LA CONSTITUCIÓN DEL ´78 Y LAS AUTONOMÍAS
En los últimos años, especialmente desde las elecciones del 14M, todos los partidos políticos se han convertido, desde su propia y particular perspectiva, en declarados defensores de la Constitución, unos para denunciar los desmanes inconstitucionales de la mayoría parlamentaria que sostiene el Gobierno, otros para defender que tanto las exigencias de los partidos nacionalistas como la ingeniería social del gobierno socialista, son perfectamente asimilables dentro del marco constitucional. La ironía es que las dos partes tienen razón ya que la Constitución, tan alabada durante las últimas décadas, es un documento mal redactado, peor escrito y tan lleno de ambigüedades que todo es uno. Durante su "gestación" hubo un seguimiento diario en "El País" (prepolanco), primero de la redacción original y primitiva de cada capítulo y artículo (generalmente copiado de la constitución norteamericana o de alguna de las europeas) y después de la redacción definitiva una vez pasado por el filtro del consenso y de las exigencias nacionalistas y socialistas, y me acuerdo perfectamente el desasosiego que me causó ver con que frecuencia artículos precisos, concisos y nítidos se convirtieron en ambiguos y opacos. Muchos fueron probablemente el resultado de una falta de sentido común o de una incapacidad de redactar con rigor (nunca ha sido el fuerte de los letrados españoles para no hablar ya de los legos), pero tengo la sospecha de que muchos otros fueron hechos a propósito para un eventual aprovechamiento posterior.
No tengo la intención en dar aquí de forma pormenorizada todos los ejemplos de las ambigüedades constitucionales, pero si quiero referirme a dos que últimamente han levantado bastante pólvora: el concepto del matrimonio y el término "nación".
Los detractores del matrimonio homosexual han mantenido que la Constitución consagra explícitamente el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer, y no dudo que esto fue la intención de sus redactores. El problema es que no lo dijeron. Veamos el artículo en cuestión:
"Artículo 32.El apartado1, puede ser interpretado de
varias formas:
O, tanto el hombre como la mujer tienen derecho
a contraer matrimonio (pero no necesariamente entre sí ) etc. o, el
hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio entre sí etc. Esta
ambigüedad y falta de definición son reforzadas por el hecho de que el
apartado 2 se refiere a las formas de matrimonio (otra vez sin
definir). O sea, la (in)constitucionalidad de la ley del
"matrimonio gay" depende más de la inclinación
"progresista", o no, del Tribunal Constitucional, es decir de su
composición política, que de consideraciones jurídicas.
Otro tanto ocurre con la pretensión de los nacionalistas centrífugos de proclamar su autonomía como "nación" (o en el caso de los socialistas andaluces - que parecen querer convertirse en "socialnacionalistas" como el PSC - una realidad nacional). Veremos en que lío nos metieron los padres de la Constitución con el artículo 2:
"Artículo 2.
La
Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española,
patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el
derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la
solidaridad entre todas ellas.
El DRAE define el sustantivo nacionalidad
principalmente de la siguiente forma:
1. Condición y carácter peculiar de los pueblos e individuos de
una nación.
y nación así:
1. Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno.
Nacionalidad y región son conceptos de valor diferente ya que el primero se refiere exclusivamente a los individuos o pueblos de una nación, y el segundo es un concepto territorial. Lo que puede sorprender es la inclusión de pueblo en la definición de nacionalidad. Veremos algunas de las definiciones que la Real Academia da al sustantivo pueblo: (3). "Conjunto de personas de un lugar, región o país". (5). "País con gobierno independiente". Aquí vemos el enorme peligro de los términos. Nacionalidad puede significar tanto a los individuos de una nación como a un pueblo el cual puede ser tanto el conjunto de las personas de una región como un país con gobierno independiente. Si por otra parte analizamos el término autonomía que puede significar tanto "estado y condición del pueblo que goza de entera independencia política" como "potestad que dentro del Estado pueden gozar municipios, provincias, regiones u otras entidades de él, para regir intereses peculiares de su vida interior, mediante normas y órganos de gobierno propios", vemos en que lío estamos metidos. Para los nacionalistas catalanes y vascos, siempre eligiendo las definiciones más excluyentes, nacionalidad, autonomía (la de ellos) y nación son sinónimos. Los nacionalistas catalanas lo han considerado así siempre y solamente han estado esperando el momento oportuno para imponer su condición de nación (ligeramente disfrazado por Rodríguez Zapatero) a España o, para ellos, el Estado español. De todas formas ya se habían anticipado, sin que nadie se opusiera, con la aplicación de la palabra nacional a entidades como el Museo Nacional de Catalunya y otros muchas (nacional:"perteneciente o relativo a una nación").
En esencia estamos viviendo el lógico resultado de los pecados de la transición. De cierta forma la situación política actual se parece mucho a la de entonces: un gobierno minoritario (entonces UCD, ahora el PSOE) que para mantenerse se vea forzado a pactar con los partidos nacionalistas. Es verdad que en la transición UCD no solamente tenía que doblegarse parcialmente a las exigencias de los nacionalistas sino también a las de los socialistas. El resultado fue una Constitución tan confusa y ambigua que no hubo más remedio que inventarse un Tribunal Constitucional para interpretar en cada momento las intenciones de los "padres de la constitución". Ardua labor ya que a través de los años los propios componentes de la comisión constitucional han mantenido y defendido opiniones muy dispares sobre muchos de los conceptos constitucionales.
Hemos sido muy ingenuos en pensar que los que habían manipulado la redacción de la Constitución no iban a aprovecharse de cualquier ambigüedad para sacar provecho en favor de sus propios fines. Es curioso (pero no sorprendente ya que lo mismo ocurrió durante la Segunda República) que la derecha que tuvo en su momento bastantes dudas con respeto a la Constitución la haya defendida y acatado con mucho más ahínco que la izquierda y los nacionalistas. Los incumplimientos de la Constitución, principalmente por parte de socialistas y nacionalistas, han sido constantes, desde la división de poderes, la independencia judicial y la democracia interna de los partidos políticos, hasta la política lingüística en Cataluña y las Vascongadas.
Pero con todo esto lo peor de la Constitución no son sus ambigüedades sino la conversión de la Nación en un Estado de Autonomías. El concepto mismo - el término fue inventado a posteriori - es una contradicción ya que la autonomía territorial (aceptando la definición más inclusiva) en un Estado tiene que ser la excepción y no la regla. Hay que ser autónomo frente a algo, es decir frente a un poder superior sin al mismo tiempo dejar de pertenecer a ello. Si todas las partes son autónomas dentro del, y frente al, Estado, éste termina por ser nada más que la suma de aquellas y las fuerzas centrífugas se acentúan cada vez más. El incipiente nacionalismo catalán ya redactó en 1892 "Las Bases de Manresa" que propugnaban un estado federal que daría a Cataluña su propia administración interna, incluso su propia moneda -¡todavía no existían selecciones deportivas! -, (y por lo tanto su propio Banco Emisor), dejando al Gobierno Federal la defensa nacional, las relaciones exteriores, las aduanas y las relaciones entre regiones. Es decir un estado federal de tan bajo contenido que en realidad se quedaba meramente en una confederación de estados españoles. Con el tiempo el Estado de las Autonomías se está cada vez pareciendo más a aquel modelo que en su tiempo fue considerado la locura de un grupo de iluminados que se habían situados fuera de la realidad y de la sociedad española. Durante la Transición, Suárez trataba de limitar el daño insistiendo en dos vías diferentes para alcanzar la autonomía, la vía lenta del artículo 143 de la Constitución y la vía rápida del art.151. Es decir, originalmente, la Constitución preveía un Estado de Autonomías asimétrico - ¡no hay nada nuevo bajo el sol! -, pero mientras los nacionalistas advirtieron que no pudo haber café para todos, los demás insistieron que ellos también querían café café y ,con el tiempo, el art. 151 fue de aplicación general.
La advertencia nacionalista no debiera haber sido tomada a la ligera porque era la esencia de su pensamiento, necesitaban ser diferentes no solamente por razones lingüísticas sino para alimentar su mitología. El concepto autonómico, no como hecho diferencial sino general, forzó a los nacionalistas a una constante huida hacia delante consistente en pedir cada vez más y produjo en ellos una sicología de victimísmo que ha sido una de sus principales características durante los últimos veinticinco años. La advertencia fue descartada porque ya desde su inicio la Transición estaba creando una nueva clase político arribista - especialmente entre los que se habían subido al carro socialista - a los que eso de las autonomías les parecía de perlas porque les garantizaba parcelas de poder insospechadas. Solamente entre presidentes, consejeros y diputados autonómicos había en los 14 nuevos autonomías más de mil puestos políticos de nueva creación a repartir. ¡ Un auténtico chollo! Había en toda la transacción un cierto mimetismo ya que la Constitución en lo que se refiere a la estructura general del estado se asemejaba bastante -salvo las obvias diferencias - a la de 1873, aprobada pero sin tiempo para entrar en vigor, que instauraba una república federal integrada por 17 (sic) estados. El ideal actual de IU y de los nacionalistas que solamente pretenden introducir el adjetivo asimétrico.
Sin
duda hubiera evitado muchas problemas y tensiones políticas si la
Constitución se hubiera limitada a las tres autonomías históricas (si algo
que solamente existió durante un corto periodo en la II República se puede
llamar histórico) y una descentralización administrativa del resto del país
dando considerables poderes ejecutivos a las Diputaciones Provinciales y los
gobiernos locales. No solamente hubiera sido mucho más eficaz sino los tres
territorios autónomos (hubiera sido mejor inventar otro término para reflejar
un autogobierno limitado para evitar cualquier posibilidad de manipulación y
equívoco) se hubieran probablemente contentadas con la mitad del
poder que actualmente tienen ya que no se habían vistos forzados a aumentar
continuamente sus exigencias cada vez que las transferencias a, y los poderes de,
las demás autonomías no "históricas" (sic) se acercaban a las
suyas. Tanto Arzalluz como Durán manifestaron hace relativamente poco que sus
autonomías habían logrado mucho más de lo que hubieran podido imaginarse hace
25 años. Hubiera sido más eficaz porque solamente las 7 comunidades
uniprovinciales pueden ser considerados como descentralizadas, todos los demás,
y especialmente Cataluña y Andalucía, son, dentro de su ámbito, casi más
centralistas de lo que nunca fue la España franquista. Hace poco me comentó un
amigo almeriense que las autoridades locales de hace 40 años arreglaban sus
problemas más fácilmente en Madrid que las actuales las suyas en Sevilla.
["Euzkadi" es el más sorprendente de todas ya que,
considerando que su autonomía es principalmente la suma de los derechos
forales que sus provincias sostienen a título individual, no es una autonomía
unitaria sino una federación o, mejor dicho, una confederación de provincias
forales, conque en caso de un referéndum sobre autodeterminación o hasta
independencia - no hay que descartar nada considerando el entreguismo de nuestro
actual gobierno - sería perfectamente posible que Guipúzcoa se quedase
sola.]
Una forma de estado como la indicada hubiera garantizada sistemas educativas y sanitarias únicos para todo el país, muy contrario a lo que ocurre en la actualidad donde las transferencias son equitativas pero el dinero gastado en cada autonomía por alumno o paciente es muy dispar. Los dos campos, y otros muchos más, están contribuyendo a que los españoles sean cada vez menos iguales. Los últimos disparates del Estado de las Autonomías son los estatutos de Cataluña y Andalucía. Por mucho que el primero fue algo rebajado en el pacto entre el gobierno y CiU, un órdago rebajado sigue siendo mucho más de lo que los políticos nacionalistas se hubieran atrevido a pedir si no hubieron contado con el apoyo de un PSC convertido en partido "socialnacionalista", y un PSOE abrazado a los escaños del ERC. Para disfrazar el aborto político cometido con su aprobación en el Congreso de los Diputados - con todos los diputados socialistas andaluces, manchegos y extremeños votando a favor, torciéndose las narices - y cuando ya existió en Andalucía un pre-concenso con el PP sobre su Estatuto, el PSOE se inventó al último momento, introduciendo 120 enmiendas, algo que se parece mucho a un clon del Estatuto Catalán con que dentro de poco los catalanes van a pedir más café todavía. ¿Y los demás autonomías? Seguir el mismo camino. Que remedio, nadie querrá quedarse atrás. El estatuto valenciano ya estipula que sus derechos y poderes no pueden ser menos que los de ninguna otra autonomía.
No me sorprendiera si dentro de 30 años la Constitución del Estado de las Autonomías fuese considerada como precursora de la Confederación de Estados Ibéricos que está a la vuelta de la esquina. ¿Reinos o Repúblicas? Taifas (del árabe ta'ifa, 'bandería') de todas formas.
¡Bandos, banderas y batallitas!.
ã 5/2006
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