LA GLOBALIZACIÓN, ARGENTINA Y EL FMI
| Capitalismo Salvaje | FMI | Hambruna | Ineficacia |
| Monetarismo v. Keynes | Dolarización | Argentina y la seudo-dolarización |
Todos los defensores del mercado libre y liberal, todos los que creemos en la paulatina desaparición de las barreras aduaneras, estamos a favor de la globalización. Pero - siempre hay un pero- muchos tenemos ciertos reparos. Existe un fundado miedo de que haya muchas fuerzas dispuestas a convertir un concepto liberal en otro neoliberal y en aprovechar la globalización para extender el capitalismo salvaje reinante por todo el globo.
El movimiento anti-globalización es muy variopinto y reúne en su seno desde movimientos que quieren encaminar la globalización de una forma controlada, a otros - en general agrícolas - solamente interesados en defender a capa y espada su mercado y sus subsidios, hasta los grupos supuestamente antisistema que se apuntan a todo que les dé la oportunidad de armar camorra. Aquellos estarían bien avisados de librarse de tanto compañero de viaje impresentable y, si quieren que la sociedad les presta la más mínima atención, esperemos que el Foro Social Mundial de Porto Alegre se desarrolle de forma prudente. Hasta ahora el movimiento se ha parecido demasiado a los muchos partidos políticos que, estando en la oposición, solamente se les ocurre presentar sistemáticamente enmiendas a la totalidad a todos los proyectos de ley introducidos por un gobierno mayoritario, sin importarles si el espíritu de la ley sea valido y, por otra parte, sin darse cuenta de que con esta actitud la posibilidad de introducir enmiendas de mejoramiento se convierten en ilusorias.¡ "Mal consejero es el rencor"! Una cosa es ver los peligros de la globalización si fuese manipulada de forma incontrolada, otra bien distinta es atacar frontalmente un concepto que bien llevado pudiera ser altamente beneficioso para todos y especialmente para el tercer mundo.
Si actualmente los países industrializados, o sea los del "primer mundo" demuestran ser incapaces de controlar la voracidad de muchas de sus empresas, como queda probado por la enorme cantidad de delitos ecológicos, societarios, financieros, bursátiles y otros, cometidos continuamente - los escándalos que surgen regularmente son solamente el punto más alto de la cima del iceberg - tenemos pleno derecho a preguntarnos lo que los multinacionales - grandes y pequeños, asociados en diabólico simbiosis con los regímenes dictatoriales o autoritarios que tanto abundan en el tercer mundo - harán cuando les demos carta blanca para operar a su antojo en países donde normalmente no existe ninguna legislación comparable a la occidental ni ninguna forma de control. Hay muchos ejemplos de la actitud si no criminal (si no hay ley no hay delito) ciertamente inmoral de las multinacionales. Para mencionar algunos: compañías químicas que abandonan - visto y no visto- sus instalaciones en el tercer mundo después de haber envenenado toda una comarca con miles de víctimas, y se niegan a pagar la más mínima indemnización; compañías mineras y forestales que arrasan todos los bosques tropicales del mundo etc.. Si hasta en España una compañía sueca - de un país con la reputación de estar entre los más democráticos del mundo - responsable de un grave delito ecológico en Doñana, se ha marchado con la música - su corrupta música - a otra parte, abandonando a sus obreros y escapándose por piernas, que se pueda esperar del comportamiento de los multinacionales en el tercer mundo.
Buena parte de la culpa de la situación del tercer mundo es atribuible directamente al FMI y al Banco Mundial, no porque no hayan hecho lo suyo en extender ayudas y préstamos a los países en cuestión, sino por su total falta de control sobre los fondos aportados. Conociendo el voraz apetito financiero de los dictadores y los poderes fácticos que controlan la inmensa mayoría de los países subdesarrollados, y que son los principales culpables de su atraso y pobreza, es sorprendente que estas ayudas y prestamos sean transferidas sin más a los Bancos Centrales correspondientes sin que haya un mínimo control posterior sobre el uso de todos estos fondos. El resultado lógico ha sido - y sigue siendo - que pocos días después de su entrega gran parte de estas fondos son transferidos a las cuentas de los gerifaltes en paraísos fiscales (vea: Paraísos fiscales).No se entiende muy bien porqué el FMI y el Banco Mundial no exigen estudios de inversión y de gasto a los gobiernos y se comprometen simplemente a pagar facturas contrastadas hasta alcanzar el importe total de las ayudas o préstamos concedidas. Si ya es inaceptable que las ayudas sirvan solamente para engordar las cuentas de políticos corruptos, aquellas por lo menos tienen la ventaja de que son a fondo perdido, mientras que, al contrario, de los préstamos hay que pagar los intereses y la amortización. De esta forma los países, o mejor dicho sus ya empobrecidos habitantes, terminan por pagar unos préstamos sin haber disfrutado de ellos. Como era ya previsible desde el principio al final no queda más remedio que condonar estos préstamos con el consiguiente quebranto para los contribuyentes occidentales cuyas aportaciones solo habrán servido para enriquecer unos auténticos hijos de puta desalmados. Pero parece que no se puede hacer nada, para no ser acusados - que cinismo - de "interferir en los asuntos internos de los países receptores".De otra parte, hasta en los contados casos en que los políticos son razonablemente honestos, las ayudas y préstamos sustituyen normalmente fondos propios que sin ninguna razón han sido usados para la compra de más y más armas. Armas que aumentan la posibilidad de conflictos con los vecinos - los generales, igual que los niños, quieren usar sus nuevos juguetes - o son usados para oprimir a la propia población.
Pero no solamente las dos instituciones mencionados hacen gala de una falta total de sentido común, sino podemos extender el cumplido a casi todas las instituciones internacionales. Un ejemplo típico es el Programa Mundial de Alimentos (WFP) en su tratamiento de la HAMBRUNA. Hace ya más de 20 años el Nobel (1998) Amartya Sen, demostró que la hambruna no es tanto un problema de ausencia de alimentos (falta de oferta) sino de capacidad de compra, y que normalmente ocurra en una región específica de un país mientras que en otras haya abundancia de alimentos e incluso exportación de los mismos. La explicación es que los países en que las hambrunas ocurren, aparte de ser casi exclusivamente agrícolas, son muy poco monetarizados. Casi todo se basa en el trueque. Cuando en una región la cosecha se malogra por razones meteorológicas o por culpa de las plagas, la población se queda totalmente desamparada. Las granjas son normalmente propiedad de una familia lineal, pero en ella trabajan y de ella depende todo un clan familiar desde tíos, primos, y sobrinos a parientes más lejanos. Con la hambruna todos estos parientes son expulsados por la familia propietaria en un intento de asegurarse su propia supervivencia, y una enorme masa de desplazados se echan a los caminos en busca de comida. Otro tanto ocurre con todos los pequeños artesanos y comerciantes tan dependientes de una buena cosecha como los campesinos. Que en otras regiones del propio país haya alimentos de sobra no resuelve nada ya que por falta total de dinero no se crea mercado. La solución del problema por parte del WFP es a todas luces inadecuada y equivoca. La WFP compra excedentes alimenticias en Occidente a un precio más o menos bajo, lo transporta por vía marítima o aérea hasta el principal puerto o aeropuerto del país receptor, monta todo una infraestructura de reparto, y transporte la comida por camión hasta la región afectada. Hecho de esta forma la ayuda es lenta -llega cuando los niveles de desnutrición son ya alarmantes; es cara - el transporte se paga a precios comerciales; es ineficaz - gran parte se pierde en el camino por robo o confiscación por parte de los militares o guerrilleros; es peligrosa - muchos voluntarios se juegan la vida. Y todo esto sin ton ni son, sabiendo que el problema no es de comida sino de dinero en efectivo. Todo este sistema parece estar hecho a medida de los armadores; un auténtico chollo. Aplicando el más mínimo sentido común los organizadores se hubieran dado cuenta que la solución es tan sencillo como repartir diariamente una pequeña cantidad de dinero a cada familia de hambrientos y dejar que funcionase el mercado. De esta forma la ayuda podía ser casi instantánea - con muy pocos días de retraso; sería mucho más barato - estamos hablando de precios de tercer mundo; y mucho más eficaz - es mucho más difícil robar el dinero a decenas de miles de gente desesperada que confiscar camiones en un puerto. Pero ya sabemos, cuando no hay lógica ni razón quizás lo que haya son demasiadas "razones".
Para volver un momento al FMI: el fondo fue creado en 1944 con el propósito de evitar las oscilaciones de las divisas de los países en vías de desarrollo estableciendo una paridad específica para cada una frente al patrón oro. La función específica del fondo fue mantener las paridades dentro de un estrecho margen a través de la compra y venta de las divisas en el mercado y de préstamos de respaldo a corto plazo. Todo esto para facilitar la eliminación de las restricciones y el crecimiento equilibrado del comercio mundial. El éxito fue más modesto que lo previsto y además en 1971 el patrón oro fue definitivamente abolido y el FMI o desaparecía o no tenía más remedio que reinventarse. Lo hizo convirtiéndose en guardián/asesor de la ortodoxia financiera internacional ( y banco de "desarrollo") imponiendo a los bancos centrales y a los gobiernos - especialmente los de los países en vías de desarrollo - sus particulares visiones sobre contabilidad, impuestos, déficit y deuda pública. El resultado ha sido altamente negativo, en parte por culpa del propio FMI, en parte por culpa de la estructura política y social de los países receptores y en parte por culpa de dogmas religiosas. De los países que han recibido préstamos del FMI en los últimos treinta años, dos tercios están peor que en 1971. Durante este periodo la filosofía original de prestar a corto plazo por razones puntuales de apoya a las divisas para evitar su colapso, se ha convertido en una muleta de dependencia a largo plazo. El apoya a la divisa es en general escaso y tardío; de los fondos del FMI solamente US$ 50.000 millones son verdaderamente disponibles lo que constituye una fracción insignificante de los US$ 3 billones que son el montante de las transferencias financieras mundiales ¡ diarias!; muchas veces la movilización de los fondos tarda varios meses y llega cuando o el colapso es ya completo y casi irreversible, o el país en cuestión está ya en vías de recuperación por sus propios medios. Los fondos son prestados a base de un "condicionamiento" que implica la obligación de aplicar ciertas políticas económicas y financieras como bajar el déficit, devaluar la moneda, mantener un alto nivel de imposición etc. Lo malo es que estas condiciones son casi siempre incumplidas, unas veces porque su aplicación eliminaría cualquier posibilidad de crecimiento económico, y otras porque las ineficientes compañías estatales tan comunes en los países del tercer mundo crean incontrolables déficit que los gobiernos muchas veces tratan de controlar subiendo los impuestos e imprimiendo más y más dinero lo que les lleva al círculo vicioso de la "stagflación", una diabólica combinación de depresión e inflación. La ayuda del FMI ha sido tan ineficaz, que en dólares constantes la economía de la mayoría de los países receptores esta ahora desde peor a mucho peor que en 1971. Tomamos como ejemplo Bolivia: no obstante de haber obtenido desde el año 1960 ayudas casi anuales, su déficit se ha multiplicado por casi 90 en los últimos 20 años, mientras que al mismo tiempo su deuda externa aumentó en un 500%. Para no aburrirles no voy a mencionar los otros 50 o más países - más de 15 en Centro- y Sudamérica - donde ha ocurrido más o menos lo mismo. Lo curioso es que no obstante las continuas infracciones del "condicionamiento" de los préstamos, el FMI seguía, y sigue, prestando más y más dinero, creando en los receptores la impresión de que estará siempre dispuesto a salvarles de sus errores, su incompetencia y su corrupción. Más o menos comparable a los niños mimados que mientras más mimados son peor se comportan. Si a esto añadimos la explosión demográfica que ha empeorado la situación todavía más gracias a la oscurantista y dogmática actitud de las grandes religiones en general, y la católica romana en particular - aparentemente dedicadas a asegurar la vigencia de la vieja maldición bíblica del "Valle de Lagrimas" - estamos hace ya años en el camino hacia el desastre total. Visto esto, el surgir de terrorismos "ideológicos", "oscurantistas", "fundamentalistas" y "guerrilleros" no es nada sorprendente. Siempre habrá mentes enfermas dispuestas a pescar en aguas revueltos, y mentes ignorantes y desesperadas dispuestos a tragar el anzuelo.
El FMI ha defendido en
los últimos 25 años dos conceptos altamente peligrosos.
El primero es una defensa a ultranza del monetarismo. Todos estamos de acuerdo en defender el
monetarismo con sus apéndices de control presupuestario, control de déficit y
deuda pública, medidas anti-inflacionarias y otras, pero de allí a defenderlo
a "ultranza" - adorarlo como un nuevo Baal - hay un trecho. Si
consideramos que la ciencia económica no es ni remotamente una ciencia
exacta, y tomando en cuenta que la economía es cíclica, lo
lógico sería aceptar que cada uno de las grandes teorías - monetarismo y
keynesianismo - tienen su sitio, y que su aplicación depende en gran parte del
momento histórico y de la situación económica puntual. La defensa a
"ultranza" del monetarismo ha ido a la par con una total denigración
de la figura de John Maynard Keynes a quien se imputan, injustamente, todos los
excesos económicos y financieros de los años 50, 60 y 70. Parece que el pobre
Keynes se ha convertido en la cabeza de turco de las políticas deficitarias de
aquellas décadas camuflando las responsabilidades de los verdaderos culpables:
los políticos socializantes de entonces. Keynes nunca pretendió que sus
teorías tenían una aplicación a largo plazo, sino, al contrario, solamente
deberían ser coyunturales en tiempos de depresión para mantener un aceptable
nivel de demanda y para estimular la economía. Después de la 2ª Guerra
Mundial los países europeos no tenían más remedio que endeudarse para
levantar sus economías y una vez concluido este proceso las administraciones se
habían acostumbradas de tal forma a gastar sin miramientos que esto se
convirtió en un nefasto hábito. Culpar a Keynes de este frenesí es una
auténtico desfachatez. El caso es que las teorías de Keynes siguen teniendo
plena vigencia en caso de una fuerte recesión para no hablar ya de depresión.
Con una premisa; que en caso de usar el déficit como arma para estimular la
economía durante uno o varios años, el déficit acumulado debería ser
amortizado durante el periodo siguiente a través de superávit. El déficit
cero como objetivo anual, sin más, es demasiado restrictivo y debería ser
sustituido por el déficit cero promedio en periodos más
largos.
El segundo concepto es el de la dolarización (total)
o peor todavía, la semi-dolarización.
Hay precedentes de "países" que habían adoptados como suyos monedas
ajenas como Luxemburgo (el franco belga), Liechtenstein (el franco
suizo),Mónaco (el franco francés),Andorra (el franco francés y la peseta) y
no tuvieron el más mínimo problema por tres razones principales: por ser
países lindantes con el país cuya moneda habían adoptado, por ser muy
pequeños y tener economías muy integrados con la del país vecino, y por ser
paraísos fiscales con grandes ingresos de divisas "duras". Un
precedente de semi-dolarización- cambio fijo de la moneda local y libre
convertibilidad -que está funcionando (después de considerables problemas de
arranque) es Hong Kong, un ejemplo casi inimitable por dos razones: por una
parte la circunstancia de que Hong Kong es proporcionalmente el conclave más
exportador del mundo con enormes ingresos en dólares estadounidenses, y por la otra, la
particular estructura familiar de la población china que alivia enormemente la
financiación de los servicios sociales. No obstante, tratar de exportar estos
ejemplos a países grandes del segundo o tercer mundo es una de las pajas
mentales más estrafalarias imaginable. Hay todo un grupo de economistas
norteamericanos que han estado vendiendo las maravillas de la dolarización en
Centro- y Sudamérica, usando argumentos que lograron convencer a muchos
políticos incautos. Los argumentos se basaban en la necesidad de combatir los
fenómenos típicos y endémicos en América Latina: la inestabilidad macroeconómica,
el escaso desarrollo de los mercados financieros, la falta de credibilidad en
los programas de estabilización, la globalización de la economía, el
historial de alta inflación, los factores institucionales, entre otros. Los que
se apuntaron al invento fueron Panamá, Ecuador y San Salvador. Como es lógico
la cosa ha funcionado solamente en Panamá -un notorio "paraíso
fiscal" de la mafia colombiana -, y con muchos problemas y sustos, gracias
a que sus bancos disponen de amplios depósitos en Estados Unidos provenientes
de las decenas de miles de compañías instrumentales registrados en el país.
(Un aviso para depositantes extranjeros incautos: algunos problemas más y los
panameños van a retirar sus fondos bancarios y para hacer frente a esta demanda
los bancos no van a tener más remedio que aplicar buena parte de
los depósitos extranjeros ! (Cuando ocurra será un típico caso de
"timador timado").
En Ecuador y San Salvador ha sido un auténtico desastre. Según la
teoría, la dolarización elimina de una vez para siempre la devaluación, las
crisis de la balanza de pagos, la huída de capitales por miedo a la
depreciación de una moneda local; estimula la integración con Estados Unidos y
la economía global, estabiliza los precios y baja los intereses de los
préstamos internacionales gracias a la eliminación de la prima inherente en el
concepto riesgo/país etc. No obstante si consideramos las otras implicaciones
de la dolarización veremos que todas estas consideraciones teóricas en la
práctica o son dudosas o totalmente ilusorias. El hecho es que la dolarización
total, o sea la adopción de la moneda de otro país, crea tanto o más
problemas que los que pretende haber eliminados. Para empezar el Banco Central
del país dolarizado pierda casi todas sus prerrogativas como la emisión de
moneda, la fijación de intereses, y otros políticas monetarias. Como es
lógico la política monetaria de la FED estadounidense está dedicada a los
intereses de la economía de su país, y lo que es bueno para Estados Unidos no
es necesariamente bueno para los países en vías de desarrollo. Al contrario,considerando la
enorme disparidad económica y social entre uno y otros se puede llegar hasta a
la conclusión de que lo que es bueno para Estados Unidos, en general no
lo es para los países en cuestión. Es dudoso que la dolarización elimina la
inflación local ya que ésta depende de muchos otros factores como por ejemplo
la discrepancia entre oferta y demanda; de otra parte el diferencial aplicado
por la banca internacional a los préstamos a países dolarizados, no depende
solamente de la dolarización sino también de la capacidad
económico/financiera de estos para amortizar la deuda. Podemos hacer una
comparación con el endeudamiento corporativo en Estados Unidos; no por ser
todos obviamente "dolarizados" pueden lanzar sus bonos al mercado con
el mismo cupón, ni sus acciones tienen la misma cotización en bolsa. La
continua bajada de intereses en Estados Unidos ha provocado que en los países
dolarizados el interés real ha llegado a ser altamente negativa lo
que puede provocar una huída de capitales hacia el euro, el cual tiene la doble
ventaja de una paridad coyunturalmente baja y una tasa de interés varios puntos
más alta que el dólar. En un país que no controla la emisión del dinero en
circulación, cualquier circunstancia puede provocar una falta de liquidez, lo
que nos lleva a preguntarnos de qué forma estos países obtienen la
liquidez necesaria para que el sistema pueda funcionar. Como es lógico el país
emisor, Estados Unidos, no se les va a regalar y los fondos se logran a
través de un préstamo del FMI - de sus limitados recursos - a un plazo más o
menos largo. Claro que este préstamo tiene que ser devuelto paulatinamente y
los dólares necesarios, conjunto con cualquier aumento de liquidez, solamente
pueden proceder de dos fuentes: una balanza comercial altamente positiva, y el
turismo. Otro grave problema para los países que se apuntan a la dolarización
es que la deuda publica interna se convierte automáticamente en externa, o sea
los países que adoptan como moneda nacional una moneda externa, "han
exteriorizado toda su deuda pública" . Un proceso
totalmente opuesta a lo que ocurre con los Estados Unidos que,
endeudándose en los mercados internacionales exclusivamente en su propia
moneda, han esencialmente "interiorizado" todo su
deuda pública y de esta forma han logrado una posición inquebrantable, ya
que en el peor de los casos puede hacer frente a cualquier crisis echando mano
de su capacidad de emisión, un lujo que los países "dolarizados"
bien quisieran para sí.
Si la dolarización parece tener más desventajas que ventajas, peor todavía es la seudo-dolarización que consiste en un cambio fijo de la moneda local con el dólar (estadounidense) junto con la libre convertibilidad. Que Carvallo en Argentina decretó que un peso valdría un dólar (¿ y porqué no el marco alemán, siendo Alemania su cliente principal?) y viceversa era lo de menos, lo peor fue la libre convertibilidad. En aquel momento Argentina ya había pasado por tres monedas en poco más de 20 años. En 1970 apareció el peso ley que valía 100 de los anteriores, en 1985, el austral que a su vez valía 100 pesos ley, y en 1992 finalmente el Nuevo peso equivalente a 10.000 australes. La depreciación en estos 22 años fue tal que un peso (nuevo) del 1992 valía 100 millones de los de 1969. Además el proceso se estaba acelerando y el mismo nivel de depreciación que entre 1970 y 1985 había tardado 15 años, a partir de allí se "logró" en solamente 7. Esto significa una inflación anual compuesta del 85% en el primer periodo y de 375%! en el segundo. Si en las primeras tres décadas del siglo pasado Argentina era un país cuya riqueza llamaba la atención, especialmente de 1914 en adelante gracias a su neutralidad durante la Gran Guerra (nota también en Europa el ejemplo de Suecia), a partir del año 30 empezó una larga decadencia con la dictadura de Uriburu. La década de los 30 ha sido bautizado como la "Década Infama", como si fuese una excepción, pero la historia argentina desde su independencia se presta a pensar de que las décadas infames han sido más bien la regla. La hiperinflación que el país padeció durante las décadas anteriores a 1991 demuestra que la población argentina había perdido por completa cualquier confianza en su sistema político y en su moneda. En esta última fecha se fijó "irrevocablemente" el tipo de cambio del peso con el del dólar. En el principio el resultado parecía milagroso y la economía creció, la inflación desapareció y la confianza surgió. Pero todo esto era muy virtual y engañoso porque los buenos resultados ocurrieron gracias a unos hechos irrepetibles: la debilidad del dólar en el momento de la creación del nuevo peso, la fuerte inversión extranjera, y los ingresos del estado por la venta de muchas empresas públicas. Todo esto tuvo como resultado la bajada de los tipos de interés conjunto con una aparente reducción del déficit público. Pocos años después todo cambió con enorme rapidez: el dólar se apreció fuertemente -llevando el peso consigo - lo que quitaba competencia internacional a las exportaciones argentinas; los ingresos del Tesoro Nacional por privatizaciones se agotaron, como también las entradas de capital extranjero. Durante los pocos años de vacas gordos el gobierno no se había preocupado de controlar el gasto público y el déficit resultante había sido equilibrado gracias a los ingresos por la privatización de las empresas públicas. Ahora, de repente el país se enfrentaba con la cruda realidad de un déficit galopante, una deuda pública en continuo aumento con su correspondiente aumento de intereses, los cuales, lógicamente, incrementaron todavía más el gasto público y ,por lo tanto, el déficit, resultando en una espiral viciosa.
A todo esto hay que añadir el nefasto efecto de la libre convertibilidad, un concepto tan diabólico para los países en vías de desarrollo, o estabilización, que tiene que haber sido inspirado por el mismísimo Lucifer. Me explico: en los países aludidos no existe solamente una total desconfianza hacia su sistema político y sus gobernantes sino además hay en general una crisis de identidad y una preocupante falta de sentido nacional (¡exceptuando todo lo referente a sus equipos de fútbol!). Si desconfían de todo, su moneda no va a ser la excepción, y ,teniendo la posibilidad legal de convertir, convierten. ¡ Vaya si convierten! El resultado lógico es que para contrarrestar esta tendencia había que hacer el peso más atractivo con una subida del tipo de interés. Este llegó a ser hasta diez puntos superior al del dólar, lo que de cierta forma implicaba una devaluación compuesta encubierta de un 50 % en los últimos cuatro años. Peor todavía, Carvallo había propiciado que tanto las empresas argentinas como las familias se endeudasen en dólares, más o menos "dolarizando" la seudodolarización existente, lo que, en su opinión, imposibilitaría dar marcha atrás, ya que una devaluación clásica quebraría en esencia todo la economía nacional. Más o menos lo que en estos momentos está ocurriendo. Carvallo -igual que Solchaga, otro genio de la economía, que se convirtió rápidamente en uno de sus principales consejeros - pensaba que de esta forma forzaría a los gobernantes a adoptar las políticas adecuadas y prudentes. Además de tonto, iluso! Una de las grandes diferencias entre los países desarrollados occidentales y los demás, es que en aquellos los empresarios están totalmente convencidos de que lo que es bueno para su país es bueno para ellos, mientras que en aquellos ocurre todo lo contrario: lo que es bueno para el país es malo para la oligarquía o dicho de otra forma, "lo que es bueno para la oligarquía es malo, pero muy malo, para el país". La convertibilidad era muy buena para la oligarquía, era un auténtico chollo para poner a recaudo en el extranjero todo el dinero robado por políticos y empresarios. La clase media se aprovechó - o quiso aprovecharse- de otra forma: convencida que en cualquier momento pudiera cambiar pesos a dólares, tomaba créditos en dólares, los convirtieron y los metieron en el sistema financiero sacando un 10% de beneficio limpio. Estos ilusos son los mismos que están haciendo las "caceroladas", indignados de haberse quedado con el culo al aire cuando todo el invento colapsó. Que alguien pudiera pensar que se podía ordeñar la economía argentina impunemente de esta forma es de locos. Visto esto, no es de sorprender que solamente en Buenos Aires hay casi tantos psiquiatras que en todo Europa occidental. Como era de esperar las reservas de dólares del Banco Central se han agotadas y la deuda pública, que es/era de US$ 130.000 millones (un 50% del PIB, más bajo que en Estados Unidos o en España)), se doblará o triplicará (o multiplicará) en término de pesos con la inevitable devaluación. Gracias a Carvallo, Argentina ha "exteriorizado" su deuda pública (y la empresarial y familiar) igual que los países formalmente "dolarizados". (vea: "Exteriorizar la deuda".)
Viendo el panorama cualquier ayuda financiera de España (por mucha insistencia del PSOE e IU) y otros países es totalmente contraproducente. Los mil millones de dólares ya aportados por España, se vaporizaron como una gota de agua sobre una plancha caliente en el momento de su llegada. Tampoco el FMI debiera de aportar más fondos sin exigir el cumplimiento de todas las medidas monetarias y fiscales - la presión fiscal en Argentina no llega ni siquiera al 22% del PIB -, además de controlarlo muy de cerca. Aparte de esto lo primero que habría que exigir es la abolición de la libre convertibilidad, ya que manteniéndola con el dólar flotando llevaría a una caída en picado del peso y una hiperinflación. Tómese como ejemplo México en 1982 cuando el cambio del peso mexicano con el dólar cayó en pocos meses de 45 a más de 3000.
Que a España hace unos diez años no le ocurrió lo mismo que a Argentina ahora, fue gracias a que solamente hubo una libre convertibilidad para no residentes y no hubo un cambio fija con el dólar. La alta cotización de la peseta a finales de la década de los 80 fue el resultado de la necesidad de financiar el galopante déficit - y el vertiginoso aumento de la deuda pública - atrayendo a los inversores extranjeros con muy altas tasas de interés, y la resultante compra masiva de pesetas por parte de aquellos. La consecuencia lógica fue una pérdida progresiva de competitividad de las exportaciones y un fuerte aumento de las importaciones. Pero, cuando la situación se hizo insostenible, España podía reaccionar con cuatro devaluaciones consecutivas (1992-95) que, gracias a que la deuda pública había sido financiada en pesetas, afectaba principalmente a los inversores extranjeros que lo que ganaban por un lado (altos intereses) perdieron por el otro (merma del principal) sin aumentar la deuda pública como porcentaje del PIB. Lo malo fue que las devaluaciones no fueron acompañados por una política monetaria y presupuestaria rigurosa. Al contrario, durante los años '93 y '94 el déficit no dejó de aumentar. Solamente a partir del nombramiento de Solbes como Ministro de Economía -como resultado de la pérdida de la mayoría absoluta por parte de los socialistas - la situación empezaba a cambiar, por lo menos en apariencia ya que cuando los populares llegaban al poder se encontraron que casi todos los ministerios habían incumplidas las directrices de Solbes y se habían endeudados más de la cuenta. A partir del primer gobierno Aznar los populares han logrado dar la vuelta a la situación con una rigorosa política económica y el mejoramiento ha sido tal que hasta 6 años ni el más pintado se lo pudiera haber imaginado. Para que la adopción del Euro tenga éxito la política vigente en España se tiene que mantener sin vacilaciones por lo menos durante los próximos 20 años y no solamente aquí sino en todo la unión monetaria. Es preocupante que los socialistas en Alemania ya están vacilando. Lo que pueda ocurrir en España si los socialistas vuelven al poder antes de que el país se haya convencido de que ni el país ni nadie puede vivir por encima de sus posibilidades, no sería muy diferente a la situación actual de Argentina. ¡ Imagínense a Solchaga otra vez al mando de la economía nacional!
Para que Argentina pueda salvarse hace falta un cambio político y social total, hacen falta nuevos partidos políticos con gente nueva no contaminada por la corrupción del sistema y, simultáneamente, la inhabilitación de por vida de todos los políticos, funcionarios y jueces que durante décadas han prostituído, expoliado y saqueado el país.
ã 1/2002
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