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EL PRECIO DEL CRUDO, LOS IMPUESTOS Y LA INFLACIÓN 

 

 

Los diferentes tipos de impuestos tienen efectos contrarios sobre la economía. Mientras que el IVA es claramente inflacionario, un IRPF alto, al contrario, es deflacionaria ya que indirectamente conlleva una reducción de la circulación fiduciaria en manos del público y, como consecuencia, un descenso generalizado de los precios gracias a la bajada de la demanda. Los últimos gobiernos han optado por una bajada generalizada del IRPF para estimular el consumo y, por lo tanto, la economía. La combinación de un IVA alto y una bajada del IRPF tiene lógicamente el efecto de doblar el efecto inflacionario, pero parece que tanto los políticos como los economistas han considerado que el estimulo económico era más importante. No hay duda de que a corto plazo el invento ha funcionado, pero a la larga puede haber efectos secundarios contraproducentes. Por un lado la expansión económica con su aumento de la tasa de ocupación y, simultáneamente, la necesidad de mantener los costos laborales de las ocupaciones más humildes, ha estimulada excesivamente la inmigración, mientras que por otro lado la inflación galopante está teniendo efectos desastrosos sobre la competitividad de los productos españoles en el mercado internacional resultando en un continuo descenso de las exportaciones y un déficit comercial que proporcionalmente ya ha llegado a ser el más importante del mundo. Oficialmente la tasa de inflación ha variada entre el 3 y el 4 % en los últimos años, pero todos tenemos la íntima impresión - sin duda exagerada - de que desde la introducción del euro los precios de muchos productos y servicios en España han aumentado por lo menos un 50%, lo que demuestra que la cesta de la compra en que se basa el cálculo poco tiene que ver con la realidad. Bien es verdad que la inflación tiene elementos muy personales. No es igual la inflación para jóvenes que acaban de comprar una vivienda que para mayores que la compraron hace 30 años. No es igual la inflación para fumadores y no fumadores, para bebedores y no bebedores, o para gente que conduzcan mucho y otros que lo hagan poco, y podemos continuar la lista de comparaciones casi al infinito. De todas formas los ejemplos dados demuestran que los impuestos especiales sobre el tabaco, la bebida y los hidrocarburos son, sin excepción, muy inflacionarios, y mientras los primeros todavía tienen alguna "razón"  - en general sanitarios - para ser tratados como si fueran auténticos productos de lujo, no podemos decir lo mismo con respecto a los impuestos ( y IVA) sobre los hidrocarburos ya que el transporte se ha convertido en una necesidad básica en la cual la gente se gasta muchísimo más dinero que en el tabaco o en la bebida.      

Aquí me quiero concentrar en los supuestos efectos inflacionarios del precio del crudo cuando de verdad este efecto es en gran parte el resultado del impuesto sobre hidrocarburos y el afán recaudatorio del gobierno de turno. Desde el año 99, con el precio del crudo a $10/barril y el litro de gasolina a más o menos € 0,60 (Ptas. 100), y finales del año pasado, aquel ha subido a $ 60/barril y este a más o menos € 1,-. O sea, mientras que la gasolina haya subido aprox. el 70%, el crudo ha subido en nada menos que un 500%. Como el impuesto sobre hidrocarburos es un fijo y sale en el caso de la gasolina a €0,40 /litro, que junto a un impuesto autonómico (distinto según la autonomía) y el IVA aplicado a posteriori (¡impuesto sobre impuesto!, vea: Impuestos)formaba en el ´99 (tiempos de crudo barato) nada menos que el 70% del PVP, con el encarecimiento del crudo bajó al 55% del PVP en2005.  Tomando en cuenta estos dos extremos podemos demostrar que la repercusión del precio del crudo sobre el PVP de la gasolina es relativamente pequeña. Considerando que el conjunto de los impuestos aplicados a la gasolina fue del 233% (70% del PVP) en 1999 y del 150% (60% del PVP) en 2005, podemos dividir en cada momento el PVP entre 3,33 (1999) o 2,5 (2006) para averiguar el precio base de la gasolina. Este fue en el ´99, € 0,18 y en 2005 € 0,40. Este precio consiste de dos elementos, a) y b), siendo el primero la repercusión directa del precio del crudo y el segundo los demás elementos necesarios para llevar este crudo en forma de gasolina al consumidor (refino, transporte, seguros, márgenes comerciales etc.). Este último elemento es relativamente fijo y en el periodo mencionado habrá subido, grosso modo, por inflación o sea, más o menos un 20%. Podemos hacer entonces la siguiente ecuación:   

a+b               

=18

b                 

=18-a

6a+1,2(18-a)    

=40

6a+21,6 -1,2a  

=40

4,8a              

=18,4

a                  

=  5 redondeando

Vemos entonces que con el barril de crudo a $10 la repercusión en España sobre el precio de la gasolina era solamente de 5 cents de euro (Ptas.8,5) por litro; con el barril a $60 esta repercusión se multiplica, lógicamente, por 6 llegando a 30 cents de euro ( 36 centavos de dólar). En los dos casos el costo del elemento b) es respectivamente de 16,25 y 19,5 cents .

Parece claro que con el fuerte aumento del precio del crudo no hacen falta ya impuestos disuasorios para controlar el consumo y los gobiernos (en la mayoría de los demás países la presión fiscal es todavía mayor) y la Unión Europeo estarían bien avisados de bajar por lo menos el IVA del 16% al 6% y, si sigue aumentando el precio del crudo, también los impuestos sobre hidrocarburos. Mejor una merma en los ingresos del estado que una inflación galopante.  

 El verdadero gran problema del vertiginoso aumento del precio del crudo es que implica una enorme transferencia de recursos financieros a los países productores, países que en general no tienen la capacidad tecnológica para invertir estos recursos y que van a tener por un lado enormes superávit comerciales con un efecto negativo sobre el comercio mundial, y por otro unos saldos financieros tan enormes que pueden afectar la salud del sistema financiera internacional.   

 

 

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© 4/2006