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PENSAR FUERA DEL MARCO

 

El pensamiento financiero ortodoxo lo tiene muy claro: a mayor riesgo, intereses más altos. No hay duda que tenga su lógica, y que en el sector privado funcione perfectamente bien. Por ejemplo, los bonos basura que aparecieron hace casi tres décadas en Estados Unidos rindieron altos tipos de interés pero sin ningún tipo de garantía; en la práctica sólo se pagaba ese interés, y se amortizaba el principal, si la inversión en la que se colocaba el dinero obtenido mediante la venta de esos bonos tuvieron resultados positivos. Entonces, los bonos basura eran de alto riesgo y sus compradores fueron en esencia especuladores, lo que no quiere decir que eran tontos. Las compañías que emitieron estos bonos - incluyendo Microsoft antes de salir a bolsa en 1986 - eran en su gran mayoría entidades dedicadas a las nuevas y excitantes  tecnologías de los años 80;  muchos de ellos tuvieron gran éxito y se han convertido en iconos de nuestra sociedad. De cierta forma fueron dentro del mercado fijo el equivalente de las emisiones de acciones por parte de entidades que ofrecieron expectativas más que realidades.

Si la ortodoxia funciona bien dentro del sector privado, el sector público es otro cantar. Cuando un estado gasta a través de los años continuamente más de lo que ingrese, y financia este déficit con más y más emisión de deuda, llegará el momento de que ésta deuda será tan alta en relación con su PIB que será virtualmente insostenible, y la deuda soberana en cuestión perderá progresivamente su rating, hasta llegar en el caso de Grecia al nivel de "bono basura". Pero cuidado, la deuda soberana basura no es comparable con los bonos basura del sector privado en Estados Unidos hace 30 años. Estos se basaban en el riesgo de que las expectativas de crecimiento del emisor no se realizasen, como en muchas ocasiones ocurrió. No obstante, los inversores normalmente dividieron su riesgo entre muchas compañías, y de esta forma la inmensa mayoría logró ganar más de lo que podía haber hecho con inversiones poco arriesgadas. Tomamos otra vez a Microsoft como ejemplo; sus bonos habían sido emitidos con derecho a conversión, con un considerable descuento, si Microsoft saliera a bolsa. Un derecho que convirtió a muchos de los compradores de sus bonos basura en multimillonarios (la compañía pasó de tener 15 empleados y 500.000 dólares de facturación en 1978 a tener más de 22.000 empleados y 11,4 miles de millones de dólares de facturación en 1997, y desde entonces ha crecido exponencialmente). Muy al contrario, la única expectativa para los bonos basura soberanos es su impago. La prima de riesgo de la deuda soberana griega ha subido tanto que la rentabilidad del bono a 10 años ha subida a más de 16%. Ha leído bien. He dicho rentabilidad y no tasa de interés, ya que ningún inversor en su sano juicio va a comprar deuda griega nueva al 16%, porque sabe que el pago será imposible. Con una deuda soberana del 160% del PIB, el servicio de deuda al 16% anual sería equivalente a más del 25% del PIB, o sea un 60% de los presupuestos generales del estado griego. Por lo tanto, la prima de riesgo afecta principalmente al precio de los bonos vivos. Por ejemplo, un bono a 10 años emitido hace 5 (antes de la crisis) al 3%, valdría ahora menos de la mitad de su valor facial.

 Las agencias de "rating" están gritando fuego cuando los bomberos ya están tratando de apagarlo. su actitud solamente puede ser considerado inmoral y manipuladora. Haremos historia: las agencias han tenido por lo menos parte de la culpa de la crisis financiera, de las burbujas inmobiliarias y de activos en EE.UU., por haber calificados bonos respaldados por bloques de hipotecas por encima del valor de estos. Con como resultado el sobrecalentamiento y estallido del mercado. Todo esto pasó por admitir que sean los emisores que paguen a las agencias por sus calificaciones, un sistema clarísimamente viciado y hasta corrupto.  A posteriori fueron muy criticados pero nadie les pidió responsabilidades. No hubo ni acusaciones legales por fraude institucional, ni una nueva reglamentación para evitarlo. Ahora se han ido al otro extremo de calificar muy a la baja la deuda soberana de algunos  países justo cuando estos estaban haciendo un enorme esfuerzo para cortar su déficit hasta el hueso. La actitud de las agencias tiene como resultado que la labor de recuperación de los países deficitarios se dificulta enormemente, con que las agencias han empezado encendiendo el fuego y ahora quieren apagarlo con gasolina.

Queda claro, que la única financiación disponible para la deuda griega es la proporcionado por el IMF (Fondo Monetario Internacional) y la de la Unión Europea. Como es lógico, los dos exigen un fuerte recorte del gasto y una profunda reforma de la Administración (¡el 50% de los "funcionarios" solamente se presentan al fin del mes para cobrar!); además  de exigencias menos positivas como la privatización de empresas estatales - en la situación actual sería malvenderlas -y  un fuerte aumento fiscal. Esta última exigencia es típica del IMF, que lo lleva aplicando hace ya décadas con resultados que van desde dudosas a muy negativas. Se ha demostrado históricamente, que el aumento fiscal en época de crisis dificulta enormemente la reactivación económica y casi siempre resulta en una merma de la recaudación. Además, en el caso de Grecia con su enorme fraude fiscal, terminaría siendo un castigo injusto para los que siempre han cumplido con sus obligaciones. Lo que si hay que exigir es una lucha concienzuda contra el fraude.

Es curioso que en Grecia un gobierno socialista tenga que pagar los platos rotos del anterior gobierno conservador, lo que demuestra que lo importante no es tanto el color político de un gobierno como su sentido común y su voluntad de hacer frente a la crisis. El Gobierno Papandreu,  ha logrado, por los pelos, que el Parlamento aprobara las exigencias de la Unión Europeo, única forma de evitar la quiebra del estado y abrirse camino hacia la recuperación. Lo que llama la atención es la cerrada oposición de los conservadores, en vez de haber ofrecido un pacto nacional para afrontar la crisis. Politiqueo tonto que solamente sirve para calentar los ánimos en la calle.

Grecia va a sufrir un verano caliente, con más y más huelgas, más y más violencia, y más y más deterioro político y social. La situación es el resultado - tanto en Grecia como Irlanda, Portugal, España y otros países -  de que durante las últimas cuatro décadas los principales partidos han competido en ofrecer más bienestar, más derechos sociales, y más mimos, a cambio del voto. Al mismo tiempo, se mentalizó a la gente de que tenía solamente derechos y obviaban por completo sus obligaciones. También los políticos y funcionarios se olvidaron de sus obligaciones: gestionar competentemente el dinero público, evitar el despilfarro, luchar contra el fraude, no gastar más de lo que la economía del país puede sostener, evitar como la plaga el calentamiento excesivo de la economía y cortar las diferentes burbujas cuando asoman la cabeza.  Está claro que han hecho todo lo contrario.

Se calcula que en la mayoría de los países, uno de cada tres euros gastado en Sanidad es completamente superfluo y producto de la mala gestión. Y este criterio es aplicable a todos los servicios que han surgido a partir de las políticas sociales del llamado Estado de bienestar. Especialmente culpables de esto han sido gobiernos socialistas, para las cuales el Estado de bienestar significaba la posibilidad de construir una sociedad más justa y solidaria, usando las políticas sociales para generar un proceso de redistribución de la riqueza, ya que las clases inferiores de una sociedad son las más, y muchas veces las únicas, beneficiadas por una cobertura social que no podrían alcanzar con sus propios ingresos. Este concepto puramente marxista -a cada uno según sus necesidades y de cada uno según sus capacidades - ha prostituido el sistema de bienestar y lo ha convertido en un "gratis total", disfrutado por el 50% de la población que no page impuestos, y financiado por el otro 50% que en principio disfruta poco o nada de sus magnificencias. Hubiera sido mejor seguir las ideas conservadores que entienden el estado de bienestar  como garantía de que ningún individuo subsista por debajo de un mínimo umbral de calidad de vida.

Parece increíble la incapacidad de los sindicatos por doquier, de entender y analizar la realidad económica, y agarrarse obstinadamente al mantenimiento de una política social que, por exagerada, está en el origen mismo de la crisis. Lo menos que había que esperar de los sindicatos, sería un liderazgo para explicar a sus afiliados lo extremo de la situación y pedir calma, sensatez y capacidad de sacrificio, en vez de seguir el camino más fácil y limitarse a explotar la frustración de la población. No es sorprendente que en Grecia el sindicato comunista lleva la voz cantante; le interesa llevar el país al borde del abismo, en la esperanza de ganar con 60 años de retraso la guerra civil de finales de los años 40. Por otra parte, los sindicatos españoles, tan antifranquistas en todas sus manifestaciones, se agarran ardientemente a una legislación laboral que, con pequeños retoques, sigue siendo en esencia franquista y que, lógicamente, se ha quedada totalmente desfasada y obsoleta. Los sindicatos y sus contradicciones.

Mientras que la frustración y el enfado de la gente sea comprensible, su falta de comprensión y entendimiento, es el resultado de décadas de adormecimiento a base de promesas de más y más servicios sociales, que han sido tan adictivos como las drogas duras; igual que un heroinómano tiene tanto miedo a sufrir el síndrome de abstinencia que prefiere seguir con su narcomanía, los dependientes del Estado de bienestar son incapaces de aceptar una restricción de sus derechos sociales, aún sabiendo que su falta de reforma y contención puede llevar al Estado a la quiebra. Si a este miedo, añadimos el hecho de que, tanto en Grecia como en otros países del grupo PIGS, al menos un tercio de la población es analfabeto funcional incapaz de entender como funciona, ni el estado, ni la economía - coincidiendo, dentro de la juventud, con los nini (ni estudian, ni trabajan)- el desastre y la violencia callejera están servidos. Puede sorprender, pero las encuestas internacionales han demostrado que entre un 20 y 40% de los habitantes - según país - creen que los estados tienen su propio dinero, como si del Ganso de los huevos de oro se tratase.

Todo esto demuestra que, no obstante campañas electorales y sesiones parlamentarias televisadas, falte pedagogía política y que los gobernantes debieran dirigirse semanalmente por televisión a la población, con explicaciones detalladas y transparentes de la situación económico del país; de las cuentas del estado; del vertiginoso aumento del coste de los servicios sociales; de la necesidad del control y recorte del gasto, etc. Solamente de esta forma pueden entender lo grave de la situación, y que insistir en seguir como hasta ahora, llevará el Estado directamente a la quiebra lo que implica no simplemente el recorte del Estado del bienestar sino la desaparición total del mismo.

Los problemas de algunos de los PIGS (Portugal, Irlanda y Italia, Grecia, España) son agravados por el constante deterioro de sus sistemas educativos, con un tercio de la juventud sin ni siquiera un mínimo certificado de enseñanza. Es este tercio que en España nutre mayoritariamente el alto nivel de desempleo entre los jóvenes (43%), ya que por su bajo nivel educativo, su única salida de trabajo durante la burbuja fue como peones no calificados en la construcción. Una oportunidad que no se va a repetir durante años, y, en el mejor de los casos, a menos del 50% del nivel anterior. Por el momento, el alto nivel de paro de los jóvenes puede crear graves problemas sociales por culpa de una creciente frustración que puede originar estados emocionales que predispone, en jóvenes propensos, a actuaciones agresivas. Un alto nivel de ansiedad puede ser canalizado mediante una regresión a rituales primitivos y violentos. Los más extremistas grupos de jóvenes actúan con simplificadas normas tribales que incluye la convicción de que robar es admisible porque la sociedad es injusta; que construir una sociedad nueva a su medida implique la destrucción de la antigua; que provocar desórdenes es el camino para cambiar el sistema político o social etc. Todo mezclado con un alto nivel de paranoia visceral y emocional, e inclinaciones izquierdistas revolucionarias. Todo esto es francamente irracional, y si atrae principalmente a los jóvenes y adolescentes es porque el cerebro nos se desarrolla plenamente hasta los 24 años, siendo la capacidad racional y reflexiva la última en desenvolverse. Toma sentido entonces  la famosa frase: " Si no eres socialista a los 18 años te falta corazón, si sigues siéndolo a los treinta te falta cabeza".

Visto esto, no es de sorprender que IU, o sea el PCE bajo otro nombre, sugiere bajar la edad de voto a los 16 años, sabiendo muy bien que los adolescentes son su mejor caldo de cultivo. El sentido común indica todo lo contrario: habría que subir ésta edad hasta los 24 años, para que los votantes más jóvenes voten lo más racionalmente posible y no con malas tripas. Puesto a cambiar edades, no sería malo si la edad del sufragio pasivo, o sea el derecho a ser elegido para un cargo público, debiera subirse a los 35 años. para asegurarse además de que los políticos vienen del sector privado y no se acostumbran desde muy jóvenes a vivir del erario público habría que introducir la inhabilitación a que los funcionarios pueden presentarse a puestos políticos electivos. Una de las razones para que sea tan difícil la reforma de las Administraciones Públicas, es que en el Congreso más del 50% de sus miembros son funcionarios en excedencia- de igual forma debiera subirse la edad para poder ser nombrado ministro a por lo menos los 40 años, y con el criterio de haber ocupado por lo menos puestos ejecutivos de nivel medio alto en el sector privado. También habrá que revisar el concepto de Igualdad, para que no se convierta mecánicamente en un equilibrio a la par, sino se base en el mérito sin que importase un desequilibrio a favor de hombres o mujeres. Con el sistema actual, la inmensa mayoría de las ejecutivas del sector privado que han llegado por mérito, sienten vergüenza ajena por la muy baja calidad profesional de casi todas las ministras. Ministras como Pajín, Aída y otras, parecen haber sido exclusivamente nombradas por su inquebrantable obediencia al Gran Jefe, y por ser incapaces de hacerle sombra.

       

 © 6/2011 

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