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LA EXPLOSIÓN INMIGRATORIA
En febrero del 2000 escribí un ensayo titulado "LA ONU Y LAS NECESIDADES DE INMIGRACIÓN HASTA EL AÑO 2050" (vea: ONU y inmigración) en el que analicé un estudio económico /demográfico supuestamente elaborado por la ONU a principios de enero de aquel año. Según éste, España necesitaba para poder equilibrar su baja tasa de natalidad, mantener su sistema de pensiones y estabilizar a largo plazo su población, un influjo de 240.000 inmigrantes/año. El resultado publicado no era consecuencia de un estudio específico sobre España sino una extrapolación de resultados de otros cuatro países europeos, y además era conseguido dividiendo entre 50 un supuesto aumento de 12 millones de personas necesario entre 2000 y 2950 para mantener la población española, obviando totalmente el crecimiento vegetativo de la población inmigrante durante este periodo. En mi análisis refuté totalmente la necesidad de inmigración para que España pudiera mantener sus constantes - solamente era necesario aumentar la tasa de actividad entre la propia población y subir la edad de jubilación paulatinamente - pero admití, casi a regañadientes, la conveniencia de 25-30.000 inmigrantes/año durante una década.
Consideré el problema desde varias perspectivas en 2001 ( Inmigración) y en 2002 (Inmigración, integración y racismo) y pronostiqué que en un periodo relativamente corto de tiempo tendríamos que enfrentarnos a una explosión inmigratoria superior a la explosión demográfica del tercer mundo y que literalmente íbamos a importar los excedentes de natalidad de Sudamérica Y África. Entonces ni siquiera contaba con la ampliación de la Unión Europea en 12 países más, con un adelanto de por lo menos 15 años sobre la fecha que la más mínima prudencia hubiera aconsejado, y la consiguiente avalancha de inmigrantes rumanos y otros.
Hace dos semanas nos hemos enterado que ya somos el país con el porcentaje más alto de emigración (más del 9%) con relación a nuestra población autóctona después de EE.UU, y por encima de Francia, Alemania e Inglaterra. No se sabe muy bien qué criterios se aplican en estos estudios.¿Se consideran inmigrantes todos los oriundos incluyendo los naturalizados, solamente los extranjeros con residencia legal o también los ilegales? Parece que en España el criterio aplicable es el empadronamiento pero en otros países bien puede ser diferente. De todas formas la diferencia de criterio puede cambiar considerablemente los resultados. Inglaterra y Francia ya llevan más de 50 años expuestos a la inmigración proveniente de sus antiguas colonias con el resultado de que más de un 20% de su población es étnicamente de origen oriundo. En Suiza el porcentaje ya ha sobrepasado el 25 y está creando un auténtico rechazo social demostrado por la victoria del partido anti-inmigración por excelencia en las recientes elecciones federales. También en EE.UU. la población latina ya forma casi el 25% de la población (un 28% si incluimos 12 millones de inmigrantes ilegales. No hay duda de que es un caso muy especial: no creo que los primeros colonos europeos que llegaron a la costa este de lo que ahora llamamos Estados Unidos llevaban tarjetas verdes expedidos por los indios, la población autóctona, mientras que la inmigración mejicana tiene algo de reconquista pacífica porque los espaldas mojadas vuelven a estados como California, Arizona, Colorado, Nuevo México, Nevada, y Utah arrebatados por Estados Unidos a México en 1848 después de que aquellos habían provocada y ganada la guerra Mexicana-estadounidense de 1846. Los estados en cuestión formaban con sus 2.500.000 km² nada menos que el 55% del territorio mexicano de antes de la guerra. Hay que admitir que la inmigración mexicana tiene algo de una justa vuelta a las tierras ancestrales.
Está claro que España no está en el segundo lugar del ranking en lo que se refiere al volumen absoluto de inmigración, pero si está en el primer lugar mundial del aumento del porcentaje de la población migratoria en los últimos 5 años. Más de 2,7 millones (el 6,7% de la población actual) o sea un promedio de casi 550.000/año - descartando por el momento el millón largo de "irregulares" - o sea mucho más que el doble de la cantidad de 240.000/ año sugerido en el imprudente informe de la ONU del año 2000. Si estas cifras ya son alucinantes, lo verdaderamente aterrador es la previsión de un aumento del 20% anual sin que esto haya levantado ninguna voz de alarma. No está muy claro si el porcentaje es sobre la población inmigrante en total o solamente sobre el aumento de los últimos 5 años, y tampoco si el porcentaje es lineal sobre esta cifra o compuesto y acumulado. Si es sobre el aumento 2001 -2006 y lineal, significaría que en 20 años aumentaría el 400% (20x20) o sea se multiplicaría por 5 llegando a 13,5 millones y un 25% de la población de entonces. Si fuese compuesto y acumulado se multiplicaría por 38 y constituiría el 70% de una población de más de 140 millones. Descartando esta última posibilidad es no obstante muy probable que la primera se quede corta y que en 20 a 25 años la mitad de la población puede ser de origen inmigrante a partir del año 2001. Este aumento será parcialmente por la entrada de nuevos inmigrantes - a partir del uno de enero ya no habrá ninguna restricción sobre inmigrantes provenientes de Rumania y Bulgaria - y en una parte más importante el exagerado derecho al reagrupamiento familiar no solamente del cónyuge y de los hijos, que hubiera sido razonable, sino también de padres y suegros, los cuales una vez legalizados tienen a su vez derecho a traer a sus hijos, y estos a los suyos, y así ad infinitum. Se ha calculado en EE.UU. que este sistema, llevado a sus últimos consecuencias, permitiría a un inmigrante legal a traer hasta 251 familiares, lo que aplicado a España significaría que los residentes ecuatorianos y peruanos actuales podían literalmente vaciar sus países. Estamos hablando del mayor proceso migratorio planetario de la historia ya que según los últimos informes siguen entrando en España casi 100.000 personas al mes y se han legalizado 300.000 en los primeros cinco meses de este año.
Se ha defendido, una vez y otra también, la importancia de la inmigración para el crecimiento económico. Las cifras demuestran más bien lo contrario. El crecimiento de los últimos cinco años - si de verdad ha existido ya que todo parece indicar que la inflación haya sido hasta dos o tres veces más alta que la admitida - ha sido puramente tercermundista, o sea, el resultado del incremento del consumo interior por el aumento de la población. Aquel ha sido inferior a este como queda demostrado por el retroceso de casi dos puntos de la renta per cápita en los dos últimos años. Un caso único entre todos los países desarrollados en donde ésta ha crecido un promedio de un 2,2% tanto en 2005 como en 2006. Ya hemos dejado de converger con la Unión Europeo. Hemos ido bajo Zapatero hacía atrás y habrá un efecto acelerador cuando se junten el imparable aumento de la inmigración con la recesión que se avecina para el año próximo. Al mismo tiempo que el crecimiento económico ha sido tercermundista, o sea negativo en términos reales, el aumento de los gastos provocados por la inmigración ha sido "primermundista", muy por encima de la aportación a la Seguridad Social y al fisco por parte de los inmigrantes legalizados. Voy a enumerar los más obvios:
EDUCACIÓN: El número de inmigrantes en las aulas (desde Educación infantil hasta la Universidad ambas inclusivas) se ha triplicado en los últimos cinco años y forma ya el 7,5% de todo el alumnado, con un gasto financiero muy superior a este porcentaje por la necesidad de clases de apoyo y atención especializada. Como este gasto se queda además corto, la calidad de la enseñanza está en franco declive.
SALUD: Otro tanto ocurre con el sistema sanitario que está cerca del colapso por la enorme demanda por parte de los inmigrantes que a marchas forzadas están recuperando el déficit en atención sanitaria, o la no existencia de la misma, sufridos en sus países de origen. A este problema costoso podemos añadir el gasto provocado por el llamado turismo sanitario y los inmigrantes irregulares para llegar a la conclusión de que la salud de los inmigrantes nos está costando un ojo de la cara y que las dificultades de financiación van a tener un efecto adverso para todos.
SEGURIDAD: No podemos equiparar inmigración con criminalidad pero está claro que las mafias de cada país han seguido el flujo de su inmigrantes con el resultado que en España, que hace 30 años era uno de los países más seguros del mundo, las mafias de todo el mundo se mueven a sus anchas. Es verdad que por el momento la mayoría explotan principalmente a sus propios compatriotas - como hizo la mafia siciliano a su llegada a Nueva York a finales del siglo XIX -, lógico porque conocen bien la sicología, las costumbres, los miedos y obsesiones de los suyos, pero seguro que no tardan mucho en aumentar su campo de acción, secuestros incluidos. La mitad de los presos encarcelados ya son extranjeros lo que indica que el índice de criminalidad entre los inmigrantes llegados en los últimos años es 15 veces superior al de los españoles.
A todo esto hay que
añadir el problema de la integración especialmente, pero no exclusivamente, de
los inmigrantes musulmanes. El concepto del multiculturalismo ha sido un
auténtico estorbo ya que estimulaba el mantener de la cultura propia de
los inmigrantes en vez asimilar la del país de acogida. El Premio Nobel de
Literatura (2001) V.S.Naipaul, de origen hindú, nacido en Trinidad y graduado en
Oxford, o sea aparentemente un perfecto representante para el multiculturalismo,
lo ha criticado en algunos de sus libros con vehemencia y lo considera el camino
hacia el desastre. Impide la integración y estimula la creación de ghettos
étnicos. Muy al contrario hay que exigir a los inmigrantes la adopción de la
cultura local y dejar la suya atrás por lo menos en lo que
se refiere a su interacción social con los nativos. Los inmigrantes han llegado
sin que nadie les haya obligado o invitado, y son, a escala nacional, lo más
parecidos a los okupas de viviendas privadas que además pretenden que les
estemos agradecidos por querer dejarnos tragar sus culturas y religiones
que han traído a cuestas. Dejar que esto ocurra termina por desplazar la
cultura y las costumbres del país anfitrión, y sustituirlas por un sinfín de
culturas ajenas, hasta que éste queda irreconocible para la madre que le
parió. Hay que prohibir terminantemente el uso del yihab, del chador y, desde
luego, de la burka (que buen disfraz para terroristas) que no son indumentaria
impuestos por el Islam sino meramente tribales y culturales de origen
preislámica. ¿No les gusta estas prohibiciones a una parte de los inmigrantes?
Pues que vuelvan a sus origenes. Dicho esto, puede haber otra falta de
integración más peligrosa todavía: la sicológica. Los inmigrantes
sudamericanos vienen todos de países que han estado expuestos durante los
últimos dos siglos a altísimos niveles de violencia y corrupción hasta que
estos conceptos se han convertidos casi en mutaciones genéticas de su
personalidad. Es altamente probable que no se pueden liberar de estas tendencias
que pueden terminar por infectar todo el tejido de la sociedad española conque
nos convertiremos con el tiempo en otra república bananera más. Las venganzas de Moctezuma y Atahualpa.
ã 11/2007
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