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LOS CULPABLES DE LA CRISIS

Desde el principio de la crisis financiera y económica todo el mundo sin excepción ha culpado a bancos y compañías inmobiliarias de ser los culpables principales y casi únicos de la misma. No hay duda de que los grandes bancos habían tomado riesgos temerarios y que la avaricia de sus gerentes e inversores terminaba por hundir una economía basada en el endeudamiento, el apalancamiento y el consumismo desenfrenado.  Pero si profundizamos un poco más por debajo de la superficie, miramos un poco más detrás de la apariencia, vemos que los banqueros en cuestión se comportaron como niños malcriados porque el sistema, o sea gobiernos y bancos centrales, creaban las circunstancias que hicieran posible sus fechorías. Igual que un niño pijo de papá rico pude destruir la hacienda familiar jugando y perdiendo fortunas en Las Vegas por falta de control y supervisión paterna, y por lo tanto en gran parte por culpa del padre, la casi quiebra del sistema financiero es en gran parte culpa de las autoridades financieras e indirectamente de los gobiernos. 

Cuando al principio de 2003 ya había señales de sobra de que en la mayoría de los países occidentales la economía se estaba sobrecalentado, lo lógico hubiera sido aplicar por parte de los bancos centrales una política anticíclica a base de restringir la liquidez y aumentar la tasa oficial de descuento, y por parte de los gobiernos un aumento de impuestos. Sorprendentemente hicieron todo lo contrario. En Estados Unidos el tan alabado, y a la postre tan nefasto, Greenspan, presidente de la Reserva Federal, bajó la tasa de interés todavía más y en vez de contraer la liquidez, la amplió. No era el único responsable ya que fue apoyado por su junta - los presidentes de los bancos regionales del sistema de la Reserva Federal - incluyendo Bernanke y Geithner, ahora respectivamente sucesor de Greenspan y Secretario del Tesoro. Por su parte Bush, en vez de aumentar los impuestos federales los bajó. Todo en la vida tiene su explicación y la Reserva Federal bajó la tasa de interés para que el servicio de la Deuda Pública y del déficit presupuestario saliera más barato. A la larga, como siempre ocurre con las decisiones erróneas, el ahorro logrado le ha salido caro, pero muy caro, al país. Una política anticíclica hubiera desinflado la burbuja inmobiliaria y hubiera enfriado la economía y contenido el endeudamiento a niveles sostenibles. Hacer lo contrario inflaba la burbuja cada vez más y durante los 4 años siguientes al 2003 tanto el volumen de las hipotecas subprime como el precio de las viviendas se duplicaban y hasta triplicaron por el enorme aumenta de la demanda. Tomar las medidas adecuadas en 2003 hubiera enfriado la economía a partir de la mitad del 2004 - las medidas fiscales y monetarias tardan más o menos 15 meses en surtir efecto -, resultando  en los dos años siguientes en una mini recesión pasajera, y un leve aumento del paro, fácilmente rectificable bajando impuestos y cambiando la política monetario de signo.  

El error original no solamente creó la crisis pero además hizo muy difícil solucionarla. No se podía bajar la tasa de interés porque ya estaba por los suelos, ni aumentar la liquidez porque ya era excesiva. Solamente restaba la política fiscal y allí se erró de nuevo escogiendo, en vez de una fuerte reducción de impuestos, un desenfrenado aumento del gasto creando un déficit presupuestario del 12,5% del PIB en el primer año de la presidencia de Obama sin ningún efecto positivo sobre la economía. Es verdad que una reducción impositiva también hubiera creado un déficit pero este hubiera sido pasajero ya que el estímulo económico hubiera terminado por corregirlo.

Si miramos a Europa veamos que el origen de la crisis en el Reino Unido -el principal país en la UE con moneda propia y Banco Central independiente - ha sido casi un calco de lo que fue en EE.UU.  como también fue la forma de reaccionar frente a ella. España, como parte de la zona euro y sin ninguna influencia sobre las decisiones del Banco Central Europeo que ha funcionado principalmente según las conveniencias de Alemania y Francia, lo tenía más difícil que EE.UU. para frenar el calentamiento de la economía y pinchar la burbuja inmobiliaria. No obstante se podía haber logrado en 2003 con un fuerte aumento fiscal  y la imposición de criterios muy restrictivos sobre la concesión de hipotecas, como el control de las valoraciones, hipotecas máximas del 75% sobre estas y cuotas mensuales no superiores al 40% del sueldo del contratante; todo esto conjunto a una política inmigratoria disuasiva para limitar la entrada de mano de obra barata. Entiendo que el gobierno de Aznar no lo hizo en aquel momento por tener las elecciones del 2004 a la vuelta de la esquina, e igualmente creo que si Rajoy las hubiera ganado se hubiera inclinado por una política en este sentido. La victoria de Zapatero, por atentado o accidente, fue lo peor que podía haberle ocurrido al país. Tuvimos al mando un ególatra, ducho solamente en la manipulación y la mentira, que querría entrar en la Historia de España, y hasta universal, como el Gran Pacificador del terrorismo y creador de la Alianza de Civilizaciones, y por lo tanto no podía ocuparse de unas menudencias como la burbuja inmobiliaria y el futuro de la economía. Muy al contrario, se jactaba del aumento (temporal) del empleo, del aumento (temporal) de los adscritos a la Seguridad Social y de lo bien que iban las cuentas del estado. Daba la impresión de ser Aznar al cuadrado.
Su primera legislatura fue un fracaso total y en vez de convertirse en el Gran Pacificador terminó siendo el Gran Porfiador, terco como una mula.  Lo lógico hubiera sido una derrota electoral en todo la frente pero su electorado se lo perdonaba todo porque pensaba - tan ciego como su líder -  que la economía iba bien y esto es lo que importaba. El que ayudaba más que nadie a mantener esta ceguedad mental fue Solbes que en su famoso debate con Pizarro mintió más de lo que Belloch había hecho sobre el capitán Kahn. Lo de Zapatero era parcialmente comprensible porque no sabía nada de economía y ya se había olvidado las dos clases recibidas; lo de Solbes - no un gran economista pero si un buen contable-, era mentir a sabiendas, era de juzgado de guardia. Estoy convencido que Zapatero ganó las elecciones en 2008 gracias a que muchos votantes socialistas se fiaban de Solbes, tan parecido al "viejo profesor". Cuando ya todo el mundo se daba cuenta de que el barco tan sólido de Zapatero estaba haciendo agua, Solbes lo abandonó rápidamente y a partir de allí se ha defendido con el consabido:
¡no he sido yo!  

Hace ya muchos años comenté que la política de la comisión europea admitiendo en la eurozona déficit nacionales  de hasta un 3%, convertiría en norma algo que debiera ser excepcional. Muy al contrario debiera de haber insistido en que los países miembros tuvieron en tiempos de crecimiento superávit y la obligación de crear reservas para hacer frente a un cambio de ciclo. Pero esto era pedir demasiado, ya que cuando hay superávit surgen demasiadas voces pidiendo más y más gastos. El grave problema de Occidente, incluyendo EE.UU.,es que los partidos social-demócratas son en verdad más y más socialistas y los conservadores más y más social-demócratas, con el resultado de que estamos asumiendo el slogan de los países izquierdistas totalitarias: Justicia Social. Como la historia nos ha demostrado no hubo en aquellos países ni justicia ni sentido social. El continuo aumento de servicios sociales costosos junto con una imparable expansión de la burocracia del Estado, llevará a los países occidentales a la bancarrota y la desaparición del propio estado y, por lo tanto, de cualquier atención social. El caso de Grecia es un claro ejemplo. Ha abusado del déficit durante años llegando a un deuda pública del 125% del PIB y ahora con la crisis ha aumentado su déficit del 3 a 4% clásico al 12,5%, y ya no puede hacer frente al devengo de los intereses de su deuda pública  para no hablar ya de amortizaciones. Países como Grecia tienen que colocar gran parte de su deuda pública a corto plazo ya que los inversores nunca han estado de todo convencido de su solvencia a largo plazo. Hasta ahora han pagado un 3% anual pero hay indicaciones de que este año van a tener que pagar mucho más, se habla ya de un 7%, para colocar los suficientes bonos en el exterior para poder pagar los próximas vencimientos. Vale la pena revisar lo que significara esto para el país. Hasta ahora ha pagado un 3% sobre una deuda del 125% del PIB, lo que equivale a un 3,75% del PIB o aproximadamente un 8% de su presupuesto nacional. Con un subida del interés al 7%, el servicio de la deuda aumentará al 18% del presupuesto lo que implicara tener que cortar el gasto mucho más de lo que el gobierno tiene previsto y si el actual recorte ya está dando lugar a huelgas (especialmente en el sector público) y manifestaciones, aumentarlo todavía más puede llevar al país a situaciones involucionistas. 

Italia y Portugal están a punto de tener problemas similares por tener deudas públicas muy parecidas a la de Grecia. El español medio dirá que la situación en España está mucho mejor porque la deuda pública española está poco por encima del 60% del PIB. No obstante el conjunto de la deuda española incluyendo la corporativa, la bancaria y la privada está por encima del 300% del PIB, superior a lo que ocurre en Grecia e Italia, con lo que no hay mucha razón para alegrías. El problema griego ha sido el centro de atención por pertenecer a la zona euro y nadie ha prestado atención a lo que está ocurriendo en la última hornada de incorporaciones a la UE. Por ejemplo, la deuda exterior de Bulgaria (todo en euros) ha sido reclasificada como "junk" (basura) lo que implicará intereses superiores al 15%. Como paralelamente la moneda propia, el lev, se está hundiendo, el contravalor de su deuda exterior se puede multiplicar por 4 o 5. A búlgaros, rumanos y los demás se las prometieron muy felices con la entrada en la UE, se imaginaron una mejora espectacular de su economía y de su nivel de vida, pero de repente se han dado de bruces y están mucho peor que antes y, además, endeudados hasta el cuello. Ya me parecía que la reciente entrada de tantos países económicamente atrasados era muy precipitada; ni bueno para ellos, ni para la UE. Es curioso como la situación de las nuevas incorporaciones se parece a la de los territorios estadounidenses que obtuvieron la estadidad en la segunda parte del siglo XIX. Casi todos se quebraron en menos de una década y renegaron de sus deudas.   

La Historia vuelve a repetirse y Estados Unidos está igual de mal que la UE. California, a título individual todavía la octava economía del mundo, ésta todavía peor que Grecia. Hace ya meses está "pagando" sus acreedores con pagarés sin fecha de vencimiento, y, al mismo tiempo, sus residentes más solventes están huyendo del estado por el constante aumento de los impuestos estatales y locales. Hay por lo menos 10 estados más, Nueva York incluido, en situación similar. Por otra parte hay ya rumores que la deuda estadounidense, o sea la federal, puede estar a punto de perder su "rating" AAA.

Si antes he indicado los culpables de la crisis ahora ha llegado el momento de hablar de las razones que harán muy difícil salir de la misma. Durante los últimos 50 años hemos aumentado vertiginosamente el estado de bienestar. La protección social desde la cuna hasta la tumba, con la creación de cada vez más derechos sociales, ha logrado eliminar casi por completo cualquier sentido de responsabilidad personal sustituido por un estado más y más omnipotente y supuestamente benévolo. El problema de los servicios sociales es comparable con el consumo de nuevo avances tecnológicos. Mientras que no existen, nadie los hecha de menos pero una vez "inventados" ya nadie puede prescindir de ellos. Hace 10 años casi nadie tenía un "móvil", pretender ahora eliminarlos sería traumático para casi todos. El continuo aumento de los servicios sociales tiene lógicamente un precio, sufragado con los impuestos que en promedio no han dejado de aumentar en los últimos 50 años. La pregunta que hay que plantearse aquí es quienes pagan los impuestos con que los gobiernos han pretendido financiar todo el tinglado. Si los impuestos fuesen proporcionales todo el mundo hubiera pagado su parte de los servicios sociales, todo el mundo se hubiera dado cuenta que estos costaban un ojo de la cara y no hubiera existido el continuo clamor actual de aumentarlas. Al contrario, con nuestro sistema impositivo progresivo la inmensa mayoría de los beneficiarios de los servicios sociales aportan nada, o muy poco, a su sostenimiento. Miramos las cifras: en Estados Unidos, el 10% de la población paga nada menos que el 70% de los impuestos federales mientras que el 50% no paga absolutamente nada de estos y solamente aporta una pequeña parte de los impuestos estatales y locales. Claro así es fácil pedir más y más. California ha exagerado enormemente el problema a admitir que se votan el aumento de los servicios sociales en referendo por simple mayoría, la misma mayoría que no paga y sí disfruta. Un chollo que ha tenido como resultado que el legislativo solamente controla un porcentaje muy pequeño del presupuesto estatal ya que el resto es intocable. 
En España es difícil obtener datos exactos pero me da la impresión que los votantes populares pagan, groso modo, el 70% de todos los impuestos del país. 

Cuando en la segunda parte del siglo XIX surgieron los sindicatos obreros y los gobiernos empezaron a introducir poco a poca una legislación laboral y social, se rectificó un déficit importante de derechos políticos y sociales. Un siglo y medio después el déficit se ha convertido en superávit excesivo y temerario. Hay en todas los quehaceres de la humanidad una regla de oro, una punto de templanza, que no debiéramos pasar so pena de perder todo lo conseguido. Cuando nuestros mayores inventaron  las programas básicas de la sociedad del bienestar como las pensiones de jubilación y el sistema de salud público lo hicieron porque no era todavía muy costoso y podía ser sufragado en su principio por el erario público y después, una vez funcionando, con una relativamente modesta aportación por parte de empresas y trabajadores. No obstante, si en aquellos tiempos hubiéramos tenido la actual configuración generacional en forma de pirámide invertida nadie hubiera defendido las pensiones de jubilación y, de igual forma, si la medicina hubiera sido como la actual y por lo tanto - por sus enormes avances tecnológicos y farmacéuticos-, diez veces más caro en moneda constante, no se hubiera podido montar un sistema de salud público y universal. Digo esto para demostrar que hasta con los servicios sociales más imprescindibles nadie tiene idea de la evolución del coste en el futuro y cualquier proyección a largo plazo se queda siempre excesivamente corto.  La razón porque el sistema español todavía no se haya quebrado raya en el hecho de que una parte significativo de la población ha suscrito pólizas de seguro de salud privadas, directamente o por parte de sus empresas, que liberan en buena parte el sistema público. Al mismo tiempo los derechos sanitarios aumentan de forma alarmante y hasta ridícula. Buen ejemplo es que ahora los aspirantes a transexuales tienen derecha a que se les operan - o mutilan, según la consideración de cada uno - por parte del sistema pública, gratis total.  No hay duda que tengan derecho a operarse, pero no a coste de los demás. Hay que racionalizar todo el sistema (vea: Salud Pública y Cuidados Médicos) ya que de otra forma nos vamos a quedar sin nada en menos de una década. Otro tanto podemos decir del sistema de pensiones. Hace ya diez años apunté la necesidad de atrasar paulatinamente la edad de jubilación (la Onu y la inmigración) con lo cual se podría mantener el sistema sin necesidad(¡!)de inmigración o con muy poco. Ahora de repente se está discutiendo sin mucho sentido. No se puede aplicar con un alto nivel de desempleo en especial entre la juventud (más de un 40%), ya que impediría todavía más el acceso de las generaciones más jóvenes a un puesto de trabajo.
Si los dos pilares de nuestra sociedad del bien estar ya tienen problemas graves de financiación, que decir de una multitud de servicios sociales, en gran parte superfluos o/y enormemente costosos, que el país simplemente es incapaz de sostener.  

 Está claro que la solución al déficit público no está en aumentar impuestos y el IVA - desastrosos para la pretendida recuperación económica -, sino en cortar los gastos hasta el hueso. No hay más remedio que apretarse el cinturón. Además de prescindir de gran parte de los servicios sociales, hay que bajar el sueldo en por lo menos un 15% a todos los funcionarios puramente administrativos y eliminar por completo los gastos suntuosos de cualquier índole, los liberados sindicales, tantos consejeros políticos inútiles, etc. etc. Todo es urgente y imprescindible, ya hay voces en el mercado internacional advirtiendo que si cae España caerá Occidente.

MEJOR SUFRIR QUE HUNDIRSE EN EL ABISMO. 

    

 

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ã 3/2010