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HUELGAS Y PENSIONES

Hace ya diez años escribí un ensayo (La ONU y la inmigración) sobre un estudio económico /demográfico  elaborado por la ONU a principios de enero del 2000, en el cual se sugirió  la necesidad para España de una inmigración anual de 240.000 personas durante 50 años para poder mantener su sistema de pensiones a largo plazo. Uno de mis argumentos en contra de esta sugerencia fue que una inmigración masiva iba a desplazar a medio plazo a los trabajadores españoles menos cualificados y no iba a solventar de ninguna forma el problema del mantenimiento de las pensiones. Estos solamente se pudieron mantener con un paulatino incremento de la edad de jubilación.

Por mucho que hizo entonces una advertencia para incautos:

"La competencia entre estos trabajadores (nota: los menos cualificados) y los inmigrantes por el mismo trabajo puede dar lugar a tensiones racistas y xenófobas muy superiores a las vividas últimamente en El Ejido. Claro, también es posible que la intención sea atraer inmigrantes altamente cualificados. En una reciente encuesta entre universitarios marroquíes un porcentaje alto estaba dispuesto a emigrar a España. Admitir esto seria una autentica inmoralidad, ya que estos jóvenes son a largo plazo la única posibilidad para Marruecos (y otros países) de salir de su atraso. La inmigración tiene muchas vertientes, y hay que estudiar la temática con mucho cuidado y sentido común. La reciente Ley de Extranjería no ayuda mucho y fue aprobada en contra del Gobierno Aznar por puro oportunismo electoral, y parece haber sido redactada a medida de las mafias de las pateras",

 no  podía imaginar ni remotamente en el año 2000 de que, especialmente a partir de la victoria socialista en las elecciones de 2004, los gobiernos iban a seguir las recomendaciones de la ONU no solamente a la letra, sino con creces. El número de casi 5 millones de inmigrantes que han entrado a partir del año 2002 es, grosso modo, muy similar al número de parados existente en este momento, y ha sido parcialmente culpable de la burbuja inmobiliaria - y por lo tanto también de la crisis económica - ya que sin este flujo de mano de obra barato no se pudiera haber sostenido a partir del 2005.

La crisis ha sido la justificación para muchos de los sindicatos en Europa de dedicarse a su pasatiempo favorito, llamando a la huelga - una especie de yihad obrero - y la lucha de clases. En Grecia, fue por batir los recortes presupuestarios aprobados en el parlamento para tratar de salvar el país de la quiebra; en España, parcialmente como protesta contra la congelación de los pensiones, pero principalmente contra la nueva Ley de Trabajo  - una ley que en esencia cambia poco -, y la reforma del sistema de pensiones cuya aprobación está prevista para finales de año, incluyendo la ampliación de la cotización de 15 a 20 años y posiblemente el retraso de la edad de jubilación hasta los 67 años; en Francia los sindicatos han solicitado - de forma inmoral y casi criminal - la ayuda de escolares para sus manifestaciones y estos han sido todavía más vandálicos y violentos que los mal llamados "piquetes informativos". Tantas denuncias por parte de la izquierda de los niños-soldados en demasiadas partes del tercer mundo y, ala, aquí tenemos la izquierda más radical de un país supuestamente racional haciendo exactamente lo mismo.

Como los lideres de los sindicatos forzosamente conocerán los datos que demuestran que no habrá más remedio que reformar los sistemas de pensiones estatales para que estos no se quiebren en un futuro próximo, su actitud es uno de dos: ó son incapaces de cualquier análisis inteligente, ó buscan la ruina de los sistemas y la quiebra de sus países, aplicando la antigua tesis marxista-leninista de que el caos es la mejor forma para llegar a la imposición de un totalitarismo radical. O sea, son muy tontos o muy peligrosos.

Para analizar la necesidad de reforma de las pensiones públicas de jubilación habrá que considerar tres conceptos: las razones demográficas, la relación entre la pensión recibida y el salario previo, y el porcentaje de empleo público. El primero es muy similar en todos los países occidentales y lo consideramos más abajo. En el segundo hay enormes discrepancias  que van desde el 25-30% en Dinamarca, Holanda y el Reino Unido, al 75-85% en Italia, Austria y España. También en el tercer concepto hay muchas divergencias y en la crisis actual  el porcentaje va desde el algo menos del 10% de los trabajadores con empleo en Holanda, al >20% en España. Este es muy importante porque los contribuyentes dentro del empleo público son, en sentido contable, contribuyentes falsos, ya que tanto sus sueldos como sus aportaciones a la Seguridad Social son sufragados por el erario público y por lo tanto por los impuestos del sector privado. En consecuencia un sector público sobredimensionado tiene un efecto negativo sobre la sostenibilidad del sistema de pensiones.

No obstante, lo más importante del problema de la sostenibilidad de las pensiones de jubilación es la distribución demográfica de la población por generaciones. A partir de la Segunda Guerra Mundial hubo un fuerte aumento de la población en España. Ya antes hubo un alto índice de natalidad, templado por unos igualmente altos índices de mortalidad neonatal, posneonatal e infantil; o sea, muchos nacimientos pero pocos hijos vivos. Hacia 1950 se logró controlar el hambre y las enfermedades infantiles con la importación de vacunas, antibióticos, insecticidas y variedades de semillas de alto rendimiento, dando lugar a una fuerte disminución de la mortalidad infantil y un gran aumento de familias muy numerosas.  Al contrario - a partir de la Transición y la legalización de los métodos anticonceptivos y del aborto- desde el año 1980 hay una continua disminución del índice de natalidad hasta llegar en  el 2000 a 1,4 hijos por mujer. Esta disminución tenía como resultado que en las grandes ciudades como Madrid y Barcelona había más habitantes de 65+ años que menores de menos de 15 años.  Las implicaciones para el sostenimiento de nuestro sistema de pensiones son evidentes en el cuadro comparativo siguiente:

1970

2010

2050

Población          30.000.000

46.000.000

53.000.000

Trabajadores    12.000.000

17.000.000

22.000.000

Jubilados            3.300.000

7.300.000

19.000.000

Población65+     11%

17%

36%

"   de 40 a 65        27%

34%

30%

"   de 20 a 40        30%

30%

18%

"   de   0 a 20        32%

19%

16%

Total                     100%

100%

100%

Antes de seguir quiero hacer hincapié en el hecho de que - contrario a lo que muchos siguen pensando - nuestro sistema de pensiones no es un sistema de ahorro y capitalización individual, sino de financiamiento sobre la marcha ("pay as you go"), lo que significa que las cotizaciones recogidos en un año son utilizadas para cubrir el montante de las pensiones pagadero durante el mismo. Bajo los gobiernos de Aznar se creó con los excedentes un fondo de reserva para cubrir futuros déficit. Este fondo estará agotado dentro de pocos años y después el déficit tendrá que ser financiados con cargo a los presupuestos generales.  

No sé si la proyección para el año 2050 ha tomado en cuenta una inmigración futura, tanto para la población total como para la división intergeneracional. De todas formas parece claro  que mientras que en 1970 había solamente un jubilado por cada 3,6 trabajadores/cotizantes de la Seguridad Social - tanto los jubilados como los cotizantes eran casi exclusivamente hombres ya que pocas mujeres trabajaban después de casarse  -  en 2010 esta relación se había cambiado por uno de cada 2,3 , y para 2050 se estima una relación de uno por cada 1,5. La razón está a la vista: a partir de 1985 se ha cambiado el peso específico de cada grupo de edad en la población. En 1970 la población en edad de trabajar (de 20 a 65 años) era 5 veces superior a la de los jubilados, y, además, cada generación era más numerosa que la anterior. Si en 1970 las cifras, expresados en un gráfico, tenían la forma de una pirámide de base estrecha, en 2010 parece una columna con una gran barriga (¿obesidad alimentaria?) y en 2050 se parecerá a una pirámide invertida.

 
Los adolescentes franceses que se han aliado con los sindicatos para protestar contra una muy modesta reforma de su sistema de pensiones ,no tienen la más mínima idea de lo que se trata. No entienden de que si no hay una reforma progresiva y continua del sistema, ellos dentro de 40-5o años no van a tener una pensión o, a lo mejor, una tan disminuida que no les va a resolver la vejez. Ha llegadso el momento en todo Occidente que los políticos de ambos lados tienen que dejar polítigos de avestruz.Los datos son tan evidentes que ignorándolos sería no solamente temeraria sino debería ser considerado como una dejación de obligaciones casi criminal. La pirámide demográfica invertida no solamente afectará a los pensiones sino también a nuestro sistema sanitario ya que un número cada ves más grande de octogenarios y nonageneraios puede duplicar su necesidad presupuestaria. Hará falta mucha pedagogia, muchas explicaciones en los medios de comunicación, mucha veradera "educación para la ciudadanía", si no queremos precipitarnos al abismo de la solvencia y la quiebra de todos los servicios básicos.


 Las cifras indican no solamente que para empezar hay que aumentar la edad de jubilación a los 67 años, sino que habrá que aumentarla cada década hasta llegar posiblemente a los 73-75 años, perfectamente factible con la previsible mejora de la calidad de vida. Si no jodemos el invento, las personas de de esta edad serán tan asanas y fuertes como los actuales de 65. Igual que ahora,habrá gente que por razones de la intensidad física de su trabajo o por enfermedad, tendrán que jubilarse antes. Lo que ha prostituido el sistema ctual han sido las prejubilaciones y las jubilaciones anticipadas que ha creado el contrasentido de que muchas están jubilados más años de lo que han trabajado. Si desde los años sesenta la edad de incorporación al trabajo ha aumentado en por lo menos 8 años, es lógico pensar que la edad de jubilación también tendrá que aumentar de igual forma.

© 10/2010

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