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EDUCACIÓN   E  INSTRUCCIÓN

 El actual proyecto de la ministra de educación para la reforma de la educación secundaria y la polémica sobre la educación en general invita a la reflexión. Nunca me ha gustado el uso del término "educación" en el sentido de enseñanza intelectual (un claro anglicismo) y prefiero en lugar de ello el más antiguo de "instrucción pública". No es una diferencia baldía sino, muy al contrario, esencial. La educación forma parte del ámbito familiar  y se remonta a los orígenes mismos del ser humano como tal. Consiste en la transmisión de los valores humanos básicos, acumulados a través del tiempo, por parte de los mayores a los pequeños. Los niños no nacen como santos inocentes o salvajes nobles, sino como salvajes en estado puro, cada uno con su potencial individual según su carga genética pero con su humanidad, o sea con su capacidad genérica de animal evolucionado, en común. Como el ser humano es por definición un ser social que mayoritariamente vive en grupo - y más mientras más avanzada sea la sociedad a que pertenezca - la educación por parte de los adultos sirve para socializar los instintos de estos pequeños salvajes llamados niños, para enseñarles comportamiento, cortesía, e inculcarlos de que además de derechos también hay obligaciones y que la libertad individual termina donde empieza la libertad ajena. Aparte de todo esto la educación tiene otra función si cabe más importante todavía: mentalizar a los niños que - menos para un minoría muy exigua - la vida es dura y que no hay nada gratis en la vida. Todo esto es un trabajo bastante sacrificado y arduo, con una proyección a largo plazo hasta que el niño haya cumplido por lo menos los 15 años. Lo que pasa si esta labor se interrumpa ha sido bien plasmado en la alegoría anti- utópica de William Golding: "El señor de las moscas".
Es evidente que en los niveles infantiles y primarios del sistema educativo los profesores además de su función principal de enseñanza o instrucción intelectual también tienen, por la edad de los niños, una función educadora complementaria, pero esta función  debería de ser innecesaria a partir de la escuela secundaria. Este planteamiento que en situaciones normales hubiera sido considerado lógico, se ha convertido en algo casi estrafalario para muchos padres.  Las reformas educativas de las últimas décadas han sido enfocadas a eliminar la autoridad de los padres y transferirla al ámbito "educativo".Una novedad educativa temible especialmente cuando simultáneamente se les quitó a los profesores todas las medidas disciplinarias que siempre habían estado a su disposición. Buena parte de los padres - por suerte una minoría - se apuntó con entusiasmo a esta nueva moda de ingeniería social, probablemente como reacción a una educación excesivamente autoritaria que ellos mismos habían recibido. Nadie está a favor del autoritarismo, pero reemplazarlo por su exacto contrario, o sea al abandono de cualquier forma de disciplina, cualquier forma de exigencia, conjunto con un mimo exagerado, es hacer un flaco favor a la juventud.
¡Los buenos padres no son tontamente condescendientes! 

 Hay que tener muy claro que la única forma de ayudar a los jóvenes es a través de la exigencia de sacar lo mejor de si mismo. La instrucción  sin esfuerzo ni dedicación no se merece tal nombre y solamente sirve para crear analfabetos funcionales. El problema tiene antecedentes "políticamente muy correctos"  en el mal uso del concepto de igualdad. La igualdad cómo tal no existe, todos somos diferentes tanto en el ámbito individual como de sexo. Todo el mundo acepta que no existe la igualdad del punto de vista de belleza, de capacidad física, o de talento artístico, pero parece que muchos se han dejado convencer que esta desigualdad natural no es aplicable al intelecto, La igualdad es un concepto puramente legal que se refiere a la igualdad de oportunidades de todos para desarrollar su potencial, sin ninguna discriminación económico-social, sexual, racial o religioso. Más exacto, el concepto habría que ampliarlo a "igualdad de oportunidades en condiciones de igual mérito" . De todas formas sería saludable - para evitar su manipulación demagógica - de reemplazarlo por el concepto de "no-discriminación".

La demagogia igualitaria educativa fue una moda implantada por progresistas marxistas  a principios de los años 70 en Inglaterra y  seguido con entusiasmo por los demás progres europeos. Una de sus primeras ocurrencias fue defender la necesidad de estimular la imaginación del niño por encima de cualquier tipo de enseñanza formal. Todos estamos convencidos de la importancia de la imaginación, pero cualquier educador con el más mínimo sentido común sabe perfectamente que para poder expresar y plasmar esta imaginación hacen falta el aprendizaje de herramientas indispensables como gramática, léxico y sintaxis para la escritura, solfeo para la música y dibujo para la plástica. El franquismo - una extraña mezcla de nacional-catolicismo y nacional-sindicalismo, o sea de la derecha inquisitorial y de la izquierda totalitaria -se apuntó ya en el año 1970 a la nueva moda y empezó a desmantelar poco a poco el sistema de la antigua "instrucción pública" que tantos buenos servicios había prestado al país. La transición política paró parcialmente esta destrucción para otra vez tomar  carrerilla con el primer gobierno socialista. Todo empezó con la Ley General de Educación de 1970, que suprimió todos los exámenes de la enseñanza primaria, media y  bachillerato —a excepción del COU, que sólo se exigía para quienes querían estudiar una carrera superior. Algunos años después los socialistas empezaron a arremeter contra el COU como forma de selección con el tan falaz como absurdo argumento de que con él los pobres salen siempre perjudicados. El argumento es absurdo por falaz ya que lo que perjudica al pobre es justamente la ausencia de selección intelectual. El único sistema beneficioso para los pobres es la posibilidad de que sus hijos mejor dotados pueden entrar en una elite intelectual. Esto significa que es justamente con la degradación del sistema educativo público cuando los hijos de los pobres salen perjudicados frente a los hijos de la elite socio-económico que siempre puedan suplir sus deficiencias educativas haciendo uso de la educación privada (no ¡la concertada!) y con carreras universitarias en el extranjero para no mencionar los "Masters".

 La mayoría de los profesores de segunda enseñanza están en contra del proyecto de Ley de Calidad de Pilar del Castillo por la sencilla razón que saben perfectamente que les falta la preparación necesaria para dar clase a los alumnos que se apuntan a los “itinerarios” más exigentes. ¿Y como es posible que en menos de 25 años los muy alabados catedráticos y agregados de instituto de antaño han sido sustituidos mayoritariamente por profesores incompetentes? La implantación de, primero, la Ley General de Educación y posteriormente la LOGSE, aumentó enormemente la demanda de profesorado y  se fue formando un grupo cada vez más numeroso de profesores interinos que tenían contratos provisionales de solo un año de duración, profesores que en gran parte, una y otra vez, habían sido suspendidos en las exámenes a las cátedras y agregadurías. Para no aburrir a nadie con una recopilación cronológica de los hechos, baste decir que con el tiempo se bajaban todas las exigencias anteriores y todos estos profesores interinos, después de tener una mínima  antigüedad y después de pasar por una pantomima de examen, se convirtieron en profesores agregados de instituto y funcionarios (!), y ya no tenían que volver a rendir cuentas de su capacidad ni de sus conocimientos. El resultado es que es muy dudoso que estos profesores mismos pudieron pasar una reválida exigente para no hablar de poder preparar a sus alumnos para ella.    

Gran parte de la culpa  de la situación en que se encuentra la educación secundaria y universitaria - y culpable al 100% de la degradación del profesorado (vea: Universidad y Manipulación)- es de los gobiernos socialistas a partir de 1983. Estos mismos socialistas que, ahora convertidos en oposición, se empeñan en proclamar (¡qué morro!) que la educación va mal por falta de presupuesto. Una burda mentira populista no solamente en sentido global  sino también en sentido relativo. Entre el año 1996, último año con presupuesto socialista, y el 2001, el gasto público en educación aumentó casi en un 39% (de 3.65 billones de pesetas a 4.85 billones) mientras que al mismo tiempo los alumnos matriculados bajaron de 9.2 millones a 8.43 millones. Si calculamos el gasto por alumno resulta que este subió globalmente un 45%  en el mismo periodo, y más o menos un 20% en pesetas constantes.
Pero además, no hay ninguna prueba de que el aumento del gasto equivale a un aumento de calidad. Se ha entrevistado hace poco a una  catedrática de instituto por oposición que dijo claramente que tenía todo lo que le hacía falta para su cometido y que sus principales problemas eran la total falta de disciplina en su colegio y la presencia de demasiados gamberros en su clase, lo que imposibilitaba cualquier función docente. Por otra parte hay muchos profesores rurales que con pocos medios enseñan a grupos de hasta 15 niños, de edades que van desde los 6 a los 12 años - una enseñanza casi individualizada - y no parece que los niveles de conocimientos de estos niños son inferiores a la media. Parece entonces que el problema del fracaso escolar a partir de la enseñanza secundaria no es financiero sino de educación, de disciplina y de organización.  

Ya hemos visto como una parte de los padres se han desentendido totalmente de educar y disciplinar a sus hijos con el resultado que muchos adolescentes se comportan tanto en el colegio como los fines de semana, como fascistas incipientes sin respetar en lo más mínimo los derechos de los demás. Si hace 20 años la intención subconsciente del PSOE fue aprovecharse de la rebeldía de los padres jóvenes contra la educación autoritaria, para que la educación fuese traspasada desde el seno familiar a los colegios públicos y así facilitar el adoctrinamiento político progresista, entonces el experimento ha sido un fracaso total. En vez de politizar estos jóvenes para su propios fines solamente ha logrado despolitizarlos, des-socializarlos y convertirlos en una grey de nihilistas atontados e inmaduros. No obstante, también es posible que el experimento no fue tan inconsciente y fue una forma sutil de subvertir el sistema democrático en cuyo caso el éxito ha sido considerable.

Una de las peores costumbres "igualitarias" que se han instalado en la enseñanza pública por parte de los alumnos es el tuteo y el llamar a los profesores por su nombre de pila. Tratar a los profesores como amiguetes no favorece exactamente el respeto hacia ellos y tiene aspectos negativos para cualquier sentido disciplinario normal. Si a esto añadimos la promoción automática, no es descabellado pensar que haya muchos jóvenes que terminan sus estudios -para llamarlo algo - sin haber aprobado ninguna asignatura en su paso por la escuela. Llamar a esto educación, instrucción o enseñanza es un insulto a la inteligencia; mejor sería denominarlo distribución de ignorancia, financiado - esto si- con los impuestos de todos.

 

 

© 3/2002

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