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HONDURAS Y LO POLÍTICAMENTE CORRECTO
Inmediatamente después del
arresto y el posterior exilio del ex-presidente Zelaya por parte del ejército,
todos los países demócratas se unieron, en una orgía de lo políticamente
correcto, a gente como Chávez, Ortega, Correa y otros de su calaña en condenar
el "golpe militar" que supuestamente hubiera ocurrido en Honduras. Un
golpe militar existe cuando la cúpula militar se hace con el poder y suspende,
entre otras cosas, el parlamente y la Constitución. No hubo nada de esto, muy
al contrario el día después del supuesto golpe el parlamento hondureño votó
casi por unanimidad a su presidente como presidente interino del país. Está
claro que la reacción de los gobiernos occidentales estaba basada en un total
desconocimiento de la realidad hondureño, incluyendo su Constitución, y que
tal reacción fue puramente maquinal frente a acontecimientos en las llamadas
"republicas bananeras". Sería muy sano si las democracias
occidentales considerasen de una vez que no se puede estar nunca de acuerdo en
nada con los dictadorcillos antes mencionados; si están a favor de algo seguro
que sea antidemocrático, si están en contra seguro que es bueno.
No hay duda de que
gran parte de la historia de Honduras ha sido la de una típica república
bananera. Empezó dos años después de la caída del poder español en 1821
como parte de una república confederada, las Provincias Unidas del Centro de América,
de cinco provincias de América Central (Guatemala, Honduras, El
Salvador, Nicaragua y Costa Rica), constituida en 1823 y, después de una
guerra civil en 1837, disuelta en 1840, en gran parte por rencillas localistas y caciquiles.
La confederación era el resultado de que sus integrantes habían sido
gobernados en la época colonial desde la ciudad de Guatemala como una única jurisdicción. Durante
el resto del siglo y parte del siguiente el poder político estuvo primero en manos del
Partido Conservador (hasta 1876) y después del Partido Liberal (hasta 1933). En
1933 Tiburcio Carías Andino, fundador del Partido Nacional, fue nombrado
presidente, pero antes de concluir su mandato realizó varias reformas
constitucionales que le permitieron instaurar una dictadura hasta 1948. Esta
dictadura civil fue seguida por tres dictaduras militares entre 1965 y 1981. En
noviembre del '81 se celebraron finalmente unas elecciones libres y
el candidato del Partido Liberal obtuvo la presidencia y
tomó posesión de su cargo en enero de 1982. Para evitar pronunciamientos
futuros el parlamento proclamó en este mes una nueva Constitución en cuyo
Título I, Capítulo I, Art.4, se establece lo siguiente:
La forma de gobierno es republicana, democrática y representativa. Se ejerce por tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, complementarios e independientes y sin relaciones de subordinación.
La alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia de la República es obligatoria.
La infracción de esta norma constituye delito de traición a la Patria.
O sea, se pretendía evitar de una vez por todas que un presidente podía perpetuarse en el poder. Esto funcionaba bien hasta la llegada de Zelaya a la presidencia. Había sido elegido como candidato del Partido Liberal, el principal del país y en gran parte artífice promotor de la Constitución del '82, pero a la mitad de su mandato decidió que le gustaba el puesto y, en imitación de Chávez y otros, empezaba una política populista y revolucionaria con vistas a organizar un referéndum nacional para cambiar la constitución y admitir su reelección. La pretensión era claramente ilegal por parte de un presidente que había jurado respetar la Constitución y que además estaba invadiendo prerrogativas del Poder Legislativo, única que por mayoría de tres cuartos de sus miembros pueda hacer reformas de la Constitución. La Corte Supremo declaró el pretendido referéndum anticonstitucional y el Poder Legislativo lo prohibió por gran mayoría incluyendo la totalidad de los votos del Partido Liberal que le había llevado a la presidencia.
No obstante, erre que erre, Zelaya desafió a los demás poderes del Estado con lo cual estaba cometiendo delito de traición a la Patria (art.4). La actuación del Ejército de apartarle de la presidencia corresponde a su obligación de defender la Constitución. Hay que aclarar que desde el año 1993, cuando se suprimió el servicio militar obligatorio, el ejército ha perdido su influencia política y ahora suma poco más de 8000 efectivos, muy insuficientes para establecer una dictadura militar.
No hay duda que hubiera sido mucho mejor si la Corte Suprema hubiera inhabilitado a Zalaya por rebelión, y el Parlamente le hubiera juzgado por traición a la Patria sin que el ejército se hubiera precipitado. Haberle enviado al exilio ha sido sin duda la peor opción por haberle dado la oportunidad de hacerse la víctima en el ámbito internacional. La Organización de Estados Americanos ha seguido tontamente el camino marcado por sus miembros más totalitarios y ha respaldado a Zelaya sin excepción. La Unión Europea ha hecha otro tanto siguiendo el ejemplo de Zapatero. Ya están ejerciendo un boicot económico que puede tener resultados nefastos para un país que detrás de Haití y Nicaragua es el más pobre de la región. Esto ha obligado al nuevo presidente interino a reunirse con Zelaya en Costa Rica. Si esto implicase la posible vuelta de Zelaya al poder, puede que Occidente tendrá que llorar en el futura la desaparición de otro estado democrático y sus sustitución por otra dictadura castrista/chavista más en el hemisferio.
ã 6/2009
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