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LAS GUERRAS IMPOSIBLES
Las grandes guerras duran en general no más de 4 o 5 años, y terminan por el agotamiento de una de las bandas. ¿Y la Guerra de los Cien Años (1337 -1453; 116 años!); la de los Ochenta Años (Guerra de los Países Bajos); la de los Treinta Años etc.? No fueron guerras en sentido estricto sino conjuntos de conflictos armados interrumpidos por treguas y tratados de paz. Los actos de guerra fueron esporádicos y las grandes batallas infrecuentes.
La última guerra verdadera fue la de Corea, y las posteriores, las de Vietnam, Irak y Afganistán, fueron una combinación de guerra y guerrilla, imposibles de ganar a largo plazo por permitir la existencia de santuarios intocables. En Vietnam, Estados Unidos luchaba contra el Vietcong, supuestamente un movimiento guerrero local pero que contaba no solamente con el apoyo logístico y armamentístico de Vietnam del Norte sino éste, además aportaba, buena parte de sus oficiales y filas. Lo lógico hubiera sido llevar la guerra al Norte donde el terreno era mucho más apropiado para una guerra tecnológica - basado en el uso masivo de tanques, helicópteros y misiles aire-tierra - en la que Estados Unidos sobresale, que la selva del Sur. Pero esta estrategia no fue considerado aceptable- menos un cierto nivel de bombardeo - por miedo a que resultase en un conflicto armado con China. Por lo tanto, el ejército estadounidense en su lucha contra el Vietcong era comparable a un boxeador que tiene que combatir con una mano atada detrás de la espalda. El resultado a la larga fue el previsible: una retirada humillante. La guerra fue imposible de ganar, y hubiera sido más sensato no haber entrado nunca en un conflicto entre vietnamitas, con el único propósito de sostener una dictadura corrupta. La guerra fue enormemente costosa tanto en dinero como en victimas y tuve una enorme oposición en el país.
Tanto la guerra de Irak como la de Afganistán tienen muchas cosas en común con la de Vietnam. Es verdad de que en estos casos no se trataba de sostener un régimen corrupto por muy anticomunista que fuera, sino de acabar con dos regímenes totalitarios. Dos guerras, comprensibles, rápidas y contundentes, pero muy mal aconsejadas. Las dos consecuencia de "la guerra contra el terror" proclamada por la Administración Bush después del "11 de Septiembre". El régimen de Sadam Hussein poco tenía que ver con Al-Qaeda - eran enemigos declarados - pero podemos aceptar la intención humanitaria de usar la oportunidad y la justificación para terminar con un sistema totalitario e inhumano, por mucho que terminar con Sadam era un grave error geopolítico. Hasta entonces Irak había sido el contrapeso principal para el expansionismo chií de Irán y había evitado que este se pudiera convertir en una amenaza, nuclear o no, para la región, como en efecto ha ocurrido. La guerra fue un auténtico paseo militar, hasta tal extremo que debiera de haber sido considerado muy sospechoso. Los americanos no tardaban mucho en darse cuenta que Sadam, a sabiendas de que no pude evitar la derrota, ya tenía organizado una bien armada resistencia posguerra que iba a dar muchos dolores de cabeza. Si la guerra había sido ya un error, la intención de convertir Irak en una democracia occidental era una auténtica ilusión. No se puede imponer un sistema político a un país que es extraño a su experiencia, su psicología y hasta su religión. Nosotros hemos tardado siglos en llegar a nuestro sistema democrática actual - bastante imperfecto por cierto - y de los 194 países actuales escasamente 30 lo representan. Pensar que se lo podía imponer en Irak, más o menos a la fuerza, era de locos. Pero lo peor de todo fue prolongar en exceso la estancia de las tropas aliadas, muy por encima de cualquier plazo lógico. Después de las primeras elecciones y un periodo de dos a tres años para entrenar un nuevo ejército y la policía se les debía haber dejado a su suerte. Si Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial logró en menos de 4 años levantar y entrenar un ejército de más de 3 millones de hombres, aparte de ganar la guerra, no hay razón para pensar que no se podía haber creado un ejército iraquí en mucho menos tiempo. Haber seguido más tiempo, casi en funciones de niñera, no ha tenido ningún resultado positivo. Muy al contrario, el gobierno iraquí parece ahora más disfuncional que nunca, y los atentados terroristas, tanto por parte de los suníes como de los chiís, están en continuo aumento. Peor todavía, al-Qaeda tiene ahora una fuerte presencia, inexistente durante los años de Sadam Hussein. La lección debiera ser clara: si después de haberles dado todo a pedir de boca no son capaces de arreglárselas entonces quizás se merecieron a Sadam Hussein, quizás necesitan una mano de hierro para no echarse por los cerros de Úbeda.
Otro tanto ocurre en Afganistán. La acción original estaba dedicada a echar los talibanes, en parte para eliminar la base principal de al-Qaeda, en parte para terminar con un régimen brutal y retrogrado. Una vez cumplida esta misión hubiera sido más aconsejable financiar y equipar los señores de la guerra locales para mantener los talibanes a raya, que tratar de introducir, y hasta imponer, un sistema democrático y semi-laico, completamente extraño a las tradiciones y la psicología de los afganos. La oposición a los talibanes no era por una diferencia de fondo sino de grado, o sea, por haber llevado la tradición musulmana local y las costumbres ancestrales a extremas excesivas. Por lo tanto la mentalidad de los afganos está más cerca de la de los talibanes que de la nuestra. En el medievo bajo europeo la mayoría de los creyentes estaban en contra de la Inquisición por su exagerada opresión y brutalidad, pero si un poder extranjero les hubiera ofrecido liberarles de la misma, bajo la condición de tener que sacrificar sus tradiciones y sus costumbres, y adoptar las de sus "salvadores", lo hubieran rechazado con indignación. Es curioso que los talibanes, en vez de suspender en el principio sus actuaciones para así adormecer a los aliados y crear la ilusión de que todo estaba ganado - lo que hubiera resultado en una temprana retirada - hicieron todo lo contrario, con la evidente intención de desgastar al enemigo con todo el costo en recursos y victimas que para éste implicaba, y al mismo tiempo crear cada vez más rechazo a la presencia extranjera. Esta táctica fue facilitada por poder replegarse en sus santuarios en la provincia del norte de Pakistán conocido por "Frontera del Noroeste", en cuyas madrazas habían sido indoctrinados, y donde habían sido entrenados y armados por la Policía Fronteriza, tan pashto como ellos. La colaboración con Estados Unidos por parte del gobierno pakistaní - que funcionaba bajo Musharrif - ha creado enormes tensiones bajo gobiernos "democráticos" débiles y, con el continuo aumento de atentados locales provocados, sin duda, por los talibanes, Pakistán se ha convertido en un estado fallido que pueda estallar a corto plazo. La retirada de la OTAN de Afganistán tendrá como resultado la ocupación de gran parte del país por parte los talibanes y una guerra civil interétnica contra los tayikos, uzbekos y hazaras que se defenderán en su baluarte montañoso del norte. Por otra parte, la más que probable desintegración de Pakistán, a corto o medio plazo, puede crear una amenaza nuclear, superior a la iraní, si sus 70 armas nucleares cayesen en manos talibanes.
Las dos guerras no han arreglado nada y, peor todavía, terminarán por agravar la inestabilidad en la región. Si ya es negativo haber prolongado en demasía la presencia de la OTAN en los dos países, el apoyo incondicional a la "primavera" árabe y la ayuda total de su aviación a los rebeldes libios, sin saber lo que los manifestantes y insurgentes verdaderamente representen, va a empeorar la situación en Oriente Próximo y el Norte de África, por sí ya mala. Existe un clamor en Egipto, con un respaldo mayoritario en la población, de anular el Tratado de Paz con Israel. Un clamor todavía rechazado por los militares, pero que será una de las primeras decisiones que tomará el gobierno resultante de las próximas elecciones generales, que será más que probable controlado por la Hermandad Musulmana, o sea, por los islamistas. Nadie sabrá lo que va a ocurrir en Libia una vez que Gadafi desaparecerá definitivamente. Hay muchas facciones cuya única vinculación ha sido su odio y oposición al dictador, pero que una vez ganada la batalla empezarán a competir entre si por la hegemonía. Considerando que cada hombre está armado hasta los dientes, hay que prever una larga guerra civil entre múltiples bandas que puede llevar a la anarquía total muy parecida a la situación en Somalia.
Lo peor de todo es la situación de Israel. Estará de nuevo rodeado por enemigos - al régimen sirio le conviene una guerra para aplacar la rebelión anti al-Assad - y ha perdido uno de los pocos amigos que le quedaba en la región: Turquía. Ya avisé hace años (ISRAEL: HUIDA HACIA NINGUNA PARTE) que solventar el conflicto con Palestina era más importante para Israel que para aquél, y que sin una urgente solución la existencia misma de Israel a medio plazo sería dudosa, y tratar de asegurarla nos puede llevar a la Tercera Guerra Mundial.
El hecho de que Estados Unidos se haya sentido moralmente obligado a convertirse en el gendarme del mundo, junto con la obsesión occidental de querer exportar la democracia al mundo entero, ha dado resultados adversos. En parte estas actitudes han sido siempre muy selectivas - las barbaridades cometidas en Ruando, Zaire, Zimbabwe, Somalia, el Sudan etc., muy superiores a las de Libia y Siria no han tenido reacciones parecidas - pero, peor todavía, no han resuelta nada y han sido con su gasto excesivo culpable en parte del agotamiento financiero de los Estados Unidos. Para protegerse contra el terrorismo islamista hubiera sido más efectivo de proteger sus propias fronteras. La frontera mejicana es una auténtica coladera no solamente para inmigrantes ilegales pero también para las violentas bandas de narcotraficantes mejicanos y, peor todavía, para la entrada de terroristas.
© 9/2011
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