Imprimir

 

GAYS, LESBIANAS  Y EL MATRIMONIO HOMOSEXUAL

 

La homosexualidad no necesita ninguna justificación, todo el mundo tiene derecho a ejercer su sexualidad según su propio inclinación; no obstante la comunidad homosexual siempre ha buscado referentes históricos para esta, a todas luces, innecesaria justificación. Para explicarse se refiere a las clases dominantes de la Grecia Clásica, de Roma, del mundo islámico etc, . Lo malo es que a base de explicarse tanto no explica nada, o puede que explice demasiado.

BISEXUALES: El problema raya en que las referencias usadas no son homosexuales sino bisexuales. Los griegos, los romanos, los musulmanes, eran normalmente -siempre hay excepciones - hombres casados con hijos que además tenían relaciones "románticas" con otros hombres. Era de cierta forma lógica. Las sociedades en cuestión eran totalmente patriarcales y las mujeres fueron considerados como seres inferiores que servían principalmente para tener los hijos de sus maridos, para mantener la finca y supervisar a los esclavos. El cuerpo masculino constituyó el ideal de belleza, muy superior al cuerpo femenino. Tampoco sorprendente ya que los hombres se entrenaban desde jóvenes para la vida militar con intensivos ejercicios atléticos y tenían por lo tanto cuerpos mucho más modulados, musculares y esbeltos que las mujeres que, condenados a sus continuos embarazos y una vida mucho mas sedentaria, fueron comparativamente gordas, fofas y feas. Otro elemento para la glorificación del hombre fue su comparativo alto nivel educativo. Los hombres hablaban de filosofía, de metafísica, de libros y de música. Disciplinas supuestamente muy por encima de la capacidad intelectual de las mujeres. A todo esto podemos añadir que en las guerras y en los largos viajes comerciales los hombres se relacionaban exclusivamente entre ellos. Normalmente los amoríos se establecieron entre un hombre ya llegando a la madurez y jóvenes adultos, en una relación mentor/discípulo. Como la esperanza de vida era mucho más corto que ahora, estamos hablando de hombres maduros de 30 años y jóvenes adultos de 14 o 15. Relaciones que en la actualidad serían considerados como pedofilía?   

La conclusión que tenemos que sacar forzosamente de todo esto es que las antiguas relaciones homosexuales fueron el resultado lógico de una sociedad ultra-patriarcal y misógina, y que además estos bi-/homosexuales eran muy machos y, sin duda, considerados así en su tiempo. O sea, tendremos que pensar que el mito posterior de la supuesta "feminidad" de los homosexuales masculinos, los gays, es un acto defensivo cultural de nuestra sociedad judeocristiano. De las sociedades antiguas la única donde los prácticas homosexuales de los hombres eran considerados antinaturales y pecaminosas fue la judía. Posteriormente, el cristianismo adoptó la misma actitud condenatoria; sorprendentemente porque el cristianismo con su misoginia, y con su condena de la sexualidad de la mujer, considerando a ésta solamente como una incubadora biológica para la procreación, es en esencia una religión machista/homosexual. Como es lógico la práctica cristiana ha sido muy diferente de la teoría condenatoria. La bisexualidad disminuyó sin duda pero no desapareció ni remotamente y, en la clandestinidad, se convirtió en homosexualidad a secas, y ,entre otros grupos, corriente en los monasterios y posteriormente, después de la imposición del celibato,  entre el clero ( a la luz de las muchas acusaciones y pleitos  por abuso de menores masculinos parece que la práctica sigue vigente).  En términos generales seguía siendo, por lo menos hasta bien entrado el siglo XX, un actitud machista y misógina. La noche de los cuchillos largos, la cruenta purga llevada a cabo por Adolf Hitler y la SS contra  Ernst Röhm y sus lugartenientes de las SA, no fue solamente  por que el izquierdismo radical de estos puso en peligro el respaldo de los partidos conservadores que Hitler necesitaba, sino también para eliminar los testigos de las orgías homosexuales en que aquel había participado durante los años 20. 

PRÁCTICAS LESBIANAS: El bi-sexualismo de la mujer  o sea las prácticas lesbianas fuera del matrimonio o emparejamiento heterosexual, tendrá lógicamente los mismos orígenes que en los hombres. En una sociedad misógina en donde se consideraba el orgasmo como un don exclusivamente masculino, y cualquier demostración de lo contrario se tenía por perversidad, la mujer buscaba sus placeres primeramente en la masturbación y a continuación en las relaciones lesbianas. Durante siglos y en muy diversas culturas el lesbianismo no ha sido reconocido como tal, aunque se han aceptado las relaciones íntimas entre mujeres, incluida la cohabitación. La atracción entre mujeres ha sido ignorada debido a que muchas culturas no aceptaban el concepto de sexualidad femenina, u opinaban que ésta sólo se debería practicar en las relaciones con el sexo masculino o con el único propósito de la reproducción. Por esa razón, el lesbianismo se ha salvado de ser perseguido y sancionado. El tabú cristiano contra la homosexualidad masculina no era aplicable a las mujeres. No obstante, como la única forma para las mujeres cristianas de escapar a matrimonios no deseados - o a la opresión masculina - era tomar el velo, ingresar en un convento y convertirse en esposa de Cristo (o sea, esposa virtual) no es sorprendente que los conventos se convirtieron rápidamente en templos de Lesbos. De todas formas y no obstante su baja visibilidad existen algunos ejemplos de castigos a monjas católicas por mantener una amistad muy estrecha o por establecer relaciones lésbicas entre ellas. También en el Islam el lesbianismo fue una actitud casi impuesta o ,mejor dicho, defensiva. El inconveniente de la poligamia es que satisfacer a varios mujeres - para no hablar ya de las frustraciones de las mujeres en un harén - es una ardua tarea para cualquier hombre pasado su primera juventud.( Un problema que no existe en la poliandria. La razón principal porque la prostitución masculino heterosexual es proporcionalmente muy bajo).   A finales del XIX algunos escritores presentaban el lesbianismo o "inversión" como una condición anormal y sus estudios se centraban en aquellas lesbianas que habían cometido asesinatos o se habían suicidado. Estos estudios provocaron nuevas sospechas sobre la intimidad femenina, provocando juicios arbitrarios y prejuicios. Aparentemente el lesbianismo exclusivo es menos frecuente que la homosexualidad masculina, pero es muy posible que las relaciones lesbianas ocasionales entre mujeres (bisexuales) son mucho más extendidas. Hay ciertas actitudes femeninas  como besarse, abrazarse, compartir piso y hasta compartir ocasionalmente la misma cama - comportamientos que entre hombres serían tipificadas como homosexuales - son consideradas como normales e "inocentes", lo que dificulta considerablemente la apreciación de tales relaciones. Al lado opuesto del lesbianismo ocasional hay la vertiente radical, la separatista, que concibe la forma de vida del lesbianismo como una opción política y un modo de oposición al poder masculino, por lo que optan por vivir en comunidades sólo de mujeres para evitar todo contacto con el sexo contrario. Parece que un rechazo original ha dado lugar a su opuesto.

APARIENCIAS EQUIVOCAS: Parece que la homosexualidad, tanto masculina como femenina, es más un hecho cultural - el resultado de un cierto tipo de sociedad excesivamente masculina y misógina, prolongado durante casi 3000 años - que una predisposición genética e innata. Un hecho que explica porqué la mayoría de los homosexuales masculinos- por lo menos en mi experiencia - no llaman la atención, y parecen hombres varoniles solamente distinguidos por una inclinación sexual diferente. Otro tanto ocurre con las lesbianas. Algo diferente pasa con los supuestos gays muy llamativos y feminizados conocidos injustamente por el peyorativo nombre de "mariquitas". En estos casos hablamos de individuos a los que la naturaleza les ha jugado una auténtica putada; un alma y una sicología femenina en un cuerpo masculino. Si en efecto se trata de mujeres "disfrazados anatómicamente de hombres", su inclinación hacia los hombres no puede ser llamado homosexualidad y, muy al contrario, su posible relación sexual con una mujer sería, por lo menos espiritualmente, una relación lesbiana. Ya hay muchas países donde los transexuales tienen derecho a una identidad femenina; pero  la intervención quirúrgica es simplemente un artificio para asegurar que la anatomía corresponde al alma. La injusticia raya en el hecho de que justamente los/las no operados/as son peyorativamente llamados maricones, maricas y mariquitas muchos veces por hombres potencialmente homosexuales o, al menos, bisexuales. 

Con las lesbianas ocurre otro tanto pero, lógicamente, al revés.   

MACHOS Y HOMOSEXUALES: Estos dos términos que originalmente eran coincidentes ahora son considerados excluyentes e incompatibles, pero esta exclusión es más aparente que real. Los dos grupos tienen ciertas cosas en común. La más llamativa es la exagerada adoración de la madre comparado con una cierta actitud despreciativo del macho hacia las demás mujeres o el rechazo sexual por parte del homosexual. La misoginia y la opresión de la mujer por su supuesta inferioridad y hasta maldad (reminiscencias de Eva y el "pecado original") han sido durante gran parte de los últimos 2 o 3 milenios tan excesivas (con quema de centenares de miles de "brujas" incluidas) que a la sociedad patriarcal se le ha visto el plumero (nunca mejor dicho) y bien nos podíamos preguntar si esta actitud no esconde un miedo ancestral a todo lo que presenta la mujer, un miedo que a través de los siglos se ha convertido en un rasgo casi subconsciente de la sicología de muchos hombres. Esta aprensión es compartida por muchos hombres que no son ni especialmente machistas ni homosexuales, pero que también se sienten mucho más cómodos en compañía de hombres que de mujeres.

MATRIMONIO HOMOSEXUAL: Siempre he defendido el derecho de los homosexuales y lesbianas a legalizar su relación estable a través de un registro de "Parejas de hecho y de derecho" ( Matrimonio "Gay" y las parejas de hecho) pero al mismo tiempo me he opuesto también al matrimonio homosexual no por razones éticas, morales o religiosas, sino por razones estéticas y porque francamente me parece una burla de mal gusta. Estoy en buena compañía, porque he hecho una pequeña encuesta entre homosexuales conocidos míos y estos comparten mi opinión. Parece que el Gobierno socialista con su talante tan dialogante se ha dejado influir por una pequeña minoría homosexual altamente militante que exhibe su homosexualidad por todos los medios como si se tratase de la última moda, del súmmum de la experiencia humana. ¡Ni tanto ni tan poco! Son los mismos que hace solamente una década nos estaban diciendo que iban a crear otro tipo de familia, otro tipo de relación, que iban a romper con el pasado, y que ahora cuando los heterosexuales se casan cada vez menos, quieren ser más burgueses que nadie. Allá ellos, al fin y al cabo en términos absolutos me importa un bledo. De todas formas es un victoria pírrica. Según los últimos datos solamente el 0,2% de las viviendas de la Comunidad Autonómica de Madrid están ocupados por parejas homosexuales (gays y lesbianas) lo que probablemente equivale a un 0,1% en todo el territorio nacional. Si de verdad los homosexuales son, más o menos, el 7% de la población adulta, estos datos significan que solamente dos de cada setenta homosexuales vive en pareja. No es sorprendente, ya que escritores conocedores del tema consideran que la pareja homosexual es muy poco estable y que los celos tan frecuentes en el ámbito homosexual hacen la vida imposible a todos los que quieren escaparse del ambiente de promiscuidad reinante. Con la nueva ley de divorcio a la vuelta de la esquina me pregunto cuanto tiempo van a tardar estos matrimonios homosexuales en romperse; y me pregunto si el primer divorcio homosexual vaya a tener la misma amplísima  cobertura mediática que podemos prever para el primer matrimonio homosexual. 

Hay también razones legales para no estar a favor. Aparte de las que ya han sido ampliamente difundidos en los periódicos, hay, en mi opinión, una de la máxima importancia. El Código Civil está literalmente plagado de referencias al matrimonio en su acepción clásica, referencias que no puedan ser obviados con una simple ley autorizando el matrimonio entre dos personas del mismo sexo. Tomamos como ejemplo la bigamia. Tanto en la legislación como en el Diccionario de la Lengua Española se define como: "Estado de un hombre casado con dos mujeres al mismo tiempo o de la mujer casada con dos hombres". ¿Será bajo este concepto bígamo un hombre bisexual que un día se casa con un homosexual y el día después con una mujer? ¿Y una vez cambiado el sentido mismo del matrimonio, puede el Estado negar la poligamia a ciudadanos de fe musulmana u otros? 

Volver a  POLÉMICA

ã 1/2005