Imprimir

  ¿STAGFLACIÓN?, ¿"RECESFLACIÓN"?, 

 O

¿"DEPREFLACIÓN"?

Ahora que hasta Zapatero y Solbes no tienen más remedio que aceptar que la economía va mal, y que el famoso barco sólido del presidente está haciendo agua, los "expertos" empiezan a hablar de stagflación, esa combinación de estancamiento económico e inflación considerado como la peor posible. ¿La peor? No, hay otra combinación todavía peor como la de recesión e inflación, algo como "recesflación", para no hablar ya de depresión e inflación que he bautizado gratuitamente como "depreflación", un invento casi diabólico ya que históricamente lo que hizo más o menos aguantable las depresiones era un descenso general de los precios.

No hay ninguna duda que sufrimos una inflación galopante - especialmente en todos los productos básicos que forman gran parte del presupuesto familiar de los clases más desfavorecidas- mucho más de lo que indican las estadísticas oficiales. Por otra parte, ya llevamos dos trimestres de crecimiento negativo o sea estamos ya "extraoficialmente" en plena recesión. Si el supuesto crecimiento de 0,3% del primer trimestre era ya poco creíble ( más bien -0,3%) el 0,1% del segundo trimestre lo es todavía más. ¿De verdad tenemos que creernos que estemos mucho mejor que Francia y Alemania que ambos han registrado un crecimiento negativo, o sea una merma de la actividad económica, de respectivamente el 0,3 y el 0,5% en el segundo trimestre.?  Claro que no, especialmente si tomamos en cuenta que Francia ha estado mucho menos afectada por la subida del precio del crudo ya que el 80% de su energía eléctrica viene de centrales nucleares, mientras que Alemania no ha sufrido ninguna burbuja inmobiliaria - los precios inmobiliarios no han subido casi desde el año 2000 y en el centro de Berlín el m² de la vivienda está en €2000-2500, una auténtica ganga desde nuestro punto de vista -, dos datos que harán improbable que la economía española funcionara mejor que aquellas. La diferencia se explica entonces por la fiabilidad de los datos estadísticas francesas y alemanas en contra de la desfianza que nos inspira los nuestros. No solamente tenemos la sospecha de que el gobierno manipule los datos, sino sabemos que los parámetros aplicables son cambiados con tanta frecuencia que es cada vez más difícil establecer comparaciones fiables con años anteriores. Mi sentido común y mi intuición me convencen que ya en el primer semestre el crecimiento fue negativo - entre un 0,3 y un 0,5% - y que en el segundo trimestre el mismo haya sido de más o menos el 1%. No hay ningún dato económico objetivo que no haya empeorado considerablemente desde finales del año pasado y no encuentro ninguna actividad económica que demuestre lo contrario. Estamos ya en plena recesión, a punto de entrar en una depresión, y vamos a tardar por lo menos hasta bien entrada el 2010 antes de que toquemos fondo. Hay mucho optimismo que la bajada del precio del crudo va a tener una influencia positiva sobre la inflación pero dudo mucho que sea así. Para empezar los altos precios del crudo en junio y julio eran precios futuros que tarden, o debieran haber tardado, casi tres meses en repercutir en las gasolineras con lo que estas no pueden bajar precios hasta principios del año que viene - otra cosa es que las grandes compañías petroleras nos han timado con altas subidas cuando lo que nos hayan vendido en los tres últimos meses eran subproductos del crudo que habían comprado tres meses antes a precios mucho más baratos; y el gobierno sin hacer nada, igual porque no tienen ni idea de como funciona el mercado-, y entonces en Europa nos vamos a encontrar con una fuerte revalorización del dólar frente al euro provocada por el hecho de que la economía estadounidense vaya a resistir mejor que la europea -recesión frente a depresión-, con lo que sea muy probable que el precio del crudo en euros vaya a bajar mucho menos de lo que los optimistas prevean. En términos generales me temo que vamos a tardar por lo menos 5 años antes de que veremos luz al final del túnel y la economía empiece una nueva etapa de crecimiento. 

¿Cómo hemos llegado a esta situación a todas luces innecesaria?  En gran parte por el énfasis que las empresas, especialmente las norteamericanas, han puesto los últimos 10 años en las "opciones sobre acciones" (stock options) como forma adicional de retribución para sus directivos. Estas opciones, que den un derecho de opción de compra de un número de acciones a un precio predeterminado que puede ser ejecutado después de un cierto periodo de años, aumenta considerablemente la fidelidad de ejecutivos claves a la empresa y en caso de que la cotización bursátil de las acciones suba considerablemente puede convertirse en una importante renumeración extra sin ningún costo aparente para la compañía. El secreto de su éxito es que una vez que el beneficiario decide ejecutar la opción - una vez terminado el periodo mínimo y si la cotización supera el precio establecido en la opción -, compra y vende a la vez, o mejor dicho cobra la diferencia, sin tener que hacer ninguna inversión previa. Obviamente la opción es un instrumento puramente especulativo condicionado a un aumento considerable de la cotización bursátil. Es cuestión de tener suerte. Todo esto no tiene ningún problema cuando los beneficiarios son ejecutivos medios o medio altos sin ninguna influencia sobre las decisiones estratégicas de la empresa y que simplemente se dedican a cumplir sus cometidos lo más eficientemente posible. Otro cantar es el caso de los altos ejecutivos con poder decisorio y opciones multimillonarias. No hay que pensar necesariamente en la mala fe ya que podemos aceptar perfectamente bien que tener bien metido en el subconsciente que un fuerte aumento de los beneficios de la empresa a corto plazo iguale a un todavía superior aumento de la cotización y por lo tanto a una auténtica fortuna para los altos ejecutivos, inducirá a estos a lanzarse a un camino de negocios de muy alta rentabilidad a corto plazo olvidándose de las implicaciones de alto riesgo a plazos más largos. Esto ha sido la explicación del enorme aumento de las hipotecas subprime con su diferencial de dos puntos sobre las demás y su posterior uso como garantía de derivados que incrementaban los beneficios todavía más. Como es "lógico" - la mayoría de los inversores bursátiles se dejan impresionar  demasiado por los altos beneficios sin analizar sus orígenes y repercusiones a largo plazo-, las cotizaciones bancarias subían como la espuma y los ejecutivos ejecutaban sus opciones con ganancias multimillonarias. En muchos casos los más listos dejaban las empresas bastante antes de que la burbuja hipotecaria y crediticia explotase y de esta forma muchos ni siquiera han tenido que sufrir el oprobio de su loca audacia. ¿Y que hicieron las entidades supervisoras en todo este tiempo? Nada. No hubo ningún control eficaz, ningún análisis, ninguna previsión. Simplemente aplicaron esta vieja idea rancia de que el "mercado es sabio y rectifica siempre al final". El mercado bursátil no rectifica ni ahora ni nunca. Es una entidad ciega impulsado por la avaricia de millones de inversores que cada tantos años lo llevan a un sobrecalentamiento tan brutal que termina por hundirlo. Noticias aparentemente positivas producen reacciones eufóricas resultando en alzas vertiginosas, hasta que años después queda demostrado que todo haya sido pura ilusión. La Bolsa, tiene en esencia un síndrome maníaco-depresivo con alternancias cíclicas de periodos depresivos y otros de exaltación y euforia. Está loca, loca, loca. La intervención del gobierno federal en Fannie Mae y Freddie Mac - no solamente bancos hipotecarios semipúblicas sino también aseguradoras y re-aseguradoras de riesgos hipotecarios y que entre los dos cubren más de la mitad de todas las hipotecas vivas en Estados Unidos con un volumen total de más de 5 billones (esp.) de dólares -, ha resultado en una incomprensible y pasajera alza ya que ya hace semanas esta acción era completamente previsible e ineludible para no poner patas arriba todo el sistema financiero internacional. Lo importante a saber de la Bolsa es que el Dow Jones esté en el mismo nivel que en el año 1999 y el Nasdaq en el del '98,  pero que los dos siguen estando un 60% por encima de su nivel del año 02 cuando su alza empezó. Considerando que la burbuja inmobiliaria y la crediticia parecen bastante peores que la de los dotcoms hay que prever que todavía podemos bajar 3000 puntos más antes de tocar fondo. 

Cuando pensábamos que ya estuvimos curado de espanto llegan otras noticias preocupantes en  forma de la quiebra de Lehman Brothers y la situación precaria de otros muchos bancos. Todo esto ocurre cuando parecía que las pérdidas de los subprime ya estaban asumidas y amortizadas. La nueva situación no tiene nada que ver con los subprime sino con unos instrumentos financieros, conocidos por Credit Default Swaps, tan tóxicos y descerebrados que nadie pensaba  que se podían haber emitidos muchos. Craso error ya que parece que el volumen monetario total de estos derivados pueda ser 10 veces superior, si no más, a los subprime. Los Credit Default Swaps son una especie de seguro especulativo, sin ninguna regulación, en donde uno pueda globalmente asegurarse contra una bajada de los valores inmobiliarias, un aumento del número de morosos hipotecarios y cosas por el estilo. Estos valores podían ser comprados sin ninguna necesidad de tener una casa en propiedad o ser propietario de ninguna hipoteca. Algo parecido a vender seguros de incendio sobre casas a gente ajena a la propiedad de las mismas y después sorprenderse de que aumenten los incendios. Lo verdaderamente peligroso del instrumento "financiero" en cuestión es que funciona según una escala móvil que garantiza más beneficios según aumenta el nivel del desastre. Parece que los bancos los han emitido imprudentemente a mansalva por pensar estúpidamente que no los tenían que pagar nunca y ahora tienen que comerse unas pérdidas que pueden llegar a ser hasta 100 veces superiores a las primas cobradas. Con estos productos de ingeniería financiera llevado al nivel de demencia, Wall Street se ha convertido en un gigantesco casino con la peculiaridad que mientras en Las Vegas la banca siempre termina por ganar, en el casino de Wall Street los jugadores han llevado la Banca de inversión a la bancarrota. El plan de socorro del sistema financiero de 700 mil millones de dólares ideado por el gobierno estadounidense para salvar de la crisis al sistema financiero puede salvar las implicaciones del mercado subprime evitando la venta de activos bancarios a precio de saldo por falta de liquidez a base de establecer precios más cercanos a su valor de madurez, pero puede quedarse muy corto para solventar el problema de los CDS. La única formula eficaz sería declarar los valores en cuestión ilegales y limitarse a devolver a sus propietarios los gastos incurridos en su compra. El resultado de la demencia de ingeniería financiera inventado durante la última década es la autodestrucción de los bancos de inversiones del siglo XX en menos de 8 años. La mayoría de ellos han desaparecidos o han sido absorbidos por la banca comercial, y los únicos dos que quedaban, Morgan Stanley y Goldman Sachs, ya han renunciado a su licencia y se están convirtiendo en bancos comerciales y por lo tanto expuestos a mucho más supervisión)

 Por suerte estos valores no han sido comercializados por los bancos españoles (¿?) Pero nuestra economía globalmente no va mejor. Por una parte tenemos alzas bursátiles sin sentido, alternando, un día si y otro también, con bajadas. Todo sin ton ni son. Por ejemplo, es incomprensible que las Bolsas españoles reaccionaron con pérdidas más fuertes al aumento de paro de 83.000 en Estados Unidos en el mes de agosto que a los 103.000 en el mismo mes en España, siendo este dato proporcionalmente 10 veces superior que aquel. También aquí parte de la culpa de lo que ha pasado desde el 2002 debe ser atribuido a una total falta de supervisión por parte del Banco de España y a los gobiernos tanto de Aznar, en menor medida, y de Zapatero.  Ya en el 2003 todas las alarmas gubernamentales debieran de haber sonado cuando empezaba a ser evidente que los bajos intereses del euro no iban a beneficiar a los nuevos compradores sino al negocio inmobiliario y especialmente a los propietarios de suelo urbanizable. La idea era muy simple. Si la generación anterior podía aguantar una cuota hipotecaria mensual de X con tasas de interés altas, entonces los nuevos compradores podían hacer lo mismo con tasas bajas, lo que implicaba poder aumentar el precio de la vivienda continuamente hasta doblarlo, o más, en pocos años. Tal idea provocó la burbuja inmobiliaria y a la larga su estallido cuando los intereses empezaban a subir más y más.  La Bolsa española también sigue estando muy supervalorado y no se estabilizará hasta tocar fondo alrededor de los 9000 puntos. 

Habrá que tener en el futuro más supervisión y más control para que los mercados y la economía no entren cada tantos años en caída libre. Están limitando nuestra libertad dirán los más pillos para los cuales libertad iguale a privatizar los beneficios a corto y socializar las pérdidas a largo.  Especialmente importante es imponer estrictas reglas de juego a los "rating agencies", las agencias de valuación y de clasificación de solvencia. Si estos hubieron cumplidas con sus obligaciones hubieron, desde casi los inicios, clasificado los "subprime", las hipotecas basura, como la auténtica mierda que son (¿ccc?) lo que hubiera impedido su uso como colateral de derivados financieros y todo el tinglado se hubiera parado en seco por falta de financiación. Por su parte los bancos españoles tampoco hubieron podido vender gran parte de sus hipotecas en el mercado internacional - que ahora son revendidos a saldo con rebajas del 60%,tanto las buenas como las malas-,  para obtener la financiación necesaria para sobrecalentar el mercado del ladrillo.       

Tenemos la mala suerte de vivir, según la maldición china, en tiempos interesantes y movidos. 

 

 

© 9/2008

Volver a  POLÉMICA