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  EL ULTRA-FEMINISMO RADICAL    v.  LA SOCIEDAD PATRIARCAL   
(hembrismo contra machismo  )

Origen matriarcal Principio patriarcal Cristianismo primitivo
Brujería Desarrollo posterior La desigualdad en la práctica
Dominación femenina Divulgación silenciosa Acusaciones falsas

Y en el principio hubo el matriarcado. Parece que desde los más remotos orígenes, de nuestra subespecie Homo sapiens sapiens - y probablemente también entre otras subespecies extintas como el Homo sapiens cro-magnon y el Homo sapiens neanderthalensis - la organización "social" fue matriarcal. Este fue el resultado del hecho de que los Homos  durante gran parte de su existencia no estaban conscientes del papel del acto sexual en la procreación. El embarazo de la mujer fue atribuido a la intervención de la Diosa y, lógicamente, aquélla fue considerada como la elegida de ésta y de cierta forma como su representante. La mujer, gracias a su acto creativo, se convirtió en la garante de la supervivencia de la comunidad a que perteneció. Los hijos pertenecían exclusivamente a ella, y la presencia masculina, el papel de tutor, en la vida de los hijos varones fue ocupado por uno, o varios, de sus tíos maternos. Estas convicciones convertían a las mujeres en el sexo dominante del punto de vista religioso, político/social y familiar. El papel de los hombres era, indudablemente, el de cazador/recolector y defensor de la mujer y sus hijos pero no como marido/padre sino como hermano/tío. Durante gran parte de la existencia de este sistema la palabra "dominante" probablemente solo se refería a que en las decisiones más o menos importantes de la familia la opinión de la mujer prevalecía, y en las decisiones del clan/tribu la de la mujer más vieja o posteriormente, con el desarrollo más institucional de la religión, la de la sacerdotisa (Vea: Matriarcado ). Hay que hacer hincapié que como el acto sexual para nuestros remotos antepasados no tuvo connotaciones procreativas estuvo dedicado exclusivamente al placer orgásmico - un maravilloso regalo de la Diosa - con plena libertad sexual.  Por otra parte los papeles sociales diferenciados de la mujer y del hombre tuvieron, como veremos después, una importante influencia sobre su socialización y aptitudes verbales.

 
Después de 30 o 40.000 años de existencia del Homo sapiens sapiens, el invento de la agricultura por parte de la mujer alrededor del 8º milenio a.C. significaba el comienzo de las civilizaciones y durante milenios este invento quedo bajo el control absoluto de las mujeres con el hombre convirtiéndose de recolector/cazador en peón agrario. El considerable crecimiento de las poblaciones de las sociedades agrícolas y los resultante cambios institucionales aumentó sustancialmente la preponderancia femenina y la aparición de sacrificios de varones humanos para aplacar a la Gran Diosa Agrícola (vea:
Sacrificios )

PRINCIPIO DE LA SOCIEDAD PATRIARCAL: Las sociedades patriarcales empiezan a difundirse a partir de la mitad del 3º milenio a.C. y nunca han logrado ser totalmente universales ya que todavía hay algunas tribus primitivas en plena época matriarcal. Tienen su origen en el nomadismo (vea para mas detalles: Nomadismo). Al comienzo las hordas nómadas que invadieron y sometieron las civilizaciones agrícolas fueron muy minoritarias y su religión patriarcal tuvo que compartir el espacio religioso con la matriarcal y solamente lograron el predominio después de un largo periodo de más de mil años. Ni siquiera entonces este predominio fue absoluto en todas las culturas. En Egipto después de la derrota y expulsión de los Hyskos al final de la XVII dinastía (vea: Hyskos) se instaló un sistema sincrético con una cierta preponderancia masculina. No hay duda que la mujer egipcia perdió poder político pero por lo demás no parece que el cambio afectara de ninguna manera a su vida diaria ( unos 1000 años mas tarde, Herodoto, después de un viaje a Egipto en el año 440 a. C  se asombró de la posición social de la mujer egipcia,"tan opuesta (!) a la de la mujer griega"). En Grecia la Diosa, en sus varias manifestaciones, mantuvo su posición  en el Olimpo, menos subordinada que la de las mujeres humanas en la tierra.  Algo parecido ocurrió en Roma, pero es importante notar que las mujeres con sus Misterios (vea: Misterios ) y su culto a la(s) Diosa(s) estaban mucho menos subyugadas que posteriormente bajo el monoteísmo patriarcal. Hasta el surgir del Cristianismo o mejor dicho, el catolicismo romano, solamente el Judaísmo (vea: Hebreos) logró implantarse como religión patriarcal pura y dura, y esto gracias a haber masacrado y expulsado la población autóctona del territorio que había conquistado. 

CRISTIANISMO PRIMITIVO:  El lema sociológico del primitivo cristianismo era amor al prójimo, fraternidad, igualdad y libertad ( más o menos el mismo que después fue usado por la revolución francesa para desbancar no solamente al "ancien régime" sino también al cristianismo mismo). Lógicamente sus primeros adeptos fueron las mujeres, los pobres y los esclavos. Solamente hay que ver las observaciones misóginas de los primeros Padres de la Iglesia para darse cuenta que la pretensión de libertad e igualdad para las mujeres fue pura hipocresía (vea: Misoginia). No obstante, a finales del siglo IV cuando la secta romana del cristianismo primitivo se había convertido en la Iglesia Católica Apostólica Romana a base de perseguir y exterminar a sus competidores cristianos y a todo bicho religioso viviente, y cuando esta Iglesia se había hecho totalitaria, esclavista y aristocrática, olvidándose de los conceptos que he indicado más arriba, todavía pretendía mantener el concepto de la igualdad de la mujer (libre, por supuesto). La razón era sencilla:  todavía había muchas tribus bárbaras a convertir y la forma más fácil era a través de sus mujeres en general y de  sus reinas en particular ansiosas de liberarse del yugo patriarcal. Todo esta política supuestamente favorable a la mujer cambió radicalmente a partir de finales del  siglo X con la conversión al catolicismo de los magiares, los últimos "paganos", quedando terminada la evangelización de Europa. 

BRUJERÍA: La posición de la mujer  había ya empeorado mucho desde el siglo V en los territorios bajo el control espiritual - para llamarlo algo - de la Iglesia, pero ahora ésta se quitó definitivamente la máscara y  dejaba ver su verdadera cara misógina. A la mujer se le despojaba de todos sus derechos, incluyendo el de la propiedad, y se quedaba bajo el tutelaje de su padre y hermanos hasta su matrimonio cuando se convertía en propiedad de su marido. Hasta bien entrado el siglo XVII la subyugación oficial iba  creciendo. Un ejemplo es la caza de brujas empezado en el año 1050, no como se pretendía para terminar con el culto al Diablo o el satanismo - las mujeres no tenían ningún interés de adorar otro macho inmundo - sino para exterminar cualquier vestigio de los cultos matriarcales. No es que las mujeres de entonces tenían memoria de estos cultos, pero lo que si había pasado de generación a generación, de mujer a mujer, fueron los viejos conocimientos de lo que hoy en día se llama  medicina de herbolario, la ciencia y arte de las plantas medicinales. Como la postura oficial de la Iglesia fue que todas las enfermedades eran el resultado de la influencia de fuerzas sobrenaturales y hasta de posesión diabólica, la curación solamente podía ser efectuada a través de medios religiosos, por ejemplo la oración y/o encomendándose a ciertos santos. Con estas actitudes mentales no es sorprendente que las curaciones obtenidas por parte de las herbolarias/curanderas fueron consideradas como brujería, como actos diabólicos. En el siglo XIII apareció el tribunal de la Inquisición, que se encargó de perseguir entre otros a las brujas. Los hijos eran obligados a denunciar a sus madres, los maridos a sus mujeres y los familiares y vecinos se denunciaban entre sí. Se pagaba a los testigos para que declararan y a los sospechosos se les infligían torturas inhumanas para forzar su confesión. A los cazadores de brujas se les pagaba una recompensa por cada fallo condenatorio después de reunir las acusaciones y poner a prueba a las sospechosas. Se suponía que todos las brujas tenían marcas hechas por el Diablo en alguna parte de sus cuerpos, que eran insensibles al dolor. Los inquisidores no dudaban en traicionar sus promesas de perdón a aquellos que reconocían su culpa. Cientos de miles de mujeres fueron condenadas a la muerte por practicar la "brujería".
La bula papal más influyente contra la brujería fue la Summis Desiderantes, promulgada por Inocencio VIII en 1484, que para ejecutarla nombró inquisidores regionales, y el Malleus maleficarum (el célebre Martillo de las brujas), escrito dos años después por dos dominicos alemanes.(Hasta la heroína francesa Juana de Arco fue juzgada por
un tribunal eclesiástico borgoñés  de brujería, y acusada de maldad por vestir ropas masculinas y de herejía por su creencia de que era directamente responsable ante Dios y no ante la Iglesia católica. Fue quemada en la hoguera en 1431). Las "confesiones" arrancadas bajo increíbles torturas por los inquisidores dominicos a sus victimas, y que consistieron simplemente en admitir de lo que aquellos les acusaban, ha dado lugar a toda una literatura sobre "aquellares" y "shabats" (supuestos reuniones y orgías de brujas con el Diablo) que no era más que el reflejo de la imaginación calenturienta de los inquisidores. Parece que estos castos monjes lo pasaban muy bien manipulando y manoseando los cuerpos desnudos de sus victimas para después torturarlas todavía más por ser causantes de sus erecciones y eyaculaciones diabólicas. Todo muy cristiano y santo, sin duda. 

DESARROLLO POSTERIOR: Con el Renacimiento, y el debilitamiento de la Iglesia, la sociedad y en especial la gente más culto, empezó a tomar poco a poco conciencia de la injusticia de la posición de la mujer. La batalla formal por la igualdad comenzó con la publicación de la obra Una reivindicación de los derechos de la mujer (1792) de Mary Wollstonecraft. Posteriormente, con la aparición del proletariado y la incorporación de la mujer como mano de obra barata se puso de manifiesto su discriminación política, jurídica y económica. A comienzos del siglo XX nació el sufragismo, movimiento cuyo objetivo era conseguir el derecho al voto de la mujer, y que posteriormente daría paso al feminismo. 

LA DESIGUALDAD DE LA MUJER EN LA PRÁCTICA: Hasta ahora hemos visto las implicaciones legales y ahora falta analizar como ésta desigualdad funcionaba en la práctica. No hay duda que funcionaba de una forma muy clasista. La aristócrata era inferior en derechos no solamente a su padre y sus hermanos y después a su marido sino también a los hombres de su clase. Esto tenía sus matices como demuestra la poesía trovadora dedicada al amor cortés a partir del siglo XI. Un amor platónico apasionado en que el hombre elevaba a la mujer amada -generalmente casada - sobre un pedestal y ella normalmente le correspondía con sutiles y perversas insinuaciones eróticas que no tenía intención de cumplir. Un juego cruel en el cual la dama disfrutaba de su poder. Lo que demuestra que la aristócrata aplicando sus artes de mujer no era tan desigual como aparentaba. Además, era infinitamente superior a los hombres de clases inferiores como comerciantes, criados, soldados, villanos etc. o sea más o menos el 99% de la población masculina. Dentro de estas clases los hombres tenían tan pocos derechos que hablar de la inferioridad de sus mujeres tiene poco sentido. Descartando la Inquisición durante la cual hombres y mujeres fueron condenados a partes iguales - ellos por herejes y ellas por brujas - la verdadera desigualdad de las mujeres aparece con la revolución industrial cuando primero la nueva clase burguesa y después la obrera, espoleadas por las iglesias, comenzaron imitar a la aristocracia atando corto a sus mujeres. Hay que admitir que en todo esto había un fuerte sentido de protección. Contrario a la idea romántica que el pasado era mejor que el presente, la vida era muy peligrosa. Hasta bien entrada el siglo XIX los caminos estaban plagados de bandoleros y cualquier mujer, en especial las aristócratas, corrían el peligro de ser violadas en cualquier desplazamiento; de allí las fuertes medidas de protección y la absoluta prohibición por parte de sus hombres de ir a ninguna parte sin acompañante. En las ciudades ocurría otro tanto. Últimamente ha salida a la luz el secuestro de muchas chicas en países de Europa oriental para ser convertidas en esclavas sexuales para los burdeles de Alemania, Francia y Inglaterra, pero es poco conocido que a mitades del siglo XIX existía el mismo comercio en sentido contrario. En aquellos tiempos centenares de chicas londinenses de familias burguesas desaparecieron todos los años para terminar en lujosos burdeles rusos, alemanes y otros, donde eran muy apreciadas, entre otras cosas, por la blancura de su piel y su delicado comportamiento. Hubo por lo tanto sobradas razones para la protección y la tutela de las mujeres jóvenes especialmente en las grandes ciudades. Las ultra-feministas mantienen la postura de que todos los hombres, sin excepción, se han aprovechado, consciente o inconscientemente, de la existencia de violadores y secuestradores para justificar la opresión de la mujer con el pretexto que era necesario para su protección. La acusación confunde, como tantas veces, causa y efecto. Por otra parte las novelas de, por ejemplo, Jane Austen y Charlotte Brontë demuestran que ya al principios del siglo XIX la mujer era bastante más dueña de su propio destino de lo que se ha supuesto. 

EL PRINCIPIO DE LA DOMINACIÓN FEMENINA:

 Poco antes de la mitad del siglo XIX ocurrió algo que a la larga tuvo una influencia insospechado sobre la relación entre hombres y mujeres. Era una época no solamente de considerables avances científicos sino también de grandes impostores pseudo-científicos que hacían su agosto con teorías estrafalarias. Una de estas teorías proclamaba las graves consecuencias en niños y adolescentes del abominable vicio de la masturbación  - décadas después todavía defendido por Richard von Krafft-Ebing - resultando en locura y ceguera. La sociedad victoriana con su hipócrita rechazo público de la sexualidad entre las clases altas abrazó estas teorías con entusiasmo. Como en estas clases los padres se ocupaban poco de la educación de los hijos y la dejaba en manos de niñeras, gobernantas e institutrices, ordenaban a estas de usar todos los medios necesarios para evitar que los niños se masturbasen o en caso de ser demasiado jóvenes simplemente se tocasen lascivamente. Los padres no tenían ni idea que con estos ordenes daban un inmenso poder a mujeres muchas veces sexualmente frustradas y resentidas por tener que trabajar en casas donde en general fueron tratadas como simples sirvientas. No hay duda que muchas de ellas se comportaban de forma correcta y limitaban su poder a atar las muñecas de sus cargos a los postes de la cama de tal forma que no les impedía dormir pero al mismo tiempo imposibilitaba que se tocasen. Pero había otras muchas que se aprovechaban de su ilimitado poder y que "educaban" a sus pupilos con latigazos y, teniéndoles de esta forma totalmente atemorizados, les instruían a ser auténticos esclavos sexuales adeptos en el sexo oral. Y si no satisficieron a sus gobernantas - de allí el famoso término "gobernanta inglesa" - ya sabían lo que les esperaba. Todo esto ha sido bien documentado en varios diarios escritos en su madurez por algunas de las victimas. Por estos nos llega la información de que, una vez enteradas de lo que pasaba, bastantes hermanas mayores se apuntaban a la diversión de disciplinar al maldito niño y de obtener sus primeros satisfacciones sexuales. No solamente esto; como era lógico la práctica se extendía hacía los cuartos de la servidumbre en los sótanos, y los amas de casa y las doncellas terminaron por aplicar el mismo régimen a los niños que entraron en la casa para servir. No es sorprendente que por un lado muchos de estos niños huyeron para siempre el contacto sexual con las mujeres convirtiéndose en homosexuales - el número de gays en las universidades ingleses aumentó vertiginosamente entre 1850 y 1914 - y otros identificaban para siempre sexo con dolor y se convirtieron en masoquistas sexuales. Lo que en el continente se llamaba el "vicio inglés" era la gran moda en Londres y amas dominadoras profesionales cobraban una libra por latigazo, lo que demostraba que su clientela era muy adinerada. Ya he mencionado a las hermanas mayores que entraban con gusto en el juego y no es sorprendente que estas chicas más tarde trataban de elegir como marido a hombres que tenían antecedentes de mal trato. También en este caso han salido a la luz algunos diarios en los cuales sus escritoras cuentan con detalle las entrevistas que mantuvieron con las antiguas gobernantes, institutrices y hermanas de sus pretendientes para encontrar al hombre adecuado. La tendencia tuvo su culminación literaria en "La Venus de las pieles" (1874),de Leopold von Sacher-Masoch, una abierta celebración de la sumisión masculina a la mujer/diosa dominante y considerado como el inicio del culto del FemDom (Dominación Femenina). 

Siempre ha sorprendido con que rapidez los parlamentarios en varios países se rindieron y legalizaban el derecho al sufragio de las mujeres de su clase una vez que las "sufragistas" empezaron a exigirlo. Parece que muchas de las mujeres de los políticos de entonces mandaban lo suficientemente en casa para no aceptar que estos las negaban impunemente sus derechos. Antes he dicho de su "clase" porque durante mucho tiempo las sufragistas eran exclusivamente mujeres de los clases acomodados - por lo menos en Europa - que pedían el sufragio para sí, cabreadas por serles denegado un derecho del que disfrutaban sus criados; por ejemplo en Gran Bretaña se legalizó el sufragio femenino limitado según patrimonio y educación en 1919 para después universalizarlo en 1928. 

A partir de allí el feminismo ha hecho enormes avances y ha logrado, poco a poco, obtener los mismos derechos y la misma consideración que el hombre. No hay hombre sensato que se oponga a la igualdad jurídica de la mujer y su igualdad de derechos políticos, económicos, sociales y sexuales. Esto no implica que sea igual. Muy al contrario la mujer es diferente al hombre - viva la diferencia - en casi todo los aspectos desde anatómicos a fisiológicos y hormonales que hagan que también sea diferente del punto del punto de vista psicológico. Hasta su cerebro funciona de forma diferente y llega a soluciones igualmente válidas por caminos distintos. Estas diferencias no implican ni superioridad ni inferioridad y solamente manifiestan la diferencia de sexo. Donde hay una diferencia notoria es en la capacidad verbal o, mejor dicho, la necesidad de expresión verbal de las mujeres. Recientes investigaciones han demostrado que la mujer habla en promedio hasta 7 veces más que el hombre y en la clase obrera esta diferencia es de 10 a 1, con lo que la mujer es claramente más social que el hombre. Parece que esto se remonta a los tiempos cuando el hombre se convirtió en cazador y durante los largos días de caza se acostumbró a comunicarse con sus compañeros con señales para no ahuyentar a las presas. Contrariamente las mujeres en los campamentos se acostumbraron a hablar mucho y en voz alta para asustar a posibles predadores. Con el tiempo las diferencias de capacidad verbal y de comunicación entre hombres y mujeres se han convertidas en uno de los principales problemas que afectan a la convivencia de las parejas. 

Todos estamos a favor del feminismo pero como en todos los asuntos humanos también este movimiento positivo lleva en sus entrañas gérmenes patógenos que llevan a derivados altamente negativos y destructivos. En este caso el ultra-feminismo radical que he bautizado, en el título de este ensayo, como hembrismo. Este derivado no se contenta con la igualdad jurídica de hombres y mujeres sino proclama la superioridad femenina en todos los aspectos. Para ellas los hombres son simplemente mujeres incompletas y pretenden demostrarlo genéticamente manifestando que el cromosoma Y es un cromosoma X defectuoso, y por lo tanto inferior. Son vehementes defensores del FemDom que he descrito más arriba. Pretenden convertir los hombres en seres sumisos y obedientes a sus dictados, tanto en esclavos sexuales como en esclavos a secas para lo cual usan el simbolismo 24/7 (24 horas al día, 7 días a la semana; o sea total). Pretenden de esta forma resucitar el matriarcado prehistórico - erróneamente, ya que era un concepto muy diferente -, y convertirse en diosas para, y virtualmente en propietarias de, sus hombres. En Amazon.com, un Web principalmente dedicado a la venta de libros por Internet, hay toda una sección dedicada a esta aberración con cantidad de libros, muchos ya en ediciones múltiples, con títulos como " Como convertir tu marido en tu esclavo", y similares, auténticos manuales detalladas  para someter a los hombres. Parece que la iniciación comienza con incesantes ataques y humillaciones verbales para que el hombre se sienta cada vez más inútil y empequeñecido. También hay muchos Webs dedicados abiertamente a esta "filosofía" de la sumisión masculina y la dominación femenina, algunos de un extremismo brutal como Owk.com/cz., y otros no tanto dedicado a la esclavización como al exterminio del sexo masculino salvando solamente a ejemplares genéticamente superiores - sin semen no hay reproducción - para ser ordeñados (sic) según necesidad. También llama la atención la gran cantidad de anuncios de "amas dominantes" o "estrictas gobernantes" en la sección de relax de los periódicos lo que demuestra una gran afición masculina a esta "disciplina". Hablando de disciplinas, las mujeres dominantes han inventado un artilugio que la Iglesia bien podía haber impuesto a sus sacerdotes célibes y que hubiera prevenido tanta pedofilia como últimamente ha salido a la luz. Lo digo en broma porque el artilugio en cuestión es el equivalente del cinturón de castidad medieval de las mujeres nobles y es un aparato que cubre el pene y los testículos- sin imposibilitar la erección - y puede ser cerrado con llave. El propósito es evitar no solamente la infidelidad sino también la masturbación resultando en una dependencia sexual total del hombre de la propietaria de su "llave". Según las adictas al FemDom el artilugio centra totalmente el impulso sexual del esclavo en su ama y le hace todavía más sumiso. Cualquier comparación con el cinturón de castidad es puro invento ya que este era en realidad un cinturón anti-violación para proteger a las damas en sus viajes, siempre peligrosos por los bandoleros que infestaban los caminos. Eran las mujeres que controlaban las llaves y lo enviaban por mensajero a su destino. La idea de que los nobles cuando se iban de Cruzadas metieron a sus mujeres en un cinturón de hierro, que lógicamente se oxidaría rápidamente, es pura fantasía y hubiera resultado en la muerte de la mujer por infección en pocas semanas. 

LA SILENCIOSA DIVULGACIÓN POR LA SOCIEDAD:

Hay fuentes que consideran que ya hay varios millones de parejas en que el varón está totalmente subyugado por la mujer y no tiene derechos sino solamente obligaciones de servidumbre forzosa mientras que ella tiene total poder de disciplina y puede castigarle impunemente y con saña por cualquier infracción por pequeña que sea. Hay gustos para todo y si hay hombres con inclinaciones masoquistas, allá ellos. Lo malo y lo preocupante es cómo la temática en cuestión, con su simbología, se ha convertido en una moda que de forma silenciosa y subterránea está infectando la sociedad. Es sorprendente averiguar que cuando una empresa dedicada a la fabricación del aparato de castidad masculina decidió hacer una encuesta entre mujeres casadas sin previos conocimientos del FemDom, se encontró que muchas de ellas, una vez que las habían explicado el propósito del aparato, quedaban entusiasmadas con la posibilidad de poder controlar a sus maridos y además solamente tener sexo cuando a ellas les apeteciera. Sorprendente, o quizás no tanto ya que las mujeres son capaces de aplicar criterios diferentes a ellas mismas que a los hombres. Si los encuestados hubieran sido hombres que se habían demostrados igual de entusiasmados con la idea de encorsetar a su mujeres con cinturones de castidad, las mujeres hubieron estado asqueadas de tanto machismo. Hay muchos otros ejemplos como el hecho de que en una reciente feria de sexo en Bilbao los puestos dedicados a la dominación femenina atrajeron muchos visitantes en su gran mayoría mujeres.
Hay muchos ejemplos menos crudos y más disfrazados:
En un anuncio de una conocida empresa de electrodomésticos, el marido no logra poner en marcha la lavadora y la mujer llama al servicio técnico hablando en voz baja. Cuando llegaban los operarios no se llevaban la lavadora sino al marido por inservible e inútil.
Otro anuncio estaba divido en dos partes: en la primera la mujer está leyendo sentada en el sofá y en el fondo se ve el marido lavando los platos en una cocina americana. Se oye una voz sobrepuesta sugiriendo la compra de un lavavajillas. En la segunda parte ya está instalado el electrodoméstico, la mujer sigue leyendo en el sofá pero ahora el marido está sumisamente de rodillas cortando las uñas a su mujer y cuando la hace un pequeño rasguño ella le pega una patada por inútil.
En una serie de televisión se ve una reunión de chicas y chicos; una pareja está discutiendo y ella le pega dos hostias a él. Los chicos inmediatamente retienen a su amigo para que no devuelve el favor, mientras que las chicas jalean a su amiga y festejan que le ha dado al tío su merecido.
Escenas en que un grupo de chicas comentan que los hombres son tontos y no valen para nada son corrientes en casi todas las series.
El año pasado en la pasarela de Cibeles, un modista presentaba a unos modelos vestidos en cuero negro, botas altas y látigo en mano, que rodeaban un hombre en el suelo, presuntamente desnudo y envuelto en cintas. Una típica escena FemDom.
Puedo seguir dando ejemplos hasta la náusea pero los que he dado son suficientes para darnos cuenta que se está dando un mensaje muy negativo. Parece que la mujer tiene derecho a despreciar y pegar impunemente a los hombres y que estos tienen que aceptarlo sin quejarse.  

IMPLICACIONES LEGALES Y ACUSACIONES FALSAS: El subrepticio mensaje con que el ultra-feminismo radical ha infectado la sociedad - sorprendentemente todavía más en España que en otros países occidentales - es que los hombres somos malos por definición y que las mujeres son todas unas santitas indefensas que necesitan ser defendidas a través de leyes de discriminación positiva. El mensaje ha sido inconscientemente e irracionalmente aceptado por la sociedad con efectos nefastos. Ya sabemos que la discriminación positiva de unos resulta en la discriminación negativa de otros. Se ha creado todo una legislación contra la violencia de "género", doméstica o familiar ( ya llamado "machista") que es de lo más sexista y anticonstitucional imaginable. Las leyes españolas en cuestión han seguido las conclusiones del Consejo de Europa según las cuales que el 98% de las agresiones domésticas son del hombre contra la mujer. Me sorprende que no hayan dicho el 100% ya que las encuestas en que se basan son completamente unilaterales y ni siquiera indagan en la posibilidad de que el hombre sea la víctima y la mujer la agresora. En España todas las observaciones sobre violencia de "género" estan basadas en estimaciones y prejuicios sexistas sin que se hayan hechos estudios serios de campo. No es de sorprender entonces que las conclusiones españolas están en total contradicción con los estudios serios hechos en Estados Unidos, Canadá, Australia e Inglaterra y otros países. En 1984 dos mujeres estadounidenses Maureen McLeod y Judith Serna, antropóloga y socióloga respectivamente, hicieron un largo estudio para demostrar que la violencia familiar era básicamente masculina. No obstante, como eran académicas serias no trataban de disfrazar los resultados de su investigación cuando estos demostraban ser muy diferentes a su idea feminista preconcebida. Llegaron a la conclusión de que la mujer era tanto o más agresiva que los hombres y ganaba en actos violentos mientras que la agresión masculina ganaba en víctimas. Por otra parte relacionaban hasta el 85% del maltrato de niños y ancianos directamente con la mujer. La impresión original de que el maltrato era principalmente de hombres era el resultado de que el 92% de los hombres maltratados no se atrevieron a denunciarlo por miedo a hacer el ridículo. El estudio también demostró que el maltrato entre lesbianas era superior al de entre gays. Posteriormente multitud de estudios de campo efectuados por importantes universidades han colaborados estos resultados. Un estudio de la Universidad de California decía lo siguiente:   

"Las mujeres son tanto o más agresivas que los hombres en sus relaciones con sus esposos o parejas"

"Los hombres tienen más probabilidades que las mujeres de sufrir ataques graves con cuchillos u objetos contundentes"

"El 29% de las mujeres reconocen haber agredido a su pareja en los últimos 5 años"

" Cuando la violencia se mide por actos las mujeres son más violentos que los hombres, y cuando se mide en heridas, los hombres son más violentos" (Parte de estas heridas son el resultado de la autodefensa del hombre contra ataques con arma blanca). 

 " En agresión verbal o psicológica las mujeres ganan por diez a uno"

"La violencia masculina suele estar asociada a situaciones de estrés y/o enfermedades mentales diagnosticadas, mientras que la violencia femenina no demuestra esta correlación. 

 La moral social o deniega o es muy tolerante con las agresiones de las mujeres porque considera que los hombres saben defenderse. Además existe el mito de que la violencia de la mujer nace de la autodefensa contra los ataques del hombre. Las razones admitidas por las mujeres desmontan el mito y van desde "He comprobado que la mayoría de los hombres han sido educados para no pegar a una mujer y no tengo miedo de que el mío responda a mi agresión", y "Como las mujeres somos iguales podemos expresar nuestra rabia mediante la agresión física", hasta "Me siento más poderosa cuando me comporto agresivamente con mi pareja"

Puedo citar muchos más estudios como por ejemplo el del Departamento de Justicia de EE.UU que realza que las agresiones de mujeres a los hombres suman el 14% de todas las agresiones físicas en la sociedad. Nada menos que 2,1 millones de mujeres agresoras al año. Pero para qué seguir. La cosa está tan claro como el agua. Para no exagerar hay que aceptar sin mas que la agresividad y la maldad están igualmente dividas entre los dos sexos. Conozco bastantes mujeres, inteligentes, moderados y tolerantes, que están en total desacuerdo con esta observación ya que consideran que en promedio la mujer es bastante peor que el hombre y el hombre en esencia más noble que la mujer. Pero siendo hombre quiero ser lo más equitativo posible. 

Ya he dicho antes que en España se ha hecho poca investigación de campo. No obstante, de vez en cuando uno se encuentra con estadísticas sorprendentes. He aquí una del año 2000: 67 víctimas mortales femeninas y 46 masculinos por violencia de pareja. Continuamente estamos expuestos a esas letanías enumerativas en que nos cuentan en los medios de comunicación el número exacto de mujeres muertas hasta la fecha por la violencia "machista", pero nada, absolutamente nada, sobre los hombres muertos por la violencia "hembrista". Todos los hombres tenemos que darnos cuenta que estamos expuestos a una manipulación de mucha calada.

Antes he aludido a la legislación contra la violencia de "género", doméstica o familiar ( ya llamada "machista") y que ésta es de lo más sexista y anticonstitucional. La legislación en cuestión ha sido interpretada por el Tribunal Supremo en el sentido de que en casos de maltrato del hombre a la mujer "el testimonio de la víctima es suficiente para fundamentar una condena". Una flagrante violación del derecho humano y constitucional a la presunción de inocencia. Con esto se han dado a las mujeres un enorme poder de coacción del cual los sesudos jueces masculinos parecen no haberse dado cuenta. Es evidente que están convencidos que los demás hombres - ellos desde luego no - son todos unas malas bestias en potencia y hay que proteger a las pobrecitas mujeres contra tanta inmundicia masculina. Era de prever que muchas mujeres han aprovechada esta insospechada oportunidad de deshacerse de sus maridos. Te pegas unas hostias en la cara, o intercambias unas con una amiga que tiene el mismo propósito que tu, y ¡hala! ya puedes ir a la comisaría y acusar a tu marido de maltrato. Con el resultado de que el hombre se encuentra, totalmente inocente, en la calle; ella se queda con la casa, los niños etc., se hecha un amante y a vivir. A él además le aplican una orden de alejamiento para que ella puede vivir más tranquilamente.  Todo esto es posible porque la piel de la mujer es muchísimo más fina y delicada que la del hombre y se pone morada con gran facilidad. Cuando vemos en la televisión mujeres con aparatosas moratones y cardenales en la cara hay que darse cuenta que son heridas muy superficiales que se curan en uno o dos semanas sin dejar cicatriz mientras que dar bofetadas de la misma intensidad a un hombre casi no dejaría señal.  Ya hay muchas jueces femeninas muy sospechosos de la validez de muchas de las denuncias de maltrato que, conocedoras de su sexo, están pidiendo una urgente revisión de la legislación por abuso por parte de las mujeres. 

Es muy posible que el porcentaje de acusaciones falsas de maltrato sea comparable con el de las acusaciones falsas de violación. Otro asunto de extrema gravedad poco investigado en España. Otra vez tenemos que irnos a EE.UU donde se han hecho muchos estudios de campo por facultades de sociología y sexología de las universidades más prestigiosas del país. Los estudios fueron hechos, previa invitación de la policía local, en pequeñas ciudades con un bajo nivel de criminalidad lo que había permitido a los investigadores policiales de indagar más en las denuncias en cuestión con el resultado de que muchas de estas les resultaban altamente sospechosas. El criterio aplicado en los estudios era que solamente se consideraba falsa una denuncia si la acusadora admitía voluntariamente haber mentido. El resultado de todas los estudios basados en este criterio fue que casi un 50% de todas las denuncias fueron falsas. Además, la mitad de las denuncias del otro 50% fueron consideradas por lo menos altamente sospechosas. Es muy posible que en muchos casos de denuncias falsas el acusado haya sido condenado a largos años de cárcel. Las falsas acusaciones obedecían principalmente a tres motivos: 

En ningún caso las retractoras fueron acusadas por denuncia falsa. Siguiendo con el paralelismo que he indicado antes es absolutamente aterrador que una parte importante de las acusaciones de maltrato pudieran ser falsas y que no se trata de hechos aislados. El maltrato y la violación son hechos abominables pero si las asociaciones feministas no dejan de obviar la manipulación de nuestro sistema legal por parte de muchas mujeres con falsas acusaciones para su propio provecho, solamente logran que a la larga tanto el maltrato como la violación terminan por convertirse en banalidades. Las feministas de verdad debieran sentir vergüenza ajena de las mujeres que se aprovechan tan vilmente del dolor de las verdaderas víctimas. Son ellas que debieran antes que nadie denunciarlas y exigir que las acusaciones falsas serán consideradas como delitos penales. 

ã 3/2008

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