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¿JUICIO NULO?

 

 El largo, interminable y aburrido juicio del 14M está llegando a su fin y nos está dejando un muy mal sabor de boca. Ha sido un juicio de despropósitos en donde la versión oficial que el atentado fue perpetrado única y exclusivamente por un grupo de musulmanes magrebíes en colusión con algunos españoles - todos carteristas, narcotraficantes y chorizos de poca monta, parte de ellos confidentes de la Policía Nacional, de la Guardia Civil o del CNI, y otros bajo vigilancia de estos cuerpos de la Seguridad del Estado - ha quedado completamente en entredicho. Ya dije una semana después del atentado (ATENTADO TRAMPA) que era sorprendente y altamente sospechoso que un grupo de terroristas capaces de concebir, organizar y ejecutar un atentado sofisticado de punto de vista logístico, demostraran al mismo tiempo tal falta de profesionalidad, sentido común y prudencia que dejaron rastros y pruebas de su implicación por doquier. En cualquier acto criminal el exceso de pruebas que llevan directamente a un supuesto culpable es siempre considerado sospechoso por los investigadores policiales. Porque una de dos, o el sospechoso es tonto o alguien le ha puesto una trampa. Podemos aplicar la misma sospecha a todas estas "pruebas" perfectamente alineadas para que la policía descubriese una supuesta trama islamista e yihadista; si eran capaces de organizar la trama no pudieron haber dejado tantas pistas y si eran tan tontos que los hubieran dejado no hubieron tenido la capacidad intelectual para organizar el atentado. Alguien ha comparado las pistas que con tanta exactitud llevaron a la policía directamente al piso de Leganés y a los actuales inculpados, con las pistas de migas de pan o pedruscos de los cuentos de hadas. En nuestro caso se trata al parecer también de un cuento, un cuento de hada mala, un cuento de una mano negra cuyo único fin fue llevar y desviar toda la investigación en una dirección única, obviando y manipulando cualquier indicio contrario. 

El Gobierno y la Fiscalía General (del Gobierno) han mantenido la versión oficial contra viento y marea a pesar de las muchas pruebas discrepantes que hayan salido a la luz en los últimos tres años; lógico ya que solamente de esta forma puede legitimar el vuelco electoral del 14M. La actitud del Gobierno y del grupo socialista quedó meridianamente clara durante las sesiones de la Comisión Parlamentaria donde, erre que erre, mantuvieron su versión, sujetiva e interesada, de la verdad y no demostraban el más mínimo interés en profundizar en la investigación para descubrir la verdad con mayúsculas. La instrucción del caso ha sido hecha de forma muy deficiente no tanto por falta de capacidad intelectual del juez del Olmo sino por su incapacidad física. El hombre padece una semi-ceguera - visita con asiduidad una afamada clínica oftalmológica en Asturias - con considerable dificultad de lectura y cansancio visual, con las consiguientes dificultades de instruir una causa con un sumario de centenares de miles de hojas. Debía de haber sido jubilado hace ya varios años por incapacidad. Su culpa no reside tanto en haber instruido mal sino por no haberse negado a instruir. Parece que a la Fiscalía todo esto les importaba muy poco y no hay duda que lo usaron en su provecho. El resultado fue que, según los que lo han estudiado, el sumario es un bodrio de un conjunto de testimonios, deposiciones e informes policiales, en muchos casos contradictorios, o sea, partes que normalmente no forman parte del cuerpo central del sumario sino de sus anexos. Si la instrucción fue mala otro tanto se puede decir de la acusación. En caso de múltiples victimas los fiscales tienen la estúpida costumbre de multiplicar los castigos y pedir penas penitenciarios multi-milenarios, solamente comparable a si en Estados Unidos un fiscal pidiera 100 penas capitales para un acusado. Lo lógico y correcto en España sería pedir la pena máxima que en caso de actos de terrorismo es de 40 años sin derecho a ningún beneficio penitenciario. No haberlo hecho así ha tenido para la fiscal un efecto muy adverso, por muy llamativo, cuando, por ejemplo, cambiaba la petición de condena de uno de los acusados de más de 38.000 años a solamente 12 al mismo tiempo que con otro acusado hizo justamente lo contrario. Es decir, cuando quedó claro que era imposible acusar al primero de actor directo, o colaborador necesario, en el atentado y por tanto culpable de la muerte de todas las victimas (de ahí los casi 38,000 años) le bajaron la petición a 12 años y, parece para equilibrar, aumentaron la petición de otro, sin ton ni son aparentes, de 12 años a los dichosos 38.000 y algo. Tontamente llamativo ya que de verdad la posible pena se bajó en el primer caso de 40 años a 12 y en el segundo  se aumentó de 12 a 40. Si con esta decisión la fiscal ya demostraba su falta de seguridad en sus acusaciones, y que estaba dando palos de ciego (ciega), hubo al mismo tiempo otra decisión más evidente todavía: a otro acusado le fue retirada la acusación, y fue puesto en libertad, cuando la única prueba en su contra -el testimonio  de un testigo ocular que supuestamente le había reconocido como presente en uno de los trenes y a última hora declaró que se había equivocada -,fue retirado. Acusar a alguien de terrorismo basándose solamente en un testigo ocular es absolutamente temerario. Todos los investigadores del mundo coinciden que el testimonio de los testigos oculares es casi nunca de fiar ya que la experiencia ha demostrado que en el caso de hechos violentos las percepciones de los testigos son en general divergentes y hasta contradictorias, y, por esta razón, un testimonio ocular es solamente tomado en consideración si refuerza muchas otras pruebas en contra del acusado.      

Volviendo al juicio, hay indicaciones evidentes de múltiples manipulaciones de las pruebas. Los testimonios de las policías que hicieron las dos primeras inspecciones de la famosa furgoneta y no encontraron absolutamente nada contrasta con el descubrimiento, durante una tercera inspección, no de alguna prueba muy escondida sino de un auténtico bazar oriental a plena vista de todos. Está claro que entre estas inspecciones alguna mano negra llenó la furgoneta a gusto con pruebas que reforzaron enormemente la pista islamista. O que decir de la notoria mochila con explosivos, supuestamente recogida en Atocha, pero de la cual nadie sabía a ciencia cierta de donde venía y que caminos había recorrido antes de llegar a una comisaría en donde fue usada para reforzar la teoría del Goma 2 Eco como explosivo usado tanto en el atentado como en el "suicidio" en Leganés. Puedo seguir así aludiendo a casi todas las pruebas y demostrar que o fueron manipuladas o son inaceptables por la evidencia, o por lo menos la sospecha, de que se incumplió el protocolo sobre la protección e inviolabilidad de su custodia. En otro sistema jurídico como el anglosajón todas estas pruebas hubieron sido ya declaradas inadmisibles con lo cual la acusación, tanto por parte de la fiscalía como por parte de las acusaciones privadas, se hubiera quedada en paños menores y limitada exclusivamente a delitos de narcotráfico, robo y tráfico de explosivos y poco, muy poco, más. Claro, que el megajuicio, con todo su espectáculo mediático, no se montó para juzgar delitos relativamente menores sino para juzgar la implicación, colaboración, autoría o ejecución por parte de los acusados en el ATENTADO TERRORISTA. A la inadmisibilidad de las pruebas principales hay que añadir el hedor de perjurio presente en todo el juicio. Si consideramos las discrepancias y contradicciones entre los testimonios de gran parte de los testigos hay que llegar a la conclusión que buena parte de ellos mintieron como bellacos. No es fácil demostrar quienes fueron pero tenemos derecho a sospechar de muchos de los que con tanto afán defendieron la versión oficial; personajes como el responsable de los Tedax, Sánchez Manzano, ya destituido, el Coronel Hernando de la UCO, actualmente juzgado por un asunto relacionado con el GAL, y otros mandos altos o intermedios de la Policía, de la Guardia Civil y la Policía Científica. Lo que la mayoría tiene en común es que pertenecieron al ambiente de Vera cuando estuvo a cargo de la Seguridad (?) del Estado, una auténtica mafia policial que los sucesivos ministros del interior de Aznar nunca desmantelaron para no hacer leña del árbol caído, una ligereza que los populares han pagado con creces.  Puede parecer que sea una temeridad pensar que mandos policiales, cuya función es la protección del Estado y de los ciudadanos, pueden manipular y pisar todo nuestro sistema legal, el propio estado de derecho sin el cual  España se convertiría en otra república bananera más. Pero la sospecha deja de ser temeraria si nos acordamos del GAL, o cuando, más recientemente, en el caso de los dos militantes populares que según Bono le hubieron agredido, mandos policiales manipulaban, mintieron y cometieron perjurio para que prosperase la falsa acusación del ministro y no dejarlo como mentiroso. El asunto terminó con la condena de los mandos en cuestión y la dimisión del Delegado del Gobierno en Madrid. [Es verdad que el Tribunal Supremo ha anulado la condena del TSJM  en una clara extralimitación de sus funciones ya que en un caso de apelación no es función del Supremo hacer un contra-juicio, o un juicio bis, sino considerar si se ha protegido debidamente los derechos procesales de los acusados y si se ha aplicado debidamente el Derecho Penal. No es su función obviar, o declarar invalidas, todas las pruebas testimoniales porque sí. Igual invierten todo el juicio y mandan encarcelar a todos los testigos por falso testimonio. Otra prueba de la politización de la Justicia y que el Estado de Derecho está bajo mínimos. Era típico que el fallo ha sido revelado antes de que se haya redactada la sentencia ya que era políticamente conveniente  que saliera a la luz antes de las sesiones parlamentarias sobre "El Estado de la Nación"]
Si hay policías dispuestos a llegar a tales extremos en un asunto de tan poca importancia, a donde llegarían para poder culpar al Partido Popular de "asesinos" y para justificar el vuelco electoral del 14M. 

En situaciones normales los acusados serían absueltos, en lo que se refiere a su participación directa o indirecta en el atentado terrorista, por dudas más que razonables, o se hubiera ya declarado juicio nulo. Pero la situación no es normal, el juicio ha estado muy politizado desde el principio y las presiones del Gobierno, en especial por parte de los Ministros de Justicia y de Interior y del Fiscal General, serán probablemente decisivas para asegurar la condena de la mayoría de los acusados. No creo que será por unanimidad del Tribunal sino por mayoría, con una opinión particular discrepante por parte de su presidente. En este caso los socialistas están dispuestos a sacrificar su criterio ultra-garantista: "mejor cien culpables en la calle que un inocente en la cárcel".  Con esta decisión el juicio se cerrará en falso igual como ocurrió con la comisión parlamentaria, ya que condenar a estos chivas expiatorios equivale a dejar los verdaderos culpables libres para futuras fechorías. Todo se ha basado en una gran mentira, pero como dijo Winston Churchill: "la mentira da la vuelta al mundo en menos tiempo que la verdad tarde en calzarse las botas". Lo más preocupante de todo es que la versión oficial ha logrado desprestigiar el Tedax, la Policía Científica, el buen hacer de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, y el Estado de Derecho.  

 

El abogado de una de las acusaciones particulares usaba como argumento para desacreditar cualquier implicación de Eta el hecho de que los etarras nunca han usado a "criminales comunes". El argumento es un arma de dos filos ya que estos criminales comunes, nominalmente musulmanes pero que incumplieron casi todos los preceptos básicos del Islam, para no hablar del islamismo, no parezcan individuos que iban a complicarse la vida con actos que no les daban de comer. 

Aparte de la versión oficial hay otras dos; una que atribuye el atentado a Eta y otra que considera que cada vez va quedando más claro que el 11M se diseñó, organizó y ejecutó desde las cloacas del Estado o sea por parte de los notorios "fontaneros". Las dos teorías, cada una por su lado, crean también dilemas. Si el atentado hubiera sido organizado por  Eta, manipulando y usando los muertos de Leganés y los actuales acusados como simples chivos expiatorios, como carne de cañón, sería sorprendente que hubieran usado el Titadyn, un explosivo considerado como marca de identidad de la serpiente. Esto solamente sería explicable si la infraestructura de Eta, en los meses anteriores al atentado, estuviera tan mermada y tan falta de expertos que para los organizadores, igual como le ocurrió a Manzano, todo era dinamita sin más. Si por otra parte hubieran sido los infames fontaneros, lo lógico hubiera sido que todas las pistas hubiesen sido preparadas de antemano  con mimo, esmero y precisión en vez de ser fruto de una continua improvisación de última hora a partir del atentado, es decir, a toro pasado. Quizás tampoco nos debería sorprender en exceso porque ya vimos en el pasado con el terrorismo de estado del Gal y la corrupción del Timex etc. que la organización y previsión no eran el fuerte de los "fontaneros" ya que cuando se hizo una investigación en serio solamente hubo que rasgar la superficie para que las pruebas saltasen a la vista. 

Es posible, que lo que ocurrió de verdad fue una diabólica "comedia" de enredo en donde etarras y algunos islamistas jugaban sus papeles usando chorizos musulmanes y españoles como cabezas de turco, observado con benevolencia por los fontaneros que les dejaban hacer porque venía muy bien a sus propios intereses, y que éstos cuando se daban cuenta del error cometido por los etarras no tenían más remedio que destruir pruebas de la participación de estos e improvisar sobre la marcha multitud de pruebas, a la postre burdas, para virar la atención exclusivamente hacía la supuesta trama oficial. Puede que la realidad sea más enrevesada todavía y que tardaremos años en descubrirla. De todas formas todo el proceso ha levantado tanta alarma social, tantas sospechas y tanto desasosiego que hasta en el caso de que Eta no tuviera nada que ver, el Gobierno les ha brindado la perfecta oportunidad de cargarse a Zapatero - por quién se sienten traicionados, con o sin razón, por  incumplimiento de lo pactado - con la simple estratagema de declararse culpables del atentado del 11M. Poco les importará cargar con 200 muertos más.  

 

 

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© 6/2007