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LIBIA Y LA HIPOCRESÍA INTERNACIONAL
Está muy bien estar en contra del régimen de Gadafi, pero tanto el momento como la forma de la intervención en Libia son altamente sospechosos. El momento adecuado para terminar con el dictador libio hubiera sido en los años 80 cuando los países occidentales le consideraban el principal promotor del terrorismo internacional por su abierto apoyo a muchos grupos revolucionarios, desde el IRA hasta los separatistas islámicos en Tailandia y Filipinas, y su implicación en el atentado terrorista perpetrado contra el vuelo 103 de PanAm cuando sobrevolaba la localidad de Lockerbie en Escocia. No hicieron nada entonces, y cuando durante los años 90 moderó su política le aceptaron de nuevo en la comunidad internacional y, desde el principio de siglo, los países occidentales han terminado por hacerse manitas con él, por firmar acuerdos comerciales, petrolíferos y de suministro de armamento, y por invitarle a visitas oficiales por doquier.
El actual cambio de actitud ha sido en gran parte provocada por Sarkozy que - no queriendo repetir su metedura de pata en Tunicia donde había apoyado a Ben Alí - había apoyado la rebelión en Libia desde el principio, y cuando Gadafi, después de un titubeo inicial, reaccionó - como ya había pronosticado (véase: revoluciones recientes: Libia) - de forma fulgurante, muy diferente a la sumisa rendición de Ben Alí y Mubarak, Sarkozy no podía admitir un segundo fracaso y clamaba por la intervención de la ONU. Formalmente la petición para que ésta aprobará una resolución de exclusión área para inhibir la actuación de la aviación libia contra los rebeldes - en un conflicto que ya se había convertido en una guerra civil en toda regla- para evitar victimas civiles, fue presentado por la Liga Árabe - será por su secretario-general, ya que gran parte de los miembros de la misma están teniendo sus propios problemas y no creo que la situación en Libia les quite el sueño - y fue aprobado (resolución 1973) por amplia mayoría sin que ni Rusia ni China usaban su derecho al veto.
Es curioso como funciona nuestra legalidad internacional. El derecho de vedar lo cambia totalmente de sentido. Una acción militar es legal si en el Consejo de Seguridad la resolución correspondiente fuese votada a favor por una mayoría mínima y al mismo tiempo ninguno de los miembros permanentes usase su derecho de veto (La ONU:¿Veto o no veto?), mientras que si la misma resolución hubiera contado con una abrumadora mayoría a favor y, al mismo tiempo, solamente uno de los miembros permanentes hubiera usado su derecho de veto, entonces la acción contemplado hubiera sido ilegal. El resultado ha sido que durante casi toda la existencia de la ONU la diplomacia de Occidente haya estado a merced de los posicionamientos ideológicos y geoestratégicos de la Unión Soviética (ahora Rusia) y China. En el caso de Libia, tanto Obama como Zapatero eran tan felices con la resolución aprobada que el primero ni siquiera se molestó en pedir autorización a su propio Congreso (el presidente de EE.UU. solamente puede obrar por propia iniciativa en casos de grave peligro para la seguridad nacional), mientras que el segundo ya se había comprometido hasta el cuello antes de pedir autorización al Congreso de Diputados. Si esto mismo lo hubiesen hecho Bush o Aznar hubiéramos visto grandes manifestaciones de la izquierda proclamando el "NO A LA GUERRA".
La resolución del Consejo de Seguridad autoriza establecer una zona de exclusión área y además contiene un ambiguo permiso para tomar medidas con el fin de prevenir victimas civiles. Dos conceptos que han sido interpretados desde el principio de la acción aliada con una desconsideración total tanto para la letra como el espíritu de la resolución. El concepto de exclusión área fue votado para impedir que Gadafi pudiera hacer uso de su aviación, o sea la aviación aliada tiene el derecho de abatir cualquier avión o helicóptero de las fuerzas áreas libias que despega. Punto. Ni siquiera la resolución permite la destrucción de la aviación en el suelo. Sorprendentemente el ataque aliado empezó con una embestida de misiles dirigidos "Tomahawk" contra objetivos terrestres que poco tiene que ver con la imposición de una zona de exclusión área. Posteriormente la aviación aliada, con una ventaja de diez a uno, destruyó la aviación libia tanto en el aire como en tierra. A partir de allí se había cumplido con, y hasta excedido a, los objetivos de la resolución. Pero las incursiones no paraban y la zona de exclusión área para la aviación libia se hizo por arte de magia una zona de inclusión área para la aviación aliada, o sea, la aviación aliada se convirtió tácitamente en la aviación de los rebeldes. Las incursiones se convirtieron en correrías, bombardeando y atacando objetivos terrestres, tanto militares como civiles. Con total cinismo los aliados manifestaron que todo esto se hizo para evitar que las acciones de las fuerzas de Gadafi - que siguen representando el gobierno de hecho y de derecho del país - provocarían victimas civiles, como si las diez veces superiores ataques de la aviación aliada los evitase de forma milagrosa. A mi me suena al uso tan habitual en la prensa del detestable término "victimas inocentes", ya que significa implícitamente la existencia de su antónimo de "victimas culpables". Ya se sabe, las victimas propias son siempre "inocentes" y los del enemigo siempre "culpables". Las victimas son víctimas y los habrá, desgraciadamente, mientras que haya guerras y guerras civiles. Lo que me parece impudente es la repentina preocupación por un par de centenares de víctimas en Libia y un clamor por los derechos humanos de los libios, que parezcan mucho más importantes que los 500.000 tutsis masacrados en Ruanda en 1994 en menos de 6 meses, los 2 millones de muertos en el Sudán en la última década, o los miles que ya habían muerto en Costa de Marfil antes de que nadie reaccionase. Parece que el horror de los políticos es muy selectivo y ¿petrolífero?.
Como es lógico no tengo la más mínimo simpatía por Gadafi y su
régimen, pero esto no quiere decir que haya que apoyar que el fin justifica los
medios. Hubiera sido más presentable, y menos cínico e hipócrita, si los
aliados hubieron manifestado abiertamente su total apoyo a los rebeldes y su
intención de ayudarles a derrocar el régimen, con o sin una resolución del
Consejo de Seguridad por medio. Lo que no es de recibo es basar la intervención
área en una resolución - en gran parte para negar de que se trata de una
"guerra" - y después descaradamente manipularla. El problema es
que ya no se pueden echar atrás. Si gana Gadafi va a cerrar el grifo del
petróleo libio a la Unión Europea - no tendrá dificultades en venderlo a los
chinos - lo que va a crearnos graves problemas de inversión. No es que Europa
no podría reemplazar el petróleo libio sino que tendría que reformar muchas
refinerías para adaptarlas a petróleos con hidrocarburos más pesados. Para
sacar combustible de éstos hay que descomponer las moléculas pesadas en otras
más pequeñas y para esto hay que adaptar las refinerías para procesos de
craqueo catalítico. Estas adaptaciones son lentas y costosas.

Gracias a la destrucción de parte del armamento gubernamental por parte de la aviación aliada, los rebeldes lograron durante 10 días avanzar por la gran carretera que una los principales núcleos de población costeras. Avanzar es el término correcto ya que no conquistaron nada y simplemente ocuparon sitios previamente abandonados por el enemigo. Ya se lo prometieron muy felices, pero un fulgurante contraataque de las fuerzas oficiales en la comarca natal de Gadafi, en las afueras de Sirte, les ha forzado a huir otra vez despavoridamente en dirección a Bengasi, lo que demuestra que sin la intervención aliada todo el conflicto se hubiera terminado hace ya tiempo.
No tengo duda de que los rebeldes al final ganarán. Ya se ocupará la OTAN que así sea. Lo malo es que por entonces el país estará en ruinas, con todas sus instalaciones petrolíferas destruidas, conque la economía habrá atrasada un par de décadas. Estoy seguro de que muchos de los rebeldes son sinceros en su afán de libertad y democracia, pero hay otros con objetivos muy distintos. El autonombrado Consejo Provisional Nacional está encabezado por el ¡exministro de Justicia! de Gadafi, y el "Estado Mayor" por el ¡exministro del Interior!, dos personajes nefastos que oportunamente cambiaron de bando cuando parecía que el fin de su jefe estaba cerca. No eran las únicas ratas que abandonaron el barco del dictador cuando parecía a punto de naufragar. Muchos diplomáticos seguían sus ejemplos, probablemente con la "sana" ilusión de poder seguir en sus cargos con el futuro gobierno. Toda gente que ocupaban puestos de confianza y estaba implicada con el dictador hasta el cuello. Por otra parte Bengasi, y la pequeña ciudad de Derna más al este, han sido desde hace años centros de actividad de Al-Qaeda. El 20% de los terroristas cogidos en Irak son libios y hay miles de ellos en las filas talibán. Es altamente probable que Occidente se ha pillado los dedos y están ayudando a que el régimen de Gadafi, que ya había sido bastante domesticado y había dejado de ser un peligro, será reemplazado por otro de tipo yihadista y muy hostil hacia Occidente, conque tanto el país como Europa misma, habrán saltado de la sartén gadafista al mismísimo infierno islamista.
Las primeras impresiones sobre lo que está pasando en la Tunicia y el Egipto posrevolucionarios no inspiran mucha confianza. Miles de tunecinos están huyendo del país, y los que han llegado a la isla italiana de Lampedusa es gente pobre y humilde - los supuestos beneficiarios de la revolución - que no se FIA y tiene la impresión que la situación vaya a peor. Por otra parte en Egipto el referéndum sobre unas enmiendas cosméticas de la Constitución, apoyadas por el ejército y la Hermandad Musulmana, ha sido ganado por goleada por éstos en contra de la opinión de los movimientos democráticos que pidieron un parlamento constituyente y la redacción de una Constitución nueva. La unión del ejército y la Hermandad no promete nada bueno para el país.
¿Significa la intervención en Libia que algo similar vaya a ocurrir en otros países árabes en plena vorágine revolucionaria? Esperemos que no, porque entonces estaríamos en la antesala de la Tercera Guerra Mundial. Las manifestaciones en Siria tienen - además de las razones de autoritarismo, inflación y alto paro juvenil - una peculiaridad muy específica. Siempre se habla del partido socialista Baaz, pero casi nunca de que la cúpula dominante del mismo es alauita, una pequeña secta shií muy minoritario en el país, que, no obstante sus diferencias doctrinarias, se lleva muy bien con los imaníes iraníes (la imaní es la secta más grande dentro del shiísmo y es la religión oficial de Irán) y por esta razón ha sido correa de transmisión entre Irán y los shiíes de Hezbolá (Partido de Dios) que constituyen un 35% de la población en el Líbano. Si en Bahrein hay una revuelta de residentes shiíes - la mayoría no tienen la nacionalidad - incitado por Irán contra una dinastía suni, de igual forma parece que lo de Siria es en parte una rebelión suni incitada por la Hermandad Musulmana contra un régimen controlado por una secta shií. Si en Bahrein, como era de prever, los sauditas no hayan permitido que un protectorado iraní se instalara en el umbral de su puerta, de igual forma no sería sorprendente si el conflicto sirio terminase con una intervención indirecta iraní a través de Hezbolá.
Las experiencias de Irak y Afganistán nos tienen que enseñar la imposibilidad de exportar la democracia. Todos los países verdaderamente democráticos lo han logrado a través de un largo proceso de pequeños pasos, incluyendo pasos atrás, hasta que la idea misma de democracia llegó a formar parte de su identidad, de su psicología colectiva. No obstante el largo proceso, el respeto en el mundo democrático para los derechos políticos sigue siendo muy reciente - en Suiza, un país tan civilizado y occidental, el sufragio femenino fue solamente legalizado en 1971 - y pensar que esto se puede lograr por imposición en países musulmanes con tradiciones religiosas más represivas ahora que hace mil años, y donde cualquier signo de secularidad y laicismo es considerado por muchos como blasfemo e infiel, es de ilusos.
Espero equivocarme pero tengo el presentimiento de que una vez retirados las tropas aliadas, la parte sureña de Irak, o sea la parte shií, se convertirá en menos de un año en un protectorado iraní con vistas a su incorporación en Irán, y de igual forma los talibanes recuperarán el control de Afganistán, conque todo el esfuerzo militar, económico y financiero por parte de Occidente, y de Estados Unidos en particular, habrá sido inútil.
Todo esto tendrá muy malas consecuencias para Israel. En Egipto la Hermandad Musulmana ya está abiertamente exigiendo la cancelación y extinción del Tratado de Paz con Israel firmado en 1979 por Sadat y Beguin. Ya consideré hace años que sin un cambio sustancial de su política y una decisión política por parte de la ONU (Israel: Huida hacia ninguna parte/solución) la existencia misma de Israel pudiera verse limitada a un par de décadas.
Con todo esto, el más sorprendente cambio político de los últimos años es la no declarada, pero cada vez más descarada, alianza entre la ultra zquierda occidental y el islamismo más militante. Esta nueva alianza roja-verde (en este caso el verde no simboliza a los partidos ecologistas sino al verde del Islam) representa un cambio radical en el pensamiento de la izquierda. De repente ha abandonado todo lo que ha defendido antes - Israel, los regímenes socialistas más o menos autoritarios y dictatoriales de Oriente Próximo - y le falta muy poco para apoyar abiertamente al islamismo. Esta tendencia la podemos ver también a nivel social. Por ejemplo, la izquierda española casi no ha criticada la reciente profanación de la capilla de la Universidad Complutense por estudiantes ultra izquierdistas y ateos, pero seguro que hubiera reaccionada de forma muy diferente si se hubiera tratado de una mezquita. Mucho anticristianismo y mucho pro-islamismo. Lo que hay que ver.
© 3/2011
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