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LOS CULPABLES DE
Desde el principio de la crisis financiera y económica todo el mundo sin excepción ha culpado a bancos y compañías inmobiliarias de ser los culpables principales y casi únicos de la misma. No hay duda de que los grandes bancos habían tomado riesgos temerarios y que la avaricia de sus gerentes e inversores terminaba por hundir una economía basada en el endeudamiento, el apalancamiento y el consumismo desenfrenado. Pero si profundizamos un poco más por debajo de la superficie, miramos un poco más detrás de la apariencia, vemos que los banqueros en cuestión se comportaron como niños malcriados porque el sistema, o sea gobiernos y bancos centrales, creaban las circunstancias que hicieran posible sus fechorías. Igual que un niño pijo de papá rico pude destruir la hacienda familiar jugando y perdiendo fortunas en Las Vegas por falta de control y supervisión paterna, y por lo tanto en gran parte por culpa del padre, la casi quiebra del sistema financiero es en gran parte culpa de las autoridades financieras e indirectamente de los gobiernos.
Cuando al
principio de 2003 ya había señales de sobra de que en la mayoría de los países
occidentales la economía se estaba sobrecalentado, lo lógico hubiera sido
aplicar por parte de los bancos centrales una política anticíclica a base de
restringir la liquidez y aumentar la tasa oficial de descuento, y por parte de
los gobiernos un aumento de impuestos. Sorprendentemente hicieron todo lo
contrario. En Estados Unidos el tan alabado, y a la postre tan nefasto,
Greenspan, presidente de
El error original no solamente creó la crisis pero además hizo muy difícil solucionarla. No se podía bajar la tasa de interés porque ya estaba por los suelos, ni aumentar la liquidez porque ya era excesiva. Solamente restaba la política fiscal y allí se erró de nuevo escogiendo, en vez de una fuerte reducción de impuestos, un desenfrenado aumento del gasto creando un déficit presupuestario del 12,5% del PIB en el primer año de la presidencia de Obama sin ningún efecto positivo sobre la economía. Es verdad que una reducción impositiva también hubiera creado un déficit pero este hubiera sido pasajero ya que el estímulo económico hubiera terminado por corregirlo.
Si miramos a
Europa veamos que el origen de la crisis en el Reino Unido -el principal país en
Su primera legislatura fue un fracaso total y en vez de convertirse en el Gran
Pacificador terminó siendo el Gran Porfiador, terco como una mula. Lo
lógico hubiera sido una derrota electoral en todo la frente pero su electorado
se lo perdonaba todo porque pensaba - tan ciego como su líder - que la
economía iba bien y esto es lo que importaba. El que ayudaba más que nadie a
mantener esta ceguedad mental fue Solbes que en su famoso debate con Pizarro
mintió más de lo que Belloch había hecho sobre el capitán Kahn. Lo de Zapatero
era parcialmente comprensible porque no sabía nada de economía y ya se había
olvidado las dos clases recibidas; lo de Solbes - no un gran economista pero si
un buen contable-, era mentir a sabiendas, era de juzgado de guardia. Estoy
convencido que Zapatero ganó las elecciones en 2008 gracias a que muchos
votantes socialistas se fiaban de Solbes, tan parecido al "viejo
profesor". Cuando ya todo el mundo se daba cuenta de que el barco tan
sólido de Zapatero estaba haciendo agua, Solbes lo abandonó rápidamente y a
partir de allí se ha defendido con el consabido: ¡no he sido yo!
Hace ya muchos
años comenté que la política de la comisión europea admitiendo en la eurozona
déficit nacionales de hasta un 3%, convertiría en norma algo que debiera
ser excepcional. Muy al contrario debiera de haber insistido en que los países
miembros tuvieron en tiempos de crecimiento superávit y la obligación de crear
reservas para hacer frente a un cambio de ciclo. Pero esto era pedir demasiado,
ya que cuando hay superávit surgen demasiadas voces pidiendo más y más gastos.
El grave problema de Occidente, incluyendo EE.UU.,es que los partidos
social-demócratas son en verdad más y más socialistas y los conservadores más y
más social-demócratas, con el resultado de que estamos asumiendo el slogan de
los países izquierdistas totalitarias: Justicia Social. Como la historia
nos ha demostrado no hubo en aquellos países ni justicia ni sentido social. El
continuo aumento de servicios sociales costosos junto con una imparable
expansión de la burocracia del Estado, llevará a los países occidentales a la
bancarrota y la desaparición del propio estado y, por lo tanto, de cualquier
atención social. El caso de Grecia es un claro ejemplo. Ha abusado del déficit
durante años llegando a un deuda pública del 125% del PIB y ahora con la crisis
ha aumentado su déficit del
Italia y
Portugal están a punto de tener problemas similares por tener deudas públicas
muy parecidas a la de Grecia. El español medio dirá que la situación en España
está mucho mejor porque la deuda pública española está poco por encima del 60%
del PIB. No obstante el conjunto de la deuda española incluyendo la
corporativa, la bancaria y la privada está por encima del 300% del PIB, superior
a lo que ocurre en Grecia e Italia, con lo que no hay mucha razón para
alegrías. El problema griego ha sido el centro de atención por pertenecer a la
zona euro y nadie ha prestado atención a lo que está ocurriendo en la última
hornada de incorporaciones a
Si antes he
indicado los culpables de la crisis ahora ha llegado el momento de hablar de
las razones que harán muy difícil salir de la misma. Durante los últimos 50
años hemos aumentado vertiginosamente el estado de bienestar. La protección
social desde la cuna hasta la tumba, con la creación de cada vez más derechos
sociales, ha logrado eliminar casi por completo cualquier sentido de
responsabilidad personal sustituido por un estado más y más omnipotente y
supuestamente benévolo. El problema de los servicios sociales es comparable con
el consumo de nuevo avances tecnológicos. Mientras que no existen, nadie los
hecha de menos pero una vez "inventados" ya nadie puede prescindir de
ellos. Hace 10 años casi nadie tenía un "móvil", pretender ahora
eliminarlos sería traumático para casi todos. El continuo aumento de los
servicios sociales tiene lógicamente un precio, sufragado con los impuestos que
en promedio no han dejado de aumentar en los últimos 50 años. La pregunta que
hay que plantearse aquí es quienes pagan los impuestos con que los gobiernos
han pretendido financiar todo el tinglado. Si los impuestos fuesen
proporcionales todo el mundo hubiera pagado su parte de los servicios sociales,
todo el mundo se hubiera dado cuenta que estos costaban un ojo de la cara y no
hubiera existido el continuo clamor actual de aumentarlas. Al contrario, con
nuestro sistema impositivo progresivo la inmensa mayoría de los beneficiarios
de los servicios sociales aportan nada, o muy poco, a su sostenimiento. Miramos
las cifras: en Estados Unidos, el 10% de la población paga nada menos que el
70% de los impuestos federales mientras que el 50% no paga absolutamente nada
de estos y solamente aporta una pequeña parte de los impuestos estatales y
locales. Claro así es fácil pedir más y más. California ha exagerado
enormemente el problema a admitir que se votan el aumento de los servicios
sociales en referendo por simple mayoría, la misma mayoría que no paga y sí
disfruta. Un chollo que ha tenido como resultado que el legislativo solamente
controla un porcentaje muy pequeño del presupuesto estatal ya que el resto es
intocable.
En España es difícil obtener datos exactos pero me da la impresión que los
votantes populares pagan, groso modo, el 70% de todos los impuestos del
país.
Cuando en la
segunda parte del siglo XIX surgieron los sindicatos obreros y los gobiernos
empezaron a introducir poco a poca una legislación laboral y social, se
rectificó un déficit importante de derechos políticos y sociales. Un siglo y
medio después el déficit se ha convertido en superávit excesivo y temerario.
Hay en todas los quehaceres de la humanidad una regla de oro, una punto de
templanza, que no debiéramos pasar so pena de perder todo lo conseguido. Cuando
nuestros mayores inventaron las programas básicas de la sociedad del
bienestar como las pensiones de jubilación y el sistema de salud público lo
hicieron porque no era todavía muy costoso y podía ser sufragado en su principio
por el erario público y después, una vez funcionando, con una relativamente
modesta aportación por parte de empresas y trabajadores. No obstante, si en
aquellos tiempos hubiéramos tenido la actual configuración generacional en
forma de pirámide invertida nadie hubiera defendido las pensiones de jubilación
y, de igual forma, si la medicina hubiera sido como la actual y por lo tanto -
por sus enormes avances tecnológicos y farmacéuticos-, diez veces más caro en
moneda constante, no se hubiera podido montar un sistema de salud público y
universal. Digo esto para demostrar que hasta con los servicios sociales más
imprescindibles nadie tiene idea de la evolución del coste en el futuro y
cualquier proyección a largo plazo se queda siempre excesivamente corto.
La razón porque el sistema español todavía no se haya quebrado raya en el hecho
de que una parte significativo de la población ha suscrito pólizas de seguro de
salud privadas, directamente o por parte de sus empresas, que liberan en buena
parte el sistema público. Al mismo tiempo los derechos sanitarios aumentan de
forma alarmante y hasta ridícula. Buen ejemplo es que ahora los aspirantes a
transexuales tienen derecha a que se les operan - o mutilan, según la
consideración de cada uno - por parte del sistema pública, gratis total.
No hay duda que tengan derecho a operarse, pero no a coste de los demás. Hay
que racionalizar todo el sistema (vea: Salud
Pública y Cuidados Médicos) ya que de otra forma nos vamos a quedar sin
nada en menos de una década. Otro tanto podemos decir del sistema de pensiones.
Hace ya diez años apunté la necesidad de atrasar paulatinamente la edad de
jubilación (la Onu y la inmigración)
con lo cual se podría mantener el sistema sin necesidad(¡!)de inmigración o con
muy poco. Ahora de repente se está discutiendo sin mucho sentido. No se puede
aplicar con un alto nivel de desempleo en especial entre la juventud (más de un
40%), ya que impediría todavía más el acceso de las generaciones más jóvenes a
un puesto de trabajo.
Si los dos pilares de nuestra sociedad del bien estar ya tienen problemas
graves de financiación, que decir de una multitud de servicios sociales, en
gran parte superfluos o/y enormemente costosos, que el país simplemente es
incapaz de sostener.
Está claro que la solución al déficit público no está en aumentar impuestos y el IVA - desastrosos para la pretendida recuperación económica -, sino en cortar los gastos hasta el hueso. No hay más remedio que apretarse el cinturón. Además de prescindir de gran parte de los servicios sociales, hay que bajar el sueldo en por lo menos un 15% a todos los funcionarios puramente administrativos y eliminar por completo los gastos suntuosos de cualquier índole, los liberados sindicales, tantos consejeros políticos inútiles, etc. etc. Todo es urgente y imprescindible, ya hay voces en el mercado internacional advirtiendo que si cae España caerá Occidente.
MEJOR SUFRIR QUE HUNDIRSE EN EL ABISMO.
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ã 3/2010