, por los más izquierdistas de sus miembros (y miembras), tiene la friolera de 1990 paginas, y fue entregado a los congresistas, y publicado en Internet, 3 días antes de la supuesta fecha de votación. Esto implica que la gran mayoría de los congresistas no han tenido tiempo para leer, estudiar y analizar una ley de crucial importancia antes de votarla. Nadie sabe cuanto va a costar la reforma y nadie se cree las cifras que sus propagadores han adelantados. La experiencia con Medicare y Medicaid ha demostrado que las proyecciones de coste futuro siempre se quedan cortos. Los dos fueron legalizados en 1965 durante la Administración Johnson y han multiplicado por 30 los costes estimados para el año en curso y entrarán en quiebra en los próximos 5 años. La población está en contra de un sistema controlado por el gobierno, la llamada "opción pública", en una proporción de 2 a 1 ( la proporción es probablemente mucho más alta ya que solamente el 2%  pretende hacer uso de un sistema gubernamental) y teme que ésta empeorará la situación actual además de provocar un fuerte aumento de los impuestos con desastrosos efectos sobre la economía. Su miedo no es en balde. Los críticos de la Ley han apuntado a estados, como Maine y Massachusetts, que ya instalaron hace una década sistemas similares a nivel local y que han sido  rotundos fracasos por un exceso de burocratización y que están a punto de quebrar las arcas de sus respectivos estados. Hoy mismo acaban de votar la Ley en el Congreso y ha pasada por los pelos con 5 votos de diferencia. Nada menos que 39 demócratas han desertado de los suyos y han votado en contra. La victoria de Obama y Nancy Pelosi - la "speaker" (presidenta) del Congreso ha sido pírica y es muy probable que tenga un alto costo electoral el año que viene. Se calcula que hasta 40 diputados demócratas de los que han votado a favor de la ley, y que ocupan escaños marginales, los pueden perder. Si esto ocurriese es probable que la Ley termine por ser cancelada especialmente tomando en consideración que no será aplicable hasta el 2013.  

No es ésta la única ley que encuentra gran oposición sino también una ley energética que va, de forma indirecta, a "multar" fuertemente cualquier exceso de emisiones de CO2 y en consecuencia aumentar considerablemente las facturas eléctricas de los usuarios, todo esto como resultado de una aplicación casi unilateral de los acuerdos de Kiyoto - sin exigir al mismo tiempo una similar aplicación por parte de China e India, cuyas emisiones son ya superiores a las de los Estados Unidos-, lo que va a tener un efecto adverso sobre la competitividad de la industria estadounidense.  

Aparte de todo esto lo que más preocupa a los americanos es el paro, la crisis económica que para la mayoría empeorará todavía más antes de mejorar, y sobre todo el enorme déficit presupuestario - 1,4 billones (esp.) de dólares solamente en los primeros 9 meses del año - resultando en una cada vez más abultada deuda pública. Las previsiones son que en los próximos 5 o 6 años puede llegar al 100% del PIB. De lo que todavía no se han dado cuenta es que el continuo aumento de la masa monetaria por parte de la Reserva Federal - creando dinero como si fuese Harry Potter con una varita mágica - va dentro de dos o tres años a crear una alta tasa de inflación y por consiguiente una alta tasa de interés. A finales de los años 70, bajo la presidencia de Jimmy Carter, la masa monetaria aumentó en un 13%, resultando en una tasa de interés oficial del 20%; en comparación la masa monetaria ha crecido en los últimos 7 años nada menos que un 100% y nadie sabe en que tasa de inflación y que tasa de interés va a resultar. Una alta tasa de interés oficial, o sea el interés que la Fed cobra a los bancos para proveerles de liquidez normalmente es un arma para, entre otras cosas, enfriar una economía sobrecalentada, lo que en la situación actual no existe. Queda entonces principalmente como medida anti-inflacionista y como principal forma para contraer la masa monetaria. (Por cada 100 dólares facilitado por la Fed, ésta recibería anualmente un x% más que puede ser retirado de la circulación). Con estas previsiones empieza a ser cada vez más difícil para el Gobierno  colocar el incremento de la deuda. Los chinos que ya son propietarios de buena parte de la deuda estadounidense no tienen ningún interés en comprar más, considerando que el dólar ha perdido un 15% de su valor en los últimos meses. ¿Harán la Fed y la Administración algo para prevenir las tendencias inflacionistas? Probablemente no, ya que de una forma perversa una alta inflación disminuye artificialmente la Deuda Pública como porcentaje del PIB. 

Si todo esto es ya bastante aterrador para la parte pensante de la población (casi un 30% piensa que el Gobierno tiene su propio dinero) ahora se están enterando de la ideología de muchos de los nombramientos de Obama. Hace ya mucho es costumbre que los presidentes tengan la capacidad para nombrar personas delegadas para ocuparse de ciertas áreas de gobierno. Sus poderes eran relativamente limitados y no se escapaban de un cierto control por parte del legislativo.  Irónicamente fueron bautizados con el apodo de "zar". Desde el momento mismo de la presidencia de Obama estos zares han proliferado mucho, se han triplicado en número (ya hay más de 40), no hay actividad que se les escape, y sus poderes se han convertidos en casi absolutos. La gran mayoría de los nombramientos eran desconocidos para el gran publico pero ahora están saliendo a la luz sus antecedentes. No es que fuera muy difícil  buscarlos. Simplemente a través de Internet se ha podido encontrar videos de sus discursos, sus artículos y libros publicados, y sus entrevistas concedidas. Lo que todos, casi sin excepción, tienen en común es un radicalismo izquierdista de mucho cuidado. Todos son unos en su anticapitalismo ideológico, sus convicciones marxistas y su desprecio para la libertad de opinión y de prensa. Muchas de sus opiniones son auténticas "perlas":

(Menos marxista pero igual de manipulador y más oportunista, es el "Zar" que tiene a su cargo todo lo relacionado con el supuesto "cambio climático". En el año 1975, todavía terminando el doctorado, el buen hombre publicó un artículo, después recogido por la revista Times, en el cual demostró con datos que en los 40 años previos la temperatura media de la tierra había bajado en casi 4 grados y que esto, según su previsión, indicaba el comienzo de un miniperiodo glacial. Es evidente que no tuvo razón pero esto no justifica que ahora se apunta a la teoría contraria manifestando de que hay datos suficientes de que la temperatura media terrenal ha aumentado en los últimos 35 años varios grados y que esto demuestra un futura calentamiento global. Es verdad de que hay un aumento de temperatura desde 1975, pero el hombre en cuestión no apunta que ahora hemos vuelto a las temperaturas de los años treinta cuando la cantidad de CO2 creado por el hombre fue muy inferior. Si algunos se han preguntado porque con tanta frecuencia oímos lo de: " el verano más caluroso de los últimos 60 años" y cosas por el estilo, sabemos el porqué; hace más de 60 años hubo veranos más calurosos todavía.)

Todavía estas revelaciones no son conocidas por la mayoría pero los demás, incluyendo demócratas que han votado por Obama, por no hablar ya de independientes, están asombradísimas y piensan que se han dejado embaucar por un mensaje de cambio que les ha salido rana. Ya hubo indicios de personajes radicales en la vida de Obama durante su campaña pero bastaba que el lo desmintíese para que éstos no recibían mucha atención. Pero ahora estos indicios se han convertidos en vehementes. ¿Como es posible, se preguntan muchos, que los más radicales del país han tomado el poder. Al fin y al cabo, las encuestas indican que el 40% de la población se considera conservador y/o republicano, otro 40% independiente (básicamente de centro) y solamente el 20% demócrata. De estos últimos solamente una quinta parte puede ser descrito como verdaderos izquierdistas, con que un grupo que representa un escaso 4% de la población se está apoderando del país. No hay duda que se han estado preparando durante décadas hasta que finalmente encontraron su oportunidad, una combinación de la impopularidad de Bush y de haber encontrado el candidato ideal; un negro - más bien mulato- carismático, aparentemente buen orador ( pierde mucho en las entrevistas cuando tiene que improvisar y parece simplemente un buen interprete de retórica ajena) y con un mensaje que se limitaba a poco más de una promesa de cambio y el eslogan casi infantil de "Podemos". Nunca tan poco ha dado tanto. 

Obama ha perdido en el tercer trimestre de su presidencia un 9% de su popularidad, todo un record histórico, y ha bajado ya hasta poco más del 50%. Por el momento el hombre sigue siendo más popular que sus políticas. Quizás porque más que un presidente parece un candidato en continua campaña. En 9 meses ha dado más entrevistas televisivas, ha dado más discursos por todo el país, y ha participado en más campañas electorales para apoyar a gente de su partido, que Bush en dos años y medio, Parece que el trabajo de despacho, el trabajo de la Casa Blanca para el cual fue elegido no le entusiasma demasiado. Quizás me equivoco pero tengo la impresión de que Obama menos que un presidente es la portavoz, la cara carismática, el mascarón de proa, y de cierta forma el cautivo, de un movimiento radical que se ha apoderado de la Casa Blanca. Parece muy probable que en las elecciones legislativas del año que viene - todos los escaños del Congreso y un tercio de los del Senado - los demócratas van a perder muchos de los escaños marginales que ganaron el año pasado, y que pueden recibir un auténtico revolcón. Lo malo es que esto no va a afectar a los zares, más bien comisarios políticos, y éstos pueden seguir hasta las elecciones presidenciales de 2012, tiempo suficiente para hundir el país y convertirlo en lo opuesto de lo que Washington, Adams y Madison imaginaron. 

Tenía razón la Pajín. Zapatero y Obama, dos presidentes galácticamente radicales. 

 

Volver a Þ POLÉMICA

ã 10/2009