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EL CÓDIGO DA VINCI, LA SANGRE REAL

 Y EL SANTO GRIAL
 .

Durante los últimos 50 años se han publicado muchos libros que combinaban una trama aventurera o de suspense, con un fondo de conocimientos científicos, geográficos o históricos normalmente no al alcance de la mayoría de los lectores. Recientemente ha tenido mucho éxito la novela "Pompeii" de Robert Harris en la cual el escritor combina una trama familiar/sociológico con la erupción del Vesuvio en Agosto del año 79 d.C., dando en el curso del libro, de forma amena y casi inadvertido, una clase magistral de vulcanología y de la construcción y mantenimiento de los acueductos romanos. Todos los escritores en cuestión tienen en común que tuvieron que hacer un arduo trabajo de investigación en el que tardaban mucho más que en escribir sus libros. 

Dan Brown ha sido una excepción a esta regla ya que para escribir "El Código da Vinci" se aprovechó descaradamente de un libro de investigación publicado en 1982 y titulado "La Sangre Real y el Santo Grial". Los escritores. Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln, habían dedicado más de 10 años a investigar las creencias y hechos contenidos en su libro. Como es lógico acusaron de plagio a Brown pero perdieron el pleito ya que el tribunal juzgó que como la publicación de Lincoln y sus coautores era un libro de investigación histórica su contenido era de dominio público. Brown se forró usando este libro como el 90% del fondo histórico del suyo, añadió algunos elementos egiptológicos y arquitectónicos, lo envolvió todo en una intriga mediocre en donde los malos son el Opus Dei y un asesino albino francés.  

Lincoln y sus colegas empezaron la investigación, que les llevó a escribir su libro 10 años después, cuando se tropezaron con algunos hechos enigmáticos ocurridos a finales del siglo XIX en un pueblecito en el sur de Francia. La investigación les llevó atrás en el tiempo hasta llegar a los orígenes de una fe cristiana paralela y contraria a la expresada por la Iglesia romana. Para eliminar cualquier equívoco hay que hacer hincapié en que los autores no han expresado ninguna opinión sobre la verdad de la creencia en cuestión sino que esta fe y estas creencias existieron y siguen existiendo. Pondré la investigación en orden cronológico. El hecho en que se base toda la creencia posterior fue la llegada a Massilia (Marsella), en el año 790 de la era romana ( 37 d.C.), de un barco proveniente de Judea. En la lista de pasajeros figuraba una familia judía que consistía en una madre Miriyam  de Magdala, un tío, Lázaro, varios hijos adolescentes y dos acompañantes, uno José de Arimatea, el otro un hombre anónimo pero supuestamente Yoshua (Jesús). Posteriormente la mujer fue "identificada" como  Maria Magdalena, mujer de Jesús, y los adolescentes como hijos de ambos. Y, según la creencia o leyenda, los hijos contrajeron posteriormente matrimonio con mujeres reales francas, uno de cuyos descendientes fue Meroveo el fundador de la dinastía de los Merovingios que reinaban en Galia (después Francia) entre 448 y 751 d.C. La creencia presuponía dos cosas:  que Jesús era un hombre casado y que no murió en la Cruz. A través de los siglos muchos han especulado sobre el estado civil de Jesús. La Iglesia siempre ha defendido que era célibe ya que en los Evangelios no se menciona que estuvo casado, pero esta opinión está en flagrante contradicción con la tradición judía según la cual era obligación de los padres casar sus hijos a partir  del Bar Mitsvá (fiesta de la madurez legal a los 13 años que coincide con la madurez, sexual) y más todavía con el precepto que solamente un hombre casado con hijos podía llegar a ser "rabbí". Está claro que según estas tradiciones la condición de casado de un adulto judío era la norma que no hacía falta realzar, mientras que el celibato fue tan excepcional y llamativo que si Jesús hubiera sido célibe esto sí hubiera merecido mención especial. También ha llamada la atención las muchas irregularidades y contradicciones relacionadas con la Crucifixión. Para empezar fue una forma usual de pena de muerte desde el siglo VI a.C. hasta el IV d.C. y en la legislación romana era aplicada exclusivamente para crímenes políticos contra el poder de Roma. Jesús fue condenado no por "hereje" religioso sino como "Iesus Nazarenus Rex Iudaeórum", o sea por haberse declarado mashiah (Mesias), el Rey/Sacerdote ungido de los Judíos. A los ojos romanos esto le convertía en un rebelde contra el orden establecido. Los supuestos ladrones que le flanqueaban no podían ser tales ya que estos eran condenados a galeras; probablemente se trataba de zelotes extremistas conocidos como sicarios. Hubo otros hechos llamativos. Para empezar Jesús no fue crucificado en el campo habitual de ejecuciones sino en Gólgota dentro de la finca privada de José de Arimatea, un rico patrón y seguidor de Jesús y al mismo tiempo amigote de Poncio Pilatos. De esta forma la Crucifixión se convertía de un acto público - exigido por la legislación romano como advertencia a los rebeldes - en otro semipúblico y hasta privado. Sorprende que la descripción del hecho más importante - conjunto con la resurrección - para justificar el cristianismo se merece tan pocas líneas en los Evangelios (Mt. 27,33-44; Mc. 15,22-32; Lc. 23,33-43; Jn. 19,17-30) y que además la mayoría se refieren más al entorno que al hecho en sí. Extrañamente el que más detalles da es Jn. el más alejado en el tiempo de todos. Vamos a aceptar esta versión porque no hay duda de que la Iglesia se ha basado principalmente en ella. Hay cinco elementos básicos:

  1. 28Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba cumplido, dijo: «Tengo sed», y con esto también se cumplió la Escritura. 29Había allí un jarro lleno de vino agrio. Pusieron en una caña una esponja empapada en aquella bebida y la acercaron a sus labios. 30Jesús probó el vino y dijo: «Todo está cumplido». Después inclinó la cabeza y entregó el espíritu.  

  2. 32Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas de los dos que habían sido crucificados con Jesús. 33Pero al llegar a Jesús vieron que ya estaba muerto, y no le quebraron las piernas,

  3. 34sino que uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua. 

  4. 38Después de esto, José de Arimatea se presentó a Pilato.  Pidió a Pilato la autorización para retirar el cuerpo de Jesús y Pilato se la concedió. Fue y retiró el cuerpo.  41En el lugar donde había sido crucificado Jesús había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo  (cueva en Mateo) donde nadie todavía había sido enterrado. 42Como el sepulcro estaba muy cerca y debían respetar el Día de la Preparación de los judíos, enterraron allí a Jesús (Mt. : tapando la entrada con una gran piedra).

  5. 1El primer día después del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio que la piedra que cerraba la entrada del sepulcro había sido removida. Fue corriendo en busca de Simón Pedro y del otro discípulo a quien Jesús amaba y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». 

Todo este texto sorprende por su incoherencia y sus flagrantes contradicciones y su total falta de rigor histórico. Para empezar, según Lucas, Jesús tardaba solamente 4 horas en morir cuando normalmente los crucificados tardaban de 3 a 4 días. Era una muerte lenta y dolorosa y el fin llegaba por inanición y asfixia. El vino agrio (o la vinagre) es un estimulante y no es lógico que inmediatamente después de probarlo, Jesús murió, perdió el conocimiento o entró en coma. Quebrar las piernas no era un acto brutal sino de compasión, ya que sin poder hacer apoyo con las piernas el crucificado no podía respirar y se moría rápidamente por asfixia. Los legionarios no lo aplicaron a Jesús porque por su gran sorpresa éste ya había muerto. Le abrieron el costado con una lanza y salió sangre; extraña forma de demostrar su muerte ya que era sabido que los muertos no sangran. Poco después José de Arimatea obtuvo autorización de Pilato de bajar el cuerpo y enterrarlo en una cueva en su propiedad, - totalmente irregular ya que bajo la legislación romana se dejaban pudrir los cuerpos durante varias semanas para mayor escarmiento de potenciales rebeldes -, y dos días después Maria Magdalena se encuentra que la piedra que tapaba la cueva había sido removida y el cuerpo de Jesús había desaparecido. 

Algunos de los tempranas sectas cristianas, como después la Iglesia una vez en el poder a partir del Siglo IV, han convertido la Crucifixión y la supuesta Resucitación en el núcleo principal de su Fe cristiana, pero hubo muchas otras sectas, igualmente cristianas, que celebraban los hechos como un gran timo. No a los creyentes posteriores sino a la autoridad romana. Creyeron que la esponja contenía una droga con la cual Jesús entre en un coma (farmacéutico); que José de Arimatea compró la autorización a Pilato - conocido por su corrupción - y que la misma noche de su enterramiento Jesús fue sacado con vida de la cueva. Todo esto tiene una cierta lógica en parte porque podemos  plantearnos la pregunta de si Díos de verdad necesitaba remover la piedra que tapaba la cueva para resucitar a Jesús. Por otra parte hay  ciertas reminiscencias en todo el relato a los Misterios griegos que en tiempos de Jesús tuvieron seguidores entre los jóvenes más helenizados. El ejemplo más evidente fue la supuesta muerte de Lázaro. En opinión de muchos se trataba de una típica ceremonia relacionada con los Misterios en la cual el iniciado se indujo un coma farmacéutico dentro de una cueva - un útero simbólico- y "renacía", purificado de cuerpo y alma, 4 o 5 días después. Parece que por lo menos Jesús lo entendía así porque una vez informado de la "muerte" de Lázaro tardó casi 5 días en presentarse. En el caso de una muerte verdadera el cadáver ya hubiera estado putrefacto.

Se ha especulado mucho con la posibilidad de que las enseñanzas de Jesús estaban destinados a injertar los Misterios en el viejo tronco del Judaísmo, dándolo nueva savia. De todas formas, verdadero o no, hubo durante muchos siglos una fuerte corriente cristiana en Francia que aceptaba el linaje de Jesús en la dinastía Merovingia. De allí la creencia que no fueron reyes por la gracia de Díos sino por derecho divino. Una creencia compartido por los Papas de la época demostrado por el hecho de que en el año 496 d.C. firmaron un solemne pacto con la dinastía jurándola su eterna fidelidad.  En el principio del Siglo VII el mayordomo de palacio Pipino el Viejo hizo hereditario su puesto relegando al rey Clotario II y sus sucesores a un papel meramente ceremonial y espiritual. No obstante el Papado no autorizó la deposición de los reyes merovingios durante casi 150 años por un temor casi reverencial frente a ellos.  Finalmente el Papa Esteban II (III desde 1961)  autorizó en 754 - traicionando el solemne pacto firmado por la Iglesia 250 años antes -, a Pipino el Breve la deposición de Childerico III (último monarca merovingio) y le coronó, convirtiéndole en el primer rey de la dinastía de los Pipínidas posteriormente más conocida por Carolingia. Todo gracias a la "donación de Pipino", la cesión al papado de los territorios lombardas recién conquistados por éste. Esta cesión constituyó  la piedra fundacional de los Estados Pontificios, convirtiendo el papado en un verdadero poder terrenal. 

La veneración en que los francos tuvieron a la Madeleine (Maria Magdalena) queda demostrada por el descubrimiento de que el título de "Notre Dame" dado a todas las grandes catedrales de Francia no se refiere a la Virgen sino a la Madeleine. Hay otras muchas iglesias abiertamente dedicadas a ella como, por ejemplo, la  Iglesia de la Madeleine de Vézelay, iglesia abacial situada cerca de Avallon (Borgoña). A comienzos del siglo XI corrió el rumor de que santa María Magdalena estaba enterrada allí, por lo que el lugar cambió de nombre y se convirtió en un importante centro de peregrinación. 

Con el tiempo el concepto de la Sangre Real se convirtió en el Santo Grial que en esencia no era el cáliz sagrado usado por Jesucristo en la Última Cena tan prominente en las leyendas y romances artúricos, sino una contracción del término en francés medieval Sang Réal en Sangreal y de allí  convertido en Sangraal (el término usado en los primeros romances), en San Graal y al final en San Grial. Simbólicamente, por lo menos para los iniciados, no solamente representaba la Sangre Real, o sea la descendencia del Jesús como rey ungido, sino también al útero de Maria Magdalena como receptáculo para la transmisión de la misma. Es interesante y significativo que según la tradición, el Grial lo guardó José de Arimatea. 

En el momento de su deposición los Merovingios ya habían esparcido su sangre (sus genes) por todo la nobleza francesa ayudado por el hecho de que los reyes seguían practicando en exclusiva la ancestral poligamia franca prohibida en su momento por la Iglesia. Los propios Carolingios - que, contrario a la Iglesia, tenían un sentido de culpabilidad por haber depuesto a sus antecesores-, se casaron con princesas merovingias para así asegurarse su legitimidad. A partir de allí la sangra merovingia se ha diseminada por casi todas la dinastías reales de Europa, incluyendo los Habsburgos (a través del matrimonio de Maximiliano I con María de Borgoña ), los Borbones ( por el casamiento con princesas Habsburgos),los Estuartes etc. etc. Una mención especial merece la casa de Boulogne. Después de la primera Cruzada, su líder Godofredo de Bouillon (o de Boulogne), Duque de Baja Lorena,  rehusó en 1099 el título de Rey de Jerusalén y aceptó en cambio el de Protector del Santo Sepulcro. A su muerte su hermano Balduino I sí aceptó el título real, mantenido durante casi un siglo por sus descendientes en la práctica, y hasta nuestros días, de forma protocolaria, por la casa Habsburgo-Lorena. De ésta forma un descendiente de los Merovingios y, según la creencia, portador de la Sangre Real, se convirtió, 100 generaciones después de David, en Rey si no de Israel por lo menos del mismo territorio geográfico. 

No tengo intención de seguir la larga historia desde el año 1100 hasta el presente reflejada en los dos libros mencionados. Lo interesante son dos hechos: que a partir del principio del segundo milenio la creencia en la Sangre Real desapareciera completamente de la conciencia popular y se convirtiese en un movimiento subterráneo, y que la Iglesia nunca atacase esta creencia de forma oficial, nunca la convirtiera en herejía. Lo que sí atacó fueron todos las tendencias colaterales relacionadas con la Sangre Real; desde los Templarios, los Albigenses, las Rosacruces y la Masonería entre otros muchos. Que no atacase nunca el fondo mismo de la Creencia fue probablemente para no llamar la atención a ideas casi olvidadas hasta por los creyentes franceses y también porque muchos de los secretos seguidores de estas creencias ocupaban puestos de demasiado relevancia tanto seglares como clericales. Hubo sin ninguna duda una quinta columna del "enemigo" en la propia Iglesia. 

La publicación de "La Sangre Real y el Santo Grial" en 1982 obtuvo menos reacción eclesiástica de lo que cabía esperar. Más sorprendido y perplejo que indignado parecía que el Vaticano no tenía ni idea de que se tratase. Es muy posible que a partir de la mitad del siglo XIX cuando el papado se dedicó a inventarse una nueva tradición católica (vea:¿Tradición?) muchos conocimientos del pasado fueran simplemente relegados a la trastienda o, mejor dicho, a los archivos vaticanos, con el resultado que las creencias relacionados con la Sangre Real eran probablemente completamente desconocidas por la Curia moderna. No hay duda de que a partir de 1982 los historiadores y archiveros eclesiásticos hicieron horas extraordinarias para desenterrar e investigar cada documento, cada pista, mencionada en el libro. Cuando salió el libro de Dan Brown, y se convirtió en un bestseller, el asunto ya no les cogió de sorpresa y estaban perfectamente mentalizados para rechazar su contenido histórico como grotesco, ignorante y blasfemo, facilitado por tratarse de un libro de ficción, de suspenso barato. La acusación de plagio por parte de Lincoln y sus coautores convenció, no obstante, a muchos lectores que había algo más que las fantasías de un escritor ávido de éxito. 

El caso se ha convertido en un dolor sordo para la Iglesia por haber convertido desde el Siglo IV la Crucifixión y la Resurrección como dos de las piedras angulares de la Fe. Las convirtió con el tiempo en hechos únicas y singulares, aprovechándose de la falta de conocimientos históricos de su grey, cuando la verdad era bien diferente. Crucificar rebeldes era la mar de normal. Por ejemplo, cuando los romanos finalmente lograron destruir el ejercito de esclavos rebeldes de Espartaco, en  el 71 a.C., después de que estos les habían inflingido cinco derrotas humillantes en los dos años anteriores, miles de los cautivos fueron crucificados y, como cuentan los anales, las cruces, distanciadas 10 metros entre si, ocupaban 20 Km. de la Via Apia, a ambos lados de la carretera. Por otra parte, en los Misterios, que ya he mencionado antes con relación a Lázaro y que tenían bastantes seguidores en la Judea del siglo I, se representaban mediante una forma dramática el nacimiento, sufrimiento, muerte y resurrección del dios. Está claro que no hay nada nuevo bajo el Sol y que ni la Crucifixión ni la Resurrección fueron hechos singulares. Tanta insistencia en los dos conceptos dejará en mal lugar a la Iglesia cuando estos son cuestionados para no hablar ya de si son demostrados falsos. Y no debiera así ya que los verdaderos valores del cristianismo fueron en sus principios: el amor, la ética, la consolación para la vida en la tierra y la esperanza en la vida después de la muerte. Valores, por cierto, compartidos por los Misterios. Al contrario, conceptos como alma inmortal, la vida como valle de lagrimas e inherentemente mala, la unión con Díos después de la muerte etc. no forman parte de la tradición judaíca.

Que decir de la Sangre Real y su descendencia. Hasta si fuese verdad, esta sangre ya estuva diluida en Jesús por 50 generaciones y en los descendientes actuales por 100 más. Atribuirles algunos poderes divinos, mágicos o reales sería por lo tanto absurdo. 

Tenemos entonces dos creencias o corrientes cristianas opuestas. Una, la dominante, basada en la Crucifixión y la Resurrección, la otra, la subterránea y secreta basada en el timo a la autoridad romana y la supervivencia de la Sangre Real, o sea la descendencia de Jesús, hasta nuestros días. Ya que no hay una irrefutable evidencia del Jesús histórico, las dos creencias son probablemente igualmente irracionales y basadas en la Fe, o sea una creencia ciega. El creyente no exige pruebas y evidencias. Simplemente cree. 

De todas formas, el papado ya ha montado un contraataque en toda línea. Hace pocos días Benedicto XVI, haciendo honor a su antiguo papel de jefe la Congregación para la Doctrina de la Fe (antes Santo Oficio, Inquisición), ha proclamada la Iglesia romana como única verdaderamente cristiana - al diablo con esta blandenguería del ecumenismo - y deniega este atributo a ortodoxos, protestantes etc. por no aceptar la supremacía del Papa y, sin expresarlo en estos términos, ha condenado en la práctica a los demás creencias cristianas por herejes. Segura que sí hubiera una Segunda Venida también aplicaría la misma condena al mismísimo Jesucristo, no faltaría más.

 

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ã 7/2007