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Hace años apunté los peligros de una globalización incontrolada y que pudiera llevarnos a un capitalismo salvaje y explotador. Ahora parece que esta globalización nos está llevando directamente no a un bienestar global, de que tantos profetas económicos y sociales nos tratasen de convencer, sino a una crisis global económico y financiero cuyos consecuencias pueden destruir todas los avances económicos de las últimas décadas si no del último medio siglo. Si esto ya es malo la cosa se agrave mucho más si consideramos que desde entonces la población mundial se haya duplicado con lo que vamos a presenciar un bajón importante en el nivel de vida por doquier.
Según muchos observadores la globalización fue una creación de los estados ricos y poderosos a favor de los bancos multinacionales y las mega corporaciones buscando imponer sus oligopolios en toda la economía y al mismo tiempo mentalizando el sector estatal para socializar sus riesgos a largo plazo. Según ellos:
" Estas entidades que hace años fueron ya bautizadas como "los amos del mundo" no tardaron en trasladar buena parte de su aparato productivo a países "emergentes" para aprovecharse de una mano de obra mucho más barata y a continuación exportar libremente los productos fabricados a sus propios países y comercializarlos a los precios de siempre con un vertiginoso aumento de beneficios. Poco les importaba que con esta política hacían un daño importante y muchas veces irreparable al tejido industrial de sus propios países con un importante aumento del paro. Está claro que toda la política de sus gobiernos (poco importa de que color político) han obrado más para los intereses de su complejo financiero-industrial que para los intereses de sus votantes. Todos los acuerdos comerciales actuales supuestamente dedicados a libre comercio permiten en la práctica que concentraciones privadas de poder de Occidente eliminen regulaciones internacionales sobre salud, medioambiente, derechos laborales y explotación infantil, ya que tales regulaciones van en detrimento de las futuras ganancias. Los poderes "fácticos" que no rinden cuentas a nadie, se han convertido en implícitos superadministradores de los mercados. Esto, entre otros muchos, incluye mecanismos diversos para evadir la disciplina del mercado. Con razón hubo voces que bautizaron a los acuerdos de libre comercio por su impacto real en el comercio mundial: "acuerdos de libre inversión".
Todo esto es, por muy exagerado que parezca, parcialmente verdadero. Gran
parte del llamado "boom" económico en Estados Unidos en la última
década del siglo pasado y el primer quinquenio del actual ha sido puro humo. El
crecimiento per cápita fue mucho más bajo que en los primeros 15 años después
de la segunda guerra mundial y el "boom" ha existido solamente para
un pequeño sector que se ha convertido de rico en superrico mientras que al
mismo tiempo los acomodados pensaron que gracias a la bolsa y la burbuja
inmobiliaria (¡!) se habían hecho ricos y hasta los pobres empezaron a tener
delirios de grandezas. La verdad para las últimos dos categorías ha sido bien
diferente. Su participación en el BIP ha bajado continuamente en los últimos 20
años. Lo que quiere decir que son ahora comparativamente más pobres que
antes.
Los profetas de la globalización nos vendieron el cuento que ésta
significaba la convergencia hacia un mercado global con precios y salarios
equivalentes en todas partes. Lo que ha ocurrido ha sido todo lo
contrario.
Lo peor de la globalización presente y la razón de que se haya convertido en una crisis global es la libre circulación de capital especulativo que no existía hace un siglo y que ha dado lugar a que cientos de miles de millones de dólares se mueven a diario por todo el mundo buscando rentabilidad. Un movimiento sin el más mínimo control, restricción o supervisión, resultado directo del desmantelamiento de los acuerdos de Bretton Woods. Con esto se ha creado un neocapitalismo salvaje, oligopolístico y manipulado, o sea la antítesis misma del capitalismo liberal. La más optimista opinión sobre el futuro de la globalización es: "su evolución será inestable y se caracterizará por una volatilidad financiera crónica y una intensificación de las diferencias económicas".
Es casi un sarcasmo que justamente los megabancos y las megaempresas que pensaban ser los principales beneficiarios de la globalización se hayan convertidos en sus primaras victimas y en su caída han arrastrado a medio mundo. Nos debiera enseñar que más grande casi nunca significa mejor y que empresas y bancos tienen un tamaño óptimo que nunca debieran superar. Hace 10 años Citi - el "banco que nunca duerme" y que se ha descompuesto por falta de sueño - pretendía llegar a los mil millones de clientes, logró llegar a doscientos millones y en el camino se ha desangrado. Por otra parte el desplazamiento de industrias desde Occidente al tercer mundo muchas veces con desgravaciones fiscales en los países de origen tiene ya una larga tradición. A finales de los años sesenta participé marginalmente, por razones lingüísticas, en unas negociaciones para la venta de un astillero "llave en mano" por parte de una compañía española de ingeniería a una empresa surcoreana. La venta tuvo éxito, créditos a la exportación incluido, y me dejó perplejo ya que me parecía el primer paso hacia la desaparición de los astilleros españoles, como ocurrió en efecto unos diez años después. Situaciones parecidas se han dado en todos los países industriales y de forma acelerada a partir de 1995. Todos los grandes fabricantes de coches han montado plantas conjuntas en China para de esta forma abaratar el precio medio de sus coches y compensar los costes excesivos en sus propios países por culpa de los convenios colectivos firmados con los sindicatos obreros. Claro, en el proceso sus socios chinos han aprendido como montar las plantas en cuestión y han tenido acceso a tecnología avanzada que, con su talento para la mímica, no les cuesta imitar. Ya se han formado las primeras compañías netamente chinas a punto de lanzar sus primeros modelos al mercado. Las proyecciones son que en menos de 20 años nada menos que 4 de cada 5 coches vendidos en el mundo serán fabricados en China. Pero el problema no son solamente los coches. El gobierno chino tiene planes avanzadas para convertir 100 millones de sus campesinos en trabajadores industriales antes del 2025, lo que puede ser la muerte de la industria occidental.
En todos los países occidentales el concepto proteccionismo es considerado políticamente incorrecto pero en Estados Unidos parecen haber olvidado que haya sido gracias a un fuerte proteccionismo industrial desde 1850 hasta la primera guerra mundial que se haya convertido en la primera potencia mundial. Sin este proteccionismo sus productos no pudian haber competido con los británicos y Estados Unidos hubiera sido simplemente un país agrícola. Los chinos lo saben de sobra y por muchos convenios internacionales suscritos han creado un "proteccionismo" basado en mantener la cotización del yuan artificialmente bajo con el resultado que sus exportaciones salen baratos y sus importaciones muy caros, dándoles enormes ventajes competitivos y cerrando en la práctica el acceso de los demás a gran parte del mercado chino. Todo el mundo se queja y los chinos sin inmutarse. Al fin y al cabo son los banqueros de una gran parte de la deuda pública estadounidense y, en menor medida, del resto de Occidente. Con la reciente venta de armas por parte de los Estados Unidos a Taiwan, en cumplimiento de un acuerdo firmado hace años, algunos generales chinos ya pidieron a su gobierno de inundar el mercado financiero con los bonos del tesoro americano en su poder lo que habría dejado el dólar por los suelos. A los políticos chinos este tipo de aventura no les interesaba por el momento ya que les iba a costar demasiado dinero justamente cuando están entrando en una fase de plena expansión, pero dar tiempo al tiempo y dentro de 10 o 15 años puede que la idea les parezca muy atractiva: doblegar a Estados Unidos sin pegar un tiro.
Si Obama sigue con la misma política económica y financiera del año pasado la deuda pública americana habrá llegado al final de su mandato al 100% del PIB conque a partir de 2012 puede entrar en una etapa de decadencia muy difícil de remontar y Estados Unidos puede convertirse en una presa cada vez más fácil y apetitosa.
Los imperios tienen una vida finita cada vez más corta. Roma empezó su hegemonía a partir de los guerras púnicas y logró mantenerla hasta principios del siglo V d.C. o sea unos 600 años. El imperio británico duró escasamente 200 años y el americano va a llegar a poco más de un siglo. Nosotros en Europa hemos prosperado durante 50 años bajo la protección del paraguas americano conque si cae Estados Unidos, caemos nosotros.
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ã 3/2010