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LA LEY DE TABACO Y EL ANTITABAQUISMO INQUISITORIAL

          ¿Mandato? "Antihumismo"  manipulador ¿Libertad o inquisición?
   Efectos económicos  Sumisión y entreguismo  

 

  No me acuerdo muy bien, pero no creo que una ley antitabaco figurara en el programa electoral de ningún partido político en las elecciones generales del 14M. Con más de diez millones de fumadores, tal propósito podía haber tenido efectos electorales muy negativos para el partido que se hubiera atrevido a proponerlo. Podemos entonces considerar que no hubo ningún mandato para sacar la ley en cuestión adelante. Pero ya sabemos de sobra que para los  políticos la democracia se limita para los ciudadanos al enorme privilegio de poder votarlos para que ellos después tengan mano libre para, por un lado, incumplir sus programas electorales y, por el otro, sacarse de la manga leyes o reglamentos nuevos destinados a restringir la libertad de los ingenuos votantes. 

Si el gobierno no tenía mandato popular para una ley antitabaco menos todavía lo tenía la ministra de salud que ni siquiera fue elegida como diputada nacional (vea: Nombramientos). Todos estamos de acuerdo que la libertad del fumador termina donde empieza la del no fumador, pero esto no implica que exista el derecho a empezar una especie de caza de brujas contra los fumadores por medios que solamente pueden ser considerados legales de forma puramente formal. 

No sé si la ministra es una ex-fumadora pero lo que sí es evidente que demuestre todos los signos de los conversos. Tanto un fanatismo antitabaco (o antihumo) militante como bien saben sus colegas fumadores en el Consejo de Ministros que fueron implacablemente acosados a la menor señal de "debilidad", como un espíritu inquisitorial que condena de facto a los fumadores por herejes del "antihumismo".  O sea, acoso antitabaco y un "ismo" más, como si no tuviéramos ya bastantes. 

La campaña antihumo se basa, además de en los derechos de los no fumadores, en dos conceptos básicos: el coste para el sistema sanitario de las enfermedades relacionados con el tabaco y de que el tabaquismo sea - según la ministra y sus acólitos - uno de los factores principales de la mortalidad con 50.000 victimas al año.

 El primero es una mentira a medias ya que los gastos sanitarios atribuidos por el Ministerio son de unos €4000 millones /año mientras que los ingresos fiscales por la venta del tabaco llegan a casi el doble. Una mentira a medias ya que es verdad que el sistema sanitario sufra una merma por el simple hecho de que los ingresos fiscales en cuestión no van destinados a él, sino al cofre general del estado. Hombre, que la ministra se queja de Solbes pero no de los fumadores, ya que estos además de sufragar claramente los posibles gastos sanitarios inherentes a su "vicio" ,también pagan una parte considerable de los gastos sanitarios de los no fumadores. Además, como dijo un cínico, los muertos por tabaco ahorran muchas pensiones a la Seguridad Social, o sea, otro beneficio más para los no fumadores. Está claro que acusar a los fumadores de ser una carga financiera para el resto de la sociedad no solamente es una falacia sino, mucho peor, una auténtica manipulación. Es casi risible que mientras que la ministra de sanidad quiere aumentar los impuestos sobre el tabaco para que la gente deje de fumar, Solbes quiere aumentarlos para aumentar la recaudación. Un típico desacuerdo entre ministros a lo que el gobierno actual  nos tiene tan acostumbrados. También merece subrayar que cuando algunas tabacaleras bajaban recientemente el precio de las cajetillas en 50 cents, muchos políticos criticaban esta bajada con el argumento de que esto solamente era posible porque las tabacaleras ganaban mucho dinero. Otra manipulación típica con que engañar a un público muy poco numérico. La realidad es bastante diferente. Grosso modo, y redondeando, el 75% del PVP de una cajetilla de cigarrillos son impuestos, o dicho de otra forma, el estado aplica una fiscalidad de casi el 300% sobre el precio antes de impuestos. De esta forma el valor real de una cajetilla que se vende por €2 es solamente de 50 cents y el de una de €2,5, de 62,5 cents. Para bajar el PVP de esta última marca a €2, la tabacalera en cuestión solamente bajaba el precio de la cajetilla de 62,5 cents a 50 cents - ya que el resto de la bajada era el resultado del ahorro proporcional de impuestos. Además, la tabacalera como tal ni siquiera bajaba su precios en 12,5 cents ya que parte de la bajada fue obtenida por la merma proporcional en las comisiones de mayoristas y  estanqueros.

El segundo concepto, puramente médico, es enormemente dudoso y también se ha prestado a mucha manipulación. Para empezar la cifra de 50.000 muertos/año impresiona mucho, pero esta impresión es menos cuando tomamos en cuenta que en España el número medio/anual de fallecimientos es superior a 500.000  por todos los conceptos. Podemos entonces plantearnos la cuestión de que si fumar es tan dañino para la salud, y considerando que el 35% de la población adulta fuma ¿ no sería entonces lógico pensar que la cifra de muertos atribuible al tabaco se debiera acercar - igualar, o hasta sobrepasar - al 35% de los fallecimientos totales en vez de quedarse en un mero 10%? Pero hasta este 10% es altamente cuestionable. Hay en todo este asunto un tufo de manipulación; una sospecha que en muchos casos una muerte - por problemas cardiovasculares, respiratorios o cancerígenos - es, cuando se trata de un fumador, automáticamente atribuido al tabaco sin necesidad de más diagnóstico; una impresión de que el tabaco se ha convertido, poco a poco, en la chiva expiatoria por excelencia para que los políticos, y gran parte de la población, puedan olvidarse de todos los problemas ambientales y alimenticios que nos están envenenando cada vez más. Es curioso que no obstante el enorme aumento de la diabetes y de la obesidad - y que éstas sean ya las enfermedades que más mortalidad están produciendo - la Comisión Europea pretende bajar drásticamente el precio del azúcar, también conocido por "veneno blanco", o sea justamente lo contrario de lo aconsejable. El problema principal del azúcar no raya en su consumo directo, individualmente controlable, sino en su uso, cada vez más, como agente activo en la conservación de alimentos, añadiendo otros productos para disimular su característico sabor dulce. Para ser eficaz la concentración de azúcar tiene que ser alta y, por culpa del aumento del consumo de platos precocidos y del disimulo de la dulzura, podemos ingerir cantidades industriales de azúcar sin darnos cuenta. La única manera de evitar esto sería multiplicar el precio del azúcar forzando de esta forma a la industria alimenticia a usar agentes conservadores menos dañinos. 

Hay un dato que nos hace pensar que quizás el tabaco no es tan dañino como se nos pinta; el hecho de que parece haber proporcionalmente más fumadores entre los médicos que en el resto de la población. Si esto fuese verdad hay que llegar a la conclusión que estos médicos o son tontos o sospechan que haya gato encerrado en todo el movimiento antitabaco. Uno de los problemas de los seres humanos es que les cuesta mucho aceptar que todos nacemos con una fecha de caducidad biológica - exceptuando lógicamente la muerte por accidentes, assesinatos o desastres naturales - y que nuestros genes son más decisorios que los factores ambientales y los hábitos personales. Estos indudablemente influyen y pueden aplazar o anticipar  aquélla fecha de caducidad pero el margen es bastante más estrecho de lo que puede parecer. Recuerdo que hace ya años un conocido mío se murió de un infarto a los 45 años, atribuido por los médicos a su condición de fumador, hasta que la mujer del muerto les dijo que su suegro se había muerto también de un infarto y a la misma edad, sin haber fumado nunca en toda su vida. Hay demasiado viejos como Santiago Carrillo - que a los 90 años esta como una rosa y ha fumado desde muy joven como una chimenea - para pensar que son la excepción que confirma la regla, y por otra parte muchos que han llevado una vida muy sana, sin fumar ni beber ni nada por el estilo, y que han muerto jóvenes, no como cuenta el chiste de aburrimiento sino porque había llegado su hora, su fecha de caducidad. 

 De todas formas existe el concepto de la libertad individual, tantas veces defendido por los políticos con la boca pequeña y tantas veces sacrificado en el altar de un supuesto bien común. Pero tan sagrada debiera ser la libertad del fumador como la del no fumador y la única exigencia debiera ser hacerlas compatibles. La ley antitabaco no cumple esta exigencia y ha dejado tanto los fumadores como los no fumadores insatisfechos  por la sencilla razón de que no vaya destinada a mejorar la calidad de vida de estos sino a forzar a aquellos a abandonar su hábito. 

No tengo ninguna duda de que a la ministra le hubiera encantado  haber podido ilegalizar el tabaco, pero como después de la experiencia con la "ley seca" en los Estados Unidos todo el mundo acepta que en este caso  "la cura es mucho peor que la enfermedad", no ha tenido más remedio que implantar una ley diseñado para joder al fumador, hacerle la vida cada vez más imposible ( o, con el previsible aumento de los impuestos, cada vez más cara), para ver si frente a tanto acoso se rinde y deja de fumar, cumpliendo así los deseos de la Gran Sacerdotisa del antihumismo. Lo que llama la atención es lo poco que le importa a la ministra - no obstante sus continuas manifestaciones - la salud de los fumadores demostrado por el hecho de que en la ley no haya ninguna previsión sanitaria como, por ejemplo, reglamentar una mejor calidad del tabaco con prohibición de incluir ciertos aditivos que además de adictivos son dañinos, de investigar un posible cambio del papel de fumar con menos componentes tóxicos, y hasta aplicar un aumento del contenido de nicotina. Esto último necesita una explicación ya que muchos piensan equivocadamente que la nicotina, siendo una droga, es la mala de la película pero nada más lejos de la verdad. La nicotina es una droga buena - si se la pueda llamar así - ya que es un estímulo neuronal sin ninguna contraindicación aparte de ser adictivo (es verdad que en altas concentraciones es un veneno mortal pero esto ocurre con casi todo lo que nos rodea). Que sea adictivo implica que el fumador pretende mantener el nivel de nicotina a que esté acostumbrado, lo que explique  no solamente porque éste, después de 7 o 8 horas de abstinencia durante la noche, fuma proporcionalmente más durante la mañana que durante el resto del día, sino también  porque de repente fuma más que antes si cambia a una marca baja en nicotina. Puestos a pensar podemos probablemente encontrar varias otras fórmulas que pudieran hacer el consumo de tabaco menos dañino pero seguro que a la ministra todo esto le da igual. 

Si miramos la Ley del tabaco detenidamente nos damos cuenta de que, una de dos, o ha sido redactada con premura y falta de sentido común o demuestra un talante autoritario y flagelante más propio de una gobernante inglesa que de una ministra en un país supuestamente tolerante. Todos podemos estar de acuerdo en la prohibición de fumar en edificios públicos, en hospitales, en aviones, en autobuses y en el metro (no hay razón porqué en los trenes, por lo menos en los de largo recorrido, no puede haber vagones para fumadores), en los lugares de trabajo etc. Por lo menos esto es lo políticamente y médicamente correcto pero creo que habrá que poner algún reparo. Todos los lugares mencionados tienen en común sus sistemas de aire acondicionado y sabemos de sobra que estos sistemas son propagadores de enfermedades infecciosas. No sé si alguna vez se habrá hecho seguimientos para probarlo, pero todos los que hemos viajado mucho en avión tenemos la sensación de que solamente hace falta un viajero griposo  para que buena parte de los demás viajeros también tendrán síntomas en los días posteriores. Lo mismo ocurre en los lugares de trabajo más extensos. Considerando que la nicotina - además de ser un potente insecticida - en pequeñas concentraciones es un desinfectante, podemos preguntarnos si la prohibición de fumar en estos sitios no tiene el adverso efecto de aumentar la propagación de las infecciones respiratorios más comunes. No tengo una opinión al respeto pero creo que por lo menos valga la pena de investigarlo a fondo, y quizás se debiera haber hecho con anterioridad a las prohibiciones, e igual nos daremos cuenta que, como en tantas otras cosas, el remedio es tan malo, o peor, que el hábito. Otro ejemplo: lo malo en muchos hospitales no sería el humo del tabaco en algunas de sus dependencias, sino la existencia de grandes colonias bacteriales, inmunes a cualquier tipo de antibióticos, hasta en sus salas de operaciones.   

Apuntado este reparo, lo que de verdad me parece fuera de toda lógica, y solamente explicable desde posturas autoritarias, es la prohibición de que las empresas tengan una sala para fumadores y que por lo tanto no tengan más remedio que dejar que sus empleados salgan de vez en cuando a la calle para poder fumar - y no tener un ataque de "nervios"  - con la pérdida de tiempo adicional que esto implica y el peligro para que estos cojan un catarro, o hasta una pulmonía, en invierno. Igualmente ilógico es prohibir fumar en las cafeterías de las empresas, que al fin de cuentas tienen la misma licencia hostelera que los demás, forzando a los fumadores a echarse a la calle con todas sus inconvenientes. Pero aparte de las medidas autoritarias hay otras que son simplemente arbitrarias como por ejemplo dividir bares y restaurantes en dos categorías de respectivamente más, o menos, 100m², presumiendo, sin ninguna prueba, de que en los bares grandes habrá más humo por cliente que en los pequeños. Es posible que la ministra no se ha atrevida meterse  demasiado con el gremio de hostelería y que las dos categorías fueron establecidas a sabiendas de que casi un 90% de todos los bares y restaurantes del país tienen medidas inferiores a esos 100m². Estos tienen un régimen optativo y en la inmensa mayoría, si no todos, se permite fumar porque sus propietarios temen una merma muy importante de su negocio si optan por la prohibición. Esto tendría lógica en pueblos pequeños con un único bar, pero que esto ocurre en el centro de Madrid, con bares y restaurantes por doquier y a poco distancia entre sí, tiene importantes implicaciones estadísticas. Parece que casi todos sus propietarios estan convencidos de que la inmensa mayoría de sus clientes son fumadores. Si no fuera así, y solamente el 35% de los oficinistas y trabajadores fuesen fumadores, dos de cada tres bares  hubieran quizás puestos el cartel de "no fumar" convencidos de que iban a atraer los no fumadores del bar para fumadores de al lado, y éste a su vez se hubiera quedado con los fumadores "expulsados" de aquellos. Lo que me lleva a la conclusión de que si fuese cierto  que solamente el 35% de la población adulta fumase, este segmento formaría la inmensa mayoría de las personas que frecuentan bares y restaurantes, con lo que van a ser los establecimientos de más de 100m², con su espacios mínimos para fumadores, que van a sufrir una pérdida de clientes e ingresos.
Otra medida arbitraria era la prohibición de la venta de tabaco por parte de los quiosqueros, después cambiado por la obligación de instalar una maquina dispensadora casi imposible de realizar tanto por falta de espacio como por tratarse de volúmenes de venta demasiado pequeños para justificar la inversión. 

Si las medidas adoptados son casi todas o autoritarias, o arbitrarias, con dudosos efectos positivos, los efectos económicos de estas campañas son casi siempre desastrosos. Imagínese que la ministra lograse con su política que los españoles dejasen de fumar. Por una parte el Estado dejaría de ingresar unos € 8000 millones anuales lo que significaría un importante déficit en el presupuesto nacional, mientras que por la otra implicaría la destrucción de unos 50.000 empleos directos e indirectos  en el campo (el 85% en Extramadura) y otros tantos por el cierre de los estancos. Este cierre crearía problemas adicionales no relacionados con el tabaco para el público, ya que los estancos son los puntos de venta principales para sellos de correo, papel de estado, letras, abonos metrobus etc. 

Hombre me dirán, por lo menos el 20% de los españoles seguirán fumando ( o más, ya que el porcentaje de fumadores entre los jóvenes parece ser más alto que entre los mayores, probablemente por una rebeldía juvenil contra las prohibiciones) con que los efectos económicos no serán tan malos. De acuerdo, dejamos la merma fiscal en €4000 millones y el cierre de estancos en la mitad. Lo que no se salvará es el cultivo del tabaco, por una parte por bajar la demanda a la mitad y por otra porque el chollo del subsidio agrario se va a terminar en los próximos años. Es curioso observar como la alta fiscalidad progresiva sobre el tabaco - en vez de, por ejemplo, un impuesto fijo por cajetilla de un Euro - ha tenido como resultado colateral la baja cotización del tabaco nacional (solamente €3 por kilo) ya que las tabacaleras tienen muy poco margen para poder comercializar su producto a precios accesibles. Por culpa de este fenómeno solamente el 20% de los ingresos de los cultivadores provienen del precio comercial del tabaco y el restante 80% del subsidio europeo (primas fijas y variables). Como este subsidio desaparecerá por completo en los próximos 5 o 6 años y con ello el cultivo, las tabacaleras se verán forzadas a importar tabaco africano de peor calidad y más insalubre por el uso de insecticidas y fungicidas prohibidos en Europa. Si el gobierno, con una política fiscal diferente, hubiera dejado margen suficiente para que las tabacaleras hubieran podido pagar el valor real del tabaco y ,al mismo tiempo, hubiera exigido el uso preferencial del tabaco nacional, la salud de los fumadores estaría en el futuro más protegida y se podría haber salvado gran parte de los puestos de trabajo del sector.

Me parece sorprendente la facilidad con que todos los políticos, muchos de ellos fumadores como Rajoy, se han sometido a los dictados "políticamente correctos" (o sea, puro lavado de cerebro) de la ministra,  demostrando un entreguismo inexplicable frente a una ley a todas luces excesiva y de poco sentido. Más inexplicable todavía es la total falta de oposición por parte de los diputados extremeños de ambos partidos, observadores indolentes de la destrucción de un cultivo que ocupa más del 8% de su población activa.   

A título personal tengo que añadir que todos los no fumadores, de toda la vida, que conozco están casi uniformemente en contra de la ley que les parece un atentado a la libertad, mientras que los más partidarios son todos ex-fumadores. Me pregunto si esta actitud no obedece a una mezcla de envidia y miedo a la tentación.  

 

 

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ã 2/2006