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  ESCLAVITUD

 
Origen Civilizaciones antiguas Esparta Roma Justificación bíblica Otomanes y Mamelucos
Siglo XV Tráfico de esclavos Guerras tribales EE.UU Abolicionismo Revolución Industrial
Dos bandas Condiciones Secesión Emancipación Guerra Civil Explotación
Cicatrices ¿Indemnización?

    

  En la última década las publicaciones sobre la esclavitud han aumentado vertiginosamente; desde artículos, libros y películas, a culebrones de televisión. Todas, sin excepción, parecen dedicadas a la flagelación - o la autoflagelación - de los europeos occidentales como los primeros y únicos precursores de la esclavitud y a los pobres negros africanos - muy santos y pacíficos - como los primeros esclavos de la historia de la humanidad. Una de las primeras manifestaciones de tal actitud fue la serie de televisión "Raíces", un auténtico ejemplo propagandístico de manipulación histórica. Una cosa es estar - como personas supuestamente civilizadas del siglo XXI - en contra de cualquier forma de esclavitud por razones morales, otra cosa es considerarnos ,de forma masoquista, culpables de los actos y actitudes de nuestros antepasados y además pretender que ellos solitos se inventaran la esclavitud como resultado de una especie de pre"globalización" comercial. La verdad es que nuestros antepasados no se inventaron la esclavitud a partir del siglo XV, ni que los negros africanos esclavizados a partir de aquel siglo fueron los primeros esclavos en el mundo. Al contrario estos fueron más bien los penúltimos, si tomamos en cuenta que la esclavitud y semi-esclavitud (probablemente la peor de todas) siguen existiendo.

    Si la esclavitud no es tan antigua como la Humanidad - no creo que los prehistóricos encontraran ninguna utilidad en ella - lo que sí es seguro que se remonta al inicio mismo de las civilizaciones o sea que es concurrente al descubrimiento de la agricultura. El esclavo se definía legalmente como una mercancía que el dueño podía vender, comprar, regalar o cambiar por una deuda, sin que el esclavo pudiera ejercer ningún derecho u objeción personal o legal. Para las grandes religiones monoteístas- que más o menos remontan la Creación a 4000 años a.C.- la esclavitud ha existido desde casi el Diluvio y, en el caso del Judaísmo, por la voluntad y la ira del mismo Noé. Véase si no Génesis 9:25-27: "Maldito sea Canaán; Siervo de siervos será a sus hermanos. Dijo más: Bendito por Jehová mi Dios sea Sem, Y sea Canaán su siervo. Engrandezca Dios a Jafet, Y habite en las tiendas de Sem, Y sea Canaán su siervo." ( Y todo esto porque Cam, el padre de Canaán (sic), había visto la desnudez de Noé).

    La esclavitud era una situación aceptada y a menudo esencial para la economía y la sociedad de las civilizaciones antiguas. En la antigua Mesopotamia, India y China se utilizaron esclavos en los hogares, en el comercio, en la construcción a gran escala y en la agricultura. Al contrario, nunca fue muy importante en el Antiguo Egipto, en donde los esclavos nunca llegaron a ser más de un 5% de la población total y su empleo se limitaba en gran parte al servicio doméstico de la familia real y los grandes potentados del Estado. Contrario a lo que pasó posteriormente en Roma, en Egipto se daban cuenta que sustituir el campesino egipcio - que tuvo una posición muy parecida a la del "villano" o "puchero" en la España feudal - por esclavos, hubiera bajado mucho el rendimiento de la tierra, aparte de crear un problema social de primer orden. En donde sí la esclavitud cobró una importancia crucial, resultando en una justificación filosófica de la misma, fue en la Grecia Clásica (ya en los poemas épicos de Homero, la esclavitud es el destino lógico de los prisioneros de guerra y, además un acto humanitario ya que evitaba tener que matarlos). Tan importante fue su papel en la economía de las ciudades-estados que sin ella la historia y cultura griega hubieran sido completamente diferentes. El vocabulario griego tenía nada menos que siete palabras para definir los esclavos según su tipo de propiedad (estatal o privada) y funciones. Aristóteles (siempre él para aportar su granito de arena) defendió la esclavitud como producto de la naturaleza, y apto para las personas de inteligencia y capacidad inferior, lo que apuntaba directamente a los "bárbaros". Esta "teoría" no solamente era un justificante, sino además daba a los Griegos un auténtico complejo de superioridad frente a los demás pueblos. Si no fueron los elegidos por Dios como los Judíos, lo fueron - más importante todavía- gracias a su (supuesta)"superioridad intelectual". Mientras que esta filosofía coincidía muy bien con la exagerada opinión de los griegos sobre si mismos, no cuajaba con la esclavización de griegos por griegos lo que fue el caso en Esparta (Laconia).

    Cuando en el siglo VII a.C. los griegos tuvieron que enfrentarse a un crecimiento demográfico muy superior al crecimiento de su agricultura, las "Ciudades/Estados" lo afrontaron de forma diferente. Muchos enviaron a sus jóvenes a ocupar tierras lejanas y crear nuevas colonias, Atenas, en una respuesta altamente creativa, se convirtió en el centro industrial, comercial, marítimo y cultural del mundo clásico, y Esparta respondió en el siglo VIII a.C. ...... ¡conquistando y esclavizando la vecina Messenia! Para hacerlo, y mantenerlo, Esparta tuvo que convertirse en un estado militar, totalmente dependiente de la producción agrícola de sus "ilotas". Estos formaban una sub-sociedad cohesionada (un caso único en la historia) con su propia lengua, cultura, historia y jerarquía, asentada además en su propia tierra. Como resultado, la sociedad espartana vivía en un estado perpetuo de miedo a una rebelión de sus ilotas ( que les excedían en número por 7 a 1) y para mantenerles a rayo les trataba con total dureza. Un curioso apéndice de esto fue la posición de casi igualdad de la mujer en la sociedad espartana. Ya que los hombres estaban casi siempre de guerra (única profesión en la que fueron educados) a las mujeres les tocaba ser la retaguardia, y por lo tanto el control de los ilotas. Para poder cumplir esta función fueron educados, igual que los varones, en el manejo de las armas a partir de muy temprana edad, convirtiéndose en auténticas amazonas (¿ espartazonas?) más crueles en el trato de sus esclavos, si cabe, que los hombros. La situación en la Ática fue muy diferente; los atenienses procuraban sus esclavos de todos los rincones del Mediterráneo y se ocupaban de que en sus casas, talleres y fábricas no coincidían nunca esclavos del mismo origen étnico, justamente para prevenir cualquier cohesión entre ellos. Los atenienses, si no más humanitarios que los espartanos, si más racionales, trataban bastante bien a sus esclavos, conscientes de que la industria y el comercio dependían en gran parte de su trabajo y docilidad. Igual que los espartanos, los atenienses tampoco trabajaban, pero estos, en vez de dedicarse exclusivamente a la guerra, se ocupaban principalmente de asuntos financieros, de la especulación inmobiliaria y del diletantismo intelectual. En Esparta la esclavitud ocasionó un auténtico estancamiento cultural, mientras que en Atenas, de una parte imposibilitó cualquier avance tecnológico - ¿por qué facilitar el trabajo manual si sobraban esclavos para hacerlo? - pero por otra parte liberaba a los atenienses para dedicarse a quehaceres intelectuales que siguen teniendo su impacto, debidamente adaptados, sobre la cultura occidental. Las ironías del destino son tales que cuando Macedonia y Grecia fueron ocupadas por Roma (168 a.C.), los romanos aplicaron la filosofía de Aristóteles para justificar  la esclavización, hasta de los intelectuales griegos, para convertirlos en tutores-esclavos de los hijos de sus patricios.

    La esclavitud romana se remonta también al principio de la existencia de la polis, pero cobró su verdadera importancia a partir de la "guerra de Aníbal", cuando este cruzó los Alpes en 218 a.C. al mando de un ejercito de 60.000 hombres (el 90% fueron infantes íberos!) Durante 16 años arrasaron la Italia meridional, expulsando a los pequeños campesinos independientes (la verdadera columna dorsal de la República) de sus, hasta entonces, fértiles tierras, y sembrando así la semilla del futuro ocaso de Roma. Una vez derrotado y expulsado Aníbal, estas tierras se convirtieron en latifundios y, para trabajarlas, sus nuevos propietarios empezaron la importación masiva de esclavos extranjeros. La principal fuente de esclavos era la guerra: decenas de miles de prisioneros púnicos y después macedonios, helenos e íberos fueron llevados a Roma como esclavos; además, todas aquellas personas convictas de crímenes graves y los deudores, que se vendían a sí mismos o vendían a miembros de su familia para pagar sus deudas, pasaban a ser esclavos. A la larga, este cambio social convirtió Roma de una república democrática en una autoritaria e "imperial" y, con el tiempo, el Mediodía en la región más pobre y atrasada de Italia. El pequeño campesinado que se había refugiado en Roma se convirtió en el "lumpen" de entonces, que había que mantener quieto y contento con "pan y circo" y con la compra de sus votos. Este mismo lumpen fue también la principal fuente de reclutamiento para las legiones. De esta forma ciudadanos romanos supuestamente libres entraban en una especie de "esclavitud militar" (de 20 años de duración) bastante más dura que la esclavitud real de la mayoría de los esclavos. El destino más dura dentro de la esclavitud romana fueron las minas y las galeras, reservadas en general para criminales convictos y esclavos revoltosos y peligrosos.

    Igual que los espartanos, los romanos tenían auténtico temor a sus esclavos que a través de los siglos llegaron a ser mayoría absoluta dentro de la población en la península itálica. Por esta razón la legislación romana concerniente a la esclavitud fue enormemente dura y daba a los amos derecho absoluta sobre la vida o muerte de su "propiedad mobiliaria", equiparando sus esclavos con sus caballos, vacas o otro tipo de ganado. Es siempre difícil establecer relaciones causa-efecto y por esto no sabemos con certeza si la legislación fue el resultado de los muchas rebeliones y revueltas de esclavos que hubo en la historia romana (solamente en los 120 años anteriores a la famosa rebelión de los Gladiadores de Espartaco, hubo 5 grandes rebeliones y miles de revueltas locales) o que, al revés, fue la legislación y su aplicación exagerada lo que provocó las rebeliones. De todas formas ya hubo críticos (Cicerone y otros muchos) que señalaron la total ineficacia del sistema. El continuo sabotaje de baja intensidad por parte de los esclavos bajó el rendimiento del campo itálico a un tercio de lo que había sido antes de la introducción del latifundio. A largo plazo, la esclavitud tuvo un curioso efecto sobre la composición étnica de la población. A partir del siglo II a.C. se introdujeron esclavos de todas las etnias y tribus conocidas, un total de casi 100, desde el Sur subsahariano al Norte Germánico, desde el Occidente Celta hasta el Oriente Persa. Entre todos llegaron a constituir el 70% de la población itálica antes de la caída del Imperio; si a este número añadimos la masa de invasores bárbaros, habrá que llegar a la conclusión que la población de la Italia actual es probablemente la más mestiza, o mejor "plurimestiza", de la Historia- exceptuando quizás Grecia - en donde los genes romanos han virtualmente desaparecidos. Una Justicia poética, ya que la verdadera Historia de Roma es más que otra cosa la historia de sus esclavos; los arquitectos que diseñaron sus edificios y monumentos fueron esclavos griegos, y también fueron esclavos los que con su sudor los construyeron.

    Por mucho que la gran mayoría de los esclavos eran extranjeros ya hemos visto que tampoco los ciudadanos romanos se liberaron completamente; muchos fueron esclavizados por deudas o vendieron sus hijos por esta razón. Pero también los demás pudieron convertirse en esclavos, especialmente los viajeros, comerciantes y marineros que cubrieron las rutas del Mediterráneo, coto de caza de los piratas que operaban desde el Norte de África (Berbería) y, por mucho que fueran destruidos con regularidad, resurgieron con igual regularidad a través de los siglos, y hasta milenios. En el mundo clásico no había seguridad para nadie, o casi nadie.

    Cuando a partir del año 312 d.C. el cristianismo fue penetrado por la alta burguesía romana y terminó fusionándose con el Mitraísmo formando la Iglesia Apostólica Católica Romana (vea: Iglesia ) se olvidó por completo de su temprana inclinación a favor de mujeres y esclavos y se puso - como nunca ha cambiado desde entonces- firmemente al lado del poder. Hasta el siglo XIX los cristianos en general han justificado su defensa de la esclavitud principalmente en muchos versículos del Antiguo Testamento en donde la esclavitud ha sido regulada con todo detalle. Para los que tienen interés en estudiarlos doy aquí una relación pormenorizada:
Génesis16:1-2,17:13,17:27,21:1-4,21:7-8,30:3-4,30:9-10;
Éxodo20:17,21:20-21,21:26-27;
Deuteronomio5:21,15,12-18,20:14,21:10-14,23:15-16;
Levítico19:20-22,25:39,25:44-46,25:48-53;
Números 31:28-47 etc. Desde mitades del siglo XIX la Iglesia se ha opuesto a la esclavitud adoptando los argumentos humanísticos sobre su inmoralidad y a partir de allí, con su inimitable capacidad para la manipulación histórica, ha manifestado que el cristianismo siempre ha estado opuesto a la esclavitud y, por lo tanto, nunca ha cambiado de idea. La verdad es bien diferente: en los Evangelios no hay ninguna mención en contra y Pablo de cierta forma lo condonó. En el Concilio de Gangra (340 d.C.) se aprobó la siguiente resolución: " Si alguien, usando la fe como pretexto, enseña a un esclavo ajeno a escaparse y no servir a su amo con total entrega y respeto, será anatema". Esta resolución fue incorporada a la Legislación Canónica y aceptada como verdadera hasta finales del siglo XVIII. Alrededor del año 600 el Papa Gregorio I escribió: "Los esclavos .........deben aceptar que no son nada más que esclavos". En 655 el 9º Concilio de Toledo, tratando de imponer el celibato a los clérigos, legalizó que " todos los hijos de clérigos serán automáticamente esclavizados" (sic!). En 1452 el Papa Nicolás V otorgó a los reyes de España y Portugal el derecho "a reducir moros, paganos y otros infieles a esclavitud perpetua". En 1548 el Papa Pablo III confirmó: " Cualquier hombre libre puede libremente comprar, vender y tener esclavos, y esclavos que se hayan escapado deberán ser devueltos a sus propietarios para su merecido castigo". Con el tiempo la Iglesia solamente puso dos restricciones a la esclavitud: los esclavos no podían ser cristianos y deberían ser producto de guerras "justas", o sea contra el "infiel".

    Con esta defensa bíblica y eclesiástica no es de sorprender que los creyentes, y por lo tanto toda la sociedad cristiana, aceptaran la esclavitud como una institución de inspiración divina y, como dijo un clérigo protestante del siglo XVIII, atacarla era casi blasfemo. Ya en la baja Edad Media no parecía muy defendible la esclavitud de un correligionario y como resultado apareció un sistema aparentemente menos vinculante: la servidumbre. La diferencia era hipócritamente sutil; el siervo ya no pertenecía directamente a su amo, sino a la tierra de la cual el amo era propietario. No hay duda que hubo una diferencia legal sustancial, pero también podemos estar seguros que el esclavo/siervo ni se enteraba.

    Hasta ahora me he limitado a la esclavitud de nuestro propio entorno cultural/religioso, pero en otros partes del mundo la situación era, si no exactamente igual, por lo menos muy parecida. El mundo Islámico se adelantó en muchos siglos al cristiano en prohibir esclavizar a sus propios correligionarios, prohibición cumplida a medias. Por otra parte la esclavitud tuvo poca importancia entre los nómadas que, en general, prefirieron matar a sus enemigos sin más, quizás porque les parecía más humanitario. Cuando tribus nómadas se asentaron en otras culturas crearon formas de esclavitud sorprendentes por su originalidad. Dos de los ejemplos más relevantes son el Imperio Otomano y los Mamelucos en Egipto.

    Cuando los turcos otomanos ocuparon Anatolia después del hundimiento de los Selyúcidas de Rum, los sucesivos sultanes se encontraban con una situación nueva e imprevista: ¿cómo podría una pequeña minoría islámica dominante de origen nómada controlar una gran mayoría de cristianos ortodoxos sometidos, dedicarse al mismo tiempo a la expansión territorial, y, además, apartar sus indisciplinados súbditos turcos de los quehaceres del estado? Para lograr lo último convirtió a sus seguidores en los terratenientes y propietarios agrícolas del país, convirtiéndoles en una nueva aristocracia. Para lograr lo demás adaptaron sus viejos conocimientos nómadas de control de manadas de ganado a la nueva situación. Necesitaban por lo tanto "perros pastores", fieles solamente a su amo. A este fin crearon una administración del estado y un ejercito (los famosos jenízaros= "tropa nueva")constituidos solo y exclusivamente por esclavos. Compraron, raptaron y secuestraron niños cristianos en Rusia y los Balcanes, les convirtieron al Islam, y después de un largo proceso de educación y entrenamiento, les incorporaron a la administración y al ejercito. Jurídicamente todos eran esclavos personales del Sultán y hacían carrera a base de sus méritos; hasta el gran visir, el segundo poder del estado, era técnicamente esclavo de su señor. Todos estos "esclavos" tuvieron, para atender sus necesidades, sus propios esclavos domésticos. Pero hay más, como los sultanes, excepto los primeros dos, no se casaban formalmente pero procreaban con sus concubinas/esclavas, los sultanes posteriores fueron, ellos mismos, hijos, nietos y bisnietos de esclavas. Para evitar cualquier forma de nepotismo, los hijos de todos estos esclavos fueron automáticamente libres, y solamente podían heredar los bienes materiales de sus padres. Algo parecido ocurrió en Egipto con los Mamelucos (lit."esclavos blancos"). Estos fueron un cuerpo militar creado en el siglo XII por Saladin, a partir de esclavos georgianos, teniendo este pueblo de origen muy antiguo la reputación de ser el más resistente y guerrero de todos los tiempos. Este cuerpo se convirtió en menos de un siglo en una auténtica casta militar dominante, eligiendo de entre ellos el Sultán de turno y limitando el poder del Califa a los asuntos religiosos. Fueron una sociedad de esclavos auto propagadora, manteniendo su fuerza numérica con la compra y/o secuestro de niños de su mismo origen étnico. Tenemos aquí el concepto de esclavos que se pertenecen mutuamente. Tan fuerte fue su agarro étnico que mantuvieron su lengua georgiano a través de los 6 siglos de su existencia y muchos de sus componentes nunca aprendieron el árabe. Como fuerza militar formaban el ejercito más temido de Oriente, salvaron al Islam derrotando a los mongoles, los turcomanos de Timur y  todos los que se les pusieron delante. Cuando finalmente sucumbieron ante Bonaparte, no fue por falta de valor o ferocidad, sino simplemente por atraso tecnológico. Estarán de acuerdo que estos dos ejemplos demuestran un aspecto muy diferente y poco conocido del término "esclavitud". 

    Al empezar el siglo XV el trafico de esclavos negros ya tenía una larga tradición, 3000 años antes los egipcios ya importaban esclavos nubios, y en el siglo VI a.C. Cartago ya incorporaba esclavos "sudaneses" (los subsaharianos actuales) a sus plantaciones. La era moderna del trafico de esclavos africanos empezó a partir de la conquista de Ceuta (1415) por parte de los portugueses. Usando esta ciudad como punto de partida, Portugal empezó sus viajes de descubrimiento navegando por la costa africana occidental, llegando a Cabo Verde(1444), Sierra Leona(1460), Ghana(1482) y Angola(1483), abriendo a la influencia europea todas las tierras que en el futuro iban a figurar de forma significativa en el tráfico de esclavos. A mitades del siglo anterior todo el continente Eurasiático sufrió la famosa epidemia de la peste negra, en la cual Portugal perdió aproximadamente el 40% de su población; si a esto añadimos la guerra civil y la guerra contra Castilla de la década de los ochenta(1385), además de la expansión ultramar posterior, no es de sorprender que a Portugal le seguía faltando mano de obra agrícola seis décadas después y que aprovechó su expansión por las costas africanas para adquirir esclavos. A partir del año 1450 Portugal importó unos 800 esclavos al año, e inauguró un tráfico de esclavos africanos que no dejó de aumentar durante los siguientes 4 siglos. Desde mediados del siglo XV hasta la década de 1870, unos 12 millones de africanos fueron exportados hacia las Américas con una mortandad media de un 15% durante las travesías (durante el mismo periodo los árabes capturaron más de 22 millones en África Oriental). Estas cifras indican un tráfico medio anual- según las épocas- de entre 10 y 50 mil. Contemplar y criticar este tráfico, y estos números, según nuestro punto de vista contemporáneo, supuestamente humanístico, no solamente no tiene ningún sentido sino, además, es una postura totalmente hipocritita. Espero que no olvidemos que en siglo XX, solamente en Europa, los regímenes comunista y nazi esclavizaron y eliminaron (!) más de 25 millones de personas, en sus Gulags y campos de concentración, en el periodo, grosso modo, 1925-1965. Con estos antecedentes recientes no tenemos ningún derecho aplicar juicios morales a nuestros antepasados. Lo que hay que hacer es estudiar el tráfico de esclavos africanos por parte de países europeos dentro del marco de la sociedad cristiana occidental de su tiempo. 

    Por mucho que la esclavitud y la servidumbre habían desaparecidos en Europa, la clase dominante había desarrollado un sistema jurídico tan favorable a los grandes terratenientes que la mayoría del campesinado había, en esencia, cambiado una situación de servidumbre de derecho, por otra servidumbre de hecho. La sociedad occidental estaba totalmente jerarquizada y estratificada, y dominada en los países católicos, por la Inquisición cuya función no se limitaba a perseguir "herejes y brujas", sino a imponer un fuerte control social, además de asegurar la Armada - a través de condenar muchos "herejes" varones a "galeras" - de una fuente continua de esclavos/remeros. Añadamos a esto la posición favorable de la Iglesia católica, y la mayoría de los protestantes, al concepto de esclavitud para "moros, paganos e infieles" (entre estos últimos se incluían los herejes condenados), y no es de sorprender que el tráfico de esclavos (y la esclavitud en general) fue aceptado con toda naturalidad. Los marineros que físicamente hicieron posible el tráfico (los traficantes se limitaban a financiarlo) tenían ya por sí una vida durísima. Por mucho que los barcos de vela mejoraron considerablemente a través de los siglos, seguían siendo bastante primitivos y los marineros que servían en ellos tenían una esperanza de vida muy corta. Muy frecuentes fueron los accidentes mortales por caídas de los mástiles (hasta 30 metros de altura), muertes por caídas al mar (los barcos de vela tardaban mucho en poder parar su marcha, para no hablar de dar la vuelta), y mil cosas más. Si a esto añadimos el incesante trabajo - especialmente durante los frecuentes periodos de mal tiempo y tormentas, en los cuales no se podían ni quitar la ropa mojada de encima - la comida putrefacta durante gran parte del viaje, la escasez de agua, y el brutal régimen disciplinario a que estaban expuestos - los capitanes tenían poder absoluto en alta mar y cualquier infracción o acto de indisciplina fue castigada duramente con el látigo - podemos entender que la profesión de marinero no era para los sentimentales o blandos de corazón. Servir en los barcos traficantes fue todavía más duro. La explicación reside en el hecho de que para hacer rentables los viajes había que destinar no solamente gran parte de las bodegas de los barcos al "alojamiento" de los esclavos sino además a grandes cantidades de comida y agua para su manutención; el resultado lógico fue que las tripulaciones fueron recortadas, literalmente por falta de espacio, a la mínima necesaria para poder manejar y defender los barcos. Si los marineros se prestaban a alistarse bajo estas condiciones - trabajaban casi sin dormir durante toda la travesía - fue gracias a la doble paga que recibían junto con una pequeña participación en los beneficios (los capitanes recibían tanto como el resto de la tripulación junta, y podían hacerse rico con 8 o 10 viajes) y confiaban en poder retirarse en pocos años. Como los beneficios del viaje estaban directamente relacionados con la cantidad de esclavos que llegaban vivos y sanos al mercado de destino, y como de los beneficios dependían en gran parte los ingresos de los marineros, estos tenían intereses creados en asegurar, dentro de lo posible, el bienestar de su carga. Por lo tanto, no había lugar al mal trato sistemático y cruel de los esclavos. Que al cargar el barco los marineros repartieron latigazos para domar y controlar a los esclavos, no hay que interpretarlo como exceso de crueldad ya que ellos mismos estaban continuamente expuestos a la vara de su contramaestre.

     De la misma forma se puede desmentir otra de las leyendas sobre el trafico de esclavos; la supuesta caza de africanos tan aventureramente retratado en la serie televisiva "Raíces" y en bastante películas. Hasta en el caso que los traficantes hubieron sido lo bastante insensatos para intentarlo, con unas tripulaciones tan reducidos no les sobraban hombres para arriesgarlos en tales estupideces. Los portugueses se daban cuenta desde el principio que las costas de África occidental más abajo de Senegal formaban un territorio muy peligroso para el desembarque. La selva impenetrable y pestilente escondía una jabalina o una flecha detrás de cada árbol, y las primitivas armas de fuego de los europeos más que dar les ventaja servían en estas circunstancias para poco. Para solventar el problema de su enorme inferioridad numérica y al mismo tiempo optimizar sus armas de fuego, los traficantes levantaron sus factorías fortificados en pequeñas islotes cerca de la costa o en las embocaduras de los grandes ríos si había suficiente campo abierto alrededor. Primero los portugueses y después los demás países que se dedicaban al tráfico de esclavos (España, Holanda, Inglaterra, Francia, Suecia y Dinamarca) se instalaron poco a poco a lo larga de la costa (unos 4000 Km.), desde Senegal-Gambia en el norte hasta Gabón en el sur. Esta larga franja de costa estaba habitada por un mosaico de unas 60 etnias muy guerreras (incluyendo nombres que con el tiempo se han hecho famosos como Mandinga, Limba, Ewe, Fante, Ashante, Benin y Ndungo) que, salvo excepciones, no compartían ni cultura, ni religión, ni lengua (actualmente se sigue hablando más de mil idiomas en África) con sus vecinos, y que con regularidad se dedicaban al "noble arte" de la guerra tribal. Lejos de cazar africanos, los traficantes se limitaban a intercambiar, con la tribu que ocupaba el territorio lindante con su factoría, mercancías baratas contra presos de guerra. Como ya hemos visto antes, las tribus primitivas no tenían mucho uso para esclavos y acostumbraban a matar sus prisioneros. Con la llegada de los traficantes esto cambiaba, ahora un prisionero vivo tenía un importante valor comercial. En el comercio (y para los traficantes se trataba de esto) a un aumento de demanda siempre corresponde un aumento de oferta; es difícil saber si la demanda simplemente evitó la masacre de los prisioneros en las guerras tribales habituales o si la demanda tenía el efecto de aumentar la frecuencia de dichas guerras. Tomando en cuenta la enorme variedad étnica de los esclavos africanos en  América a través de los siglos, hay que llegar a la conclusión que las suertes de la guerra estaban muy repartidas, y que a las tribus unas veces les tocaba vender sus enemigos y otras veces a ser vendidos por ellos. 

Los traficantes normalmente no lograban hacer más que dos viajes al año por barco. La ruta a cubrir era un inmenso triángulo, con un lado desde Europa occidental a una de las factorías en la costa africana ( con mercancía barata), el segundo lado desde  ahí a los mercados en  América (Brasil, el Caribe o Norteamérica) y el tercero (invirtiendo parte de los beneficios de su carga de esclavas en café, azúcar y tabaco) desde ahí de vuelta a Europa. Un viaje de unos de 25.000 Km. que aprovechaba los vientos del noroeste y alisios de la mejor forma posible. La intención era de dejar coincidir la ruta África-América, el segundo lado del triángulo, con las mejores condiciones climatológicas en el Atlántico sur para asegurar una travesía lo más rápida posible. Esto era imperativo para no exponer la carga a un sufrimiento excesivo. Hay que saber que los esclavos estaban hacinados, encadenados lado a lado, en plataformas que ocupaban diferentes niveles en sentido vertical. Para que tengan una idea se puede decir que era comparable a que 4 hombres tuvieron que compartir, unas 22 horas al día (fueron subidos 2 horas al día a cubierta en pequeños grupos) - y durante casi un mes- una cama doble moderna. Esto, más que crueldad, fue una necesidad comercial; el mundo era cruel y en la famosa cárcel de Venecia hubo presos que pasaban decenas de años en "celdas" más pequeñas. Ya he indicado que la mortandad media fue de un 10%, exactamente la misma de lo que hubo entre los tripulantes. La media es engañosa ya que incluye los barcos que se habían ido a pique con todos sus ocupantes, tanto esclavos como tripulación.

    Si el tráfico de esclavos nos parece muy cruel, vale la pena  compararlo con lo que ocurría en otros lugares. Durante la construcción de las murallas de Marrakech en el siglo XVII, decenas de miles de esclavos españoles (no todos fueron rescatados como Cervantes) murieron y sus cuerpos fueron incrustados en los muros como una temprana y macabra forma de hormigón armado.

    Aparte del envío de esclavos a Portugal por parte de sus navegantes para suplir la falta de mano de obra para el campo, el verdadero tráfico de esclavos a gran escala empezó cuando Carlos I estableció en 1517 un sistema de concesiones a particulares para introducir y vender esclavos africanos en América, regulando de esta forma el incipiente tráfico en el Caribe. Ahí el uso de esclavos indígenas en las plantaciones y minas había sido un fracaso, parcialmente porque los indios no soportaban un trabajo duro y continuado al cual no estaban acostumbrados, pero más todavía por su falta de resistencia frente a las enfermedades europeos, en especial la viruela, que eliminaron antes de la mitad del XVI la totalidad de la población indígena de las Antillas. En toda la Nueva España la esclavitud indígena como institución jurídica desapareció en casi la misma fecha. Surgieron otras modalidades, como el endeudamiento o la encomienda. A partir de entonces la esclavitud fue exclusivamente africana, tanto en la Nueva España como en Brasil. En las colonias británicas la esclavitud fue introducida casi desde sus principios. El primer caso conocido fue en 1619 cuando en Jamestown (la primera villa que había logrado mantenerse en Virginia) un barco holandés cambió 17 africanos por agua y comida. Estos esclavos estaban sujetos a la llamada "servidumbre limitada" (contractual) una situación legal propia de los siervos blancos (a cambio de haberles pagado su pasaje desde Inglaterra), e indígenas, que era precursora de la esclavitud en la mayoría de las colonias inglesas del Nuevo Mundo e implicaba prestar su trabajo durante un periodo de 7 años. A medida que las plantaciones fueron adquiriendo una mayor relevancia (especialmente en el sur) se consideraba más necesario el uso de esclavos y se hizo necesario modificar la legislación sobre la servidumbre en favor de la esclavitud total. Durante la guerra de la Independencia estadounidense (1776-1783) los africanos eran esclavos en el más amplio sentido de la palabra, con una legislación, basada en gran parte en la romana, que definía claramente su situación legal, política y social. Durante el periodo colonial no hubo entre los blancos ninguna oposición a la esclavitud. De Europa habían heredado una sociedad muy jerarquizada en donde los ricos explotaban a los pobres salvajemente y donde el concepto de igualdad humana hubiera sido considerado como ridículo y peligroso. Hombres de Estado como Washington y Jefferson consideraban normal tener varios centenares de esclavos. No es que no hubo voces discrepantes, varias iglesias protestantes como los anabaptistas, los cuáqueros y otros mantuvieron ya desde el siglo XVII la inmoralidad de la esclavitud. No solamente hubo ya un estado que abolió el sistema (Vermont, 1770)- probablemente porque tuvo muy pocos esclavos - sino, hasta en los estados sureños, algunos plantadores empezaron a cuestionar su legalidad y moralidad. De todas formas no fue muy sorprendente que la famoso "Declaración de Independencia" tan llena de palabras bien intencionadas y cristianas, no abolió la esclavitud y admitía implícitamente que había gente mucho menos "iguales" que otros. (Tampoco hay que rasgarse las vestiduras considerando que la rebelión contra el Reino Unido poco tuvo que ver con la libertad, ni con la opresión, sino con la ambición de una nueva clase media dominante que ansiaba quitarse cualquier tutela británica de encima y tomar las apetecibles riendas del poder en sus propios manos. Por cierto, una vez independiente, los tan odiados impuestos indirectos británicos anteriores se multiplicaron por diez en la nueva República, mientras que al mismo tiempo, y gracias a la especulación, la misma clase media había multiplicado su fortuna proporcionalmente.) No obstante, el movimiento abolicionista empezaba a cobrar más y más vigor hasta convertirse en la auténtica moda humanitaria de la época. Tanto, que a finales del siglo, la Iglesia católica, manteniendo su posición contra cualquier marea, incluyó los panfletos abolicionistas en su Índice de obras prohibidas. He usado el término moda porque gran parte del movimiento fue intrínsecamente hipócrita. Ninguno de sus representantes más representativos, tanto en el Reino Unido que en los Estados Unidos, se molestó nunca en criticar la otra lacra de la época; la situación laboral y social de las clases bajas - el 80% de la población - provocado por la incipiente Revolución Industrial, en donde niños de solamente 5 años trabajaban en los túneles más estrechos de las minas, y en las fábricas, en jornadas de hasta 18 horas. Pero hubo más hipocresías todavía, cuando los Gobiernos se juntaron al movimiento, no por razones morales, sino por consideraciones comerciales y económico- financieras. El resultado no fue la abolición sino la prohibición del comercio de esclavos por parte del Reino Unido (1807) y de Estados Unidos (1810). ¿Y qué fueran las consideraciones mencionadas? Resumiendo, con el paso el tiempo la producción y comercio de azúcar se había desplazado de las Antillas británicas a islas francesas como Haití. En las británicas el cultivo se había convertido en un negocio ruinoso que necesitaba de grandes subsidios por parte de Londres, convirtiéndolo en una auténtica carga para el Tesoro. Como en el Tratado de Utrecht (1713) - el mismo por el cual la "Pérfida Albión" se quedó con Gibraltar - el Reino Unido se había quedado con el Monopolio del tráfico de esclavos con  América, su abolición dañaba mucho a los intereses francesas, incapaces de restituir la muy alta mortandad de esclavos en sus islas, y al mismo tiempo mejoraba mucho la competitividad de las islas británicas- con positivos resultados para las arcas del Tesoro- que no necesitaban de más influjos de esclavos. Hay que admirar la previsión de los ingleses, ya que la legislación se pasó en plena Guerra Napoleónica cuando ellos de todas formas controlaban el Caribe, lo que significaba que la ley solamente empezaba a surtir efectos prácticos a partir del final de la guerra. Abolir el tráfico sin simultáneamente abolir la esclavitud, solamente empeoró las cosas ya que convirtió un comercio legal, y de cierta forma regulado y supervisado, en un comercio de contrabando. Como los pocos barcos de guerra dedicados al control y a la inspección, no podían inspeccionar barcos bajo bandera ajena, los barcos de los traficantes ingleses y, ahora también, estadounidenses, navegaban bajo banderas brasileñas y de otros países sudamericanos, y muchas veces estaban hasta registrados a nombre de testaferros de estos países. Fue curioso como muchos antaño fervorosos esclavistas se convirtieron en pocos años en igualmente fervorosos abolicionistas, al mismo tiempo que estaban financiando el contrabando de esclavos, negocio mucho más rentable todavía que el tráfico legal anterior. La posición de muchos abolicionistas ingleses fue tan paradójica, que los mismos que clamaron por la abolición total en las Antillas británicas, lo que lograron en 1833,fueron posteriormente los que defendieron la necesidad de esclavitud en Cuba y Brasil, con el argumento que abolirla atrasaría el desarrollo de estos "países", lo que afectaría "negativamente a los intereses comerciales británicos" (!). Como dijo un critico ingles de entonces: "Donde está tu bolsa, estará también tu corazón". A finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX hubo, consecutivamente y separados por unos 30 años, dos hechos opuestos de singular importancia. En las últimas décadas del XVIII, el cultivo de tabaco entro en plena crisis de la cual no se recuperó hasta el último tercio del XIX, con la invención de maquinas que liaban cigarrillos de forma automática. El exceso de mano de obra resultante fue resuelto por los plantadores liberando muchos esclavos, no tanto por razones humanitarios sino para ahorrar gastos. Estos libertos se convirtieron con el tiempo en artesanos y mecánicos independientes y se formó hasta una incipiente elite de raza negra que no tuvo ningún reparo en adquirir sus propios esclavos (no hay que sorprenderse por esto, hay varios casos conocidos en Louisiana, de esclavos jóvenes que fueron educados y adoptados por plantadores viudos sin descendencia, quienes antes de morirse no solamente los libraban, sino además les declaraban herederos universales de sus bienes; estos repentinos propietarios de plantaciones y esclavos, trataban tan mal a sus esclavos - igual que muchos capataces llegados a más se convierten, muchas veces, en los peores patrones - que los plantadores blancos les echaban de su Círculo, no por negros sino por indeseables). Algunas décadas después, ya en plena prohibición del comercio de esclavos, ocurrió lo contrario. La invención, en los principios de la Revolución Industrial, del telar industrial por Arkwright había hasta tal punto aumentado la producción que el suministro de algodón crudo desde Brasil y las Antillas ya no cubría la demanda; y ahí estaban los estados sureños con el clima perfecto para el cultivo de algodón (más de 200 días de sol al año y 65 cm de lluvia). Para poder atender este nuevo cultivo la demanda de esclavos en Estados Unidos subió enormemente justo cuando el tráfico (marítimo) había sido prohibido. El efecto fue doble, por una parte los traficantes (ahora, contrabandistas) se cuidaban de que su oferta se quedara siempre muy por debajo de la demanda y de este forma lograron multiplicar hasta por diez el valor de sus cargas, y por otra parte aumentó fuertemente el comercio de esclavos entre los estados, que seguía siendo completamente legal. Durante las siguientes décadas el movimiento abolicionista creció continuamente, especialmente en los estados norteños, en donde la esclavitud había desaparecido por completo, gracias, en parte, a la creciente inmigración desde Europa que creaba una mano de obra abundante y barata. En el cincuenteno entre 1810 y 1860, cuando fue elegido Lincoln, la expansión hacia el Oeste fue tan enorme, que los 15 estados de aquel año (los mismos del año 1795) se convirtieron en 34. Como el diseño de la bandera - la famosa "stars and stripes" (estrellas y barras)- estaba basado en una barra para cada una de las 13 colonias originales y una estrella para cada una de los estados a partir de la independencia, esto implicaba que cada vez que uno o varios estados nuevos fueron admitidos en la Unión, la bandera sufría su correspondiente modificación. Más que en ningún otro país la historia de los Estados esta escrita en su bandera. Desde el año de la independencia la bandera fue modificada en no menos de 24 ocasiones (la última vez en 1960!) de los cuales 12 veces entre 1819 y 1861.

 

    Como los nuevos estados se alinearon en el bando esclavista o abolicionista según sus tendencias, no es sorprendente que el problema de la esclavitud fue, durante toda estas décadas, el asunto político y religioso más ardiente de la Unión. Las posiciones cada vez más radicales de los abolicionistas fueron contestadas con una similar radicalización por parte de los esclavistas (de la misma forma que siglos antes, la Contrarreforma, como reacción a la Reforma, aumentó el fundamentalismo dentro de la Iglesia católica). También el impacto religioso fue muy importante. Muchos abolicionistas, una vez que su conciencia negaba la validez de los preceptos esclavistas de la Biblia, empezaban a cuestionar abiertamente la validez y verdad de otros preceptos también. La Iglesia católica y la inmensa mayoría de las iglesias protestantes contestaron a este desafío con una huida hacia adelante defendiendo hasta la insensatez la inspiración divina de la esclavitud. Contrariamente, en la política hubo algunas mentes que trataban de moderar las cosas, y algunos de los estados de nueva incorporación en donde la esclavitud tuvo poca importancia se declararon a favor de uno de las dos bandas, según el momento, no por convicción sino para no deshacer el frágil equilibrio político existente. No obstante la cosa se complicó mucho por la insensatez de los sureños. Se ha defendido muchas veces que, durante la Guerra Civil, la Confederación no luchaba tanto para defender la esclavitud sino para defender los derechos constitucionales de los estados contra los abusos de la Constitución por parte de las autoridades federales. Pero los hechos demuestran lo contrario. Usando, en ciertos momentos, su mayoría en el Congreso y su control del Tribunal Supremo, impusieron la Ley sobre Esclavos Fugitivos, que autorizaba a los sureños a entrar en los estados del Norte para recuperar su "propiedad" a través del secuestro y en 1842 el Tribunal Supremo convirtió este derecho en un derecho constitucional, denegando por lo tanto a los estados del Norte de aplicar sus leyes estatales para defender cualquier persona dentro de sus fronteras contra abusos ajenos. Peor, todavía peor, fue una decisión judicial del año 57 en la cual el Tribunal declaró que propietarios sureños tenían el derecho a introducir sus esclavos en los estados abolicionistas y mantenerlos como tales en flagrante oposición a las leyes abolicionistas locales. Como vemos los estados sureños, más que nadie, estuvieran perfectamente dispuestos a abolir los derechos estatales, por lo menos los ajenos, a favor de una legislación federal. Esta legislación combinada con el "ferrocarril" hacia la libertad creado por grupos abolicionistas para ayudar a esclavos a escapar hacia el Norte, creó el peor invento del sistema esclavista: la caza del hombre. Los elementos más canallescas de los estados sureños, auténtica "basura blanca" (white trash), se organizaron en grupos y, acompañados por perros de presa, se dedicaron, como cazadores de recompensa, a la persecución de esclavos escapados con incomparable saña y crueldad.

    Dicho todo esto, igual como con la prohibición del tráfico marítimo de esclavos de principios de siglo, en las últimas décadas antes de estallar la Guerra Civil también hubo mucha hipocresía en el movimiento abolicionista. No hay duda que hubo muchos abolicionistas sinceros y humanitarios (y bastante subjetivos), pero no fueron ellos, menos en apariencia, lo que formaban la fuerza motriz del movimiento sino oscuros intereses económicos, financieros y sociales. Para estos intereses la esclavitud fue una auténtica amenaza comparativa, ya que, por sorprendente que pueda parecernos, la situación de los esclavos, olvidándonos por un momento de las implicaciones morales y éticas, fue en casi todos los demás aspectos mejor que la de los millones de inmigrantes que estaban llegando a la "tierra prometida" convirtiéndose desde el momento mismo de su llegada en un lumpen proletariado. Ya he indicado antes que los Padres ingleses del abolicionismo nunca se molestaron en criticar la situación social de los hombres y mujeres ( y niños!) en su propio país, y de la misma forma el movimiento abolicionista en los estados norteños, maquiavélicamente dirigida desde las sombras, en vez de centrarse en el aspecto moral de la esclavitud se ocupó principalmente en denunciar su aspecto laboral, sanitario y humano. Esta actitud sigue siendo la norma actual no tanto por la falta de objetividad de los años anteriores a la Guerra Civil sino por un total desconocimiento histórico.

 Analizamos las criticas más comunes:
1. Nutrición: Casi todos admiten que en general la comida fue suficiente y hasta abundante, pero se critica las deficiencias vitamínicas de la misma. No dudo que sea así desde nuestra punto de vista moderno, pero la observación es totalmente sin sentido del punto de vista de aquellos tiempos. No solamente el concepto de vitaminas era totalmente desconocido, sino, como es sabido, la nutrición de los ricos, por excesiva, era mucho más deficiente e insana todavía. El hecho de que la comida de los esclavos era por lo menos suficiente comparaba favorablemente con el auténtico hambre que pasaban la mayoría de los nuevos inmigrantes "libres". 

2. Trabajo: Se critica las jornadas laborales de 12 horas de los esclavos, una verdad a medias que, aparte de un desconocimiento de la realidad histórica, demuestra un desconocimiento total del campo. Durante la cosecha del algodón - principio de Septiembre hasta mitades de Octubre - todo el mundo, incluyendo los propietarios, trabajaban jornadas de hasta 18 horas ya que la recogida antes de las lluvias era casi cuestión de vida o muerte. Por otra parte, durante la época de lluvia y en invierno, la jornada de trabajo muchas veces no llegaba ni a las 6 horas. De todas formas jornadas mucho más largas fueron la norma en las fábricas ingleses y americanas. Mientras que los hijos de los esclavos empezaban a trabajar en el campo a los 10 o 12 años, ya hemos visto que en Inglaterra niños mucho más pequeños ( 5 o 6 años) fueron explotados en las minas. 

3. Descanso: También se ha criticado que los esclavos solamente tuvieron el domingo como día de descanso (había plantaciones en donde también se libraba los sábados). Los críticos que dicen estas tonterías parecen no saber que, por ejemplo, en España cuando en 1904 el Gobierno de turno quiso imponer la semana laboral de 6 jornadas el proyecto se tuvo que enfrentar al rechazo total por parte de ambas la UGT y la Iglesia, por razones lógicamente diferentes. La UGT estuvo en contra porque los obreros no podían vivir con solamente 6 jornales a la semana ( así de bajo eran los jornales) mientras que la Iglesia objetó que si los obreros tuvieron un día libre a la semana solamente iban a dedicarlo a "emborracharse e ir de putas" (vaya con la Iglesia!). 

4. Alojamiento: Las cabañas de madera en que se alojaba cada familia de esclavos comparaban, gracias al buen clima de los estados sureños, también favorablemente con las chabolas de los obreros norteños para no hablar de las condiciones de vida de los primeros pioneros en el salvaje Oeste.

 5. Castigo: Se ha hablado mucho de los crueles castigos a que fueron expuestos los esclavos con un liberal uso del látigo. Estas leyendas tuvieron mucho que ver con el comportamiento de los caza- recompensas, que se enseñaron a gusto con sus cautivos ya que el sistema de recompensas se basaba en el concepto de "vivo o muerto" y que su fin no era tanto la recuperación del esclavo huido sino de servir como disuasivo para otros. No hay duda que se castigaba de vez en cuando a esclavos desobedientes o revoltosos pero el látigo se usaba infinitamente menos que en las Armadas de los países marítimos en donde el castigo corporal estaba regulado en los "Artículos de Guerra" ( también aplicable en tiempo de paz) y aplicado hasta por infracciones mínimas. Todo esto prueba que lejos de ser unos ogros sádicos y desalmados, la inmensa mayoría de los plantadores fueron racionales hombres de negocios que cuidaban sus esclavos que formaban por mucho la parte más importante de su inversión y, por lo tanto, de su negocio. Por esta razón casi todos - siempre hay excepciones- evitaron como la peste los castigos indiscriminados y arbitrarios, y la separación de las familias, y trataban, dentro de lo posible, tener sus esclavos si no felices, por lo menos contentos. Como dijo uno de ellos: " Un esclavo infeliz es un esclavo improductivo; y un esclavo improductivo es una mala inversión". Hace unos 25 años dos investigadoras, economista y socióloga, pretendieron demostrar las maldades del sistema esclavista haciendo un estudio pormenorizado de los libros de contabilidad de una de las grandes plantaciones a que tenían acceso. Una vez terminado el estudio resultó, para su gran sorpresa, que las plantaciones esclavistas fueron un negocio ruinoso con una rentabilidad mínima en relación con su nivel de inversión. Los plantadores vivían muy bien, pero ganaban proporcionalmente muy poco dinero. La conclusión del estudio fue que con el uso de mano de obra libre y con los jornales vigentes en la época las plantaciones hubieron sido hasta 6 o 7 veces más rentables. A esta situación se llegó efectivamente varios años después de la terminación de la Guerra, por las razones que ya veremos más abajo. Antes hemos visto la política insensata de los estados sureños en manipular la legislación para sus propios fines, por mucho que durante casi 20 años habían logrado imponer sus "intereses", pero la elección de Abraham Lincoln como Presidente de la Unión representando el partido republicano- constituido solamente 3 años antes- con una plataforma abolicionista (1859), les llevó por un camino más insensato todavía, el de la secesión. De cierta forma Lincoln no era tanto un abolicionista sino un pragmático, y al ser elegido se comprometió a no tocar la esclavitud en los estados esclavistas, y limitarse a cambiar las leyes aprobados durante las últimas décadas que infringían los derechos de los estados abolicionistas. Lo malo era que los sureños no se fiaban de él, no obstante de que Lincoln hubiera demostrado en otras ocasiones a ser un hombre de palabra. Antes de que Lincoln jurase su cargo y todavía bajo la presidencia de Buchanan, siete estados sureños (Alabama, Carolina del Sur, Georgia, Mississipi, Louisiana, Texas y Florida) se separaron de la Unión y formaron los Estados Confederados de América (Confederación).Pronto se juntaron a ellos 4 estados más (Carolina del Norte, Virginia, Tennessee y Arkansas).No es que Missouri, Kentucky, Maryland, y Delaware, los otros 4 estados esclavistas, se mantuvieron fieles a la Unión, sino que fueron militarmente ocupados y puestos bajo Ley Marcial para que no pudieran seguir el ejemplo de los demás, y esto antes de que se declaró la Guerra. Queda claro que la Guerra Civil resultante no empezó para abolir la esclavitud, sino única y exclusivamente porque la Unión no estaba dispuesto a tolerar la secesión y no por ser  anticonstitucional, al contrario. Tan ambigua fue la situación que cuando al empezar la guerra decenas de miles de libertos y esclavos huidos quisieron alistarse en las filas del ejercito Federal, fueron rechazados con indignación con el argumento de que se trataba de un asunto de blancos (White Man's War).Solamente un año después, y más por razones de necesidad (las enormes perdidas sufridas por el ejercito de la Unión) que por razones éticas, los primeros regimientos de soldados "de color" fueron finalmente incorporados. En todo este periodo la mayoría de los partidarios de la Unión no solamente les importaba un bledo la abolición, sino que estaban totalmente opuestos a dar derechos cívicos a los libertos. Para complicar todavía más el panorama, muchos de los descendientes de los libertos de principio de siglo que con el paso de los años se había convertido en una próspera elite negra, con esclavos propios, se ofrecieron para luchar en las filas de la Confederación. Cuando finalmente Lincoln, bajo la presión de abolicionistas, con muchos especuladores y aprovechados en sus filas, firmó la Proclamación de Emancipación en Septiembre del '62, esta no tuvo ningún efecto ya que solamente iba dirigida a los estados "rebeldes" y no a los estados esclavistas que se habían quedado dentro de la Unión. El símbolo de la Guerra no fue unas cadenas rotas:       

 

         sino:           

                                           "No a la Confederación"             

No obstante, una vez ganado la Guerra Civil por la Unión, después de que las dos bandas habían sufrido terribles pérdidas, se podía ya ver con claridad que la guerra no había tenido lugar para abolir la esclavitud, por mucho que esto fuese uno de sus resultados, ni tampoco para luchar contra la secesión, sino que en esencia había sido una lucha a muerte entre la nueva sociedad industrial emergente del Norte y la antigua sociedad agrícola del Sur. Una de los eslóganes de esta nueva sociedad fue el viejo adagio de siempre: "cambiar todo para que no cambie nada", o mejor dicho, para que todo empeore mucho. Para esta sociedad la abolición de la esclavitud fue la mejor forma para poder explotar de verdad al negro africano. Ya veremos lo que ocurrió casi inmediatamente, durante la guerra en los territorios ocupados por las tropas federales, y después de terminar la guerra en todo el territorio de la Confederación.

    El impacto de la guerra fue enorme. En 1800 la población de los 15 estados  fue de 5 millones. En 1861, la de los 34 estados fue de  31 millones divididos en 22 millones en el Norte y 9 millones en el Sur, incluyendo a 3.5 millones de negros, la mayoría esclavos. Estos fueron los descendientes de los 650.000 que habían sido "importados" durante los últimos dos siglos y medio.(Existe la errónea impresión de que Estados Unidos ha sido el país de la esclavitud por excelencia durante este periodo, pero nada más lejos de la verdad. Aquellos 650.000 solamente formaban el 6,5% de los 10 millones transportados a las Américas) De la población de 31 millones, un 30% o 9 millones fueron hombres adultos y de estos casi un tercio sirvió en la guerra, 2.200.000 al lado de la Unión (30%) y 900.000 al lado de la Confederación (un increíble 42% de sus hombres blancos). De estos más de 3 millones de hombres, 650.000 murieron en la contienda. Hay que admitir que la sociedad americana pagó un precio muy caro por el pecado de la esclavitud, un hombre muerto por cada esclavo llegado de África.

    La primera parte de la guerra fue en general favorable a la Confederación, que tuvo a su favor, como sociedad básicamente rural, que todos sus hombres eran jinetes y tiradores de primera a partir de muy temprana edad. Se ha dicho que, junto a la de los mongoles y de los apaches, su caballería ligera fue la mejor de la historia.

Bandera Confederación 1861 Bandera Confederación 1865  Bandera "Dixie" de  batalla.

   No obstante, a la larga, la ventaja de la Unión en población, financiación y capacidad industrial fue decisiva. De cierta forma, cada batalla ganada por la Confederación constituía una victoria pírrica, ya que sus bajas fueron insustituibles, mientras que las bajas Federales (mucho más altas) fueron cubiertas por el incesante influjo de inmigrantes, en aquellos momentos mayoritariamente irlandeses. A partir del año ´63, la balanza se inclinó definitivamente a favor de la Unión con la paulatina ocupación de territorio confederado hasta la terminación de la guerra. La ocupación de territorio implicaba la inmediato proclamación de la Ley Marcial, la privación de todos sus derechos cívicos y legales a los ciudadanos confederados blancos, la manumisión de los esclavos y la aplicación- durante poco tiempo por cierto- de las enmiendas XIV y XV (1863) de la constitución (dando a los libertos plenos derechos cívicos y de voto). El resultado fue un auténtico régimen de terror (llamado "Reconstrucción), en donde por una parte se usaba el voto negro y los votos de los soldados federales para cambiar totalmente la Constitución de los estados sureños, y al mismo tiempo les exponía a un expolio brutal a través del saqueo sistemático de todos sus bienes, hasta tal punto, que se ha podido demostrar que no solamente todos los muebles, cuadros, servicios de plata y vajilla de las mansiones de los nuevos ricos californianos procedían de aquel pillaje, sino hasta sus trajes, vestidos, zapatos y carruajes. No es creíble que estas actitudes de corrupción pura fueron el resultado de una sana indignación contra la esclavitud. Si hubiera sido así se hubieran limitado a los grandes propietarios de esclavos y no se hubieran aplicado a la población blanca en general. No hay que olvidar que la inmensa mayoría de la población sureña no tuvo esclavos, estos (3.500.000) pertenecían en casi un 90% a unas 5000 grandes plantaciones a un medio de 600 por plantación. Durante esta época el antiguo territorio de la Confederación fue dividido en 5 comandancias generales bajo sus respectivos generales de división (¡reminiscencias cromwellianas!). Para dar una idea del cinismo y la inmoralidad de muchos de los generales de la Unión basta citar algunas frases de una carta del muy laureado General Sherman a su, igualmente laureado, subordinado el General Sheridan: "Para los secesionistas persistentes la muerte debe de ser un alivio, y lo mejor que podemos hacer es ayudarles, tanto a los hombres como a las mujeres, a alcanzarla cuanto antes"; " Ud., yo, y todos los que estamos al mando tenemos la obligación de cometer todos los crímenes necesarios para alcanzar nuestra meta".

  A terminar la guerra el Norte exigía a los sureños el pago retroactivo de todos los impuestos que habían estado vigentes en la Unión durante la Guerra Civil ("hacer leña del árbol caído") y por otra parte proclamó un decreto por el cual las tierras confiscadas debieran ser repartidas en lotes de 40 acres (16 hectáreas) entre los esclavos liberados-¡ además de darles una mula!-decreto que, lógicamente no fue cumplido nunca. En lo que se refiere al pago de los impuestos, muy contados plantadores podían hacer frente a esta exigencia gracias a amistados extranjeras o por haber puesto fondos a buen recaudo en tiempos pasados, pero la mayoría, después de haber sido expoliada de todos sus bienes mobiliarios- aparte de lo que les había costado ya la guerra en impuestos confederados y cosechas perdidas- no tenían con qué pagar y si algún banco en algún momento estuviera dispuesta a prestarles dinero contra cosechas futuras, ya se ocupaban los coroneles que ejecutaban el poder militar, civil y judicial en los distintos condados, de indicarles ( lo erróneo de tal actitud. El resultado de la incapacidad de hacer frente a este robo fiscal era la subasta de los bienes y la gran oportunidad - ya intuida hace años- para los militares y  especuladores, en íntima colisión, de hacer todos los agostos de su vida a la vez. Se cuidaban mucho de pujar entre si y a todos - no hay que dudar de los milagros- les tocaba "su plantación" al precio de salida, o sea  por una fracción de su valor real (¿reminiscencias de las subastas de la desamortización de Mendizábal?)

    Habrá personas que consideren todo esto como el derecho del ganador y que a los sureños se les había aplicada una justicia si no divina (no olvidan que Dios sancionaba la esclavitud) por lo menos "humana", y que los desgraciados esclavistas se lo habían ganado a pulso. Pero queda la pregunta: ¿Que pasó entretanto con los esclavos recién liberados? Aparte de los que antes, durante y después de la guerra se habían desplazado al Norte (por cierto con gran recelo de los recién llegados inmigrantes alemanes e irlandeses que temían una bajada de sus ya miserables jornales por exceso de oferta de mano de obra), y otros que prestaban servicios al ejercito ocupante, la mayoría, o no habían nunca dejado las plantaciones, o al terminar la guerra volvieron a ellas. No hay que olvidar que allí estaba la única casa que habían conocida. No pasaba nada hasta que los "carpetbaggers" se apoderaban de las plantaciones, cuando sí hubo un cambio fundamental. Los nuevos propietarios les invitaban a desalojar las cabañas y abandonar su tierra, bajo el argumento de que como personas libres ya no pintaban nada en propiedad ajena. Este fue el momento exacto, antes de finales de 1866, del gran éxodo de los antiguos esclavos de las plantaciones que les habían visto nacer. Toda esta masa humana tuvo que instalarse en terrenos marginales y pestilentes y allí fabricar sus chabolas, comparadas con las cuales sus antiguas cabañas les parecían viviendas de primera. Ya he dicho antes de que uno de los fines de la guerra - además de cambiar la Unión de una Confederación de Estados libres, en una Federación centralista de estados subyugados - era  liberar los esclavos para poder explotarles mejor a través de una dependencia (¿esclavitud?) económica total. Una vez echados los libertos de sus tierras, los nuevos plantadores contrataban más o menos la mitad de ellos a jornales de escándalo (pagaban mucho menos de lo que a los plantadores esclavistas les había costado simplemente la manutención). ¡Que gran negocio! Habían compradas las plantaciones por casi nada, no tenían que hacer ninguna inversión (compra de esclavos) en su mano de obra, mantenían la mitad de los libertos en el paro forzoso y la miseria total, y de esta forma mantuvieron los jornales al mínimo posible. Es verdad que el sur entró en una profunda recesión de la cual solamente ha empezado a salir a partir de la segunda mitad del siglo XX, pero los plantadores durante muchas décadas prosperaban mucho. No obstante de exigir jornadas de trabajo muy largas a sus "trabajadores", la producción de algodón bajó un tercio. Pero gracias al aumento del precio de venta, provocado por la baja oferta, y los bajos costes de producción, la rentabilidad sobre inversión fue increíblemente alta. Entre 1867 y 1870 los estados sureños, una vez cambiadas sus constituciones y sustituidos sus clases dominantes, fueron readmitidos en la Unión. Como ya habrán anticipado, casi inmediatamente después, la aplicación de las enmiendas XIV y XV fue, en la práctica, suspendida y los negros no recuperaron sus derechos cívicos plenos hasta casi 100 años después. Hubo antiguos esclavos que 40 años después, ya viejos, manifestaron que la "libertad" que les habían impuesto fue infinitamente peor que la esclavitud que habían sufrido antes.

    Considerando la enorme migración de sureños hasta los estados del Oeste en la década siguiente a la terminación de la Guerra Civil, hay que llegar a la conclusión que muchos de los más conocidos políticos racistas sureños actuales - y muchos de los componentes de la supuesta aristocracia sureña - son en efecto los descendientes de aquellos oficiales federales y de los "carpetbaggers" que expoliaron el Sur hace 150 años.

    Hemos visto que la esclavitud ha sido una constante a través de todas civilizaciones y culturas desde tiempos inmemoriales, y que por lo tanto la esclavitud negra en  América no fue ninguna novedad ni ninguna excepción. Pero entonces queda la pregunta:¿ por qué esta dejó tantos cicatrices mientras que otras desaparecieron sin dejar ningún rastro?. Creo que la respuesta tiene dos vertientes: raza y número. En otros tiempos la esclavitud no tuvo ninguna implicación racial, los esclavos pertenecían a todas las etnias imaginables y, cuando la esclavitud desapareció, se incorporaron posteriormente a la sociedad sin que ningún rasgo físico les marcaba como antiguos esclavos. En aquellas sociedades los esclavos fueron considerados inferiores por sus amos, pero, por arte de magia, al obtener su libertad dejaban de ser, en el mismo acto, inferiores. La mayoría de los habitantes de Europa Occidental somos descendientes remotos de esclavos, siervos y villanos, sin que ni nosotros mismos tengamos constancia de ello. En Estados Unidos la situación fue diferente, exceptuando un cierto número de esclavos o semi-esclavos blancos e indios en los siglos XVI y XVII, la población esclava fue exclusivamente negra. Partiendo desde el concepto de la inferioridad nata del esclavo y si durante mucho tiempo todos los esclavos son exclusivamente negros africanos, el concepto cambia y los esclavos son considerados inferiores no por esclavos sino por negros. Si los esclavos sureños en vez de ser negros hubieron sido, por ejemplo, eslavos, su estigma de antiguos esclavos o descendientes de ellos hubiera desaparecida en el acto. Pero siendo negros siguen marcados con la marca (el color) de su supuesta inferioridad. Lo mismo ocurrió en el Caribe y en parte de Sudamérica, especialmente Brasil, pero a la larga la actitud racial fue insostenible por ser la raza negra, en estos países, mayoritaria. Aquí tenemos la otra vertiente antes mencionada, la del número. En Estados Unidos el número de esclavos fue siempre muy inferior al de los habitantes libres. Al empezar la Guerra Civil, los esclavos formaban el 35% de la población en los estados sureños, mientras que en todo el país superaban en muy poco el 10%.Podemos ver entonces que el racismo depende mucho de la combinación de raza y minoría, por lo menos dentro del propio país. En Brasil donde la población blanca es muy minoritario y el resto de la gente van desde el negro más oscuro al moreno más clarito, actitudes abiertamente racistas serían francamente suicidas. En Sudáfrica los minoritarios blancos trataron durante más de cincuenta años de mantener un régimen abiertamente racista (el apartheid) y al final sucumbieron, y mientras que en Brasil la pequeña minoría blanca ha logrado mantener en sus manos gran parte del poder político, en Sudáfrica lo ha perdido totalmente. En Estados Unidos la actitud racista por parte de la población blanca basada en la supuesta inferioridad intelectual de los negros es reforzada por la clarísima inferioridad económica de la población negra, una observación a todas luces injusta por que olvida que el bienestar de gran parte de la población blanca - la de los estados del oeste y medio oeste - se basa en el reparto de tierras (robadas a los indios) en la segunda mitad del siglo XIX por parte del Gobierno Federal a pioneros blancos, del cual los negros fueron, con mil artimañas, excluidos.

© 8/2001

    PS. (3/9/2001) El actual "espíritu de Durban", un supuesto-por muy politizado- conclave antirracista, ha reactivado el movimiento pro-indemnización que empezó a manifestarse hace ya algunos años en Estados Unidos con la pretensión de exigir indemnizaciones para todos los descendientes de los antiguos esclavos. Como era previsible, a este movimiento se han incorporado muchos de los más afamados abogados norteamericanos - siempre dispuestos a liderar juicios "populares"- no muy sorprendente ya que están acostumbrados a quedarse con gran parte del botín ( un 35% y más),y aquí estamos hablando de un auténtico mega botín de unas 1400 billones de pesetas. Han subido al tren todos los que nunca desaprovechan la oportunidad de hacer demagogia barata, como muchos políticos "políticamente correctos", dictadores y dictadorcillos africanos, y, como podía no faltar, el mismísimo Gran Hermano Fidel, olvidándose  que él solito tiene esclavizado políticamente al 90% de los cubanos. Dicho esto hay que ver si todo esto de las indemnizaciones tiene el más mínimo mérito. Considerando que los traficantes europeos no esclavizaron nunca ningún africano sino se limitaron a comprar africanos ya esclavizados por otros africanos, parecería lógico que  los descendientes de estos debieran pagar, en primer lugar, una indemnización a los descendientes de los esclavos. El problema es que es casi imposible distinguir entre unos y otros, ya que, como he dicho más arriba, los vendedores muchas veces se convirtieron poco después en vendidos por el mero azar de las guerras tribales. Hemos visto que la alternativa a la esclavitud hubiera sido la muerte, en cuyo caso la esclavitud negra en Occidente nunca hubiera existido y Occidente tampoco se hubiera enterado de la muerte de millones de prisioneros de guerra. La conclusión que podemos sacar de esto es terrible pero clara: sin la esclavitud los descendientes actuales de los esclavos ni siquiera hubieran existidos.
Si a los primeros culpables del tráfico de esclavos no se les puede exigir responsabilidades por el simple hecho de que es imposible identificar culpables y victimas, entonces queda la pregunta a quién haya que exigir las oportunas indemnizaciones. ¿ A los árabes que controlaban dos tercios del tráfico total? ¿A los países (Portugal, España, Holanda, Dinamarca, Suecia e Inglaterra) bajo cuyas banderas navegaban los barcos de los traficantes? ¿Y qué decir de los países caribeños, de Brasil y de otros países sudamericanos, destino del 94% del tráfico, en donde los descendientes de los esclavos forman la inmensa mayoría de la población, van ellos a auto- indemnizarse? Como vemos la cuestión es peliaguda e insostenible. Menos, como siempre, en Estados Unidos en donde se está tomando el asunto muy en "serio". Entre los negros el 80% esta a favor, lo que no es muy sorprendente ya que a nadie le disgusta un dulce ($50.000 por familia), al otro 20% que está en contra hay que felicitarles por su sentido ético y moral. Legalmente la cosa no tiene ni pies ni cabeza. ¿ Alguien se puede imaginar de verdad que el Tribunal Supremo vaya a ilegalizar retroactivamente toda la legalización sobre la esclavitud que existió en los Estados Unidos anterior a la Guerra Civil? Una cosa es que Lincoln abolió la esclavitud a partir de 1863, otra cosa es declararla ilegal anterior a esta fecha; además de ser un imposible jurídico, no dejaría en muy buen lugar a los Padres de la Patria como Washington, Jefferson y otros. La sociedad evoluciona continuamente y no podemos aplicar nuestras ideas, opiniones y sensibilidades al pasado. Pero imaginemos por un momento que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos cometiera tal atropello judicial, ¿a quién atribuiría la responsabilidad de las hipotéticas indemnizaciones?, ¿a los descendientes de los esclavistas -de muy difícil identificación- incluyendo en estas los 12000 libertos  que tuvieron esclavos (la mayoría de los esclavos a través de los tiempos nunca estuvieron en contra de la esclavitud como tal, sino en contra de su esclavitud)?, ¿a todos los descendientes de la población blanca anterior a la Guerra Civil que ni siquiera tuviera esclavos?, o extendiendo la responsabilidad hasta el absurdo total:¿también a los descendientes de todos los inmigrantes que llegaron a la "tierra prometida" después de la abolición, obviando por completo que el 90% de la población  blanca actual son descendientes de las capas más pobres de la población europea de los siglos XVIII y XIX, y por lo tanto todos ellos también descendientes remotos de esclavos, siervos y  villanos? ¡ Que despropósito y que sandez! 

    No faltarán voces que justificarán estas demandas comparándolas con los restituciones hechos a los indios en las últimas décadas. Pero estas comparaciones no tendrán la más mínima validez ya que estas restituciones se basaban en el flagrante incumplimiento por parte de sucesivos Gobiernos Federales, de los Tratados - completamente ajustados a Derecho- firmados en el pasado con las distintas tribus. Aplicando el mismo criterio podemos decir que mientras no hay lugar a pedir indemnizaciones por ser descendiente de esclavos, la comunidad negra en Estados Unidos como tal tendría pleno derecho a pedir una indemnización en forma de inversiones especiales dedicadas a mejorar su situación económico, educativo y social, como retribución al fragrante incumplimiento de las enmiendas  XIV y XV de la constitución, desde Grant a Kennedy. O sea por el trato que recibieron no como esclavos sino como hombres supuestamente "libres". En el ámbito internacional habrá que promover iniciativas para luchar contra la esclavitud actual, que, paradójicamente (considerando las actitudes demagógicas de  tantos de sus lideres), sigue haciendo estragos en África y otros partes del tercer mundo.          

 

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