HEZBOLÁ, HAMAS E ISRAEL
Desde que en el mes de Julio Hezbolá (el mal llamado "Partido de Dios") hizo una incursión en territorio israelí, resultando en el secuestro de dos soldados del Tsahal, con el único objetivo de provocar una repuesta fulgurante, y en parte excesiva, por parte de Israel con los resultados conocidos, todos los medios se han referido a una "Crisis de Oriente Medio" como si de algo nuevo se tratase en vez de una repunta más en la CRISIS DE ORIENTE MEDIO que ya lleva casi 60 años sin resolverse. Además, no hay que ser muy atrevido para defender la tesis de que la crisis empezó poco después de la Primera Guerra Mundial, primero con revueltas contra la ocupación francesa y británica seguido posteriormente por levantamientos de minorías y de golpes de estado por doquier. Los primeros incipientes conflictos petrolíferos datan ya de los años 20. Todo el panorama empeoró mucho a partir de la proclamación unilateral por parte de los judíos palestinos del Estado de Israel (Medinat Yisra´el ) el 14 de Mayo de 1948, el previsible resultado de la surrealista Declaración Balfour del año 1917 (vea: Los judíos y Palestina), la incesante emigración de judíos europeos durante las décadas 20 y 30 ( tan amenazante para la población autóctona que resultó en un levantamiento muy parecido a una guerra civil entre 1936 y 1939), y la adopción por parte de la ONU de un Plan de Partición que preveía la división de Palestina en dos autonomías, árabe y judía respectivamente, con una organización económica conjunta e integrada y con Jerusalén como zona internacional bajo la jurisdicción de la ONU. La primera guerra Árabe- israelí de 1948 terminó con un armisticio, dispuesto por la ONU, entre Israel por un lado y Egipto, Líbano, Jordania, Siria e Irak ( representado por Jordania ) por el otro, en el cual Israel aumentó su territorio en un 30% y se liberó de casi 650.000 palestinos de los 800.000 que habían vivido antes del ´48 en lo que de repente se llamaba Israel; 650.000 palestinos que terminaron por mal vivir en campos de refugiados que lógicamente se convirtieron en focos de resistencia e incubadoras de odio. La humillación de los países árabes derrotados en el conflicto (compartida por los demás países del área) ha condicionado su política interior y exterior a partir de entonces y estimuló el nacionalismo panárabe y una larga serie de golpes de estado, cambios de regímenes y una sed de venganza. Durante muchos años este nacionalismo era de tendencia laica e izquierdista como el nasserismo en Egipto y el Partido Socialista del Renacimiento Árabe ("Baaz") en Siria e Irak, pero a partir de la década de los 80, con la invasión de Afganistán por parte de la Unión Soviética, la caída del Shah en Irán y la guerra Irano-iraquí, se ha hecho progresivamente más y más islamista, tanto sunita como chiíta.
Durante todo el periodo en cuestión la situación ha ido progresivamente de mal en peor. La segunda Guerra Árabe-israelí de 1956 y la guerra de los Seis Días de 1967 fueron guerras convencionales que finalizaron con rápidas y decisivas victoria de Israel gracias a su enorme superioridad tecnológica.
A partir de 1967, ya no ha habido guerras formales y el problema de los territorios ocupados y el enfrentamiento a la guerrilla palestina junto con los atentados se convirtieron en las principales preocupaciones militares y políticas de Israel. Es curioso el cambio sociológico/ religioso ocurrido desde la independencia. Hasta 1952 la mayoría de los ciudadanos - los de antes de 1948 más los nuevos inmigrantes - eran supervivientes de los campos de exterminación del Holocausto pero a partir de esta fecha la inmigración provenía principalmente de judíos de países musulmanes de Oriente Próximo y del norte de África, y menos de dos décadas después estos habían superado en número a los europeos. Aquellos, además de tener un bajo nivel educativo muy inadecuado para ayudar en el desarrollo del país, representaban un judaísmo mucho más tradicional y teocrática (con sus propias leyes religiosos, costumbres, liturgia e idioma original) que los europeos, mucho más secularizados. Esta doble contraposición creó por un lado graves problemas económicas solamente solventadas a través de una gran ayuda económica por parte de Estados Unidos sin la cual el estado de Israel se hubiera quebrado hace ya varios décadas, y ,por el otro, grandes tensiones dentro del país por el constante aumento de los partidos religiosos ortodoxos - más toraicos que talmúdicos- tan fanáticos y manipuladores dentro del Judaísmo como lo son los islamistas dentro del Islam. Es sorprendente como los israelíes provenientes de los países islámicos que han sufrido históricamente muy pocas persecuciones en sus países de origen - por ejemplo, los judíos españoles expulsados en 1492 fueron bien acogidos en Turquía y las demás partes del Imperio Otomano - han usado después mucho más la bandera del Holocausto que los descendientes de las verdaderas víctimas europeas. Mientras que la población judía autóctona, o sea los descendientes de los poco más de 20 mil judías de finales del siglo XIX que se habían mantenido en Palestina desde los tiempos de la ocupación romana, rechazaba la creación de la Nueva Israel por antimesiánica, los inmigrantes ortodoxos ambicionan la Gran Israel de Salomón - más mito que realidad histórica ya que a lo sumo podemos hablar de un área de influencia gracias a pactos y alianzas dinásticas con múltiples reyes y reyzuelos - cuyas fronteras iban "desde el río [Éufrates] hasta el país de los filisteos, y hasta la frontera de Egipto" (1 Re. 4:21), lo que incluiría gran parte del Líbano, de Siria, de Jordania, parte de la Península del Sinai y hasta del Irak actual. Si los islamistas se niegan a reconocer Israel y los más radicales pretenden su destrucción, los judíos ultra-ortodoxos quieren expulsar a todos los palestinos tanto de Israel como de Palestina (Cisjordania y Gaza) e incorporar los territorios antes mencionados. Tal para cual.
Si
tiene interés en los antecedentes de la crisis o, mejor, las múltiples crisis
del Líbano, vea: Antecedentes de la crisis Líbano-israelí.
Mirando estos antecedentes con detenimiento nos damos cuenta del importante
cambio ocurrido a partir del año 1992. Si antes Israel se había enfrentado
principalmente a una organización puramente nacionalista y básicamente secular
como la OLP, que había moderado con el tiempo sus exigencias aceptando la existencia del Estado de Israel y
aboliendo su pretensión de destruirlo, ahora tiene que enfrentarse a dos
organizaciones islamistas para las cuales la creación de un estado palestino
independiente, y el bienestar de su población, son objetivos secundarios frente
a la principal; la propagación de su ideología islamista, teocrático y
totalitario. Si antes se enfrentaba a un enemigo guerrillero ahora tiene delante
un enemigo terrorista pura y dura. Puede sorprender la distinción que hago
entre la OLP como organización guerrillera y las islamistas como
terroristas, pero considerar - según la opinión de los proisraelíes a
ultranza, o sea los que siempre den la razón a los israelíes y nunca a los
palestinos - a la OLP como una organización terrorista me parece francamente
dudosa. Porque si lo hicieramos habría que re-escribir la historia de
nuestra Guerra de Independencia. Los guerrilleros españoles, aparte de objetivos
militares, también cometieron atentados contra "civiles" franceses y
afrancesados. Para los españoles fueron héroes, para Napoleón: rebeldes y
traidores (no usaba el término "terrorista" porque todavía no había
sido inventado). Los guerrilleros palestinos han actuado de igual forma y
además de cierta manera con la autorización de la ONU ("el derecho a la defensa armada de cualquier pueblo sometido a ocupación
militar"; Resolución 2621 del 12/10/70). Pero si insistan en llamar lo
terrorismo habrá que culpar igualmente a Israel de practicar terrorismo de
estado (vea: Terrorismo de Estado
). Otro término que se usa con
increíble ligereza en el conflicto palestino es el del antisemitismo. La
palabra "semitas" fue utilizado por primera vez hacia finales del siglo XVIII para
denominar a los pueblos de lengua semítica, actualmente limitado a los árabes y los judíos. El término
antisemitismo surgió hacia 1880 y designó la hostilidad exclusiva hacia los judíos basándose en aspectos
etnológicos y no religiosos. Esta limitación tenía algún sentido en
Occidente, con muchos judíos y pocos árabes, pero usarlo en el contexto de
Oriente Medio y en una lucha entre pueblos semitas es bastante surrealista.
Pero, ligerezas aparte, no hay duda que desde el punto de vista israelí (y occidental) la situación ha empeorado mucho. Parcialmente por culpa del Mossad que en los años 90 consideraba tanto a Hamas como a Hezbolá como organizaciones de poca importancia, más irritantes que peligrosas. Se equivocaron de enemigo y el virtual arresto domiciliario de Arfat, quitándole libertad de maniobra, facilitaba la labor de Hamas en convencer a gran parte de la población palestina de que la política "apaciguadora" de la OLP no llevaba a ninguna parte. No era nada sorprendente que a partir de la muerte de Arafat la situación empeoró todavía más y que Hamas se llevó el gato al agua ganando las elecciones por mayoría absoluta con una política basado en un concepto desfasado como la destrucción de Israel que desde hace 10 años parecía pasado de moda.
Hace pocos días Hezbolá organizó una gran manifestación en Beirut durante la cual su líder proclamó la victoria sobre Israel, lo que es obviamente una tontería. No obstante, tampoco Israel ha ganado nada con su fracasada incursión en el Líbano. Por una parte ha destruido gran parte del país lo que ha aumentado las simpatías para Hezbolá hasta tal punto que la población cristiana, históricamente inclinado hacia Israel, le está dando la espalda; por otra parte, para la población israelí, todo menos que una victoria aplastante es sentida como una derrota y una humillación. El ejercito israelí se parece cada vez más al de su principal mentor, los Estados Unidos, enormemente eficaz, por su alto nivel tecnológico, en la destrucción de fuerzas armadas regulares, pero mucho menos en su enfrentamiento con milicias irregulares, poco tangibles y muy fugaces. Como quedó demostrado en Vietnam entre 1965 y 1975, y en la actualidad en Irak y Afganistán, hace falta una superioridad descomunal en efectivos para contener guerrilleros, insurgentes y terroristas. Mientras que el ejercito israelí tiene que repartirse por todo su territorio y sus fronteras, la guerrilla islamista puede escoger sus objetivos y, por lo tanto, tener una superioridad momentánea en el punto de ataque. El problema se complica más si el enemigo dispone, como Hezbolá, de un amplio arsenal de cohetes para poder atacar a distancia. Es verdad que estos son antiguallas rusos de poco alcance y de menos precisión (los varios miles lanzados en Julio/agosto han ocasionado menos de 50 victimas) pero podemos estar seguros que poco a poco serán reemplazados por otros mucho más sofisticados por parte de Irán. Ya ha habido varias resoluciones de la ONU responsabilizando al ejercito libanés del desarme de la milicias de Herzbolá, una de estas típicas ideas surrealistas para las cuales la ONU parece tener la exclusividad. El 38% de la población libanesa es shiíta, y este porcentaje se repite en el parlamento, el gobierno y el ¡ ejercito! Pensar que en estas condiciones el ejercito se va a liar a tiros con Hezbolá es de locos, ya que terminaría en la repetición de la guerra civil de los años 70. La UNIFIL ampliada, últimamente acordado, tampoco va a resolver nada. Tratar de controlar a Herzbolá a la fuerza llevaría simplemente a otro atentado como el del año 83.
No hay duda de que Israel tiene gran parte de culpa de la encrucijada en que se encuentra. Siempre se ha alabado la capacidad intelectual del pueblo judío y es probable que sea verdad en lo que se refiere a los asquenazíes - nada mejor para avivar el ingenio que la persecución - pero muy dudoso con respecto a los judíos provenientes de los países árabes. Inteligentes o no, los gobiernos israelíes han demostrado desde el principio una preocupante falta de sentido común. Han sistemáticamente despreciado todas las oportunidades para llegar a un arreglo definitivo y duradero con los palestinos; unas veces por arrogancia después de haber ganado las grandes batallas, otras por falta de generosidad, otras por sus continuas luchas políticas internas. El resultado ha sido el cambio de un enemigo nacionalista, laico y posibilista por otro islamista, poco interesado en el bienestar del pueblo palestino, cuyo fin principal es la destrucción de Israel y la al-yihad al-asgar (el yihad menor) contra Occidente. La identificación de Israel con Occidente - o ,al revés, de Occidente con Israel - es lógica ya que por un lado Israel ha hecho todo lo posible para demostrar que se considera un país europeo, desde su participación en el Eurofestival de la canción, en las competiciones europeos de casi todos los deportes, y en multitud de otras organizaciones, mientras que por el otro lado Occidente se ha excedido siempre en la defensa a ultranza de Israel por encima del bien y del mal. Gracias a esto, los islamistas han logrado inflamar poco a poco sentimientos anti-occidentales en buena parte de las poblaciones musulmanes, convirtiendo Occidente en el Gran Satán.
Si el comportamiento de Israel ha sido progresivamente más insensato y, a largo plazo, suicida, la ONU y Occidente, especialmente Estados Unidos, comparten culpa. Cuando en 1948 la ONU (mucho más pequeña que ahora y con una aplastante mayoría de países occidentales que se sentían culpables y avergonzadas de su tradicional e histórico antisemitismo) votó a favor de la Partición de Palestina - lo que llevó inexorablemente a la creación de Israel - no se paraba en pensar en las consecuencias a corto plazo para la población palestina y a largo plazo para ella, Medio Oriente y Occidente. Estaba feliz de haberse quitado el problema judío de encima. Vana ilusión. Desde entonces no ha logrado hacer nada positivo para solventar o, por lo menos, aminorar el conflicto creado con tanta miopía política. Muchas resoluciones - casi todas ignoradas por parte de Israel -, otras resoluciones vetadas por Estados Unidos, y poco más. El más "culpable" es probablemente los Estados Unidos que ha sido durante casi 60 años el fiel protector y mentor de Israel mimándole en exceso hasta cuando las acciones de éste hayan sido en contra de los intereses de aquel. La explicación hay que buscarlo parcialmente en intereses electorales en los propios Estados Unidos. Principalmente en Nueva York, pero también en menor medida en algunos otros estados, el voto judío puede ser decisivo para orientar los Votos Electorales del estado en cuestión (vea: ELECCIONES USA) a favor de un candidato u otro en las elecciones presidenciales. Además Israel ha organizado un "lobby" muy fuerte con muchos intereses creados entre congresistas y senadores tanto republicanos y demócratas. No es de sorprender entonces que Sharon comentase en varias ocasiones, para tranquilidad de sus seguidores, que tenía a los americanos en el bolsillo. Todo esto ha sido, y sigue siendo, una auténtica desgracia para todos, israelíes, palestinos y Occidente, ya que ha permitido que Israel se haya comportado como un niño mal criado y, al mismo tiempo ha imposibilitado que Estados Unidos pudiera usar su papel de financiero principal de la economía israelí para que Israel entrase en razón.
Puede que alguien me
acuse de ser demasiado duro con Israel, de antisionista y hasta de antisemita, o
sea las típicas descalificaciones de los políticamente correctos, pero me
quedo muy corto comparado con Israel Shahak, un israelí
sobreviviente del Holocausto (no exactamente un antisemita) que en un libro
publicado en 1995 decía textualmente:
"Israel constituye un peligro no
solamente para si mismo sino para todos los Judíos y todos los pueblos y
estados de Medio Oriente. Mientras que el fundamentalismo islámico es atacado,
el fundamentalismo judío no es casi mencionado: el Judaísmo es usado para
justificar la política israelí que es tan racista, tan totalitaria y tan xenófoba
como los peores excesos del antisemitismo". Esto sí
es una opinión dura que a mí me parece exagerada, claro que yo no conozco los
entresijos de la situación israelí tan bien como él.
Es aterrador observar que casi todas las problemas políticas, y otras, que sufra el mundo son el resultado de decisiones tomadas, sin muchos miramientos, hace 60 o más años por gente que ha muerto hace mucho, de igual forma a que todos los errores de nuestros políticos en la actualidad condicionarán la vida de nuestros bisnietos. Quizás la política miope sea el verdadero "pecado original".
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10/2006Volver a POLÉMICA