LAS PROMESAS ELECTORALES DE OBAMA Y LA CRUDA REALIDAD
El gran circo de las elecciones presidenciales ha llegado finalmente a término y habemos presidente "electo". Considerando que McCain como candidato republicano tuvo que campear bajo la sombra de la impopularidad de Bush, es francamente notable que Obama no ganó por goleada, como probablemente lo hubiera hecho Hillary Clinton, sino por unos raquíticos 7 puntos porcentuales similar al aumento de la participación y menos que el porcentaje que corresponda al 95% del voto negro volcado en él. Éste voto ha sido si no racista por lo menos racial y sin ninguna consideración ideológica y Obama la hubiera obtenido de igual forma si hubiera sido el candidato republicano. Es de cierta forma irónico que los negros hayan votado a un candidato demócrata y no al candidato del partido de Lincoln que les había liberado de la esclavitud lo que demuestra el enorme vuelco que se ha dado en el panorama político estadounidense en los últimos 50 años.
El partido demócrata es descendiente directo de una coalición política formada en torno a Thomas Jefferson en 1790. Esta coalición se llamaba en su origen "Republicano" (sic) y más tarde el Partido Demócrata-Republicano y se convirtió en 1828 en el Partido Demócrata. En la década de 1830, bajo las presidencias de Andrew Jackson y Martin Van Buren, el Partido Demócrata desarrolló las características que conservó hasta bien entrado el siglo XX: la utilización de la fuerza militar en asuntos de política exterior si los intereses estadounidenses estuvieran amenazados, y en política interior una fuerte aversión a la intervención gubernamental en los asuntos económicos y sociales. Los demócratas lograron la presidencia en seis de las ocho ocasiones desde 1828 a 1856 y por lo común controlaban el Congreso. El partido fue desde sus principios fuertemente esclavista bajo la influencia de su electorado sureño lo que provocó a finales de los años '50 el abandono de muchos demócratas norteños a favor del nuevo Partido Republicano de Abraham Lincoln. A partir de allí el Partido Demócrata fue básicamente el principal partido sureño, anti-abolicionista y cesionista, y por lo tanto el gran perdedor de la Guerra Civil. La abolición de la esclavitud fue más una excusa del Norte que la razón principal de la guerra ya que ésta fue mucho más una lucha entre intereses norteños para imponer un federalismo centralizado y intereses sureños de mantener el semi-confederalismo hasta entonces vigente. Los demócratas no recobraron el control de alguna cámara del Congreso hasta 1874 y no alcanzaron la presidencia de nuevo hasta 1884. Entre la Guerra Civil y la Gran Depresión, el Demócrata fue el partido minoritario en la nación, capaz de ganar únicamente por la progresiva división en las filas republicanas lo que causó a partir de 1913 la elección por dos veces del demócrata Woodrow Wilson. Con esta elección ocurrió la primera parte del vuelco histórico ya que Wilson demostró ser un presidente mucho más federalista e intervencionista que todos sus antecesores republicanos - los demócratas parecen haber obrado bajo el concepto de que si no puedes derrotar al enemigo con tus propias armas lo mejor es adoptar las de aquel -, y esta política junto con la impopularidad de la entrada en la I Guerra mundial provocó otro triunfo electoral republicano aplastante en 1920 con la elección de su candidato Warren Harding que estuvo a favor del rechazo global de toda la política interior y exterior de Wilson. Tres presidencias más tarde y gracias a la Gran Depresión, Franklin D. Roosevelt podía, con su "New Deal", consolidar el vuelco ideológica del partido demócrata y convertirlo, por lo menos en lo que se refiere a la economía, en un partido muy intervencionista e izquierdista. O sea, en menos de 20 años el partido derechista por excelencia se había reinventado y se había colocado firmemente a la izquierda de los republicanos en lo que se refiere al intervencionismo económico, pero todavía estaba muy a la derecha referente a los derechos civiles y seguía siendo muy segregacionista. El propio Roosevelt reintrodujo cuartos de baño separados para blancos y negros en la administración pública, y durante la guerra los soldados negros fueron usados casi exclusivamente como mano de obra barata. También salieron a la luz otros tics racistas como el internamiento durante la Segunda Guerra Mundial de ciudadanos americanos de origen japonés algo que no ocurrió con los de origen alemán. La segunda oportunidad para los demócratas para cumplir su vuelco ideológica total se presentó bajo la presidencia de Kennedy aprovechándose del movimiento para los derechos civiles de los negros liderado por Martin Luther King. Ya bajo Eisenhower el Tribunal Supremo de Estados Unidos había prohibido la segregación en la educación pública (1954) y en el transporte público (1956), pero las autoridades federales no habían logrado imponerlo en gran parte por la cerrada oposición de los congresistas y senadores demócratas sureños en un legislativo dominado por los demócratas. Kennedy se enfrentó al ala sureña de su propio partido lo que con el tiempo llevó a la emancipación de la población negra.
Hay que "admirar" el oportunismo político de dos presidentes para convertir un partido ultraderechista y segregacionista en otro izquierdista, intervencionista y emancipadora. El resultado fue un cambia geográfico en la preponderancia de los partidos, con el partido demócrata siendo mayoritario en el noreste y la costa pacífica y el republicano en el sur y el oeste. Esto es especialmente verdad en las elecciones legislativos pero no tanto en las ejecutivas ya que hay gobernadores demócratas en estados republicanos y al revés, mientras que en el ámbito presidencial los republicanos han ocupado la Casa Blanca 28 años de los últimos 40 y más que a un partido en particular los votantes se inclinaron por personalidades fuertes.
Para volver a la elección de Obama hay que resaltar que es el resultado de una alianza entre grupos minoritarios. Obama obtuvo el 95% del voto negro, el 66% del voto latino, el 60+% de otras razas y el 42% del voto blanco (entre este la inmensa mayoría del voto gay), o sea, obtuvo la mayoría de las minorías y la minoría de la mayoría. Los grupos en cuestión tienen exigencias muy dispares y ya hay indicios de la fragilidad de su alianza. Al mismo tiempo que Obama ganó en California con el 61% de los votos, la proposición 8, que trataba sobre la prohibición del matrimonio gay, ganó con un 54% de los votos gracias al voto negro, en general muy religioso y a favor del matrimonio tradicional. Desde entonces las relaciones entre negros y gays se han deteriorado rápidamente y grupos gays radicales ya han entrado en iglesias y templos de forma violenta durante la misa para expresar sus protestas. Pero ya sabemos que los grupos más vociferos en exigir tolerancia para sus ideas son muchas veces muy poco tolerantes con las opiniones ajenas y el proceso democrático si estas no les favorecen.
Tanto durante las primarias como durante la campaña presidencial, Obama parecía un candidato teledirigido, muy protegido contra cualquier acceso directo y muy limitado a sus discursos públicos que presentaba con mucha retórica y gran maestría oratoria con que logró enfervorizar las multitudes y especialmente a las más jóvenes. Tan ambiguo e impenetrable parecía Obama a muchos que algunos periodistas asignados a su campaña han dicho que después de casi 20 meses de seguimiento constante todavía no sabían lo que verdaderamente representaba. Poco a poco nos estamos dando cuenta de que no es un ideólogo sino un político totalmente pragmático que a sabiendas de que no podía competir con Hillary Clinton en el centro, buscaba su apoyo en el voto negro, los jóvenes y en la izquierda moderada y radical con un mensaje de cambio. No me ha sorprendido que ha salido a la luz que el escritor principal de sus discursos haya sido un chico de 27 años que logró plasmar perfectamente las ilusiones y emociones, muchas veces ilusas y poco reflexivas, de su generación. Una vez ganada las primarias por los pelos y las presidenciales con suficiencia, ha cambiado de rumbo y se está posicionando en el centro o sea en la posición de Hillary Clinton. Las pruebas están a la vista. Todos sus nombramientos para posiciones dentro de la Casa Blanca han caído en segundones de las administraciones de Bill Clinton, toda gente que habían virado hacía él por una sana dosis de ambición ya que sabían que con Hillary no podían contar con su ansiada promoción a la que después de 8 años en el desierto se consideraban con derecho. Lo mismo está ocurriendo con los nombramientos gubernamentales con la excepción del sorprendente nombramiento de Hillary como Secretaria de Estado (Ministra de Asuntos Exteriores) y la todavía más sorprendente aceptación de ésta. No hay duda que ha sido una decisión genial de Obama. Por un lado quita cualquier resentimiento residual de los seguidores de Hillary hacia él y por el otro la pone firmemente en su campo y bajo sus órdenes. Puro maquiavelismo - mantén tus amigos cerca y tus enemigos más cerca todavía - ya que, además de cubrir el puesto con alguien mundialmente conocida y respetada, elimina a Hillary de la contienda presidencial en 2012 - los políticos a ser elegidos ya empiezan a pensar en las próximas elecciones -, ya que el nombramiento implica el desmantelamiento automático de toda su organización política. De igual forma la aceptación por parte de Hillary es incomprensible ya que se convierte en una subordinada de Obama, pierde su independencia política y por una parte la oportunidad de convertirse en el contrapeso de la presidencia en el Senado donde puede aspirar al liderazgo y por otro de competir con ventaja con Obama en las primarias demócratas en 2012 si la presidencia de Obama no tuviera el éxito esperado.
Hay muchas indicaciones de que la Administración Obama pueda convertirse en la Administración Clinton III y ya está cargando con algún lastre de los últimos tiempos de Clinton. El nombramiento de Holden como Attorney General (Ministro de Justicia) es un claro ejemplo. No es que Holden no sea altamente cualificado para el puesto. Fue el segundo de a bordo (otra vez el segundón) del ministerio en los últimos años de Clinton, es altamente competente y tiene la ventaja para Obama de ser negro. El problema es que fue muy atacado en el año 2000 por haber sido instrumental en el perdón presidencial de Clinton a Marc Rich ( si, el mismo que empezó su carrera en España trabajando para el broker Philips Bros. al que robó su cartera de clientes) que estaba procesado por corrupción, evasión de impuestos y hasta alta traición por haber negociado contratos petrolíferos con Irán en plena crisis de los rehenes en 1979. Fue tal el escándalo, todavía no olvidado, que la sesión del Senado para decidir la confirmación de Holden va a ser muy movida y problemática.
El igualmente recién nombrado equipo económico con el nuevo Secretario del Tesoro a la cabeza, consiste en gente con supuestamente mucha experiencia y reputación que pecan del inconveniente de ser todos antiguos discípulos y protegidos de Robert Rubin - en algún momento Secretario del Tesoro y los últimos años la gran eminencia gris de Citigroup - lo que no es exactamente una recomendación ya que ha logrado hundir "Citi" totalmente en solamente 5 años, todo un récord. Rubin fue culpable, junto a Greenspan, de que el Congreso aprobase una ley apartando a los derivados - los instrumentos financieros más peligrosos inventados hasta entonces - de cualquier tipo de regulación y control lo que ha sido quizás el hecho singular más importante en provocar la crisis actual. Parece sorprendente como en casi todos los países los mismos que fueron culpables de la crisis tanto como otros que nunca dieron la voz de alarma sobre lo que estaba ocurriendo en el mundo financiero son ahora los llamados a salvar el sistema - pirómanos convertidos en bomberos-, mientras que otros que sí avisaron, y que fueron llamados alarmistas y locos, han sido relegados al olvido. Parece que lo importante no es tener o no tener razón sino pertenecer al mismo club, y que los socios, como Fouché, prosperan bajo todas las administraciones. No hay duda de que lo mismo está ocurriendo en casi todos los países. En España el hecho de que Zapatero y Solbes, que hasta solamente 6 o 7 meses negasen la existencia de una crisis y trataban de convencernos de la solidez del barco económico español y que estabamos en la "champions", son ahora los que tratan de convencernos que sean justamente ellos los más adecuados para salvarnos es auténticamente surrealista.
La
elección de Obama ha creado excesivas expectativas, imposibles de cumplir. Los
votantes negros conscientes de que han sido cruciales en la victoria, esperan
lógicamente contrapartidas favorables a sus intereses en forma de
"discriminaciones positivas" que provocarían, si existiese la más
mínima indicación de ellas, repercusiones negativas en el resto de la
población. Los gays van a exigir leyes federales a favor del matrimonio entre
personas del mismo sexo lo que sería fuertemente contestado por los estados y
considerado una usurpación de sus derechos. Con la continuidad de Gates como
Secretario de Defensa todo el movimiento anti-guerra se va a subir a la chepa de
Obama. Por culpa de la crisis económica muchas de las promesas sociales van a
ser imposibles de cumplir. Todo esto va a provocar en los próximos años una caída sin par de la popularidad de Obama por
culpa de la suma de las expectativas frustradas. A McCain, justamente por haber
levantado poco entusiasmo, le hubiera ido mejor. Los
enormes programas de rescate financiero que no se van a limitar al sistema
bancario sino van a extenderse a la industria automovilística, a los morosos
hipotecarios, a las ciudades y a todo bicho viviente, necesitan de un control
total para no convertirse en una cura peor que la enfermedad. Hay algo
intelectualmente pervertido en tratar de curar una crisis, provocado por una tasa
oficial de interés excesivamente baja combinado con un exceso de liquidez,
con una tasa todavía más baja ( se está hablando ya del 0%) y enormes
inyecciones de liquidez por parte de la Administración. "El problema es la
solución". Seguro que a corto plazo hasta puede funcionar, por lo
menos en apariencia, pero el efecto colateral será un aumento previsto de un
50% de la deuda pública hasta los 15 billones (esp.) de dólares (lo que
equivale a unos 200.000 dólares por familia en perpetuidad) conque el 15% del
presupuesto federal va a estar destinado al servicio de la deuda. PARECE QUE EL CAMBIO PROMETIDO POR OBAMA SERÁ, COMO
TANTOS VECES EN LA HISTORIA, UN CAMBIO PARA QUE TODO SIGA IGUAL. Volver a POLÉMICA
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