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LOS JUDÍOS Y PALESTINA

 

La Declaración Balfour es uno de los ejemplos más flagrantes -y más "sangrientos"- de como un acto aparentemente humanitario, pueda influir la historia de una región durante décadas si no siglos. Las 67 palabras contenidas en la carta dirigido por Balfour- entonces Ministro de Asuntos Exteriores (y antiguo Primer Ministro) del Reino Unido - al Barón Rothschild -entonces líder de los judíos británicos - formaban una declaración de intenciones de 2 párrafos aparentemente equilibrados pero, como el tiempo ha demostrado, mutuamente excluyentes: "El Gobierno de Su Majestad (Británica) contempla favorablemente el asentamiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío (¡no, como querían los Sionistas,¡una nación judía!) ................quedando claramente entendida que no se hará nada que pudiera perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no-judías existentes"

Hemos dicho "aparentemente humanitario", porque el interés del gobierno británico en el asunto fue puramente estratégico. La pretensión era de crear un estado pro-occidental (y "occidentalizado") para poder ayudar en un futuro a la protección del Canal de Suez y la ruta marítima con la India. Pero los caminos de la Historia son torcidos, y por mucho que el nuevo estado judío de Israel ayudó a los ingleses y franceses en la guerra del 56, el Reino Unido perdió el Canal de todas formas, como en el 47 ya había perdido la India Imperial. 

La declaración Balfour podía haberse quedado en agua de borrajas, como tantas otras promesas, una vez terminado la primera guerra mundial. Pero en este caso, contraria a cualquier sentido común, le pérfida Albión, mantuvo su palabra. Primero en el inoperante Tratado de Sèvres (1920) y después, en el ya definitivo Tratado de Lausana, la declaración Balfour fue internacionalmente ratificada. Llama poderosamente la atención el trato completamente distinto dado al pueblo kurdo. También a ellos les fue prometido su lugar bajo el Sol. Pero, en este caso sí, la pérfida Albión rompió su promesa. Incomprensiblemente, porque los kurdos sí se merecían ser una nación independiente; vivían en sus montañas desde la prehistoria, tenían un territorio continuo, una etnia única y homogénea, una lengua y cultura antiquísimas etc. Como perdedor de la guerra a Turquía le arrebataron territorios por doquier, pero por razones incomprensibles los vencedores decidieron dejarla un trozo del territorio kurdo. Irak y Siria se convirtieron con el tiempo en países independientes, pero arbitrariamente Francia y Inglaterra decidieron darles también un trozo del desmembrado territorio kurdo. Los sufrimientos que se podrían haber ahorrados si las decisiones hubieron sido opuestas. ¡Kurdistan sí, Israel no! 

¿Pero como se había llegada a esta situación tan surrealista? Porque hay que admitir que la mera idea de que, con apoya internacional y pisando la mismísima filosofía del derecho internacional, un pueblo puede considerarse con derecho a ocupar una tierra que dejaron hace mas de 1800 años, desplazando sin mas a sus habitantes autóctonos, es tan estrafalario que bien pueda merecer el cualitativo de surrealista. Imagínense un toledano que volviendo a su casa, la encuentra ocupada por un sefardí, que como titulo de propiedad enseña la enorme llave que su familia había guardado durante siglos. ¡Que ocurrencia más divertido dirán Uds.! Pero imagínense que además los tribunales diesen la razón al okupa sefardí, y la cosa ya no seria tan divertida. Pero esto justamente pretendieron y lograron los Sionistas, con la diferencia que no se tratase solamente de una casa, pero de un país entero; y no de 500 años (desde la expulsión de judíos de España en 1492) pero de mas de 1800.

La cosa empezó en los siglos XVI y XVII en Rusia con varios movimientos mesiánicos que predicaron el retorno a Israel. Pero hubo un cambio importante en el siglo XVIII cuando surgió un movimiento intelectual "Hashala"(¡Ilustración!) que propagaba la integración de los judíos en sus países de residencia. El movimiento tuvo gran éxito, menos en Rusia donde la integración demostró ser imposible, y no solo por culpa de los rusos. Fue allí donde Herzl, un periodista austriaco, encontró la tierra fértil para fundar el Sionismo, que tuvo su primer congreso en 1897, con el fin declarado de fundar un estado judío. El éxito fue fulgurante; ya en 1903 el Reino Unido ofreció 10.000km cuadrados de tierra inhabitada en Uganda (sic) y parece que también hubo una oferta de una extensión similar en la pampa argentina. Pero no, los sionistas insistieron en Israel, o sea Palestina. El primer movimiento migratorio empezó poco después de la fracasado revolución rusa de 1905.La comunidad judía local incrementó desde los 50.000 a finales del Siglo XIX, a 85.000 en 1922,a 175.000 en 1931,240.00 en 1933 y 450.000 en 1939 (un 30% de la población total). 

El impacto, de esta inmigración en "crescendo", sobre el pueblo palestino fue traumático. ¿De donde y porqué vino toda esta gente?,se preguntaron en vano. Hay que tomar en cuenta que los conocimientos del palestino medio sobre lo que pasaba en el resto del mundo fueron, básicamente, non-existentes. Además, estos judíos no se parecieron en nada a sus judíos, o sea a los judíos autóctonos con que habían convivido pacíficamente durante mas de 1500 años. Si por lo menos la inmigración judía hubiera consistido de Sefardíes, pero no, la inmensa mayoría de los judíos que llegaron a Palestina entre 1905 y 1939,fueron Asquenazíes, o sea, judíos completamente occidentalizados. Miraron a la estancada sociedad palestina con un asombro que, rápidamente, se convirtió en desprecio. No dando se cuenta, que esta sociedad, en tiempos modernos, era la que más se parecía a la sociedad hebrea de los tiempos de la ocupación romana, mientras que ellos con su pragmatismo, su sentido practico, su "modernismo", su arrogancia y su afán "colonizador", se parecían -¡paradojas de la historia!- bastante a los legionarios romanos de antaño.

El Sionismo fue un injerto hostil en el tejido social palestino y, como era de prever, provoco reacciones violentas. Hubo ya en los años 20 un terrorismo anti-judío por parte de los palestinos, resultado de una profunda frustración. Los palestinos aún no lo sabían, pero ya tenían la "guerra" perdida de antemano. El problema fue que los palestinos no entendieron la mente occidental y no sabían como defender su posición. Mientras que los ingleses se entendieron a las mil maravillas con los judíos "europeos"- por muy exigentes, intolerantes y exasperantes que pudieron ser- el contacto con los palestinos era otra cosa. 

Se ha hablado mucho de la actitud pro-árabe de los ingleses, pero esta actitud se limitaba al enfermizo romanticismo "tipo Lawrence" con los beduinas, tan característico de ciertos ingleses. Pero, desgraciadamente para ellos, los palestinos poco se parecían a los "románticos héroes del desierto". Los judíos se aprovecharon de todas las oportunidades que los ingleses les brindaron, los palestinos de ninguna. Un ejemplo: los ingleses pidieron a las dos partes que constituyesen dos Agencias representándoles en las negociaciones/contactos con las autoridades británicos; los judíos formaban la suya (la Agencia Judía-1923), los palestinos ¡no!. El resultado fue que los judíos negociaban siempre con una posición única y homogénea, mientras que los palestinos se iban siempre por los cerros de Úbeda, exasperando a sus interlocutores.

A partir del "crash" bursátil del '29, empezaran a llegar bastantes judíos ingleses y estadounidenses, dotando a la Agencia Judía de inglés hablantes nativos, facilitando enormemente su labor. A partir del año '33, después de que los nazis ocuparon el poder en Alemania, el chorro inmigratorio se convirtió en una autentica riada. Entre 1933 y 1939 la población judía se dobló (de 238.000 a 451.000)y, lógicamente, los problemas se multiplicaron. La violencia anterior se convirtió en el periodo 1936-39 en una autentica Guerra Civil. Por mucho que en 1939 los ingleses impusieron restricciones a la inmigración judía, la Agencia Judía ya había logrado su objetivo. En 1937 la comisión británica creada para estudiar el problema palestino llegó a la conclusión que la única solución posible seria la ¡PARTICIÓN! de Palestina en dos estados. Es verdad que otra comisión posterior(1939) rectificó y mantenía el propósito de un estado palestino único, pero el daño estaba hecho. Los judíos solamente formaban el 30% de la población (no obstante su vertiginoso aumento), pero ya estaban preparados y organizados para los grandes desplazamientos internos necesarios para garantizarles la mayoría en el territorio que -esto esperaban- les iba a tocar. Y, entonces ¡estalló la Segunda Guerra Mundial! 

Vamos a aprovecharnos de esta interrupción para considerar el supuesto racismo (sic) y antisemitismo (sic) de los árabes en general y de los palestinos en particular, hacia los judíos, tan criticado en los últimos 50 años. Como ambos, judíos y árabes, son blancos y semitas podemos, lógicamente, solamente hablar de un anti-judaísmo. Pero hasta este termino es equivoco; los palestinos y árabes son, después de una lucha que dura ya 80 años, anti-israeliés y anti-sionistas,pero no anti-judíos. El Islam, durante mas de 1300 años, se ha comportado razonablemente bien y tolerante con los judíos. Hay una prohibición coránica contra su conversión forzosa, y una advertencia de tratarlos bien como descendientes de Moisés (aceptado por el Islam como un pre-profeta) y gente del Libro. Mientras que se comportaban bien, fueron respetuosos, y pagaban sus impuestos, les dejaban vivir en paz. Ni hubo persecuciones sistemáticas, ni expulsiones, ni masacres. Sufrieron en todas las guerras, pero no por judíos, sino como los demás habitantes de las regiones donde vivieron. La historia de los judíos en la Cristiandad fue bien diferente. San Pablo lo tenia ya muy claro. Si la nueva religión -el Cristianismo- quisiera prosperar en el Imperio Romano, había que manipular los hechos. Los romanos no pudieron ser, directamente, responsables de la muerte de Jesús. ¡Había que echar la culpa a los judíos! Y a partir del Concilio de Nicea este concepto se hizo poco a poco la postura oficial de la Iglesia: ¡los judíos habían matado a Dios! 

Lo que pasó después es bien conocido; humillaciones, deportaciones, expulsiones, masacres, violaciones, robos, hogueras, la Inquisición, progromos etcétera, culminando en el infame Holocausto. Es verdad que los nazis no eran exactamente cristianos, pero, al mismo tiempo, no hay duda que su antisemitismo era el resultado de haberse criado en los pechos de la Iglesia. Hay que reseñar el hecho que los más notorios campos de exterminio estuvieron ubicados fuera de Alemania. Los nazis sabían muy bien que las poblaciones católicas de los países ocupados de Europa oriental fueron mucho más antisemitas que la propia población alemana, nazis excluidos. En todo este interminable sufrimiento destaca un hecho singular, tan singular que es único en la historia de la humanidad; la increíble, insólita y admirable obstinación del núcleo duro de la Judería. Mantuvieron su fe, su memoria colectiva, su sentido de destino ("El año próximo, Jerusalén"), no obstante su dispersión por todo el mundo y 1500 años de persecuciones. Se han multiplicado y han prosperado (no solamente Israel es el estado mas prospero y pujante de Oriente Medio, pero el nivel media de vida de los judíos en los países donde están asentados es mas alta que el nivel media nacional) y también han vuelto a Jerusalén.

Como es lógico, una vez terminado la 2ª Guerra Mundial, la riada de los años 30 se convirtió en diluvio. El horror del holocausto influyó poderosamente en la conciencia occidental-¡faltaría más!-y con razón se sentía culpable de tanto ultraje (la falta de voluntad y la cobardía de los políticos occidentales "valonaron" enormemente a los nazis, y fue sin duda el origen de la 2ª Guerra y de la peor parte del Holocausto) pero, lo inadmisible fue que hizo penitencia dando una patada en el culo al pueblo palestino. Pero, peor todavía, después nos hemos ¡jactado! de nuestro humanitarismo. Lógicamente, el 29 de Noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas votó por mayoría (con la oposición unánime de los países árabes) la partición de Palestina, dando a los judíos (entonces un tercio de la población) mas del 50% del territorio incluyendo casi toda la costa. El resto de la historia es lo bastante conocida para no tener que reseñarla.

No hay duda que han sido los palestinos que han pagado el trato inhumano que los judíos han recibido durante siglos en el mundo ¿cristiano?.Fueron ellos, y no los alemanes, rusos ó polacos, los escogidos para ser las cabezas de turco para que el mundo occidental se auto-absolviese de cualquier culpa. Nos hemos hipnotizados hasta tal punto, que hace poco, un columnista tan inteligente como Gabriel Albiac se quejaba amargamente de que un "terrorista" como Arafat pudiera ser recibido en los piases occidentales. Hombre, los judíos tenían su Irgun (liderado por ¡Beguin!) y su Stern Gang, ambos de infame memoria, que cometieron infinidad de actos terroristas, no solamente contra palestinos pero también contra sus benefactores, los ingleses. Estamos de acuerdo que ningún acto terrorista es justificable, pero algunos son más comprensibles que otros. En estos últimos hay que incluir los de los kurdos y palestinos. Aquellos, porque a los kurdos les negaron su independencia a la cual tenían mas derecho que nadie, estos porque a los palestinos les robaron, literalmente, su país. 

Por mucho que el Sionismo fue un movimiento nacionalista aberrante (todos los demás nacionalismos pretendieron -ó pretenden- por lo menos la independencia del territorio en el cual estaban asentados desde siempre) no hay que echar la culpa a los judíos -que, al fin, solamente trataron de salvarse - sino a políticos occidentales ineptos y maquiavélicos:¡la política es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos!

¿Que ha sido el resultado de este error histórico para todos los partes implicados? Los palestinos fueron en gran parte echados de sus casas y de su país y terminaron en infaustos campos de refugiados, incubadoras perfectas para originar todo tipo de radicalismo, revanchismo y actitudes terroristas. No todo ha sido negativo, el reto del exilio (¿diáspora?) les ha sacado de su fosilización medieval y les ha convertido en el más dinámico de los pueblos árabes. Sus médicos, ingenieros y administradores están repartidos por todo el Medio Oriente.

Para todo el resto del mundo árabe, la partición primero, y la creación después, del estado de Israel, fue sentida como una autentica traición por parte del mundo occidental y fue una experiencia traumática sin par. El resultante sentido de frustración, de impotencia y de profundo rencor ha sido la pauta principal de todo lo ocurrido en Medio Oriente en los últimos 50 años. Todo, desde el integrismo islámico, las dictaduras, el anti-occidentalismo, las crisis del petróleo, hasta la Guerra del Desierto tiene su origen- por lo menos parcialmente- en aquel hecho.

Para los propios judíos la experiencia tampoco ha sido un lecho de rosas. Para empezar se han visto obligados a convertirse en un país militarista, un pueblo constantemente en armas. Un país que, por mucho que hasta ahora haya ganado todas las guerras, sabe perfectamente que la primera batalla perdida será la ultima. Han tenido que enfrentarse al hecho que, por mucho que se consideran el Pueblo Elegido, no son mejores que los demás. Que son tan humanos, ó inhumanos, como el resto de la especie. Que ser hijos y nietos del Holocausto, o sea hijos y nietos de las víctimas, no les ha librado de convertirse con cierta frecuencia, si no en verdugos, por lo menos en "verduguillos". Han convertido la nueva Israel en una replica, un clono espiritual de la antigua. El único periodo de unidad en la historia del pueblo judío fue durante los reinos de David y Solomo. Muerto el último, el país se dividió en dos: Israel en el norte y Judea (incluyendo Jerusalén) en el sur. Israel fue un país enormemente dividido, tribal y sectaria, y dejó de existir durante el siglo VII a. C. Resurgió siglos después bajo el nombre de Samaria. Al contrario, Judea, fue un país mucho mas homogéneo y mucho mas pacifico y mantuvo, mas o menos, su identidad durante los siglos siguientes. Es por lo tanto sorprendente, o quizás significativo, que el nuevo estado no adoptó el nombre de Judea sino el de Israel. De todas formas fue una decisión premonitoria. El nuevo Israel ha demostrado ser una sociedad tan dividido como su tocayo ancestral, tan tribal como en tiempos de las 12 tribus, tan sectaria como en tiempos romanos, y además ¡racista! Hay una división casi tribal entre asquenazíes, sefardíes y yemeníes y etíopes. Un "racismo" latente entre los dos primeros, un racismo abierto de aquellos dos contra estos (tienen la piel muy ¡oscura!).Un sectarismo religioso entre laicos, creyentes liberales, ortodoxos, ultra-ortodoxos, y de todos contra los yemeníes y etíopes, que profesan un Judaísmo pre-talmúdico, tan antiguo que parece tener sus origines en tiempos de Solomo y la Reina de Sheba.

Una mezcla tan explosiva que es sorprendente que el país sigue existiendo. De todas formas hay que tener fundadas dudas que un país tan dividido puede llegar a vivir en paz con sus vecinos.

 

ã 6/2000

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