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DICTADORES 

Categorías Complicidades Actores secundarios Aislar Tiro de Gracia Aprovechamiento

Ahora que ya han pasado varios meses desde que el caso Pinochet fue devuelto a la justicia chilena, vale quizás la pena de profundizar en términos generales en las actitudes políticas frente a las dictaduras. Todas las dictaduras son, por definición, condenables o por lo menos debieron serlo. Pero parece que muchos "intelectuales", políticos y "progresistas" no están muy de acuerdo con esta definición y en un ejercicio "sublime" de hipocresía atacan las dictaduras de derecha y defienden en nombre de la justicia social los más abyectos totalitarismos de izquierda.

CATEGORÍAS: El hecho que todas las dictaduras sean intrínsecamente malas no nos da el derecho a generalizar y sacar la conclusión que todas son igualmente malas. No podemos cometer la necedad tan común de relativizar las cosas hasta el extremo de que lo que importe no es tanto el número de víctimas como el hecho que las haya; que una víctima es tan significativa como mil. Tenemos pleno derecho de clasificar los dictadores según la cantidad de sus víctimas ambos en términos absolutos y relativos. Podemos hablar de dictadores de primera "categoría" (sic) como Stalin, Hitler, Mao y Pol Pot (los tres primeros con más de un millón de víctimas al año durante su estancia en el poder, el último por haber eliminado casi la mitad de la población de Camboya); de "segunda", de "tercera" etc. Aplicando este concepto Castro con más de 20.000 víctimas es un dictador totalitario de cuarta categoría y Pinochet con unas 5000 es claramente de quinta. Considerando estas cifras era sorprendente que hubo algún periodista que llamaba a Pinochet el dictador más sanguinario del siglo XX (sic) (hombre, sanguinario sí, como todos los de su especie, pero él ¿más? ) demostrando una exagerada falta de memoria histórica. Además de tener en su haber bastante menos cadáveres que Castro, Pinochet tuvo dos detalles positivos: convocar un referéndum y dejar el poder cuando lo perdió, y no arruinar el país económicamente. Los cubanos se darían con un canto en los dientes si Castro hubiera hecho lo mismo.

COMPLICIDADES: Solamente en este siglo podemos contar centenares de dictadores en el mundo entero - y de estos por lo menos una treintena en Europa - de ambos lados del espectro político. Hay una tendencia, muchas veces auto-protectora, de atribuir todos los males de una dictadura a su representante más cualificado o sea el Dictador. Esto es claramente una enorme simplificación de la realidad; nadie puede vivir en un vacío y tampoco ningún dictador puede ocupar el poder y mantenerlo sin tener muchos colaboradores directos y muchas complicidades entre la población (por lo menos un 25%). 

Ha habido muchos dictadores, y sigue habiéndolos, meros portavoces "carismáticos" de grupos autoritarios que sostuvieron (o siguen sosteniendo) verdaderamente el poder. Tenemos que tener muy claro que juzgando a un dictador lo estamos haciendo como instigador político/moral e intelectual (sic) de los hechos criminales atribuibles a la dictadura, olvidándonos muchas veces de los autores materiales. Desde Enrique II de Inglaterra y Becket sabemos (como si el mundo no lo hubiera sabido mucho antes) que una mera exclamación de hastío del "Jefe" puede convertirse, de forma no deseada, en un asesinato por parte de sus secuaces. Hasta en países democráticos un exceso de celo por parte de unos subordinados puede tener consecuencias nefastas, como en el caso del "Watergate" en donde un acto de espionaje absurdo e innecesario - las encuestas indicaban una enorme ventaja de Nixon sobre el candidato demócrata - y la igualmente absurda ceguera de Nixon en defender a sus subordinados por un malentendido sentido de la lealtad, tuvo los resultados por todos conocidos. Todo esto no quiere decir que no haya que juzgar a los dictadores - al contrario- pero sí que hay que hacerlo en los términos adecuados de símbolo y responsable moral de los crímenes cometidos, sin al mismo tiempo convertir el juicio en una especie de "punto final" para los autores materiales.

ACTORES SECUNDARIOS: Lo que en los juicios sobre la extradición de Pinochet - desde Inglaterra a España - llamó poderosamente la atención fue la intervención de muchos "actores" secundarios. Desde Castro y Glez. - en contra de la extradición de Pinochet por miedo de establecer antecedentes que les pudiera afectar en el futuro - al PSOE, a favor -olvidándose de los buenos negocios que ellos y los empresarios afines hicieron con el régimen chileno en los años 80- y países como Bélgica, Francia y Suiza, que se subieron al carro de la extradición con un entusiasmo insólito; todos, sin excepción, participaron - de forma diferente- en un increíble ejercicio de hipocresía. Tomamos como ejemplo la actitud de los tres países mencionados: Bélgica que durante décadas había defendido a ultranza a Mobuto - un dictador infinitamente más sanguinario que Pinochet, Suiza que había dado desde siempre refugio financiero a las enormes sumas de dinero expoliado por centenares de dictadores, Francia implicada hasta el cuello con todos los tiranos de la África francófona y exilio dorado de tanto dictador, incluyendo a Baby Doc; todos pretendieron lavar sus culpas dando una patada en el culo de Pinochet.  

No hay duda que Pinochet, como todos los dictadores, merece ser juzgado. No obstante, haberle escogido como cabeza de turco para quedar bien frente a la opinión pública tiene serias inconvenientes. Cuando en el mundo occidental se recibe con tanta frecuencia y con honores de Jefe de Estado a tanto dictador en ejercicio - la mayoría bastante más sanguinarios que Pinochet- no parece ni lógico ni ecuánime enseñarse con un ex-dictador que, además de tener los dos "méritos" antes indicados, por lo menos no puede cometer ya ninguna barbaridad. Pero el mayor inconveniente es que ningún dictador en ejercicio estará dispuesto - a partir de ahora- a dejar el poder de forma voluntaria; todos- como Castro - aguantarán hasta su último suspiro.

AISLAR LAS DICTADURAS: Si el mundo de verdad quisiera luchar contra las dictaduras tendría que tomar medidas serías a priori, y no limitarse a pretender juzgar algún dictador a posteriori. Como hemos visto antes ninguna dictadura pueda existir sin la colaboración de una parte más o menos grande de la población. Esta parte que saca pingües beneficios del sistema en forma de prebendas, enchufes, negocios etc., por mucho que sufra el resto de la población -llámela nomenclatura o caciquismo- vive mejor que nunca; y no olvidemos la tajada que sacan las multinacionales y otros empresarios occidentales (todos demócratas de boquilla). Se ha criticado mucho el boicot de Estados Unidos contra Cuba por aumentar el sufrimiento de la población oprimida sin afectar en nada al régimen y no hay ninguna duda que sea así; con el tipo de boicot existente, a Castro y sus secuaces no les faltan ni medicamentos, ni buena comida, ni buenas casas, ni múltiples y agradables viajes al extranjero, ni fortunas en paraísos fiscales . Hay que criticar el boicot aplicado por Washington, además de por selectivo (a todas las dictaduras hay que tratarlas igual, sin preferencias ideológicas) por .....¡blando! Para que los grupos privilegiados dejen de sostener una dictadura -condenándola a su caída - tienen que sufrir tanto como los oprimidos, y esto solamente se pueda lograr con un boicot total sin paliativos. Habrá que aislar las dictaduras - las peores para empezar, hay demasiadas para poder atacarlas todas al mismo tiempo - totalmente del mundo civilizado, prohibiendo todas sus comunicaciones por tierra, mar y aire, cortando sus telecomunicaciones fijas y por móvil. Sin posibilidad de im- y exportaciones, sin que sus partidarios - incluyendo Gobierno y militares - pueden viajar dándose la buena vida, sin posibilidad de amasar fortunas en el extranjero, los apoyos a la dictadura desaparecerán como por arte de magia.

TIRO DE GRACIA: Si tomando las medidas adecuadas las dictaduras pudieran desaparecer por arte de magia, no se puede decir lo mismo de su aparición. Nunca se ha visto surgir una dictadura en un estado con un sistema democrático razonablemente asentado y con una sociedad aceptablemente sana; al contrario, un golpe de estado militar o revolucionario es, casi siempre, un tiro de gracia a un enfermo en estado terminal. Por lo tanto, tan culpables del surgir de las dictaduras fueron los políticos corruptos, ineptos y manipuladores que llevaron a sus países al caos, que los dictadores que les reemplazaron. A los que tenemos edad para recordar lo que pasó en Chile en el periodo 1970-73, el golpe de estado no nos sorprendió demasiado. Allende había sido elegido Presidente en 1970 como candidato de una coalición de múltiples partidos de izquierda - desde socialdemócratas a estalinistas- (Unidad Popular) con el 37% de los votantes, y el Congreso (en Chile la elección presidencial es ¡indirecta!) le respaldó en contra del anterior presidente Jorge Alessandri (1958/64,hijo a su vez del Presidente Arturo Alessandri, derrocado en 1924 por un golpe militar). Allende orientó el país hacia el ultrasocialismo ("la vía chilena al socialismo") empujado por los partidos más radicales de su coalición. El resultado de esta aventura fue una grave crisis económica, una inflación galopante, escasez de alimentos, huelgas y violencia. Todo esto combinado con una clarísima manipulación de todos los resortes legales - incluyendo el Tribunal Supremo- creó una gran inestabilidad política y una oposición creciente dando lugar al golpe de Estado de Pinochet. Por mucho que Allende había llegado al poder por medios legales, su socialismo "democrático" se convirtió rápidamente en un sistema tan poco democrático como la dictadura que le suplantó.

APROVECHAMIENTO: Lo más curioso del caso Pinochet no fue el hecho de que un juez español se consideraba con derecho a negar la "transición chilena" en contra de las opiniones de la propia izquierda chilena, sino que como resultado de esta acción todo un conjunto de "intelectuales", "filósofos" y felipistas empezaron a cuestionar abiertamente la Transición Española y a lamentarse de que la democracia española no se hubiera impuesto por la vía revolucionaria, para así haber podido juzgar a tanto franquista. Estas nefastas ideas no solamente demuestran la incapacidad de estos personajes para distinguir entre realidad política y sueños revolucionarios sino además presuponía - en una auténtica manipulación histórica- que la 2ª República  hubiera sido una balsa tranquila de amor universal vilmente atacado por el conjunto de la derecha a través de un golpe militar. No fue ni remotamente así, al contrario, la Guerra Civil fue en gran parte culpa de la izquierda - especialmente de la izquierda marxista revolucionaria - más todavía que de los militares.

(Vea: Transición y República)  

ã 11/2000

 

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