EL ESTATUT CATALÁN Y SUS CONSECUENCIAS
En el último medio año se han vertido ríos de tinta en analizar y criticar el estatuto catalán principalmente por las decenas de infracciones a la Constitución y ya veremos si el Tribunal Constitucional tiene el coraje, el valor y la conciencia suficientes para dar la razón al Partido Popular y al Defensor del Pueblo y anular el Estatut formalizado por medio de una Ley Orgánica, que, siendo de inferior categoría, pretende, ni más ni menos, modificar la Constitución de forma encubierta.
Casi todo en el Estatut es criticable pero quiero hacer especial hincapié en tres elementos: nación, derechos e inversión.
EL CONCEPTO NACIONAL: Como ya he dicho en otras ocasiones (vea: La Constitución del ´78 y las Autonomías) el concepto de nacionalidades, imprudentemente incluido en la Constitución, lleva a los partidos nacionalistas inexorablemente a exigir que su patria chica, su región, su autonomía, sea considerado una nación, y para los partidos nacionalistas más radicales una nación independiente. Según los políticos catalanes, con excepción del Partido Popular, la exigencia cuenta con un apoyo del 90% de los representantes políticos elegidos por la población. No hay duda de que así sea pero parece que estos representantes no representan el verdadero sentir de los catalanes. Una encuesta del CIS de finales de febrero pasado indica más bien lo contrario. En Cataluña solamente el 44,7% de la población considera su comunidad autónoma una nación (una región:40,4%, otro término:10,4%, Ns/Nc: 4,5%) y parece que el famoso 90% del Parlament solamente representa al 45% de los catalanes. Es curioso que este porcentaje es más de un 6,5% superior al del País Vasco, lo que hace más sorprendente todavía lo política zapaterista de acercamiento a Batasuna y ETA, considerando que más del 60% de los vascos no definen al País Vasco como una nación. Esto da al traste con cualquier pretensión de autodeterminación o independencia especialmente si añadimos al porcentaje anterior otro que indica que solamente el 24% se sienta únicamente vasco. De otra parte, los catalanes que no se sientan de ninguna forma españoles solamente forman el 14,3% del electorado lo que coincide casi matemáticamente con los resultados electorales de ERC.
Analizando todos estos datos y añadiendo otro según el cual solamente un 26% de los catalanes consideran la reforma de su Estatuto de Autonomía muy necesaria, cabe la pregunta del porque después de las elecciones del 2003 el tripartito y CiU se lanzaron a una desenfrenada carrera para negociar, redactar y aprobar un nuevo Estatut soberanista y casi independentista. Durante la campaña de aquellas elecciones ya había dado la respuesta (vea: Cataluña: Lucha entre aprendices de brujo): el desmesurado afán, tanto de Mas como de Maragall, de rendir pleitesía y hasta su alma a Carod-Rovira, personaje necesario para cada uno de ellos para poder satisfacer su casi patológica necesidad de convertirse en President. A esta necesidad corresponde también el indecente pacto de Tinell entre el tripartito y CiU con el único fin de convertir al PP en un virtual paria político dentro de la comunidad catalana. Es casi surrealista que tres partidos supuestamente democráticos se junten con un partido neofascista y totalitario como el ERC (que debiera llamarse Partido Nacional Socialista Catalán) en contra del Partido Popular en Cataluña que no es de ninguna forma un partido españolista sino un partido moderadamente catalanista cuyo jefe de filas, Piqué, se considera tan catalán como español, un sentimiento compartido por el 45% de la población catalana (solamente español = 7,7%, más español que catalán= 8,2%). Hubiera sido más lógico, pero igualmente inaceptable, si todos los partidos democráticos se hubieran juntado para excluir a los fascistas. Pero la "realpolitik" , el fin que justifique los medios, el poder por el poder, ha instigado a Mas a firmar ante notario su promesa de no pactar con el Partido Popular. Un descarado guiño, y una inmoral pleitesía, a Carod-Rovira con vistas a una posible coalición de gobierno después de las elecciones del 1 de Noviembre.
LAS LIBERTADES: Observando todo esto y considerando el enorme poder ejercido en la Generalitat y el Parlament por parte del ERC, no es sorprendente que lo peor del Estatut, por lo menos para los propios catalanes, es la parte que se refiere a las libertades. Según sus defensores, el Estatut aumenta las libertades de los catalanes ( una auténtica necedad ya que la Constitución, no siempre cumplida, las defiende perfectamente bien) pero la verdad es muy diferente. El Estatut no aumenta las libertades de los individuos sino muy al contrario las reduce; lo que aumenta son las libertades y derechos de la comunidad - esa comunidad de sangre y destino tan típico del fascismo - a costo de las libertades individuales, convirtiendo a los ciudadanos en súbditos y a los políticos nacionalistas en sus amos. Con el Estatut, Cataluña - sin que la mayoría de los catalanes se hayan dado cuenta - ha recorrido ya gran parte del camino hacia la imposición de la doctrina, típicamente fascista, de la supremacía absoluta del Estado sobre el individuo y el uso de cualquier tipo de fuerza para conseguir sus objetivos políticos.
Como todos los virus también el virus nacionalista infectará a gran parte de las autonomías. Andalucía va a declararse "realidad nacional" - eso sí con referencia explícita a la unidad nacional, algo es algo - un término muy peligroso ya que la única realidad nacional que tuve fue como Al-Andalus, nombre moro que originalmente designaba todo el territorio dominado por los musulmanes en la península y a partir del siglo XII más o menos la Andalucía actual. Aludir entonces en el presente a tal "realidad nacional" es como poco imprudente y solamente puede dar alas a las surrealistas reivindicaciones por parte de los islamistas.
LAS INVERSIONES: El Estatut ha logrado de cierta forma la cuadratura del círculo en lo que se refiere a la financiación. Por un lado no cambia significativamente - por el momento - la aportación de Cataluña a las arcas del Estado pero por el otro aumenta mucho la inversión en infraestructuras estatales en Cataluña fijado en función del peso del Producto Catalán Bruto (18%) en el PNB. Admitir que una autonomía unilateralmente imponga una política de inversiones al Estado implica una grave dejación de obligaciones por parte del Gobierno ya que si la regla catalana se convirtiese en patrón general significaría que una autonomía mientras más atrasada fuese - y por lo tanto con más necesidad de infraestructuras - menos inversiones recibiría. Una verdadera estupidez ya que las inversiones en infraestructura son el arma principal para asegurar la cohesión del territorio nacional. Pero si de parte del Gobierno hay dejación de funciones, de parte nacionalista catalana existe una auténtica miopía económica. Si el 80% de las exportaciones catalanes son internas, es decir, van destinados al resto de España, entonces el desarrollo y el aumento de prosperidad de las autonomías más atrasados es de primordial importancia para la economía catalana. Ya lo inventaron los ingleses al principio de la era industrial; para poder aumentar las ventas había que crear consumidores y esto solamente era posible aumentando poco a poco el nivel de vida de los trabajadores.
Como es lógico todas las demás autonomías van a buscar también fórmulas nuevas para poder, por lo menos en apariencia, salvar los muebles. Valencia ya tiene una cláusula en su estatuto equiparándose con la autonomía que mejor trato recibiese y si exigirá también inversiones según su peso en el PIB pueda que ni pierda ni gane. El Estatuto Andaluz va a exigir, y probablemente obtener, inversiones según su población siendo ésta el 18% de la nacional. Una victoria pírrica ya que con un 10% más de población y una extensión que casi triplica (2,7) la de Cataluña, recibir el mismo volumen en inversiones es casi indecente. No voy a sugerir que Andalucía debiera recibir el triple (1,1 x 2,7) de Cataluña, pero creo que el doble sería perfectamente defendible. No sería sorprendente que Castilla y León sugiera, de forma chistosa, inversiones según sus 94.000 km², más del 18% del territorio nacional. Otra vez el 18%. De todas formas parece claro que las inversiones estatales en infraestructuras en las diferentes autonomías tienen que ser principalmente en función de factores como la población, la extensión, el atraso económico y los accidentes geográficos, y mucho menos en función del PAB de cada autonomía.
LAS ELECCIONES CATALANAS: Ya con el referéndum se demostraba el poco interés que todo el proceso estatuario había estimulado entre el electorado, con el resultado de una participación de poco más del 50% y un voto aprobatorio que equivale al 35% del mismo. Parece demencial que 2 de cada 3 catalanes tienen que vivir bajo el peso de un Estatut que no han aprobado. Esto me reivindico en mi opinión de siempre de que los referendos deben ser aprobados por al menos el 50% del censo electoral y en caso contrario debieran ser considerados como rechazados. La legislación actual ya ha dado lugar a un resultado negativo en Cataluña pero imagínese lo que pudiera ocurrir en un hipotético referéndum vasco sobre autodeterminación donde hay que votar a favor o en contra de la independencia. Con una abstención del 50%, o más, por miedo a actos de violencia por parte de ETA y de la kale barroka, y una votación a favor de la independencia del 50% más 1 de los votantes, los vascos se pudieran encontrar con una independencia no deseada por culpa del voto positivo de solamente el 25% o menos del censo. Si el resultado del referéndum catalán era ya nefasto, las recientes elecciones autonómicas han sido casi peores. En el momento que, según los políticos nacionalistas, Cataluña hubiera casi tocado el cielo de sus reivindicaciones la participación fue la segunda más baja desde las primeras elecciones en 1980. Mucho ruido para pocas nueces. Tan harta estaba la gente de políticos y nacionalismos que la abstención se convirtió en la principal respuesta política. La participación no hay que compararla con la de 2003 - un 6% más alta - sino con la de las elecciones generales del 14M, el 76%, porqué si de verdad los catalanes estaban tan necesitados de sentirse nación, lo lógico hubiera sido que las elecciones "nacionales" catalanes hubieran provocado por lo menos el mismo entusiasmo electoral que las generales "españoles" de 2004. Comparado con las autonómicas del 2003 el PSC y ERC han perdido respectivamente 240.000 y 130.000 votos (de forma directa o por abstención) pero comparado con el 14M el PSC - bajo Maragall, más nacionalista que socialista - ha perdido casi la mitad de su electorado, justamente aquélla mitad de votantes socialistas no catalanistas oriundos de otras partes del país que parecen pertenecer más al PSOE que al PSC. Un detalle del que Zapatero parece haberse olvidado y que bien en las próximas elecciones generales pudieran volverse en contra de él por haberles traicionado. Hay indicaciones para pensar que parte de estos votantes se han dirigido a "Ciutadans para Catalunya", el nuevo partido político que, no obstante su reciente creación y el silencio total con que han sido tratados por los medios de comunicación catalanes, ha tenido un éxito sorprendente. Contrario a las descalificaciones por parte del PSC, Ciutadans no es un partido de derechas y anticatalán sino de centroizquierda y anti catalanista. Llamar anticatalán a un partido promovida por un grupo de prestigiosos intelectuales catalanes es un auténtica burla al sentido común. Otra sorpresa, y esta vez francamente estrafalaria, es el aumento - no obstante el incremento de la abstención-, de 40.000 votos de ICV, la sucursal marxista-ecológica de IU en Cataluña. Como este partido durante el anterior gobierno tripartito ha mantenido un perfil muy bajo parece que estos votantes nuevos - provenientes probablemente de PSC y ERC - no se han dado cuenta que es tan responsable, por su mera participación, de los desmanes y estupideces del tripartito como sus dos socios. Por otra parte parece evidente, mirando la encuesta más arriba analizada, que los resultados del PP hubieran sido mejores si el énfasis de su campaña electoral en vez de moderadamente catalanista hubiera sido moderadamente españolista.
Hay dos cosas que llaman poderosamente la atención. Por una parte la negación de un "charnego" (de lucharnego a su vez de nocherniego="el que ande de noche "= ¿ladrón"?) converso al catalanismo (cuidado con los conversos) de hacer coalición con CiU ( con la posibilidad de moderar su nacionalismo) optando al contrario por reeditar un tripartido derrotado en las urnas y de muy mala trayectoria, y dándonos otra vez el espectáculo antinatural de un partido socialista, y otro marxista, asociándose con un partido neofascista como ERC que debiera ser el archi-enemigo de los dos. Por otra parte, contrario a lo que pudiéramos pensar, el nacionalismo catalán, o sea la suma de los votantes del CiU y ERC, ha perdido posiciones en los últimos años. En 1984 esta suma representaba el 51,2%, en 1988 el 49,8%, en 1992 subía al 54%, en 1995 fue el 51,3%, en 1999 bajaba al 46,4%, en 2003 el 47,3% y finalmente en las elecciones recientes el 45,5%. También es verdad que desde 1984 el nacionalismo más moderado del CiU ha bajado desde el 46,8% al 30,54% y el nacionalismo puro, duro y fascista de ERC ha subido desde el 4,4% al 16,4% en 2003 para después bajar este año al 14,06%. Es este nacionalismo radical al cual tanto Maragall, antes, y Montilla ,ahora, se han entregado estúpidamente desvirtuando toda la política autonómica tanto en Cataluña como en España.
TRAICIONES: El Tribunal Constitucional ya ha
admitido a trámite nada menos que siete recursos de inconstitucionalidad contra
el Estatuto de Autonomía de Cataluña. Los consabidos del PP y el Defensor del
Pueblo, y cinco planteadas por otras tantas autonomías: Murcia, La Rioja,
Baleares y la Comunidad Valenciana - todas regidas por el PP - y, sorpresa,
sorpresa, finalmente una comunidad socialista, Aragón. Que el recurso de
Aragón constituye una sorpresa demuestra la sinrazón de la política
autonómica de Zapatero ya que lo que de verdad debiera ser una gran sorpresa -
en un país medianamente coherente - sea el hecho de que Andalucía, Extremadura
y Castilla la Mancha, las tres autonomías más perjudicadas, no hayan
presentados recursos. Mucha desautorización del Estatut por parte de
Bono y Rodríguez Ibarra, mucho patriotismo barato y al final, "na
de na". ¿No dijo Bono que 60 diputados socialistas solamente
estaban esperando un líder para votar en contra? ¿Y que hizo? "Na
de na". Por mor de la disciplina de partido y la lealtad a un jefe
de filas desquiciado, estos 60 diputados andaluces, extremeños y
castillamanchegos traicionaron a su electorado sin que, al parecer, este se haya
enterado ya que, según las encuestas, va a volver a votar al PSOE, sin duda
bajo el eslogan: "Mi partido del alma, con o sin razón". "Almalogramo"
plano.
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