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DE MENTIRAS Y MENTIRILLAS  

Según una reciente encuesta, los españoles, y otras nacionalidades por el estilo, mienten un promedio de 17 veces al día. Puede que técnicamente no digan la verdad pero seguro que no se trata de mentiras sino de meras mentirillas. ¿Te gusta mi nuevo vestido? Si cariño. ¿Te gusta mi nuevo peinado? Si cariño. ¿Te gusta mi nueva corbata? Si cariño. Ya sabemos que la inmensa mayoría de la gente dirán que si por mucho que el peinado les espante y la corbata les parezca una auténtica horterada. ¿Porqué complicarse la vida, entrar en discusiones tontas y además quitar la ilusión ajena? La gente que llevan la honradez a extremos absolutos y se orgullecen en siempre llevar la verdad pura y dura por delante - y al diablo con los sentimientos ajenos- terminan por ser rehuidos como la peste misma.  De todas formas ni siquiera se trata de mentirillas sino de pequeñas hipocresías o sea  fingimientos contrarios al verdadero sentir. 

Mentir es otra cosa, y mentir bien un verdadero arte y los expertos en la materia lo usan con cuentagotas. Una de sus primeras reglas es acercarse lo más posible a la verdad y solamente desviarse de ella al último momento. Si además no hay indicios, pruebas o testigos que pueden desmentirla, la mentira puede terminar pareciendo más creíble que la verdad misma. La cosa se complica cuando la mentira es compartida con otra persona en cuyo caso es imprescindible la necesidad de ambos en mantener la máxima discreción. La mentira existe en todos los ámbitos de la vida y, como es lógico, especialmente en las relaciones de la pareja. El ser humano es esencialmente infiel, de allí el vertiginoso aumento de los divorcios en gran parte relacionados con las infidelidades de unos y otras. Uno de las grandes hipocresías, o manipulaciones, es atribuir la infidelidad casi exclusivamente a los hombres, supuestamente reforzadas por encuestas en donde los hombres admitan, en promedio, hasta diez relaciones sexuales en su vida y las mujeres como mucho tres. Como las prostitutas están excluidas, y estamos hablando de promedios, uno se pregunta con quienes los hombres han tenido las siete relaciones sexuales no admitidas por las mujeres. Una de dos, o el 70% de las relaciones sexuales de los hombres han sido entre ellos, lo que subiría la homosexualidad a niveles insospechados, o los dos sexos mienten como bellacos, las mujeres por omisión y los hombres por exceso. La lógica nos indica que la verdad estará más o menos en el centro de los dos extremos y que hombres y mujeres, en promedio, comparten cinco o seis experiencias sexuales por persona. Está claro que las mujeres son tan infieles como los hombres y que la diferencia en las apariencias se debe a que sean menos vulnerables. Me explico: la inmensa mayoría de las infidelidades masculinas salen a la luz por cosas tontas - por falta de una mínima previsión - como manchas de carmín en las camisas, tufos de un perfume ajeno, falta de apetencia sexual y hasta por eyaculaciones recientes fácilmente perceptibles por mujeres expertas; estos inconvenientes no existan para las mujeres y además los hombres son menos observadores, menos intuitivos y menos desconfiados que ellas. De todas formas ya sabemos que las mentiras y manipulaciones forman desde siempre parte de la eterna guerra o guerilla entre los dos sexos. 

Mucho peor, y de más alcance social, son las mentiras, manipulaciones e hipocresías en los ámbitos de la política y de los negocios.    

 

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 © 10/2009