| |
LA LEY DE PARTIDOS, LA ILEGALIZACIÓN DE BATASUNA Y OTRAS COSAS DEL MONTÓN
| CONCLUSIONES |
En las últimas semanas se han vertidos ríos de tinta, tanto en contra como a favor, sobre la moción parlamentaria presentada por el Partido Popular conjuntamente con el PSOE para instar al Gobierno a presentar al Tribunal Supremo una petición motivada, basada en la recién aprobada Ley de Partidos, para la ilegalización de Batasuna.
Durante años los sucesivos gobiernos rechazaban la mera posibilidad de tal ilegalización con el curioso argumento de que era mejor tener el enemigo "controlado" y a la vista, que convertirlo en una fuerza subterránea y secreta. De esta forma se consentía la existencia de un partido político -un decir - cuya principal, si no única, función fue servir como apologista y aparato propagandístico para la "legitimación" de ETA como un supuesto ejercito de liberación nacional en noble lucha contra la vil opresión de la España totalitaria (sic). Y todo esto financiado con el dinero del sufrido contribuyente español.
El
problema de haber rectificado la dejadez anterior con un retraso de 20 años es
que para mucha gente la costumbre, por nefasta que sea, con el tiempo se
convierte en inamovible, en la esencia misma de la legitimidad. El origen, como
con tantas otras cosas, está en la Constitución de 1978 misma - un documento
muy alabado, pero lleno de omisiones, ambigüedades, contradicciones y errores -
en donde los Padres (más bien padrastros) de la Constitución no se dignaron
regular los deberes y obligaciones de los partidos políticos. Es francamente
sorprendente con que superficialidad se trata en el
artículo 6 del Título
Preliminar lo que en esencia es la piedra angular del sistema democrático: "Los
partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación
y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la
participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres
dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos."
Es curioso que se trata a las asociaciones con algo más de rigor que a los
partidos políticos:
"1.Se reconoce
el derecho de asociación.2.Las asociaciones que persigan
fines o utilicen medios tipificados como delito son ilegales.3.Las asociaciones constituidas
al amparo de este artículo deberán inscribirse en un registro a los solos
efectos de publicidad.4.Las asociaciones sólo podrán
ser disueltas o suspendidas en sus actividades en virtud de resolución judicial
motivada.5.Se prohíben las asociaciones secretas y las de carácter paramilitar"
(artículo 22
del Capítulo II del Título II).
El resultado ha sido que para justificar la Ley de partidos se ha tenido que
usar el subterfugio de equiparar partidos políticos y asociaciones, lo que no
repugna el sentido común pero sí puede ser anticonstitucional, ya que si esta
equiparación hubiera sido la intención se presume que los dos hubieron sido
incluidos en un artículo común sobre " Partidos Políticos y Otras
Asociaciones". De todas formas, los partidos políticos como piedra angular
del sistema parlamentario debieran haber merecido un trato detallado y central
en la Constitución. Entre otras cosas se debieran haber exigido la
presentación por parte de los partidos, en el momento de su inscripción, de
unos estatutos que incluyesen una innegable declaración de principios
democráticos y un rechazo total tanto a cualquier acción violento propia como
la de otros que profesan los mismos fines ideológicos. Igualmente se debiera
haber previsto la prohibición total de la inclusión de personas con
antecedentes penales posteriores a la proclamación de la Constitución en las
listas electorales, y de esta forma se hubiera evitado no solamente las
experiencias casi surrealistas de la inclusión, y posterior elección, de
etarras encarcelados en las listas electorales de HB, sino también los
centenares de ex-etarras (un decir) que ocupan actualmente cargos públicos
autonómicos, provinciales y locales en el País Vasco en representación de
Batasuna. Es curioso, y una auténtica dejadez judicial, que las condenas a
etarras no han automáticamente incluido la inhabilitación de por vida para el
ejercicio del sufragio pasivo por parte de los condenados.
Dicho esto, la ley de partidos - una reforma de la norma preconstitucional de 1978 - finalmente ha paliado en parte tanta omisión. Mejor tarde que nunca. Parece mentira que a los que han criticado esta ley como antidemocrático hay que explicarles que la democracia por encima de todo es un estado de derecho que tiene sus reglas de juego aceptadas por la inmensa mayoría de los ciudadanos. Si estas reglas son de obligado cumplimiento en la sociedad civil, con más razón hay que exigir este cumplimiento por parte de los partidos políticos. Si un conductor infringe continuamente el Código de Circulación nadie se sorprende cuando las autoridades terminan por retirarle el carné de conducir; nadie nunca ha sugerido que es mejor no hacer nada por miedo a que el sujeto en cuestión vaya a conducir sin carné.
Las
criticas se dividen en las a la ley como tal y las a la moción
parlamentaria posterior instando al gobierno presentar la petición para la
ilegalización de Batasuna. Las primeras se basen en exabruptos como
anticonstitucional, antidemocrático, dictatorial etc. y han sido usados
principalmente por los otros dos partidos abertzales, PNV y EA, en un increíble
ejercicio de cinismo político ya que parece evidente que en realidad están
encantados con la ley por ser ellos, y en especial EA, los beneficiarios
electorales de las medidas. No es sorprendente que sea justamente Eusko
Alkartasuna - un partido que últimamente se ha dejado de ambigüedades
garaikoetxeanas y aparte de su izquierdismo se está declarando abiertamente
independentista - que toma las posiciones más radicales en contra de la ley de
partidas. En las últimas elecciones autonómicas el inesperado traspase de
votos de HB a favor de EA quedo disfrazado por la alianza electoral con el PNV,
y parece improbable que EA vaya a repetir el mismo "error"; lo quieren
todo. Con su maquiavelismo matan dos pájaros de un tiro: por un lado se
quedarán con los votos de Batasuna, por el otro se guardan de posibles
represalias por parte de ETA. ¡Unos sacuden el nogal y otros recogen las
nueces! (Arzalluz dixit).
Los argumentos anticonstitucionales se basan en un
supuesto quebrantamiento de la libertad ideológica. Aparte de que la ley de
partidos muy explícitamente defiende esta libertad y solamente prevé la
ilegalización de un partido por razones muy definidas como vemos en su artículo 9:
"1. Los partidos
políticos ejercerán libremente sus actividades. Deberán respetar en las
mismas los valores constitucionales, expresados en los principios democráticos
y en los derechos humanos. Desarrollarán las funciones que constitucionalmente
se les atribuyen de forma democrática y con pleno respeto al pluralismo.
2. Un
partido político será declarado ilegal cuando su actividad vulnere los
principios democráticos, particularmente cuando con la misma persiga deteriorar
o destruir el régimen de libertades o imposibilitar o eliminar el sistema
democrático, mediante alguna de las siguientes conductas, realizadas de forma
reiterada y grave:
a) Vulnerar sistemáticamente las libertades y derechos
fundamentales, promoviendo, justificando o exculpando los atentados contra la
vida o la integridad de las personas, o la exclusión o persecución de personas
por razón de su ideología, religión o creencias, nacionalidad, raza, sexo u
orientación sexual.
b)
Fomentar, propiciar o legitimar la violencia como método para la consecución
de objetivos políticos o para hacer desaparecer las condiciones precisas para
el ejercicio de la democracia, del pluralismo y de las libertades políticas.
c)
Complementar y apoyar políticamente la acción de organizaciones terroristas
para la consecución de sus fines de subvertir el orden constitucional o
alterar gravemente la paz pública, tratando de someter a un clima de terror a
los poderes públicos, a determinadas personas o grupos de la sociedad o a la
población en general, o contribuir a multiplicar los efectos de la
violencia terrorista y del miedo y la intimidación generada por la misma.
3. Se
entenderá que en un partido político concurren las circunstancias del
apartado anterior cuando se produzca la repetición o acumulación de alguna de
las conductas siguientes:
a)
Dar apoyo político expreso o tácito al terrorismo, legitimando las
acciones terroristas para la consecución de fines políticos al margen de los
cauces pacíficos y democráticos, o exculpando y minimizando su significado y
la violación de derechos fundamentales que comporta.
b) Acompañar
la acción de la violencia con programas y actuaciones que fomentan una cultura
de enfrentamiento y confrontación civil ligada a la actividad de los
terroristas, o que persiguen intimidar, hacer desistir, neutralizar o
aislar socialmente a quienes se oponen a la misma, haciéndoles vivir
cotidianamente en un ambiente de coacción, miedo, exclusión o privación básica
de las libertades y, en particular, de la libertad para opinar y para participar
libre y democráticamente en los asuntos públicos.
c) Incluir regularmente en
sus órganos directivos o en sus listas electorales personas condenadas por
delitos de terrorismo que no hayan rechazado públicamente los fines y los
medios terroristas, o mantener un amplio número de sus afiliados doble
militancia en organizaciones o entidades vinculadas a un grupo terrorista o
violento, salvo que hayan adoptado medidas disciplinarias contra éstos
conducentes a su expulsión.
d)
Utilizar como instrumentos de la actividad del partido, conjuntamente con los
propios o en sustitución de los mismos, símbolos, mensajes o elementos que
representen o se identifiquen con el terrorismo o la violencia y con las
conductas asociadas al mismo.
e) Ceder, en favor de los terroristas o de quienes
colaboran con ellos, los derechos y prerrogativas que el ordenamiento, y
concretamente la legislación electoral, conceden a los partidos políticos.
f)
Colaborar habitualmente con entidades o grupos que actúan de forma sistemática
de acuerdo con una organización terrorista o violenta, o que amparan o apoyan
al terrorismo 0 a los terroristas.
g) Apoyar desde las instituciones en las
que se gobierna, con medidas administrativas, económicas o de cualquier otro
orden, a las entidades mencionadas en el párrafo anterior.
h) Promover, dar
cobertura o participar en actividades que tengan por objeto recompensar,
homenajear o distinguir las acciones terroristas o violentas o a quienes las
cometen o colaboran con las mismas.
i) Dar cobertura a las acciones de desorden,
intimidación o coacción social vinculadas al terrorismo o la violencia.
4. Para
apreciar y valorar las actividades a que se refiere el presente artículo y la
continuidad o repetición de las mismas a lo largo de la trayectoria de un
partido político, aunque el mismo haya cambiado de denominación, se tendrán
en cuenta las resoluciones, documentos y comunicados del partido, de sus órganos
y de sus Grupos parlamentarios y municipales, el desarrollo de sus actos públicos
y convocatorias ciudadanas, las manifestaciones, actuaciones y compromisos
públicos de sus dirigentes y de los miembros de sus Grupos parlamentarios y
municipales, las propuestas formuladas en el seno de las instituciones o al
margen de las mismas, así como las actitudes significativamente repetidas de
sus afiliados o candidatos. Serán igualmente tomadas en consideración las
sanciones administrativas impuestas al partido político o a sus miembros y las
condenas penales que hayan recaído sobre sus dirigentes, candidatos, cargos
electos o afiliados, por delitos tipificados en los Títulos XXI a XXIV del Código
Penal, sin que se hayan adoptado medidas disciplinarias contra éstos
conducentes a su expulsión."
Pretender que el contenido de este artículo es anticonstitucional es tanto como decir que los crímenes y delitos reflejados en el mismo debieran quedar impunes y ser considerados como legitima parte de un ideario político. Una desfachatez rayando en la imbecilidad. Igual como ocurre con las demás libertades o derechos, también la libertad ideológica es un bien restringido y queda condicionado por la libertad de los demás. No hay libertades o derechos absolutos, y las constituciones son en realidad pactos nacionales internos en las cuales se limita el derecho a la total libertad de acción tanto de las instituciones como de los ciudadanos. Apariencias aparte, la ley de partidos no va solamente dirigida contra Batasuna, hay todo un grupo de partiditos marginales en el zoológico español, del tipo neonazi, falangista, maoísta, integrista, xenófoba etc. que por no haber logrado representación institucional no han llamado mucho la atención pero que por ser abiertamente antidemocráticos se merecen el mismo tratamiento que Batasuna.(En este momento ya se está tomando medidas para llegar a la ilegalización del partido comunista reconstituido, el soporte político del GRAPO)
Otra criticas van dirigidas a que la ley supuestamente haya infringido el libre albedrío de los votantes de Batasuna, o sea su derecho de sufragio activo. Un argumento espurio ya que llevándolo a sus últimas consecuencias implicaría que a los delincuentes comunes habría que autorizarles la constitución de un partido "político" cuyo único fin fuese la abolición del código penal. Imaginemos que la mafia siciliana (o bandas similares del crimen organizado en otras latitudes) pretendiese registrar un partido llamado "Sicilia Nostra"; ¿ sería razonable de acusar las autoridades italianos de infringir el derecho de sufragio de los mafiosos si se negase a autorizar tal registro? No vale la comparación dirán los críticos: Batasuna tiene 150.000 votantes. ¿ Y no obtendría la hipotética "Sicilia Nostra" tantos o más? Claro que sí, y por las mismas razones: cobardía, aprovechamiento, marginación y resentimiento.
Aparte de sus 10 a 15.000 militantes - fervorosos creyentes en la dictadura ultra izquierdista/nacionalista que Batasuna pretende (su ideal es la ¡Albania de Hoxa!, Otegi dixit) - y que forman supuestamente "la vanguardia" del nuevo paraíso etarra, los demás votantes de Batasuna corresponden sin duda a las categorías indicadas arriba:
COBARDÍA: ¿Que mejor forma de estar bien con los "chicos", y de esta forma protegerse contra cualquier eventualidad violenta, que introducir ostentosamente el boleto de HB en las urnas? (¡para ellos no existe el "secreto" de voto!) Este voto ostentoso da, además, ventajas adicionales:
APROVECHAMIENTO: Cuando los vecinos de tu portal se enteran de tu voto, no es que te tienen más respeto, pero sí - por si acaso - te tratarán con más circunspección y están dispuestos a aceptar actitudes y comportamientos de los cuales normalmente no hubieron pasado. En el trabajo ocurre otro tanto: ¿que patrón se atreve a despedir un "proto-etarra"?
MARGINACIÓN: Los marginados - los que por culpa propia, por circunstancias o por mala suerte, han perdido el tren del bienestar económico o social - son generalmente anti-sistema y por lo tanto favorables a cualquier movimiento político "revolucionario" que promete cambiar su situación y, si prospera, llevarles hasta a puestos de mando como se ha visto muchas veces en situaciones parecidas.
RESENTIMIENTO: Lo mismo ocurre con los resentidos, por agravios reales o imaginarios, que sueñan con la posibilidad de poder tomar venganza.
No es nada sorprendente que en ciertas circunstancias el voto conjunto de estas categorías pueda sumar del 10 a 15% de los votantes, y en tiempos excepcionales puede llegar a más de un 30% como ocurrió en Alemania en 1933.
Las criticas a la posterior moción parlamentaria como tal han salido principalmente de CiU en un típico ejemplo de su táctica ambigua de nadar y guardar la ropa. Según CiU la petición al Tribunal Supremo para la ilegalización de Batasuna debiera haber salido directamente del Gobierno o de la Fiscalía General del Estado y no del legislativo, olvidándose completamente de que la ley de partidos es una ley general y neutral y no directamente o únicamente destinado al caso específico de Batasuna y que no es solamente lógico sino hasta obligatorio que un gobierno mayoritario en un asunto tan importante como la ilegalización de otro partido político contase con un amplio respaldo parlamentario muy por encima de su propia mayoría. No me cabe duda de que en caso contrario CiU hubiera usado la oportunidad para acusar al gobierno de prepotente y dictatorial justamente por no haber buscado este amplio respaldo legislativo. Cada vez más tengo la impresión de que el CiU es solamente consecuente en su afán manipulador.
Tras el reciente atentado en la localidad navarra de Leitza (gobernado por Batasuna con mayoría absoluta) que costo la vida al guardia civil Beiro, llama la atención que después del asesinato con una bomba accionada a distancia por los terroristas, ninguno de los vecinos se acercaba a las victimas para ayudarles. Un agricultor haciendo faena en un campo a lado de donde estalló la bomba dijo a las guardias que pretendieron interrogarle: "Dejadme en paz, esto no tiene nada que ver conmigo". ¿Falta de humanidad? Peor, asquerosa cobardía. Parece que muchos de los votantes/partidarios de Batasuna no tienen "los que hay que tener", y estos "hombres" (para llamarles algo) están poniendo en entredicho la proverbial nobleza y hombría vasca. Los que conozcan el País Vasco saben perfectamente que ningún hombre vasco toma una decisión importante sin el previo visto bueno de las mujeres de su familia y que desde tiempos inmemoriales la sociedad vasca fue matriarcal y que a partir de la implantación del cristianismo se convirtió aparentemente en patriarcal lo que no era nada más que una fachada de un matriarcado disfrazado. Que yo sepa no se ha hecho ningún estudio sobre la influencia de la mujer en el conflicto vasco. La "Mater" tuvo durante siglos un efecto positivo sobre el carácter vasco, pero da la impresión que desde la entrada en la "Era de Acuario" ha sacado a la luz su peor aspecto destructor, su peor "kali", y está llevando a buena parte de la sociedad vasca por un camino autodestructivo. Algunos de los peores y más desalmados asesinos etarras son mujeres y estas también parecen ocupar muchos de los puestos de mando en la organización. Pero no solamente esto, las mujeres parecen también formar una parte mayoritario del apoyo electoral de Batasuna. Hace poco vi en uno de los periódicos nacionales una fotografía tomada de una manifestación a favor de Batasuna. La fotografía hecho con un gran angular demostraba en medio plano una pequeño segmento de la manifestación. Lo que me llamaba la atención eran las muchas caras de mujeres en el plano y me dediqué durante 10 minutos en cuartear la imagen y contar caras. El resultado fue inesperado: 6 de cada 10 manifestantes fueron mujeres. Quizás lo debiéramos haber sospechado ya que si tomamos en cuenta la importancia de la mujer en la familia es inimaginable que un adolescente pudiera participar en la "kale boraka" sin la explícita autorización materna. Puede ser que todo esto no es muy significativo aparte de demostrar - propaganda feminista no obstante - que la violencia humana esta igualmente dividida entre los sexos y que la mujer, en promedio, no es ni más pacifista ni mejor que el hombre y que la diferencia principal es que el hombre esta más inclinada a la violencia física y la mujer a la verbal y psicológica.
Es interesante reflexionar sobre el origen tanto de ETA como de Batasuna ya que los dos son el resultado de la secesión de los juventudes del EAJ-PNV (Partido Nacionalista Vasco - Euzko Alderdi Jeltzalea) en los años 50. Una secesión por la izquierda de un partido tan derechista, ultramontana y clerical como el PNV que coincidió con la división del clérigo vasco en dos partes: una cúpula abiertamente nacional-católica español y una baja clerecía nacional-católica vasca dispuesta a apoyar a los chicos díscolos y de propagar, soto voce, la fusión del cristianismo, el nacionalismo vasco y el marxismo/maoísmo. Posteriormente, en los años 80, hubo otra secesión más, también por la izquierda, por parte de EA. Por lo tanto, todos los grupos abertzales son descendientes ("aritzales") del mismo tronca arana común, lo que con el paso del tiempo explica las relaciones casi incestuosas que siguen existiendo entre ellos. Muchas rencillas de familia, mucho odio/amor, pero también mucha colisión y mucho reparto de funciones. Todos nietos, bisnietos y tataranietos de Sabino Arana.
¿Y quién era el tal Sabino? Hijo de una familia carlista (26-1-1865 a 25-11- 1903) esta se exilió con motivo de la Segunda Guerra carlista y regresó a Vizcaya cinco años más tarde. A los 17 años, durante la convalecencia de una enfermedad que lo tuvo postrado dos años y en la que aprendió eusquera, discutió largamente con su hermano Luis sobre la pérdida de los fueros (1876). El resultado de estos debates, en un año considerado mítico por el nacionalismo vasco, fue la ruptura de los Arana con el carlismo foral y la reinvención de la mitología nacionalista y racista con un único fin político y social: "Las vascongadas para los vascos" o - después de que inventaron la palabra "Euskadi" - "Euskadi es la patria de los vascos".
La mitología ya venía de lejos. Fue en los inicios de la segunda mitad del siglo XVII cuando escritores como Martínez de Zaldivia, Garibay y Poza empezaron a inventarse una historia mitopoética "vasca" sin imaginar las consecuencias que iba a tener.En aquellos tiempos los habitantes de las vascongadas no se llamaron vascos sino que eran conocidos como vizcaínos y cántabros. El término posterior "vascos" es puro galicismo y es una traducción de "les basques" aplicado en Francia a los habitantes del Labort o Lapurdi]. No hay duda que los inventores de toda esta mitología eran sinceros y pensaban que sus imaginaciones eran reales. Se basaban en el arzobispo Rodrigo de Toledo para declararse descendientes directos de Noé (como todos los demás seres humanos sin duda, si alguien esta dispuesto a aceptar literalmente el cuento del Diluvio) ya que supuestamente el primer "vasco" fue Túbal, hijo de Jafet y nieto de Noé. "Este y sus compañías (¿primos?) pararon en los montes Pirineos y después descendieron a los llanos y poblaron algunos pueblos" (como si no hubieron podido encontrar mejores tierras en el camino desde Mesopotamia)." Y ...los vascos y navarros tenían su lengua que Túbal y sus compañeros trajeron". O sea, de vascos, euskera y euskaldunes nada, sino "tubales, tubál y tubaldunes".
A esta fantasía se juntaron otras que con el tiempo se han convertidos en supuestos fundamentales e intocables de la tradición vasca:
INMEMORIAL ESPÍRITU DE LIBERTAD: Los vizcaínos jamás fueron sujetados por romanos, godos ni árabes. En su arrogancia no les entró nunca en la cabeza que no fueron conquistados ni ocupados por la simple razón que nadie tuvo el más mínimo interés en hacerlo. No había tierras fértiles y las minas del sur bastaban para las necesidades del resto de Hispania. Los romanos, por ejemplo, se limitaron a convertir las vascongadas (o cómo lo llamaron entonces) en un simple protectorado, exigiéndolas un tributo en forma de una buena parte de sus mejores jóvenes guerreros para servir en las auxilas de las legiones para destinarlos a territorios lejanos.
LIMPIEZA DE SANGRE: Cristiano-viejo y no mezclado con gente de otras religiones o herejías. Aparte de que fueron los últimos en cristianizarse, la explicación es la misma; nadie tenía mucho interés en ir por allí, una tierra considerada por muchos como el fin del mundo (con perdón para los Navarros, pero en tiempos medievales en Francia la expresión "en Pamplune" era equivalente a "en el quinto pino"). Es curioso con que orgullo menciona Poza esta limpieza de sangre siendo él mismo hijo de padre converso.¡Ay. que peligrosos son los conversos!
LOS FUEROS COMPILAN LAS ANTIGUAS COSTUMBRES: "...coinciden con las que Túbal trajo a los Pirineos y sola esta nación entre todas las provincias y reinos del mundo conserva sus leyes habidas en la ley de la naturaleza de antes que Nino, rey de Babilonia, adulterase la áurea edad y corrompiese el mundo con la idolatría, y sola ésta ha conservado su lengua primera".(Zaldivia dixit)
NOBLEZA UNIVERSAL: "los vascos son todos, y desde siempre, nobles". Este concepto había llevado a las autoridades locales a declarar hidalgos a todos sus habitantes, en Guipuzcoa desde 1468 y en Vizcaya desde 1526. Un concepto mítico y estrafalario que no evitó la estratificación de la población en clases y que no tuve ningún efecto igualitario en las vascongadas. Todos eran hidalgos pero algunos más y hasta mucho más que otros. No obstante, a la larga, ayudaba a convencer a los vascos de su superioridad nata sobre los demás españoles. La aristocracia vasco y los poderes fácticos se cuidaban mucha en establecer las diferencias; por una parte exigiendo que para ser elegidos para Juntero, Diputado General o Comisario había que saber hablar, escribir y leer el castellano, y por otra parte hacer obligatorio el uso del traje regional para el "vulgo", siendo este traje el atuendo que existió "antes del diluvio y la torre de Babel" (Poza).
El siguiente gran mitóloto fue el jesuita Larramendi en el siglo XVIII defensor a ultranza de la santidad tanto de las costumbres y los vestidos vascos como del eusquera, todos emanados directamente de Túbal, o hasta del mismísimo Díos. Fue un auténtico obseso del idioma: "..la única reliquia infundido directamente por Díos y milagrosamente conservado aquí, desde Babel"; y, quejándose de que las elites instruidas vascas preferían el castellano: "hay enemigo lingüístico: es un acto diabólico dormirse en cuanto al vascuence y vivir contentos con el castellano"
Hubo otros muchos, que no hace falta enumerar, que entre todos crearon una mitología basada en una supuesta superioridad lingüística ("es la lengua de más arte y perfección que la castellana y las demás de España"),racial, religiosa, de costumbres y de nobleza. Vamos, sin ninguna duda el verdadero "Pueblo Elegido". Elementos que a partir de finales del siglo XIX se convierten en un nacionalismo excluyente y racista.
EL CARLISMO: El origen dinástico del carlismo es de sobra conocido, pero este origen de desavenencias familiares fue de cierta forma una simple excusa para el enfrentamiento entre las dos grandes fuerzas que se enfrentaron durante el siglo XIX y parte del siglo XX: el conservadurismo y el liberalismo burgués. Ya desde sus inicios, en la primera guerra carlista de 1833,en el carlismo se configuran tres claras tendencias: la integrista, la tradicionalista y la foralista popular, comúnmente conocida por carlista. La corriente integrista estaba representada por los antiguos realistas exaltados, los absolutistas puros y los apostólicos, que se opusieron hasta a las reformas moderadas de Fernando VII exigiendo, entre otras reivindicaciones, el retorno del Tribunal del Santo Oficio, más conocido por la Inquisición. Su preocupación principal era la cuestión religiosa. Apoyaron al primer Carlos porque creyeron que con él se podría retornar al sistema purificador inquisitorial y a las estructuras político-sociales del Antiguo Régimen. Los integristas estaban compuestos por elementos del alto clero y algunos representantes de la aristocracia del Antiguo Régimen. El segundo sector, el tradicionalista o de los realistas moderados, estaba compuesto por la alta nobleza e importantes propietarios y fueron los que dieron un sentido dinástico a la protesta carlista. Pero estos moderadas no formaban, a su vez, un grupo totalmente compacto. Se dividían en transaccionistas, militares y teóricos. Los primeros fueron los que hicieron posible el abrazo de Vergara al asegurarles Isabel II y el general Espartero sus privilegios de clase.
Integristas y tradicionalistas pusieron en marcha la primera guerra carlista sin obtener los resultados esperados ya que el Ejército apoyó a la Regente y, por otra parte los voluntarios no afluían a sus filas. Algún listo se inventaba entonces la "reivindicación foralista" con la que logró atraerse, con gran éxito, a los enemigos de los liberales, que habían prometido la supresión de los Fueros y la desamortización de los bienes comunales. Valentín Verástegui instaba en una proclama a los alaveses la lucha contra los que "han abolido nuestros fueros y libertades". Los cabecillas y las partidas foralistas que se iban alzando, lo hacían con la bandera de "Rey y Fueros" que contrastaba con la integrista de "Viva la Inquisición" y la de los tradicionalistas de "¡Dios y Rey Legítimo!". El sector foralista sería en adelante el núcleo principal del Carlismo, compuesto en su totalidad por un voluntariado popular de campesinos, bajo clero (sic) y foralistas anticentralistas. El movimiento tuve al país en vilo durante más de cuarenta años hasta 1876 - desde la Guerra de los Siete Años (1833-40), la Guerra de los Hierros y los Villalaínes de 1847-1857, en Burgos y las provincias limítrofes, la Guerra de los "Malcotens" y las innumerables campañas de la Mancha, Burgos, la guerra de Carlos VII de 1872 a 1876 - y después todavía hubo intentos hasta 1906.
Una característica tanto del carlismo en general, como del foralismo en particular, fue su antimodernismo, hasta tal punto que en la guerra de Carlos VII algunas partidas carlistas se dedicaron a destruir las vías férreas considerándolas instrumentos del diablo. Hubo un capitán, un tal Lozano, que ordenó fusilar a todos los ferroviarios que fuesen apresados.
El carlismo no estaba limitado a los vascongadas sino, además, tuvo importantes baluartes populares en tierras de Cataluña, Valencia, Aragón, Navarra y Castilla, precisamente, los seis regiones de mayor tradición foral y de autogobierno de la Península y tres de ellos de gran tradición comunera. El centralismo liberal no podría levantar entusiasmos en aquellos pueblos todavía encariñados, en mayor o menor grado, con sus viejas libertades regionales; y no por liberal sino por centralistas. La gente estaba frontalmente opuesto a la desamortización, no porque afectara a los bienes de la Iglesia —que en otras partes de España eran mayores— sino por que afectaba al patrimonio comunero de muchos pueblos. Sabían por viejas experiencias cuán perjudicados salían sus intereses y mermadas sus verdaderas libertades cada vez que el poder central modificaba los viejos fueros, usos y costumbres.
Si las guerras carlistas no fueren ya lo bastante nefasto para la sociedad española del siglo XIX, la situación se agravó todavía más por la oposición frontal de los obreros al régimen liberal dando lugar a una precipitada sucesión de desórdenes: el asalto a las fábricas de Alcoy, en 1821; la conjura en Málaga; los motines de Cádiz, Murcia y Cartagena, y el de Valencia, donde los presidiarios ganaron la calle y fueron asaltadas las casas de los ricos. Una sucesión de desventuras —epidemias, paro obrero, hambre— interpondría tantas dificultades al progreso del régimen constitucional como las que había padecido entre 1814 y 1820 el absolutista. Lo que llevó a cierta complicidad entre los movimientos obreros y el carlismo, una complicidad que posteriormente tuvo su continuación en la complicidad entre socialistas y separatistas durante las primeras décadas del siglo XX, y que comenzó a resurgir durante la Transición.
SABINO ARANA Y EL PNV: Ya hemos visto la conversión de Sabino Arana del carlismo foralista (rabiosamente español) a un nacionalismo vasco excluyente y anti-español. Después de estudiar un año en Barcelona, donde tuve contactos con la Liga Catalana, fundó en 1894, conjuntamente con su hermano Luis y un grupo de amigos, el Partido Nacionalista Vasco sobre las bases de una supuesta superioridad racial y cultural de los vascos sobre el resto de los españoles. (Para las perlas racistas que se había inventado en los 10 años anteriores a este hecho, vea: Perlas). El ¿pensamiento? político del nuevo líder carismático era francamente aterrador (vea:¿Pensamiento?) hasta tal punto que no sería nada sorprendente si Hitler se hubiera inspirado en ello para escribir "Mein Kampf". Si el PNV actual sigue inspirándose en este delirio racista y xenófoba - el pensamiento sabino - desde luego no se merece la etiqueta de "nacionalismo moderado". Es verdad que Sabino en los últimos años de su vida parece haberse arrepentido de su ideario y a principios de 1903 pretendía disolver el PNV para crear una Liga vasco-españolista, inspirada en la catalana de Francisco Cambó. La idea no prosperó por su muerte poco después, pero tuve su influencia ya que el PNV moderó después su ideología oficial considerablemente.
EL
INVENTO DE LA IKURRIÑA: Hay
mucha leyenda sobre cómo y cuando la Ikurriña vio la luz, pero la versión más
aceptada es que ocurrió durante una merienda de Sabino y algunos amigos. Uno de
estos preguntó cual sería la bandera del nuevo partido y Sabino
tomó una caja de lápices de colores, bajó de la pared
una litografía que representaba un buque británico y
sobre el pabellón del buque pintó los
colores rojo, blanco y verde.
O sea, la ikurriña era un plagio descarado de la bandera británica.
No muy sorprendente ya que Sabino era muy anglófilo hasta el punto
de oponerse al
alzamiento irlandés contra los ingleses.(¡Un,
supuesto,
antiimperialista pro-británico!) Ahora había que justificar la bandera adoptada y los signos de que se componía.
El campo rojo (gules) venía de la bandera del Señorío de Vizcaya y hasta la
cruz blanca ya
figuraba en algunas representaciones adulteradas del escudo de la misma bandera.
Para justificar la Cruz verde de San Andrés había que hacer auténticos
alardes de fabulación recurriendo a la mítica e imaginaria batalla de
Arrigorriaga y fijar la fecha de la misma: el día de San
Andrés del año 808 (sic).( Otros fabuladores, mucho después, decidieron que
la cruz verde simboliza el "Arbol de Guernica"). Lo que no estaban
dispuesta a admitir fue que la Cruz de San Andrés, o mejor, la Cruz de
Borgoña,
había
sido la bandera de Vizcaya entre 1700 y 1830, indicando su vinculación a la
Corona de Castilla. También el nombre de la nueva bandera sabina era pura invención. Hasta entonces los vascos usaban el vocablo
castellano "bandera" en vascuence ya que no tenían una palabra propia
con este significado (sorprendente en un idioma tan antigua y supuestamente tan
culto y superior a los demás; habrá
que sacar la conclusión que no usaban banderas antes de su incorporación a la
Corona de Castilla). Sabino recurrió al verbo irakurri
(leer), que, según el, estaba formado
por las raíces ira e ikurri, e interpretó que "leer" equivalía a
"dar significado". De ello sacó la supuesta existencia en vascuence del verbo ikurri, "significar".
De ahí a la palabra ikurriña - "lo que significa" - no había más
que un paso. Esto creaba un problema ya que la palabra irakurri también significa
"vendimiar"; poco importaba ya que la pretensión de Sabino en
crear la bandera era al fin "vendimiar" toda la mitología vasca para
sus fines políticos.
La
tal "ikurriña" era un auténtico aborto conceptual ya que vulneraba las normas
más básicas de la heráldica
que prohíben color sobre color y metal sobre metal. Para cumplir las normas de la heráldica, debería
ser modificada la ikurriña de modo que entre la cruz verde de San Andrés y el
campo rojo se
interpusiera una franja blanca (como
en la Union Jack donde todos las colores están separadas entre si por franjas
blancas, o sea metal). Sabino originalmente ideó la bandera para
Vizcaya pero rápidamente fue adoptado por el PNV. En 1931
Luis,
el hermano de
Sabino, protestó cuando gente del PNV empezaban a proponer su ikurriña como bandera
de todos los vascos. Dijo que su hermano la había concebido como bandera de Vizcaya
y que para Euzkadi habría que inventar otra. El propio Luis, gran aficionado a
la vexilología, diseñó entre 1903 y 1908 varias banderas para una confederación
vasca:
1.
2.
3.
Siendo 1. el diseño original, 2. el definitivo y 3. una sugerencia como incorporar
la bandera de cada provincia en la bandera general (en este caso la "ikurriña"
vizcaína incorporada en la bandera vasca). Contrario a los deseos de sus
inventores la ikurriña se convirtió en bandera de Euskadi en 1936 por
iniciativa de un concejal socialista (sic) del gobierno de coalición de
Aguirre.
LOS
VASCOS Y ESPAÑA: Antes de analizar la historia del PNV y sus apéndices, habrá
que aclarar la situación y la vinculación de los "vizcaínos", en
sentido amplio, con la Corona de Castilla.
Desde el siglo XVIII algunos historiadores han levantado la polémica política
sobre los orígenes de los territorios vascos. Con el paso del tiempo esta
polémica se ha convertido en arma predilecta para defender o rechazar la independencia del señorío de Vizcaya de los reinos de
Castilla, León o Navarra. Una polémica estéril, ya que el único
propósito de esta mezcla subjetiva de historia y política por las partes antagónicas fue la candente y emocional cuestión de preservar o abolir los
fueros vascos. Polémica estéril por que si atrasamos lo bastante en el tiempo
todos los territorios de España fueron independientes y tribales. El hecho es
que Guipúzcoa y Álava se incorporaron voluntariamente a la Corona de Castilla
respectivamente en 1200 y 1332, y, por lo tanto, estos territorios obviamente no formaron parte de
Castilla antes de su incorporación. Por otra parte, los reyes de la
Corona de Castilla comenzaron a titularse señores de Vizcaya solamente desde
que recayeron en el
infante don Juan de Castilla los derechos sucesorios del señorío de
Vizcaya en 1370.Nueve años después, coincidieron en la persona del
rey don Juan I la Corona de Castilla y el señorío de Vizcaya. Está
claro que los fueros
de Vizcaya, de Guipúzcoa o de Álava no surgieron como concesiones o privilegios otorgados
graciosamente por ningún rey castellano sino que fueron el resultado de
los sucesivos pactos que realizó la Corona con los distintos territorios en el transcurso de la historia.
Hay que hacer hincapié en el hecho de que la incorporación a la Corona
de Castilla no quiere decir que se incorporaron a Castilla; la vinculación
de las distintas entidades políticas era a través del monarca y a través del
tiempo se formaba - a partir de los Reyes Católicas - una multi-monarquía,un
auténtico imperio (vea:¿Imperio?)
y de cierta forma un estado federal juntado por la cabeza. Esta vinculación a
la Corona fue en los siglos siguientes una especie de salvavidas para la
economía de las Vascongados; gracias a ella y con financiación castellana se
logró crear una potente industria astillero, y por otra parte la Armada absorbó
gran parte de su mano de obra sobrante. Proporcionalmente los vascos aportaron
dos veces más altos cargos y hasta virreyes que las demás regiones españolas,
que sirvieron, no se saben si con lealtad, pero si con devoción a la
Corona.
Con los Borbones, España se convirtió en un Estado unitario centralizado y se fueron
vulnerando aquellos pactos que dieron lugar al nacimiento de la soberanía
española, o lo que es igual, al nacimiento de su unidad política. En
este contexto la abolición de los fueros vascos, parcialmente en 1839 y
definitivamente en 1876,
fue un grave error político de los gobiernos liberales y afectó profundamente a las
tradiciones y a los sentimientos de los vascos. Si no se hubieran
cometido aquellos lamentables errores, hoy no existirían entre los
vascos sentimientos nacionalistas. Los alaveses, los guipuzcoanos y los
vizcaínos siempre se sintieron satisfechos vinculados a la Corona, a
través de los pactos que hicieron con los reyes. No obstante, con la
derogación de las Leyes de 1839 y 1876 por parte de la Constitución actual se restablecieron aquellos pactos que en su día hicieron los
reyes de Castilla con los territorios vascos. Además, con el estatuto
de autonomía se creó por primera vez una unidad vasca que, aparte de la
efímera experiencia durante 9 meses en parte del territorio vasco entre
1936-37, no había existido nunca. No hay que olvidar que como tales nunca han
existido fueros vascos sino fueros vizcaínos, guipuzcoanos y
alaveses, o sea fueros provinciales, como siguen existiendo en la
actualidad, razón porqué en la Autonomía Vasca las tres provincias
tienen igual representación. ¿Porqué entonces siguen tan cabreados el PNV y
sus satélites? Por la sencilla razón de que la Constitución además de
rectificar errores del pasado creó a su vez otro inmenso error nuevo: el Estado
de las Autonomías.
EL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS: Descentralizar el Estado era una idea positiva y casi obligatorio para poder acercarse más al ciudadano, pero debiera de haberse limitado a una descentralización administrativa a nivel provincial y local. Lo malo fue que a los aprendices de políticos de la Transición la idea de un Estado de Autonomías les parecía de perlas. La mayoría de ellos intuyeron que no iban a llegar nunca a Presidente de Gobierno o a Ministro pero multiplicando los cargos institucionales por 17 les abría las puertas de las Presidencias y Concejalías Autonómicas, lo que tampoco era moco de pavo. El concepto mismo de un estado de autonomías es un auténtico engendro conceptual y lingüístico. Hay que ser autónomo frente a algo, frente a un poder central, lo que implica que las autonomías en un estado tienen que ser la excepción y no la regla. Si un estado se fracciona totalmente, con el tiempo dejará de existir ya que los intereses centrífugos y egoístas terminarán por dominar el conjunto. ¿Que tiene esta observación que ver con el problema vasco (y catalán)? Simplemente que al PNV (y CiU) no le gustaba nada compartir su singularidad; ya lo dijeron: "No puede haber café para todos". El continuo traspaso de poderes del Estado a las Autonomías ha forzado tanto a vascos como a catalanes, a aumentar cada vez más sus exigencias. Sin la generalización de las autonomías probablemente se hubieran dado por contentos con mucho menos de lo que han logrado hasta ahora, pero, en su afán de ser mucho más autónomos que los demás, solamente les queda el camino de la soberanía, compartida o no, y pretenden que para ellos la palabra autonomía corresponde a su primera aceptación en el Diccionario de la Real Academia Española (sic): "Del lat. 1. f. Estado y condición del pueblo que goza de entera independencia política".
LA HISTORIA DEL PNV: En 1906,tres años después de la muerte de Sabino, el PNV celebraba la primera Asamblea Nacional del Partido, a la que siguió la publicación de un Manifiesto programático en donde se presentaban sus señas de identidad. Este programa estaría vigente durante 60 años. Como objetivos políticos planteaba la anulación de las leyes de 1839 y 1876 con el fin de obtener la plena reintegración foral, la recuperación de las tradiciones nacionales, la lengua y la raza. La independencia para Euskal Herria, tal y como fue propuesta por Sabino, no aparecía citada por ningún lado. En 1966, cuando el PNV renovaba su programa, la expresión de independencia también fue sustituida, esta vez por la de restitución del Estatuto. A partir de este momento el PNV pasa por un largo periodo conflictivo entre sus dos corrientes principales: la moderada o posibilista liderado por Sota y la radical. La primera fue hegemónica hasta 1930, dando lugar a la expulsión de Luis Arana en 1915 por su postura abiertamente independentista en contra de la asunción de la idea de un Estatuto de Autonomía. En 1916 se cambia el nombre del partido por el de "Comunión Nacionalista",lo que creó una convulsión en el partido que se saldó con la expulsión, en 1921, de todos los que seguían apoyando la tesis independentista. El sector expulsado, retomó el nombre de PNV logrando, en sólo unos meses dar la vuelta a una situación previamente desfavorable. El aparato, las finanzas y la complicidad de Madrid estaban con Comunión, pero los votos estuvieron del lado del nuevo PNV. Con ellos, lograron, en febrero de 1922, nueve concejales para el Ayuntamiento de Bilbao, mientras que Comunión logró solamente cuatro. En este renovado PNV entró de nuevo Luis Arana.
Durante la Dictadura del general Primo de Rivera
el PNV
fue desmantelado y la situación del nacionalismo vasco volvió a la
situación del año 21 con la Comunión Nacionalista adaptándose a la
nueva situación y con los radicales exiliados. No muy diferente a la posición que
adoptó el PSOE. A la caída de Primo de Rivera, los dos sectores nacionalistas abrirán
un proceso de integración que se saldó, el 16 de noviembre de 1930,
con la reunificación, dando lugar, a su vez, a una nueva división
cuando el sector más radical del PNV que no estuvo de acuerdo con el proceso,
creó la Asociación Nacionalista Vasca (ANV), un partido que décadas después
ingresó en HB. A partir de allí el reintegrado PNV se lanzó a
una campaña desenfrenada por conseguir el Estatuto adaptándose a los altibajos de Madrid,
rotos sólo ya por
el inicio de la Guerra Civil.
El PNV no tomó posiciones durante cuarenta días, hasta que se
produjo una declaración oficial tomando partido al lado de la República. El
atraso se explica porque muchos en el partido no querían repetir el error de las Guerras
Carlistas y otros se identificaban con el programa ideológico
de los rebeldes. En un auténtico ejercicio de oportunismo el gobierno
frente-populista aprobó el Estatuto de Autonomía - del cual antes no quería
saber nada - en octubre de 1936, cuando Navarra y la mayoría de Guipúzcoa y
Álava ya estaban bajo control nacionalista. Llama la atención con que
ingenuidad el PNV se metió en la aventura. Desde el principio de la República
se había comportado en la mejor tradición de la Comunión Nacionalista para
terminar por alinearse con el peor socio posible en el peor momento. No hay que
olvidar que el PNV desde siempre ha sido un partido de derechas y confesional y
poco tenía en común con Largo Caballero, Carrillo o los anarquistas. La
controversia en el partido quedó demostrada por la rendición casi voluntario de buena parte de
su ejercito en Santoña a los tropas italianos, no exactamente lo mejorcito de
las fuerzas nacionales.
En el exilio el PNV se distinguió principalmente por su inactividad. La ruptura
con las generaciones que no conocieron la guerra fue evidente: la escisión
por una parte de las juventudes más izquierdistas del partido que llevó al
nacimiento de ETA respondió precisamente a la inactividad del PNV. La
inclinación hacia el fascismo de este grupo no era muy sorprendente; ya al
principios de los años 30 habían adaptado su propia bandera incorporando
en sus esquinas no solamente la ikurriña, sino también la esvástica,
y
que nadie se molesta en decir que:"La cruz que
figura en todas las banderas es el "lauburu", símbolo tradicional
vasco que no tiene nada
que ver con la esvástica nazi."
El PNV siguiendo en su camino de la moderación negoció su legalización con el Gobierno de transición y avaló su condición histórica para ofrecer estabilidad en los tiempos que corrían. En 1977, en la primera contienda electoral desde la Segunda República, el PNV se quedó en el País Vasco en segundo lugar detrás del PSOE y justo delante de UCD. Los años siguientes estarían marcados por los mismos parámetros que ya había desplegado la Comunión Nacionalista: el posibilismo autonómico, es decir el Estatuto como meta nacional. Con el paso del tiempo ha quedado demostrado que la moderación del PNV era nada más ni nada menos que una estrategia a largo plazo, una estrategia de pasito a pasito. Durante años mentalizó a la sociedad vasca de que el liderazgo de la CAV les pertenecía por derecho si no por gracia divina. Hasta tal punto que cuando en las elecciones de 1986, por culpa de la escisión de EA, el PNV perdió estas y el PSOE se convirtió en el partido con más representación en el parlamenta autonómica, este último se sintió "obligado" a ofrecerles una coalición de gobierno incluyendo el puesto de Lehendakari. Con su estrategia ha logrado ocupar el poder durante más de 20 años, multiplicar el presupuesto original de la CAV por 20, y poner en marcha una administración que cuenta con casi 60.000 funcionarios (de ellos 7.300 policías autonómicos) nombrado en su gran mayoría por criterios partidistas. Una vez bien instalado en el poder, ha empezado a quitarse una o una sus múltiples mascaras, aumentando continuamente sus exigencias. Hace unos 15 años empezaron con sus demandas del derecho a la autodeterminación y ya han subido el tono hasta alcanzar su último invento del "Estado Libre Asociado", o sea la independencia bajo otro nombre para no perder su incorporación en la Unión Europea. Parece que el entendimiento con ETA viene de lejos y no hay que descartar que la escisión de los etarras en 1958 formaba parte de un plan a largo plazo, para por vías diferentes implantar el sueño, o la pesadilla, de los hermanos Arana. Hermano "bueno", hermano malo, con intereses familiares comunes.
¿INDEPENDENCIA?: La pregunta es si verdaderamente hay una conciencia vasca, una mayoría social, para el camino de independencia, de rotura con España, la Constitución y el Estatuto, a que actualmente va encaminado no solamente el PNV-EA pero hasta el gobierno autónomo vasco (que se presume debiera representar a todos) con Ibarretxe a la cabeza. Las estadísticas demuestran más bien lo contrario:
Elecciones autonómicos: La aparente hegemonía del los nacionalistas en las décadas de los 80 y 90 fue en gran parte el resultado de una participación muy por debajo de la de las elecciones generales. En estas los no nacionalistas ya superaban a los nacionalistas a partir del año 93. Parece que para muchos votantes no nacionalistas la CAV era cosa de nacionalistas.
| Año | 80 | 84 | 86 | 90 | 94 | 98 | 01 |
| Nacionalistas | 64,4 | 64,6 | 67,9 | 65,9 | 56,4 | 54,6 | 52,8 |
| No Nacionalistas | 31,5 | 33,8 | 31 | 31,6 | 40,3 | 44,6 | 46,3 |
| Participación | 59,7 | 68,5 | 69 | 61 | 60 | 69,6 | 79,8 |
No obstante, ya en el año 94 el voto no nacionalista subió el 9%, con una participación de solamente el 60%, lo que demostró el descontento de muchos votantes que antes habían votado (¿por entreguismo?) a los partidos nacionalistas. Con el aumento de la participación el voto no nacionalista ha seguido su imparable ascendencia. (En las generales del 89 los nacionalistas todavía obtuvieron 660.000 votos contra 440.000 para los no nacionalistas, en el 2000 estos resultados se invirtieron: 434.000 para aquellos y 670.000 para estos). Si a los resultados autonómicas de la CAV añadimos los últimos de Navarra (son los abertzales que insisten en mezclar a Navarra y los territorios vasco-franceses en el asunto del independentismo, no yo) vemos que los nacionalistas obtuvieron casi 290.000 votos menos que los no nacionalistas. Diez años antes la diferencia no llegaba a los 20.000.Por otra parte, en el País vasco-francés los nacionalistas obtuvieron en las últimas regionales solamente el 5,59% (!) de los votos. La insistencia del gobierno Ibarretxe en el referéndum, la autodeterminación y ahora en un extraño Estado Libre Asociado, parece casi suicida. Pero hasta si se olvidaron de Navarra y los vasco-franceses, las cifras no les saldrían.
La población actual del País Vasco es de más o menos 2.100.000 habitantes. Los nativos con ambos padres también vascos suponen solamente el 40% (o sea, cuando Arzalluz habla de 8 apellidos vascos el 60% de la población debiera de sentirse profundamente insultado) y los resultados de las encuestas demuestran que menos de un 30% de los ciudadanos de la CAV son partidarios de constituirse como estado independiente (Batasuna 82%,EA 55%, PNV 40%). Sorprende que un 45% de los votantes de un partido tan abiertamente independentista como EA no están a favor de la independencia, y más todavía el 18% opuesto de Batasuna. Quizás no sea tan sorprendente ya que lo que verdaderamente preocupa a los vascos es el paro (79%) y el terrorismo (66%), mientras que los problemas del autogobierno o independencia quedan muy lejos (29%) lo que coincide perfectamente con las cifras anteriores.
Para el 90% de los ciudadanos vascos, a la hora de decidir el futuro de Euskadi, la opinión de los no nacionalistas debe contar igual que la de los nacionalistas; incluso entre los votantes de Batasuna son de esta opinión el 86%. Para el 48% de los vasos la denominación "País vasco" alude al conjunto formado por Álava, Guipúzcoa, Vizcaya, Navarra y el País Vasco francés. El segundo grupo más numeroso (34%) entiende por País Vasco exclusivamente al conjunto de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. No obstante, mayoritariamente tienen claro que quien tiene que decidir si Navarra forma parte o no del País Vasco son exclusivamente los propios habitantes de aquella comunidad: así lo indica el 66% (porcentaje que sube hasta el 76% entre los votantes del PNV y que incluso entre los votantes de Batasuna alcanza el 63%). De todas forma, es preocupante que el 24 % de los votantes de PNV, un partido supuestamente democrático, se crean con derecho a imponer su punto de vista a los navarros. Si a todo esto añadimos que los partidos nacionalistas solamente ganaron, en Vizcaya y Guipúzcoa, en los municipios de menos de 50.000 habitantes - lo que demuestra que son en esencia partidos rurales - mientras que en Álava perdieron por doquier, el "sueño" independentista no es solamente anticonstitucional, antiestatutario y en contra del sentir mayoritario de los habitantes sino totalmente irreal. Una hipotético referéndum forzosamente tendría que obtener una mayoría cualificada en cada una de sus tres provincias que son cada una depositaria de sus propios derechos forales . Es de cierta forma divertida que la insistencia de los nacionalistas para recuperar estos derechos forales ha tenido como resultado que la CAV es de todas las autonomías la menos cohesionado, ya que en esencia es una autonomía confederada, demostrada por el hecho de que cada provincia, obviando diferencias numéricas de sus poblaciones, tiene igual representación parlamentaria.
LA ECONOMÍA DEl PAÍS VASCO EN LOS SIGLOS XIX Y XX:
No es muy difícil demostrar que la máxima prosperidad del País Vasco, en términos relativos con el resto de España, coincide con el periodo de la abolición de sus derechos forales. En la primera parte del siglo XIX buena parte de los hijos de la burguesía vasca se vio forzado a emigrar a Andalucía, especialmente a Málaga - por entonces el puerto más importante de España- y Cádiz, dos importantes centros comerciales. Solamente a partir de la mitad del siglo esta tendencia se invierta con el retorno de los emigrados, o sus hijos, al País Vasco, coincidiendo con el surgir (y resurgir) de la industria vasca gracias a importantes inversiones estatales y políticas proteccionistas (gracias a los catalanes). A partir de aquel momento la industria no deja de crecer y con ella los ingresos per capita en términos absolutos y relativos. En este proceso jugó un papel importante la emigración de mano de obra desde otros partes de España. La única excepción a este crecimiento económico fue el periodo que coincide con la República y la recuperación de los derechos forales; con el régimen franquista, y la nueva abolición de aquellos, el crecimiento económico empezó de nuevo gracias a grandes inversiones estatales y la canalización del ahorro gallego hacia el País Vasco (y Cataluña). Los datos son significativos: aunque la economía vasca ha crecido desde comienzos de la década pasada cuatro puntos más que la media española, su posición relativa ha retrocedido desde 1960: su PIB por habitante equivalía entonces al 167% de la media española; en 1995, al 112%. En 1961, Vizcaya, Guipúzcoa y Álava ocupaban los puestos primero, segundo y cuarto en PIB por habitante; en 1993 los puestos respectivos eran el 13, 16 y 5, y Euskadi era la quinta comunidad en renta familiar. Sobre la base 100 para 1980, el índice de creación de empresas en Euskadi era en 1997 de 236 (en Cataluña y Madrid, de 487; y la media española,374). Parece que la economía vasca funcionaba proporcionalmente mejor con el franquismo centralista que bajo el sistema foral y autonómico actual, para no hablar ya de lo que pudiese ocurrir en una Euzkadi independiente; a los chicos de Batasuna les gusta mucho la Albania de hace 20 años.
COMPAÑEROS DE VIAJE: El nacionalismo y el marxismo surgieron ambos durante la segunda parte del siglo XIX en plena época del romanticismo tan llena de sentimentalismo y tan vacío de cerebro. Considerando que comparten casi cumpleaños no es de sorprender que a finales de siglo ya se habían convertidos en íntimos compañeros de viaje, alternando, como en tantas parejas íntimas, periodos de amor con otros de odio.
No fue así desde el principio ya que los primeros nacionalismos no fueron secesionistas sino, muy al contrario, unificadoras, como ocurrió por ejemplo en Alemania e Italia en el XIX y en Yugoslavia en el XX. En los dos primeros casos hubo violencia de por media, guerra o revolución, pero tuvieron éxito porque en ambos "países" hubo tanto una larga tradición cultural e histórica en común como un sentido de un futuro a compartir. El tercer caso fue de imposición cuando Serbia se aprovechó del desmembramiento del imperio austro-húngaro al terminar la Gran Guerra para incorporar Croacia, Eslovenia y Bosnia-Herzegovina - sin importarle la opinión de estos pueblos sobre el particular- en el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos (10 años después rebautizado como Yugoslavia), el cual fue poco después ratificado en los Tratados de Paz. A lo largo, como hemos visto en la última década, el invento no funcionó lo que desmiente de cierta forma la importancia étnica-lingüística en el nacionalismo. Los 4 pueblos tienen un común origen étnico y hablan el mismo idioma , el serbo-croata (el esloveno proviene de la misma raíz eslava) pero su larga separación histórica, sus diferentes experiencias culturales y, más importante todavía, sus diferencias religiosas hicieron imposibles la convivencia.
Los nacionalismos separatistas europeos surgen al finales del siglo XIX (incluyendo el Zionismo, una forma de nacionalismo muy particular ya que pretendía apoderarse de un territorio del cual habían sido expulsados hace más de 1800 años) y tuvieron un inesperado éxito gracias al desmembramiento del imperio austro-húngaro después de la Iª Guerra Mundial. Un éxito pírrico ya que durante el resto del siglo XX todos tuvieron sobradas razones para añorar los viejos tiempos cuando, sin ser independientes, se sintieron protegidos bajo el paraguas imperial.
En España, después de un periodo inicial de rechazo mutuo - tanto la Liga Catalana como el PNV surgieron parcialmente como partidos antisocialistas - el nacionalismo regional y la izquierda se convirtieron rápidamente si no en aliados si en cómplices. Los dos eran enemigos, de una forma no abiertamente declarada, del estado democrático liberal. Las razones fueron más bien opuestas; para los nacionalistas el estado era centralista y demasiado rojo mientras que para los socialistas el estado era de derechas y conservador. No obstante estas discrepancias, los dos se juntaron en un emparejamiento contra natura bajo el criterio de que "el enemigo de mi enemigo es mi amigo hasta que nuestros intereses nos separen". Durante los primeros dos décadas del siglo XX los socialistas ayudaron y respaldaran a los movimientos separatistas convencidos que solamente podían llegar al poder rompiendo la unidad nacional. Su deslealtad constitucional quedó demostrada cuando no dudaron en apoyar a la dictadura de Primo de Rivera (con Largo Caballero en el gobierno), una dictadura que ellos mismos habían ayudado a provocar. Claro, cuandimerimero de Rivera cayó echaron la culpa a Alfonso XIII. El 14 de abril de 1931 Francesc Macià, pensando que podía contar con los socialistas, proclamó la República catalana dentro de una Federación de pueblos ibéricos. Pero, como era previsible, los socialistas se volvieron rápidamente jacobinos y las Cortes aprobaron el 9 de septiembre de 1932 un Estatuto de autonomía muy demejorado limitando el alcance de sus competencias (a finales de 1937,en plena guerra civil, el Gobierno de Madrid recuperó poderes sobre Cataluña ,concretamente el orden público.) No obstante, cuando en 1934 la derecha ganó las elecciones, los socialistas, cambiando de nuevo de actitud, no dudaron en apoyar el golpe de estado de Companys que llevó a la creación del "Estat Catalá" -rompiendo la legalidad constitucional y autonómica- con vistas a convertirse en república independiente. La situación en el País Vasco fue muy parecida; una vez en el poder la izquierda republicana torpedeó en 1932 el Estatuto vasco, en 1934 estaba a favor, después de las elecciones de 1936 estaba en contra y, para asegurarse del apoyo del PNV en la Guerra Civil ("Bendeciremos la mano por medio de la cual nos llegue el Estatuto"; Irujo dixit) finalmente aprobó el Estatuto en octubre del 36.
Durante y después de la Transición las cosas han ido, más o menos, por el mismo camino. El Estado de Autonomías fue en gran parte un invento socialista, por las razones a que ya he aludido antes, lo que frustró la idea nacionalista de su singularidad y forzó a los partidos nacionalistas - para mantener las distancias- a pedir, como los niños mimados, cada vez más. A partir de 1982 a los socialistas les salió otra vez su vena jacobina y no se prodigaron exactamente en las transferencias que solamente se aceleraron cuando primero los socialistas y después los populares formaron gobiernos minoritarios. A partir del año 2000 con la victoria por mayoría absoluta del Partido Popular, una parte de la izquierda - igual a lo que había ocurrido en 1934, pero esta vez no liderado por Prieto y Largo Caballero sino por González, Maragall en Barcelona y Elorza en San Sebastián y con el entusiasta apoyo de Polanco y Cebrián - ha abiertamente respaldada la política rupturista del PNV. En los dos casos la razón fue la misma: haber sido derrotados por la derecha en las urnas. Que el PSOE está ahora liderado por Rodríguez Zapatero y un ejecutivo más moderado y democrático que el felipismo anterior puede ser un puro espejismo. La estructura felipista sigue siendo muy fuerte y está simplemente esperando mejores tiempos para hacer su asalto al poder. Por el momento está dispuesto a apoyar la rebelión institucional del nacionalismo vasco para echar a la derecha del poder, y si esto implica el desmembramiento de España y hasta la voladura de su propio partido, que así sea. Parte de los comunistas tampoco han vacilado en acostarse con lo más reaccionario, clerical y racista del nacionalismo vasco para tratar de cargarse a la unidad de la nación por occidental y capitalista.
ESTADO LIBRE ASOCIADO: Ibarretxe ha cumplido con la consigna de Arzalluz: lanzar un mensaje electoralista a los votantes de Batasuna para captarlos y salvar en extremis su régimen nacionalista. Y de nuevo se ha equivocado. Entre constitucionalismo, paz, lealtad y autonomía por un lado y arcaísmo fundacional, violencia y traición constitucional por el otro. ha optado por este. El error no es solamente político y moral sino además se hace en contra de gran parte de la sociedad vasca y hasta de la mayoría de los votantes del propio PNV. Desde luego el Gobierno vasco no recibió en las últimas elecciones nada parecido a un mandato para romper la unidad y la soberanía nacional, ni para proponer un proceso constituyente. Muy al contrario, la legitimación del Gobierno vasco reside única y exclusivamente en la Constitución y el Estatuto y si no está dispuesto a honrar su voto de investidura debiera disolver el Parlamento vasco y convocar elecciones. Entonces el PNV y EA si tendrían el derecho a presentar la independencia como bandera principal de su programa electoral. Claro, como temen que esto no les va a dar buenos resultados y además podía resultar en una nueva escisión del PNV y la creación de un partido vasco-español, o un partido autonómico vasco, prefieren ir por la vía de los hechos consumados. Eso si, de una forma francamente cobarde y oportunista. Porque esto es la idea del Estado Libre Asociado, cobardía y oportunismo. Cobardía porque pretenden disfrazar su afán de independencia bajo un eufemismo. Oportunismo porque bajo la pretensión de una asociación nominal a España quieren salvar los muebles y evitar ser expulsados de la Unión Europea. Lo tienen crudo, como con tantos otras de sus ideas como cuando alababan como un ejemplo a seguir las negociaciones en el Ulster. Nadie nunca ha entendido como Arzalluz podía comparar una virtual guerra civil religiosa entre protestantes que quieren seguir como parte del Reino Unido y católicos que se quieren incorporar en Irlanda con la situación vasca donde una minoría racista pretende crear un país nuevo quitando 4 provincias a España y 3 a Francia. Arzalluz, en uno de sus típicos ejercicios descerebrados, también comparaba favorablemente la autonomía limitada del Ulster con la del País Vasco - la más amplia que exista en el mundo y el propio Arzalluz lo admitió cuando, no hace mucho, dijo que el País Vasco era virtualmente el socio número 16 de la Unión Europea - y a ver como nos va a explicar ahora la obligada suspensión de aquella por parte del Gobierno británica.
LA FACTURA: Aparte de todo lo dicho hasta aquí que demuestra la inviabilidad política de la locura independentista, la independencia económica es, si cabe, todavía más inviable. El País Vasco ha estado durante tantos siglos incorporado en España y su prosperidad ha estado tan ligado a y, porque no decirlo, tan dependiente primero de la Corona de Castilla y después del resto de España, que sin ella probablemente se hubiera quedado en un país de campesinos y pescadores. Es interesante observar que las baluartes de HB/Batasuna se encuentran justamente en el campo, lo que refuerza esta impresión de anti-modernismo, de añoranza a tiempos pasados y a la vida campestre bucólica, de este tufo ultra reaccionario bajo el disfraz de un marxismo totalitario, tan típicos de los nacionalismos. No obstante para la mayoría de los vascos este tipo de vida no tiene ningún atractivo y menos todavía las implicaciones económicas de la aventura emprendida por el lehendakari. Mirando estas implicaciones no es sorprendente que los empresarios vascos hayan levantado la voz de alarma y han expresado sus oposición frontal al proyecto. El 55% de los productos manufacturados vascos tiene como destino el resto de España y un otro 30% es exportado a los demás países de la UE, principalmente a Francia. Con el cierre de las fronteras por parte de España y Francia, una Euzkadi independiente se quebraría en pocos meses. Si a esto añadimos la necesidad de financiar su propio ejército, su propio sistema judicial y diplomático e inventar su propia moneda, para mencionar solamente lo más obvio, el sueño de Ibarretxe se convierte en una monumental paja mental o en un simple timo electorista.
CONCLUSIONES: La situación actual en el País Vasco es el resultado de una larga ceguera política (vea: AUTODETERMINACIÓN Y CEGUERA POLÍTICA ) combinado con el inmenso error constitucional de la creación del Estado de las Autonomías y la ambigüedad socialista de, por un lado, apoyar al PNV en los gobiernos de coalición ( para chupar del bote) y no oponerse a la política lingüística propagada por Arzalluz, y, mientras que tuvieron mayoría absoluta, simultáneamente boicotear el Estatuto de Guernica atrasando las obligadas transferencias. Una ambigüedad que sigue en pleno auge. Mientras que el PSOE no tuvo más remedio que apoyar el pacto antiterrorista, la ley de partidos y la ilegalización de Batasuna, para no perder apoyo electoral, hay mucha conspiración en el partido (Elorza, Maragall, Glez. y otros) con el propósito de llegar a acuerdos de coalición con el PNV, parcialmente para recuperar cuotas de poder, parcialmente para dar a Ibarretxe una oportunidad de dar marcha atrás sin perder demasiado la cara y al mismo tiempo dar la oportunidad al PSOE de apuntarse el "mérito" de haber salvado al "Estado español" de una escisión.
Lo malo es que los intentos de escisión se están poniendo de moda; Arturo Mas, el heredero del Muy Honorable, ya se está apuntando como heredero de Companys y está reinventando el "Etat Catalá" dentro del "Estado español", o sea el mismo invento que el de Ibarretxe bajo otro nombre. Y si nadie para los pies a Maragall "evolucionará" rápidamente de su Estado federal a otro confederativo. Tampoco hay que olvidarse de Galicia donde en el momento que el PP pierda su mayoría absoluta, el PSOE no va a perder ni un minuto para aliarse con el BNG con consecuencias previsibles. Y que decir de las Islas Canarias donde el gobierno en su último documento sobre inmigración no distingue entre inmigración ilegal, migración europea y migración desde la Península de "godos". El instinto suicida está vivo por doquier y con un poco de mala suerte España termina por convertirse en un mosaico de repúblicas de Taifas.
Es un hecho irrefutable que en gran parte de su historia España ha sido una entelequia, el resultado de un sinfín de alianzas dinásticas y que como unidad nacional solamente ha existido desde el siglo XVIII, pero es igualmente verdad que si nunca hubiera existido bien hubiera valido la pena de inventarla ya que sin duda la unidad de las diferentes territorios de la Península ha sido beneficiosa para todos e infinitamente superior a lo que hubiera sido su división en multitud de mini-repúblicas hostiles entre si. La idea misma de invertir el camino hecho desde el miedevo demuestra la vigencia del antiguo chiste según el cual los españoles se dividen en tres grandes grupos: anarquistas, autoritarios y los que combinan estas dos características. Hemos llegado al punto de que defender España es casi considerado ilegítimo; donde en castellano (vea:¿Español o Castellano? )hay que usar la toponimia en catalán, vascuence y gallego mientras que en estás idiomas se traduce la toponimia castellana, o sea, piden respeto para lo suyo sin respetar lo "ajeno"; donde nacionalistas vascos y catalanes que llenan sus respectivas autonomías con ikurriñas y senyeras, critican al Gobierno de España por usar la bandera nacional - críticas que son respaldados, como siempre, por el PSOE - según ellos un símbolo franquista (¡!). Llama la atención que se ve la misma deslealtad con la Constitución en todas las manifestaciones sindicales en donde abundan las banderas republicanas.
Decir
que son como niños, es insultar a estos.
Volver a
ã 10/2002