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¡QUE NO TOQUEN LO MIO!
Ya observé hace casi 5 años (LOS ESPAÑOLES Y LAS
ENCUESTAS) como muchos de los encuestados tienen la fascinante
capacidad de creer al mismo tiempo en una cosa y su contraria. Las recientes
encuestas sobre la reforma del sistema de pensiones no son ninguna excepción.
Redondeando las cifras, el 68% cree que está en peligro la viabilidad del
sistema de pensiones, y el 60% está de acuerdo de prohibir las prejubilaciones
anticipadas. Hasta aquí bien y parece que la mayoría demuestra un aceptable
sentido común. La cosa cambia cuando se entra en los pormenores de como
rectificar el sistema. El 61% está en contra de ampliar el periodo de cálculo y
el 76% en contra de retrasar la edad de jubilación. En estos dos porcentajes
están lógicamente incluidos el 32% que no vea ningún peligro en la viabilidad
del sistema y por lo tanto está automáticamente en contra de cualquier cambio y
por lo menos es consecuente en su ceguera. Restando este 32% del 61%
globalmente en contra de ampliar el periodo de cálculo peligro, vemos que
nada menos que el 29% de los encuestados es capaz de ver el peligro y al mismo
tiempo no querer ampliar el periodo de cálculo para salvarlo, un porcentaje que
aumenta hasta un increíble 44% en el caso del posible atraso de la
jubilación. Pero parece que por lo menos un 39% estaba a favor de la
primera posibilidad y un 24% de la segunda. ¿O no? Más bien no, porque a la
pregunta de como garantizar mejor el sistema de pensiones solamente el 9%
estaba a favor de retrasar la edad de jubilación. También baja el porcentaje a
favor de ampliar el periodo de cálculo hasta el 28% pero probablemente porque
de repente el cuestionario incluyó el concepto de ampliarlo ¡a toda la vida laboral! Esto de introducir
en la encuesta elementos nuevos influyó en los datos finales porqué de repente
la mayoría relativa se inclinó hasta la nueva posibilidad de aumentar las
cotizaciones sociales de los trabajadores. La pregunta era muy tendenciosa ya
que solamente una parte pequeña de las cotizaciones es sufragada por los
trabajadores y casi el 90% por parte de los empresarios. Aumentar las
cotizaciones, ya por si altas, tendría un efecto muy adverso sobre el mercado de
trabajo y la competitividad, e implicaría probablemente un descenso de la
recaudación. Un efecto similar hemos visto con el incremento de la tasa de IVA
que, como era previsible, tuvo un impacto negativo sobre las ventas y resultó,
perversamente, en una merma de la recaudación.
¿Que conclusión podemos sacar de todo esto? Para empezar que un
tercio de la población no entiende absolutamente nada muy parecido a la
representante socialista en la comisión del Pacto de Toledo que dijo, no sé si
tontamente u orgullosamente, literalmente eso: "No entiendo nada".
Los otros dos tercios sí entienden que habrá que hacer reformas importantes en
el sistema de reformas - más allá de la pseudo-reforma negociada por el
gobierno con los sindicatos y
¡QUE NO TOQUEN LO MIO!
© 2/2011
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