EL HECHO RELIGIOSO Y EL MONOTEÍSMO JUDEOCRISTIANO (III)
DISERTACIÓN SOBRE LA EXISTENCIA DE DIOS
Cuando hace ya 5 años terminé la segunda parte de este ensayo no tenía intención de seguir ya que estuve aburrida de la corrupción del papado, de la sinrazón de las organizaciones religiosas y de la continua manipulación del mensaje divino que las iglesias pretenden representar. No quiero aquí hablar de Inquisición, de Reforma y Contra-Reforma (lo haré en otras ocasiones) sino del concepto de Díos.
Ya establecí antes (vea: Conciencia primitiva) la diferencia entre un Ser divino celeste cuya aceptación es un hecho universal, resultando en una misma fe en un Ser Superior ( "el que está arriba"), predominante en todas las sociedades a través de la historia del homo sapiens, y un díos más terrenal, más cercano y muy personal, que bauticé como "el díos capataz", usurpador de aquel.
El verdadero Ser Supremo debe de ser concebido como inmanente (por encima del Universo), en su "calidad del altísimo", su independencia absoluta del orden mundial, mientras que el Díos capataz - el adorado por las iglesias monoteístas- es claramente transcendente (dentro del Universo, más bien nuestro sistema solar) y personal - un concepto antropomórfico-, resaltando su presencia y participación dentro del proceso de nuestro mundo. Mientras que el primero es impersonal o suprapersonal, el segundo ha sido pensado como personal justamente por analogía con los seres humanos. Está claro que nosotros no hemos sido creados en la imagen de Dios - un concepto muy arrogante -, sino que hemos creado un dios "humano" en nuestra propia imagen. Tanto el Zeus griego (vea: El origen de la palabra Dios) como el YWHW hebreo (originalmente llamado EL), y otros parecidos, empezaron su carrera como dioses tribales entre nómadas y demostraron todos los defectos de estos en sus contactos con las civilizaciones matriarcales establecidas: violencia, arrogancia, machismo. Con la adaptación de los nómadas bárbaros a las civilizaciones sometidas, la adhesión al dios (o los dioses) se convierte en miedo reverencial y aparece el semi-dios o héroe, el chivo expiatorio, para proteger a la humanidad de la cólera divina. Mientras que en las religiones matriarcales estos semi-dioses son hijos de la Diosa, engendrados de forma asexual, en las religiones patriarcales son fruto de la violación de una mujer por parte del Dios. Todos tienen superpoderes pero son vulnerables en por lo menos un aspecto lo que a la larga lleva a su sacrificio. Todos tienen su talón de Aquiles.
En las grandes religiones monoteístas los semi-dioses fueron sustituidos por los profetas, personajes carismáticas con contactos directos con Dios gracias a sus visiones, sus alucinaciones y su capacidad de escuchar su voz. En el cristianismo, originalmente una secta judía, el personaje de Jesús empezó su carrera religiosa como profeta en imitación de Juan Bautista, pero a partir del siglo II, Jesús se convierte en un semi-díos, en Jesucristo. La violación típica de una mujer humana por el Dios se convierte en algo parecido a una violación "espiritual" ( por parte del Espíritu Santo) y disfraza pero no cambia el verdadero concepto. Jesucristo se convierte en el Hijo de Dios igual como todo los semi-dioses anteriores, y su inclusión en la Trinidad no cambia su origen ya que el Concilio de Éfeso celebrado en 431 sancionó la doctrina de que Jesucristo tiene dos naturalezas (humana y divina) fundidas en una sola. O sea, mitad dios, mitad hombre. No es sorprendente que primero los judíos y después los musulmanes han acusado al cristianismo de ser una religión pagana.
Es curioso e iluminador que tanto los profetas como los semi-dioses han sobrevivido hasta nuestros tiempos. Los reformadores protestantes, Lutero, Calvino, Zuinglio y otros muchos, fueron en esencia profetas en la tradición del Antiguo Testamento, como lo fueron Russell (Testigos de Jéhova) Joseph Smith (Mormones) y en el presente un profeta laico como Hubbard (Cienciología). Además abundan los pseudo profetas, más bien vulgares timadores. que se han inventado sectas por doquier. También los semi-dioses están por todas partes:¿o que son los Superman, Hombre Araña y otros de su calaña, si no semi-dioses laicos sacados de la mitología griega y mezclados con ciencia ficción? Son también supernaturales, tienen su punto flaco, y si no protegen a los humanos contra la ira de Dios o les salvan de sus propios pecados, les protegen contra las fuerzas del mal, contra el lado oscuro, y están dispuestos a sacrificarse por el bien de la humanidad.
Las iglesias, tanto la católica, la ortodoxa como las protestantes,
no quieren saber de nuevos profetas hace ya siglos. Lo que no es sorprendente si
tomamos en cuenta que todos sus principales características forman parte de un
cuadro clínico psiquiátrico conocido como esquizofrenia: "Afecta a las
áreas del pensamiento, las percepciones, los sentimientos, los movimientos y
las relaciones interpersonales. Las alteraciones del pensamiento se traducen en
la incapacidad para establecer conexiones lógicas, o en la aparición de
delirios. Las alucinaciones son la principal alteración de la percepción, y
las más frecuentes son las auditivas: el paciente oye sus propios pensamientos
en voz alta, o escucha voces imaginarias que le ordenan realizar ciertos actos,
o realizan comentarios" Otro
tanto ocurre con los místicos y visionarios cuyas alteraciones transitorias de
percepción parecen ser el resultado de brotes psicóticos relacionados
consciente
o inconscientemente con drogas alucinógenas. En relación con esto es
interesante el hecho de que el ácido lisérgico (LSD) es un componente del
moho del cornezuelo
del centeno, un hongo que crece sobre el grano del centeno. En la
edad media el centeno era principalmente usado como forraje y el pan negro de centeno
era considerado como pan para pobres. Pan hecho con harina infectada por el hongo
pudo dar lugar
a una enfermedad llamada ergotismo que en el medievo, y hasta bien entrado el
siglo XVII, provocó muchas epidemias. El ergotismo agudo se caracteriza por
desorientación mental, alucinaciones, calambres musculares, convulsiones y gangrena seca de
las extremidades, todo muy parecido a la descripción de la enfermedad sufrida
por Teresa de Ávila. El centeno se empezó a cultivar hace menos de 3000 años,
milenios más tarde que los demás cereales, y principalmente en Asia y partes
de Europa. No sé si es mera coincidencia o no, pero me parece por lo menos llamativo que la propagación del misticismo puro (no confundir con la
introspección y la meditación contemplativas) parece coincidir en todas las religiones
con las principales áreas centeneras. Cuando el cristianismo en su forma romana fue impuesto a
finales del siglo IV como religión oficial y única, se introdujo el concepto de
la "fe ciega" con la cual cualquier duda sobre el Dios cristiano, o
sobre la Trinidad, se convertía automáticamente en herejía o paganismo,
resultando en una instantánea condena a muerte. Como a partir de entonces toda
la vida estaba impregnada de religión impuesta, la fe cristiana o católica se
convirtió simplemente en un reflejo condicionado. Casi podemos decir
que los únicos verdaderos creyentes de una religión sean sus primeros adeptos,
o posteriormente sus conversos, ya que son los únicos que hayan tenido la
posibilidad de elección. En posteriores generaciones la fe es inculcada con
ahínco desde la más tierna infancia con coerción mental, y hasta física,
para modular la conducta. Cuando en una sociedad no hay
diversidad de ideas, ni contacto con otras culturas, la gente acepta sin
rechistar la ideología oficial y hasta el siglo XI los problemas de la Iglesia
fueron principalmente las luchas personalistas de poder, además de la
corrupción, en el Vaticano. A partir de allí, en gran parte por
contactos con la cultura musulmana y el lento redescubrimiento de la cultura
griega, se empezaba paulatinamente a cuestionar muchos aspectos de las
enseñanzas religiosas oficiales lo que endureció la postura papal y a la larga llevó a la
Inquisición, la Reforma y la Contrarreforma con, entre otras muchas cosas, su
Índice de Libros Prohibidos con pena de excomunión para los infractores. No obstante su control casi totalitario sobre la fe religiosa
de su grey durante casi 1600 años, la Iglesia, o por lo menos alguno de sus
teólogos, ha sentido la necesidad de buscar
una base racional para sostener la fe en Dios con la confirmación de la propia
"experiencia". Numerosos intentos se han llevado a cabo por parte de estos para probar la realidad de
Dios, mientras que al mismo tiempo otros
Dicho esto, se han hecho muchas razonamientos puramente
circulares para demostrar su existencia. El teólogo medieval Anselmo afirmó
que la misma idea de
un ser de quien nada más perfecto puede ser concebido supone su existencia,
pues la existencia es en sí misma un aspecto de la perfección. Pero para
otros no tenía sentido dar validez lógica a la transición de la idea a la
existencia real. En el siglo XIII, Tomás de Aquino - cuya obra fue olvidada
durante siglos y solamente fue resucitada a finales del siglo XIX por el Papa
León XIII que recomendaba
que la filosofía tomista fuera la base de la enseñanza en todas las
escuelas católicas - rechazó este razonamiento
ontológico, pero propuso otras cinco pruebas de la existencia de Dios que
todavía, o por lo menos desde finales del siglo XIX, son aceptadas de forma oficial por la Iglesia:
1) la realidad del cambio requiere un agente del cambio;
2) la cadena de
la causalidad necesita fundarse en una causa primera que no es causada;
3) los
hechos contingentes del mundo (hechos que pueden no haber sido como son)
presuponen un Ser necesario;
4) se puede observar una gradación de las cosas
desde lo más alto a lo más bajo, y esto apunta hacia una realidad perfecta en
el punto más alto de la jerarquía;
5) el orden y el diseño de la naturaleza
demandan como fuente un ser que posea la más alta sabiduría.
Para aplicar un procedimiento tan circular con total regresión en el razonamiento, podía haberse limitado a usar el principio de contradicción como postulado de su argumento: " Una proposición no puede ser verdadera y falsa al mismo tiempo". Como para el, y para la Iglesia, la existencia de Dios no pudo ser falsa, quedaba automáticamente demostrada su existencia. Hay que reseñar lo curioso que resulta que Aquino tomó tanta importancia en la Iglesia escasamente 30 años después de que Pío IX había proclamado como dogma la Inmaculada Concepción, considerando lo que había dicho Aquino 7 siglos antes sobre el particular: "es tan poco inteligible como una zanahoria sin pecado".
Pascal, Kant y otros, han aportado su granita de arena sosteniendo la necesidad de la existencia de Dios como garante de la vida moral, como si esta no fuera posible entre ateos. Los argumentos en contra de la creencia en Dios son tan numerosos como los que existen a su favor. El ateísmo niega de modo absoluto la existencia de Dios con, entre otros muchos, el argumento de que si existiera un Dios omnipotente, omnipresente y omnisciente, solamente se pudiera entender los males del mundo y el sufrimiento como obra suya lo que le convertiría en el mismísimo Satán. Los positivistas creen que no tiene sentido ni afirmar ni negar la existencia de Dios.
De las tres grandes religiones monoteístas, el Judaísmo y el Islam proclaman un Dios trascendente, personal y antropomórfico, mientras que el cristianismo pos-constantino - el resultado de un multisincretismo -, con el tiempo ha tratado de sintetizar la transcendencia y la inmanencia, lo que en la primera parte he descrito como el robo por parte del capataz de la hacienda a su dueño. Esta síntesis ha creado un Dios al mismo tiempo transcedente e inmanente, personal e impersonal, cercano y lejano. No obstante, hasta ahora las teorías sobre la existencia de Dios dentro del cristianismo se han limitada al aspecto transcendente y personal. Esto repentinamente ha cambiado con la reciente tesis del cura, matemático y cosmólogo polaco Michael Heller. Basa la evidencia de la existencia de Dios en la lógica matemática usando silogismos científicos. Vemos sus dos primeros proposiciones de las cuales se debiera deducir necesariamente la tercera:
"Las estructuras y leyes del universo se basan en el mero juego de las posibilidades en el marco de un universo caótico, en el que las leyes no son más que promedios; o en el marco del multiuniverso, en el que se realizan todas las posibilidades con mayor o menor probabilidad"
"En ambos casos, cosmos y caos no son fuerzas antagónicas sino dos componentes necesarios e inmanentes del universo"
No hay nada que objetar a la primera proposición, cualquier ateo puede estar totalmente de acuerdo. El problema es si verdaderamente la segunda lleva inexorablemente a la tercera del supuesto silogismo:
3. "Dios es la última causa de las leyes matemáticas que lo explican"
Más que un silogismo me parece un silogismo cornuto, o sea un dilema, ya que si en la primera proposición habla de un "universo caótico", en la segunda pretende, con el artilugio de cambiar el vocablo latino de universo por el griego de cosmos, convertir "en fuerzas antagónicas" dos conceptos que antes haya establecido como inherentes. Hubiera tenido más sentido si hubiera dicho más propiamente: " Gravitación y caos no son fuerzas antagónicas ......".
Vemos algunas de las fórmulas de Heller basadas en la suposición de que la ciencia sea un esfuerzo colectivo de la mente humana para leer la mente de Dios.
Causas del universo + la raíz de todas las causas posibles=Dios
Naturaleza matemática + inteligibilidad del ser humano...=Dios
Contingencia+ racionalidad + ajuste fino del universo .....=Dios (Creador inteligente)
Es sorprendente que la Iglesia haya alabada estas teorías como la demostración científica y definitiva de la existencia de Dios. Lo que demuestra Heller, si tuviera razón, no es de ninguna forma la existencia del Dios transcendente y personal del Antiguo Testamento sino más bien un Ser Supremo inmanente e impersonal, el principio activo de la creación del Universo y de los leyes matemáticas, físicas, químicas y bioquímicas que lo rigen, y que una vez puesto en acción no pueden ser alteradas ni siquiera por Éste. La función de "Dios" (Ser Supremo, conjunto de las leyes científicas, principio activo) se limitaría entonces al "Big Bang", a partir del cual el Universo se desarrolló según su propia lógica interna, y la evolución de la vida en la Tierra (y en otras muchas planetas) sería el resultado de esta misma lógica. Sin ninguna teoría científica, filosofías como el taoísmo y el confucionismo han llegado hace ya dos milenios a conclusiones parecidas. En el taoísmo el Ser Supremo (Sagrado) es el ritmo del Universo; en el confucionismo es la ley moral del cielo.
Dicho esto, hay que tener mucho cuidado en elaborar teorías sobre la existencia de un Ser Supremo a partir de nuestros conocimientos científicos. Es verdad que estos han aumentado exponencialmente en los últimos siglos pero es igualmente verdad que solamente hemos arañado la superficie de todos las incógnitas por descifrar y conocer. Además, algunas de las teorías existentes pueden ser erróneas. Si hasta el máximo genio del siglo pasado, Albert Einstein, se equivocó no dándose cuenta de que su teoría de la relatividad general indicaba que el Universo no era estático, sino que debía expandirse o contraerse, entonces habrá que esperar que en el largo camino del desarrollo del conocimiento se cometerán muchos errores que de vez en cuando pueden llevar a callejones sin salida. Actualmente hay varias teorías contradictorias sobre el futuro del Universo. Un "universo abierto", infinito en extensión, que se expandirá indefinidamente. Un "universo cerrado", finito en extensión, en donde la expansión descenderá hasta detenerse dando lugar a una contracción y el colapso gravitatorio total del mismo. Un "universo pulsante" en donde el universo colapsado anterior explotaría de nuevo ( un nuevo "Big Bang") creando un nuevo universo el cual después de su periodo de expansión colapsaría igualmente y así hasta el infinito.
Estos teorías plantean varios interrogantes. Por un lado, si fuese verdad lo del universo pulsante: ¿ cuantos universos habrán existido antes del nuestro, y no habrá muerto el Ser Supremo en el primer colapso ya que a partir de aquel momento el sistema se autoalimenta haciendo innecesaria cualquier intervención "divina"? Por otra parte, el "universo abierto", de expansión infinita, presupone que el universo flota en un vacío infinito en el cual podrían existir universos paralelos. ¿Que pasaría si el nuestro se tocase en su expansión con otro también en expansión, y peor todavía, si el otro consistiría de antimateria? Como la materia y la antimateria (partículas y antipartículas, electrones y positrones) se aniquilan mutuamente cuando chocan - con la consiguiente destrucción de la materia-, liberando grandes cantidades de energía, el choque de dos universos de materia opuesta resultaría, probablemente, en una cadena de explosiones cósmicas dejando un "vacío" total.
Con todo esto simplemente he querido indicar lo aventurado que resulta aplicar nuestras leyes científicas, todavía muy básicas, al Universo y todavía más a la existencia o no de un Ser Supremo o Sagrado.
Descartado por el propio Heller cualquier referencia a un Dios transcendente y personal, no critico a los creyentes que siguen apostando por él. No hay duda que para estos la fe en un Dios cercano forma un importante apoyo psicológico contra el profundo miedo existencialista del ser humano y contra la incapacidad de aceptar la existencia de nuestro sistema solar, la Tierra y la vida humana, como un accidente cosmológico, resultado del más puro azar. La incapacidad de poder imaginar que en caso de que nuestro Sol se convirtiera repentinamente en una Supernova- por suerte todavía faltan algunos miles de millones de años-, con la instantánea desaparición de sus planetas, este hecho llamaría en un Universo con más de 10.000 trillones de estrellas menos la atención que la muerte de cualquier persona anónima en la Tierra. Por otra parte, los creacionistas evangélicos en Estados Unidos se agarran como a un clavo ardiendo a su creencia de que el mundo fue creado hace más o menos 6000 años, probablemente porque 300 generaciones humanos como edad del mundo (universo) son para ellos más tragable que un universo de unos 15.000 millones de años. Para ellos la ciencia pura es obra del diablo lo que no les impide hacer uso de los resultados de la ciencia aplicada y de la tecnología - coches, aviones, emisores de televisión, teléfonos móviles etc.-, para su vida privada y para difundir sus opiniones. Un claro autoengaño, si no un timo, provechoso.
Al
final seguimos sin tener una definición definitiva de la esencia del Ser
Supremo o, si quieren Dios. No obstante, podemos tratar de profundizar algo más
echando mano de la filosofía metafísica. En su tratado "Ética", Spinoza
proponía que el
Universo ( para él poco más que nuestro sistema solar) era idéntico a Dios, que
era la "sustancia" incausada de todas
las cosas.
Subrayó que tanto los fenómenos materiales como los
espirituales son atributos de una materia subyacente. Esta doctrina anticipó la
teoría monista de la "mente-sustancia" en la cual la
materia y la mente se consideran tan sólo aspectos diferentes de lo mismo.
Opiniones no muy diferentes a las de muchos pensadores griegos clásicos que introdujeron
una variante del
materialismo conocida como hilozoísmo, según la cual la materia y la vida son
idénticas. Las religiones panteístas asiáticos mantienen por su parte que Dios
está en todas las cosas, un pensamiento que podemos invertir en: " todas
las cosas son parte de Dios".
¿Hay alguna validez en considerar la
materia y la vida idénticas, o, dicho de otra forma que la vida sea nada
más que una manifestación de la materia? Sin ninguna duda, las proteínas (
del Gr. proteios= primero), los principales componentes de las
células, son el resultado de las
distintas combinaciones entre veinte aminoácidos distintos, compuestos a su vez
por carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y a veces azufre, o sea elementos
de lo más material imaginable. Por otra parte, la materia no está tan muerta
como nos puede parecer con nuestros sentidos limitados; en el ámbito subatómico, los
partículas elementales (unidades de materia fundamentales) ejercen fuerzas sobre las demás partículas y son continuamente
creadas y aniquiladas. Entonces, si según estas filosofías y creencias la
diferencia principal entre vida y materia es de matiz, podemos considerar la
proposición hipotética de que Dios= Universo=Dios. Un Dios-Universo inmanente,
impersonal y al mismo tiempo: "vivo". Porque por extraño que pueda
parecer el Universo se parece mucho a un organismo vivo. Nació, creció y sigue
creciendo y (probablemente) morirá; tiene sus órganos en forma de galaxias y
sus células en forma de estrellas - muriendo y naciendo continuamente -, y es
tan poco consciente de ellas como nosotros de las nuestras. ¿Y que somos
nosotros dentro de este Universo? Muy poca cosa. Para nosotros nuestra
vida es de importancia primordial porque sin ella no tenemos nada. No obstante,
si para la supervivencia de nuestra especie nuestra vida individual importa
ahora ya menos - en un sentido biológico-, que hace 10.000 o 20.000 años
cuando éramos muy pocos - 7000 millones contra escasamente un par -, en la
inmensidad del Universo nuestra especie tiene tan poca importancia como
cualquier especie de hormigas para nosotros.
© 6/2008
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