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LA  CAZA

El reciente escándalo sobre las monterías conjuntas del juez Garzón y el ex ministro de Justicia Bermejo, justo en el momento de que el primero estaba convirtiendo indicios de corrupción en algunos ayuntamientos regidos por alcaldes populares en una acusación, más bien una calumnia, en toda regla contra el Partido Popular, se ha convertido en un hecho altamente simbólico de lo que está ocurriendo en el país. Parece que el entonces ministro hace ya tiempo descubrió un nuevo "hecho cinegético" en forma de una especie de mamífero bípedo bautizado, por el Alcalde Pedro Castro, como "popularus tontocojunos", y cuyo caza ha recomendado a los suyos por ser una especie altamente dañina para los intereses socialistas. Para posibilitar la caza en cuestión Garzón fue elegido como perro de presa y "El País" y el "Público" como medios para difundir el "agitprop". Ya consideré hace años (Los Jueces y la Política) lo perjudicial que resulte para la independencia de la judicatura que los jueces pueden impunemente alternar entre ésta y la política. Hace ya 16 años Garzón, apadrinado por Bono, fue presentado como número 2 en la lista del PSOE por Madrid y en la campaña electoral hizo alardes de ultra-izquierdismo con opiniones rayando en lo ilícito que lo tenían que haber descalificado para volver a la judicatura. No obstante volvió algún tiempo después cabreado porque Felipe no le había nombrado ministro como el pretendía. Algunos años después espoleado por Bono, entonces Presidente de Castilla la Mancha y ahora flamante Presidente del Congreso, montó una instrucción manipulada sobre un supuesto fraude de fondos europeos destinados al cultivo y la transformación del lino dentro del Ministerio de Agricultura. Desde entonces se ha convertido en un juez resentido, partidista y exhibicionista dedicado en todas sus actuaciones a "gloriarse" o, mejor dicho, vanagloriarse. No es que tenga muchas razones para ello, ya que es un juez instructor francamente malo al que los juzgados devuelven o archivan la mayoría de los expedientes o absuelven los por él imputados. Tiene que tener muchos enchufes porque de otra forma no se entiende que no haya sido expulsado de la carrera judicial hace años. O, mucho peor, que haya usado sus poderes para dejar intervenir tantos teléfonos que nadie se atreve a tocarlo por los secretos inconfesables de muchos que pudiera revelar. No se lo que es más aterrador en una supuesta democracia, las amenazas o presiones que un juez pueda ejercer sobre políticos y miembros de la judicatura  o que éstos tengan secretos inconfesables. Parece que el Tribunal Supremo está dispuesto a terminar con su "reino de terror" pero ya veremos si cuando el agua llega al río se atreven a condenarlo.         

 

ã 5/2009

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