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EUSKADI: LA GRAN ENCRUCIJADA

 

Con las elecciones vascas a la vuelta de la esquina valdrá quizás la pena analizar las encuestas últimas y tratar de dar un pronóstico de lo que pueda pasar después del día 13.

No obstante, antes de entrar en materia hay que preguntarse por qué razón hemos llegado a la situación actual con una, más aparente que real, división de la sociedad vasca en dos partes antagónicas. El punto de partida se remonta sin duda a la ruptura del Gobierno de coalición por parte del PSE al final de la legislatura anterior. Por muchos desacuerdos que hubiera en aquel momento entre el PSE y el PNV, la principal razón de la ruptura fue electoralista, y no tanto dirigida contra el PNV sino contra el PP. Distanciándose, temporalmente, del PNV, el PSE pretendía hacer un pulso al PP como preludio a las elecciones generales del 2000. Ahora bien, como tantos otros inventos propagados por el felipismo, la operación les salió rana. El PNV, en vez de evaluar la ruptura en su justa medida y considerarla como una pequeña riña entre amantes con muchos años de noviazgo - un noviazgo en el cual todas las ventajas habían estado siempre de su parte - la interpretó como una auténtica afrenta y reaccionó con una rabieta infantil tan típica de la psicología operante en el nacional-romanticismo pequeñoburgués. De allí a echarse en los brazos del nacional-totalitarismo medía solamente un paso. El resto es ya historia. Las negociaciones secretas con ETA (no hay que olvidar que el año 70, Arzalluz dudaba entre entrar en ETA o en el PNV), la tregua-trampa, el Pacto de Lizarra, el pacto de legislatura con EH, el independentismo; Arzalluz y Egibar no se privaban de nada. El resultado ha sido uno de los fracasos más estrepitosos que se recuerde en política; lograron parcialmente manipular la opinión pública en el País Vasco, pero no lograron lo mismo con ETA. Qué ingenuo, tratar de manipular a los maestros de la manipulación. Después de todo esto, lo lógico hubiera sido un total cambio de actitud y planteamiento, pero, erre que erre, han seguido con una suicida y loca huida hacia el abismo, dinamitando en el camino casi todas sus vías de escape.

Si hubieron rectificado a tiempo la sociedad vasca, tan ansiosa de Paz, les hubiera perdonado todo, pero ya sabemos que a los infantoloides, igual que a los niños pequeños, les es casi imposible admitir los errores propios y siempre terminan por acusar a los demás.

Las encuestas indican una posible mayoría absoluta del bloque constitucionalista (PP y PSE) si, como se presume, gran parte de los que por miedo no se atreven ni siquiera a dar su opinión en una entrevista telefónica (casi el 30%) terminarán votando a esta opción. Por muy deseable que sea, no es muy probable que ocurra, en parte porque la inmensa mayoría de los votantes son, como en todas las elecciones, sorprendentemente fieles a sus partidos de toda la vida, por encima del bien y del mal. Aparentemente el PNV-EA hasta sale ganando en el envite; mientras pierde más de un 10% de su electorado (del 36.3% en Oct.1998 a un 32% ahora), por otra parte atrae casi un tercio de los anteriores votantes de EH (baja de 17.7% al 11.5%), o sea un 6.2%, resultando en una ganancia neta de 2.1%. Todo muy impresionante pero menos significativo de lo que aparenta a primera vista. Los dos grandes perdedores serán, sin duda, EH y IU-EB. El último pierda un 20% de su electorado, quedándose en las tres provincias por debajo del 5%, y estará solamente en la nueva legislatura gracias a la interesada reforma promovida por el PNV, bajando el umbral electoral del 5% al 3%. Se ha hablado mucho los últimos días de que IU-EB se pueda alzar con la llave para inclinar la balanza en uno o otro sentido, pero habrá que objetar por un lado que IU-EB, por pura gratitud, se sentirá más inclinada a favor de PNV-EA y, por el otro, que este supuesto poder arbitral depende por completo de la actitud de EH, partido que tiene la verdadera llave de la situación y con ésta un enorme poder maligno. El resultado de las elecciones del día 13, y la posterior investidura, solamente tendrá tres posibles resultados y los tres pueden llevar a la paralización total de las instituciones vascas por razones diferentes:

1.MAYORÍA ABSOLUTA DEL BLOQUE CONSTITUCIONAL

Poco probable pero, sin duda, posible. Un Gobierno mayoritario PP-PSE sería acusado inmediatamente de falta de legitimidad por la discrepancia entre el voto popular y las escaños obtenidas, gracias a que el "costo" de un escaño en Vizcaya es 4 veces superior que en Alava. No hay que olvidar que cada una de las tres provincias elige 25 diputados lo que da a Alava una enorme sobre-representación en relación, no solamente con Vizcaya sino también con Guipúzcoa. Si la atribución provincial de los escaños se hubiera hecho con criterios demográficos, a Vizcaya la hubieron correspondidos 41, a Guipúzcoa 24 y a Alava solamente 10. Por fútil y muy interesado que pueda parecer el argumento, ya hay antecedentes en la postura de Maragall después de las elecciones catalanas del año pasado. De todas formas esto no es lo más importante. Lo verdaderamente importante es que el PNV -o por lo menos sus principales lideres actuales- no estará democráticamente dispuesto a dejarse arrebatar el poder y admitir la alternancia - no hay duda de que siempre han considerado que el Gobierno Vasco les pertenece por la Gracia de Dios - y usarán su control total de la Administración (un 80% del funcionariado deben su puesto al descarado enchufismo ejercido por parte del PNV durante 20 años para colocar a sus militantes) para sabotear cualquier iniciativa del nuevo lehendakari y su Gobierno, paralizando de esta forma toda actividad política.

2.GOBIERNO MINORITARIO POR PARTE DEL BLOQUE CONSTITUCIONAL.

Como EH ya ha anunciado que va a estar presente en la sesión de investidura, esta opción solamente será posible como resultado de la abstención por parte de EH. Esta táctica sería seguida por una implacable oposición - junta a PNV-EA y IU-EB - al Gobierno investido, también paralizando, como en el ejemplo anterior, cualquier actividad política.

3.GOBIERNO MINORITARIO POR PARTE DE PNV-EA.

Esta opción sería el resultado de una táctica alternativa de EH en base de votar a favor de Ibarretxe en la segunda vuelta y después abandonar la actividad Parlamentaria, recreando de esta forma el caos del último año. 

Parece obvio que la única forma de salir de este embrollo es a través de un pacto entre las constitucionalistas y el PNV-EA. El problema es que tal pacto es totalmente imposible mientras que el PNV mantiene sus actuales lideres. En la última encuesta socio-político publicado, 3 de cada 5 votantes del PNV creen que el liderazgo de Arzalluz (y otros) perjudica al partido. Además, la misma encuesta deja muy claro que la postura independentista propagada por Arzalluz es totalmente artificial. Solamente el 18% del electorado vasco está de acuerdo en que el País Vasco se independice del Estado Español, más o menos la suma del 100% de los votos previstos para EH y un 20% de los votos del PNV-EA. Este porcentaje demuestra que la postura de Arzalluz no representa el sentir de la inmensa mayoría del electorado del PNV, inclinado mucho más a un aumento del nivel de autonomía (47%), una posición también compartida por los votantes del PP (también el 47%), algo menos por el electorado socialista (41%) y mayoritariamente por los seguidores de IU-EB (57.5%). Es curioso que en contradicción con la crítica del PNV, también parcialmente defendida por el PSE, el PP sea un partido mucho menos "españolista" que el PSE. Mientras que los votantes del PSE se consideran "sólo español" en un 40% y "sólo vasco" solamente en un 1.5%, los resultados para el PP son respectivamente el 15.7% y el 11.2%. Más curioso todavía es que un 5% del electorado del PNV se sienta "sólo español", y uno se pregunta qué hacen votando al PNV. De todo esto se pueda sacar como principal conclusión que el electorado, sea "españolista" o " nacionalista", es mucho más moderado de lo que nadie haya podido pensar. Es dudoso, no obstante, que el mismo nivel de moderación exista entre los militantes de los partidos, y en especial en el PNV; probablemente la posición soberanista, tan minoritario entre los votantes del PNV, es, al contrario, mayoritaria entre sus militantes. No hay forma de calibrarlo con exactitud en un partido con tan férrea disciplina, en el cual cualquier critica es tildada automáticamente de herejía - no muy sorprendente en un partido tan lleno de ex-seminaristas y ex-jesuitas - y los supuestos culpables virtualmente "excomulgados".

Cualquier de las tres posibilidades de investidura antes mencionadas, y considerando que bajo el liderazgo actual de Arzalluz y compañía el PNV no pondrá ninguna enmienda a su nefasta trayectoria de los dos últimos años, llevará, probablemente, a la convocación de elecciones anticipadas en menos de un año. Esto bien podía dar como resultado una escisión en el PNV y la creación de un partido autonómico vasca (PAV), que podría recoger el voto "vasco nacionalista" no soberanista. 

Que nadie se engañe, las cosas pueden todavía empeorar mucho antes de mejorar.  

Vea también Autodeterminación y ceguera

 Ó 6/5/2001 

 

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