ABORTO: MANIPULACIÓN E HIPOCRESÍA
Ya sabemos que Zapatero tiene
talento/talante para la manipulación y el agitprop y poco, muy poco, más. No es
sorprendente entonces que la polémica sobre la reforma de la ley del aborto
coincidía plenamente con la precampaña de las elecciones europeas. Era una
muleta roja para provocar a la Iglesia, y ésta como siempre entró de lleno al
trapo salvando a Zapatero y el PSOE de una derrota mucho más amplio de la que
finalmente sufrieron. En el centro hay casi un millón de votantes ,si no más,
que son todavía más anticlericales que antizapateristas. No que sea gente
dispuesta a quemar iglesias y matar monjas y frailes sino son
anticlericales -no clerófobos y mayoritariamente creyentes -,que rechazan la
tentación del clero, más bien la Conferencia Episcopal, de meterse en la
sociedad civil y tratar de imponer sus criterios sexuales a los demás. Una cosa
es que la Iglesia prohíba el aborto y el uso de anticonceptivos a su grey,
amenaza de excomuníón "latae sententiae" incluida (automática en el
momento de cometer la falta previamente condenada), otra bien distinta es
pretender imponer leyes condenatorias para todos. Ilegalizar el aborto obliga a
todas; legalizarlo no obliga a ninguna mujer a abortar. La diferencia entre la
imposición y la libertad de elección.
Dicho esto, cuando la Iglesia, en esta
y en tantas otras cosas, se
refiere a la tradición cristiana de 20 siglos está manipulando de forma
hipócrita a su grey, ya que la tradición que aplica tiene menos de 140 años.
Cuando la ministra Bibiana se expresó de forma burda sobre el comienza de la
vida humana estaba sin saberlo expresando la postura que la Iglesia había
defendida hasta 1869. Hasta entonces la Iglesia diferenciaba entre el feto inanimatus
abortable que se convertía en el feto animatus a los 90 días cuando
descendía el alma y el feto se hizo verdaderamente humano. Este momento es unos
20 días anteriores a los primeros movimientos del feto y con la primera detección de
actividad eléctrica en el cerebro (vea también: Sexo
y Aborto y Aborto y Anticoncepción). Ya
me he manifestado antes a favor de una ley de plazos
ya que la legalización actual es en la práctica una ley de plazos indefinida
bajo la cual se han abortado hasta fetos ochomesinos, verdaderos infanticidios.
La oposición de la Iglesia es absolutamente sorprendente. Ya sabemos que si de
ella dependiera prohibiera inmediatamente el divorcio, los anticonceptivos y,
desde luego, el aborto, pero sabe perfectamente que esto es completamente
irreal; ni el ala democristiana del Partido Popular se atrevía a sugerirlo
durante los gobiernos de Aznar. Hubiera sido entonces más realista de la Iglesia declarar para sus fieles su oposición al aborto pero al mismo tiempo
pedir que una ley de plazos fuese lo más restringido posible en el tiempo. Por
ejemplo hubiera podido sugerir un plazo máximo de 8 semanas o sea antes de que
el embrión se convierta en feto, tiene un tamaño de 3 cm y todavía no es
reconocible como humano. Un plazo tan limitado puede parecer exagerado pero no
lo es tanto considerando que ya existen en el mercado aparatos electrónicos del
tamaño de un termómetro que introducidos en la vagina indican el embarazo y el
tiempo del mismo a partir de una semana de la fecundación. Es cuestión de hacer
campañas dirigidas tanto a chicas adolescentes como a la mujer en general, de
hacerse una prueba dos semanas después de haber tenido sexo sin protección. La
legalización de la venta de la píldora "del día después" sin receta ayudará
también a limitar los abortos. Con todo esto lo que ha creado
más polémica en el texto de la ley es que adolescentes de 16 años tengan
libertad total de abortar sin conocimiento de sus padres. Creo que a esta edad
los padres debieran tener pleno derecho a participar en las decisiones
transcendentales de sus hijas adolescentes. Decir que si estas niñas tuvieron
sexo y se quedasen embarazadas sin autorización paterna tampoco necesitan
autorización para abortar no es un argumento valido. No obstante, informar a
las padres es una cosa y que éstos impongan sus propios criterios a la hija
embarazada es otra bien distinta. Ser madre adolescente tiene un impacto
desproporcionado sobre su futuro. Puede imposibilitarla obtener la educación
soñada, destinarla a trabajas mal pagados, hacer dudoso la posibilidad de un
futuro matrimonio etc. Por estas razones habrá padres a favor del aborto en
contra del sentir de la embarazada, y habrá otros que por razones religiosas
harán todo lo posible para impedir el aborto. Está claro que en los dos casos
la voluntad de la adolescente, por tratarse de su futuro vital, tiene que prevalecer pese a quien pese. Las organizaciones "Pro
Vida" parecen tener la ilusión que prohibiendo el aborto éste dejase de
existir, pero la realidad es muy distinta. Por ejemplo, bajo el franquismo hubo
mucho más abortos -ilegales por supuesto -,que ahora, ya que por la
prohibición de fabricar y comercializar anticonceptivos el aborto fue el único
método para el control de la natalidad, como lo era en la antigüedad y en
nuestra era hasta mitades del siglo XIX,. Las prohibiciones en
Suramérica han dado lugar, según estimaciones, a 4 millones de abortos al año
entre 1960 y 2000. Por otra parte, mientras que las adolescentes que llevan su
embarazo a término normalmente no tienen más hijos por la mala experiencia que
han tenido al tener que mantener y educar un hijo no deseado a una edad inadecuada para tal
menester, las adolescentes que hayan abortado tienen como adultas más hijos
(deseados) que la media. Lo que siempre me ha
dejado perplejo es que una gran mayoría de los creyentes católicos practicantes desconozcan
por completo los Evangelios, el Antiguo Testamento y la historia de su fe y de
su Iglesia, conque sus conocimientos religiosos se limitan al catecismo que les
enseñaron de pequeños y especialmente la primera de las tres
"virtudes" teologales: luz y conocimiento sobrenatural con que sin ver se cree lo que Dios dice y la Iglesia
propone, y son por lo tanto muy
primarios y elementales. Como lo que la Iglesia propone muchas veces no tiene
justificación en la Biblia no es muy
sorprendente que algunos papas estuvieron a punto de incluirla en el Índice de libros prohibidos. Muy
en línea con Num.16:31-35 el el cual se prohíbe a los judíos legos de
dirigirse a Díos sin la intermediación de un sacerdote bajo amenaza de muerte. Ya es tiempo que el Vaticano se deje
de obsesiones sexuales que no han inculcado ni una sexualidad sana ni una
paternidad responsable sino han provocado en su propio seno vicios inconfesables
como otra vez ha salido a la luz en Irlanda - el último baluarte ultramontana
de la Iglesia en Occidente -, con el reciente escándalo pedófilo en colegios
internos regidos por frailes. Es interesante que en Estados Unidos el último
vestigio de censura cinematográfica, o sea las clasificaciones que la Iglesia
da a las películas para sus creyentes según su peligro moral para las
diferentes edades, clasifica como más moralmente peligrosas películas en
donde aparece algún cuerpo desnudo, que a otras extremamente violentas y sangrientas. En la misma
categoría de obsesiones sexuales habrá que incluir la incalificable actitud de
Benedicto XVI cuando en su reciente visita a África - el continente más
afectado por el SIDA-, condenó enérgicamente el uso del condón para evitar la
infección por VIH. "Médicos" ultramontana apoyaron este criterio
diciendo que el condón no garantizaba la protección contra la infección.
Hombre, ya sabemos que el uso del condón nunca da una protección al 100%; se
puede romper, rasgar o salir. Es verdad que en climas calurosas tiene más
probabilidades de fallar porque el calor daña el látex. No obstante, como
anticonceptivo tiene una eficacia del 85%, y como protección contra
enfermedades de transmisión sexual (ETS) la
eficacia es 10 puntos superior. Mucho menos da una piedra. ã 6/2009 Volver a Þ