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CAROLUM Y JOSEPHUM

La muerte de Juan Pablo II Alabanza Su papado
El timo de la "tradición" Benedicto XVI ¿Tiene futuro la Iglesia?

 

   Hemos vivido hace poco la agonía, muerte y entierro del Papa Juan Pablo II; Karol Wojtyla; el Carolum de habemus papam de 1978. Todo enormemente escenificado como si de una obra de teatro se tratase. La larga agonía transmitida casi en directo fue lo más parecida a esas representaciones más bien sadomasoquistas del calvario de Cristo tan en auge con la reciente película de Mel Gibson. La multitud congregada en la Plaza de San Pedro rompió en aplausos a la noticia de su muerte, se presume no tanto para festejar su fallecimiento como para festejar el "nacimiento" de un nuevo Santo. El funeral y entierro con su fastuosidad, su ceremonial, su pompa parecía más dedicado a lo de César que a lo de Dios; no tan sorprendente ya que la iglesia católica apostólica romana ha tenido desde su imposición como religión única por el Emperador Valente  mucho más de romana que de católica y apostólica. En esencia la Iglesia ha sido a partir de la caída de Roma el espectro del último siglo del Imperio romano, o sea el espectro de su decadencia. Es curioso que uno de los títulos más queridos de los papas sea el de Sumo Pontífice, máximo título religioso romano ("Pontifex Maximus" ) por excelencia que data de más de 6 siglos a.C. y casi 10 siglos antes de que Teodosio I (el Grande) lo cedió al obispo de Roma. 

ALABANZA: Todo ha sido alabanza de la figura de Juan Pablo II después de su muerte. El más grande, el más santo, el más todo. No hay duda que era un hombre humano, simpático, paternal, carismático, gran comunicador y viajero, gran relaciones públicas; en suma la máscara amable de la Iglesia, el guante de seda. Se le ha atribuido, a él solito, la caída de la Unión Soviética, que es como confundir coincidencia con causa. Es verdad que tuvo bastante que ver con la  aparición del movimiento "Solidaridad" en Polonia en 1980 pero la caída de la USSR poco tenía que ver con esto y fue el resultado de la bancarrota del sistema comunista de capitalismo de estado, en parte por haber querido competir con los EEUU en la carrera armamentística. Hizo un acercamiento a los judíos siguiendo las conclusiones del Concilio Vaticano II en el cual se habían condenado "todas las acciones de odio, persecuciones, y demostraciones de antisemitismo llevadas a cabo en cualquier momento o a partir de cualquier fuente contra los judíos"; hubo acercamientos al Islam, al Anglicismo y a la Iglesia ortodoxa. Hubo muchos llamamientos a favor de los derechos sociales, económicos y humanes, a favor de la democracia, la libertad de conciencia, la libertad de educación. Pero al mismo tiempo todos estos derechos fueron denegados a los creyentes católicos en el seno de la Iglesia, en la supuesta Casa de Dios.

 Todo el posicionamiento de Juan Pablo II me recordaba demasiado a la famosa carta de 1865 dirigida por Odo Russell, el representante del gobierno británico acreditado ante los Estados Pontificios, a su ministro, en la cual relata lo que le dijo Pío IX - un antiguo liberal convertido en absolutista - en una audiencia: " La libertad de conciencia y tolerancia que condeno en Roma, exijo para la Iglesia en Inglaterra como país democrático". Por lo menos admitió las ventajas de la democracia, un concepto que había estado difamando desde 1848. 

Durante el papado de Juan Pablo II  y la prefectura  de la Congregación de la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio, ex Inquisición) del entonces cardenal Joseph Ratzinger, se cuidaba mucho las formas modernas - ya no era de recibo difamar la democracia - muy diferentes a las de Pío IX, X, XI y XII y Benedicto XV, pero el fondo, el puño de acero, se hizo más duro si cabe.  

Es sorprendente, y hasta risible, la insistencia de la Iglesia de comparar Juan Pablo II con Juan XXIII cuando, sin equivocarnos, podemos considerar aquel como el "antijuanxxiii" por antonomasia. A la muerte de Juan XXIII, el Colegio Cardenalicio había elegido a Pablo VI como su sucesor, pero éste se convirtió rápidamente en una auténtica decepción, traicionando el legado recibido. A su muerto los cardenales aperturistas hicieron un último esfuerzo para elegir al liberal Juan Pablo (I). Nunca ha habido una explicación razonable porque un hombre de 66 años y de buena salud - y con todas las atenciones medicas por haber - murió 34 días después de su elección. Considerando la historia del papado hay que temer lo peor.   

 Después de este "fracaso" los aperturistas se rindieron y aceptaron la elección de Karol Wojtyla, conocido por su activismo anticomunista en su Polonia natal. Un activismo bastante sospechoso que invita la comparación con la lucha del PCE contra el franquismo. En los dos casos no se trataba de una oposición  por convicciones democráticos sino por no tratarse de su dictadura. Y de igual forma de que los comunistas españoles hubieron estado encantados de poder sustituir la dictadura franquista por otra de corte estalinista (recuerdan el ejemplo de Cuba), en Polonia los activistas ultra-católicos apuntaban a una teocracia más o menos disfrazada. Todo bastante lógico ya que cuando la Iglesia observaba el totalitarismo soviético era como mirarse en el espejo. Era una copia casi exacta.  Es verdad que el sistema era ateo en un sentido cristiano, pero dentro de su lógica interior el comunismo era una especie de religión, con Karl Marx como díos, Engels como el hijo, Lenin como el espíritu santo y Stalin y sus sucesores como papas. La secretaria general era una copia de la curia, el politburó del colegio cardenalicio, la Cheka (OGPU, NKVD .....KGB) de la Santa Inquisición, y Dzerzhinski, Yézhov y Beria sus grandes inquisidores. Tenía sus herejes y hasta su ángel caído, su Satanás en la persona de Trotsky. 

 EL PAPADO DE JUAN PABLO II: Una vez puesto la sotana blanca Juan Pablo II  (el nombre era premonitorio ya que de cierta forma se declaró ligado a su directo antecesor que, por la corte duración de su mandato, le había dejado como herencia una hoja en blanco para que la pudiera llenar a su gusto)  puso manos a la obra y en muy poco tiempo descubrió sus cartas: un talante muy autoritario disfrazado por una benévola sonrisa. Su primer objetivo fueron los teólogos más prestigiosos y por lo tanto más independientes de la Iglesia. A Hans Küng le revocó su licencia, Schillbeeckx y Boff fueron severamente disciplinados como también el jesuita Rahner. El mensaje era claro, no se aceptaba la más mínima disidencia de la ortodoxia papal, y de cierta forma el Papa se convertía en el único teólogo viviente, convirtiendo el mismo concepto de teología en un sarcasmo. El segundo objetivo fue la Compañía  de Jesús, los intelectuales de la Iglesia; a la muerte de Pedro Aruppe, su superior general - demasiado liberal según Juan Pablo II - se produjo un hecho insólito, por primera vez en la historia de los jesuitas el Papa les impidió la libre elección de su nuevo superior general por parte de la Congregación General (integrado por la totalidad de los 65 padres provinciales y dos diputados por provincia) y impuso su candidato, y para asegurar su elección abrió personalmente - el primer Papa en hacerlo - la Congregación. Después tocaba a los obispos; la mínima señal de disidencia bastaba para ser censurado y ser apartado de su diócesis; de hecho Juan Pablo II se convirtió en el obispo universal, obispo de cada diócesis, relegando los obispos titulares a meros obispos auxiliares. Sorprendente, ya que los obispos comparten la sucesión apostólica con el Papa; no tan sorprendente si tomamos en cuenta que desde el Vaticano I los obispos no juran servir a la Iglesia y la religión sino "mantener, defender, ...........los derechos, honores, privilegios y autoridad de mi Señor el Papa". Como he dicho antes: ni cristianismo, ni catolicismo sino puro papismo y totalmente discrepante con las conclusiones más importantes del Vaticano II. Los observadores más cualificados consideran que Juan Pablo II cerró las ventanas del Vaticano, bajó las persianas y desde entonces estuvo contemplando su ombligo infalible como si fuese el centro del universo. ¡La infalibilidad papal no como concepto restringido sino como valor absoluto!  La infalibilidad ex cátedra (vea: Los concilios vaticanos y la infalibilidad papal ) no resiste el más mínimo análisis, ya que hay que extenderla a todos los papas incluyendo los herejes; pero además la infalibilidad "per se" vacía de contenido todas las "mea culpas", todas las denuncias expresadas por Juan Pablo II. ¿Cómo se puede denunciar la inquisición sin denunciar a Gregorio IX, o denunciar la persecución de los judíos a través de los siglos sin denunciar a decenas de papas ("los judíos han matado a Díos") o exigir el respeto a los derechos humanos y democráticos sin denunciar entre otros a Pío IX que los condenó en términos extremamente reaccionarios, y cómo se puede pretender un acercamiento a la Iglesia ortodoxa si las principales razones del Gran Cisma de 1054 fueron las pretensiones autoritarios de los papas en el siglo XI y  la polémica sobre el celibato, dos conceptos que solamente han empeorado desde entonces? Con la infalibilidad dogmática y su primo hermano la infalibilidad "trepante", el papado se ha metido en un callejón sin salida  en el cual un acercamiento de la Iglesia a los Evangelios y el Sermón de la Montaña, o sea, un acercamiento a Cristo, resulta casi imposible ya que implicaría condenar por herejes (o criminales) a la inmensa mayoría de los papas pasados. 

 EL TIMO DE LA TRADICIÓN: Un de los trucos, o timos, del papado moderno (exceptuando a Juan XXIII) ha sido el uso de la tradición como justificación de sus imposiciones. Pero no hay nada de esto; esta famosa tradición se remonta en el mejor de los casos a Pío IX  y en el peor a un par de décadas. Pretender que el cristianismo/ catolicismo esencialmente no ha cambiado desde el cristianismo primitivo es un timo de dimensiones cósmicas. Muy al contrario, el cambio ha sido tan enorme que no solamente los cristianos primitivos no se podrían haber identificado con esta religión, pero ni siquiera los católicos del medievo o de siglos posteriores hasta bien entrado el siglo XIX.

Vamos a ver algunos de los cambios esenciales:

    De igual forma podemos encontrar por centenares preceptos positivos supuestamente tradicionales cuya existencia también se remonta a escasamente un siglo o algunas décadas. Por ejemplo la condena de la esclavitud (vea:Abolucionismo),la posición a favor de la democracia y los derechos humanos, la condena de las dictaduras etc.

 BENEDICTO XVI: La elección de Josephum Ratzinger como nuevo Papa después de la muerte de Juan Pablo II estaba cantada. Aquel había sido virtualmente el vicario del Vicario desde el atentado que sufrió Juan Pablo II en 1981, y había tenido una enorme influencia sobre la Curia y en la elección de más de 100 nuevos cardenales desde que el Papa decidió aumentar los miembros del Sacro Colegio Cardenalicio que hasta entonces, y desde el Concilio de Trento, estaba limitado a 70 miembros. Este aumento era una manera expeditiva de convertir el Colegio, de forma rápida y controlada (y sin tener que esperar para que los muchos cardenales liberales llegasen a la edad de 80 años, a partir del cual  pierdan el derecho a ser electores, según lo impuesto por Pablo IV en 1970) en un instrumento dócil y reaccionario al servicio del Papado. A la vista de que ya desde el III CONCILIO DE LETRÁN (1179) se exige para la elección papal solamente el voto favorable de dos terceras partes de los cardenales reunidos en cónclave, era francamente sorprendente que Ratzinger no fuese elegido en la primera votación ya que aparentemente contaba con una abrumadora mayoría de los cardenales - los nombrados en los últimos 25 años sabían perfectamente a quien se lo tenían que agradecer - a su favor. No obstante, parece que todavía hubo resistencias.  

La elección de Benedicto (XVI) como su nombre papal es un verdadero enigma. Normalmente la elección del nombre no es gratuita y siempre tiene algún significado descifrable; en muchas ocasiones la intención de seguir la línea marcada por un predecesor como Pío X, XI, XII en relación con Pío IX. Por otra parte, según la curia, Juan XXIII escogió el suyo para quitar su homónimo, un antipapa, de la lista papal. Pero no parece Juan XXIII un hombre que se bajaba a estas mezquindades; más interesante me parece el hecho de que el otro, el "antipapa" ( bastantes de los supuestos antipapas habían sido legítimamente elegidos pero fueron destronados o forzados a abdicar por razones políticas) había convocado en 1414 el Concilio de Constanza, el último concilio que proclamó la suprema autoridad de los concilios generales, recibida directamente de Cristo, sobre todos los creyentes incluyendo los papas. Esto sí era un bocado del gusto de Juan XXIII. Ya hemos visto que Juan Pablo II tomando el nombre de su predecesor no estaba honrando a Juan XXIII y Pablo VI sino tomando un cheque en blanco. 

Pero lo de Benedicto es un auténtico rompecabezas. No podemos imaginar que lo adoptó por Benedicto V o VII, dos papas que sorprendidos en la cama con sus amantes fueron matados por los enfurecidos maridos de estas. Tampoco por el Papa niño Benedicto IX, el golfillo diabólico, o por el antipapa Benedicto XIII (Papa Luna) apodado Benefictus (falsario) o el otro Benedicto XIII posterior, un distinguido persecutor de los judíos romanos; o Benedicto XIV, principalmente recordado por llamar el matrimonio entre católicos y protestante un sacrilegio. Quizás la única explicación posible es que el nuevo Papa se inspiró en Benedicto XV cuyo única distinción fue haber promulgado en 1917 una nueva versión del derecho canónico (Codex Iuris Canonici); a su vez un nuevo Código de Derecho Canónico fue promulgado por Juan Pablo II en 1983, pero considerando la debilidad física del Papa en aquéllas fechas habrá que pensar que fue Joseph Ratzinger, su alter ego, el verdadero autor de la versión definitiva. Nombre por nombre, código por código. 

Habrá gente que piensa que, por su edad, Joseph Ratzinger es simplemente un papa de transición, como ha habido muchos en la historia del papado. Creo que se equivocan de par en par; Benedicto XVI es un hombre fuerte, sano y vigoroso, que con una adecuada atención médica y una vida sin excesos físicos (hará mucho menos viajes que Juan Pablo II) puede llegar a ser uno de los papas más longevos de la historia. Sea como sea, dentro de pocos años, con la muerte o el envejecimiento de los cardenales nombrados anteriores a Juan Pablo II, el Colegio Cardenalicio solamente tendrá electores ultramontanas con lo que la elección de papas reaccionarios quedara asegurada durante generaciones para el mal de la Iglesia. 

 ¿TIENE FUTURO LA IGLESIA?: Una pregunta peliaguda de difícil contestación. No obstante, es muy posible que el papado esta llevando la Iglesia a un callejón sin salida y, en un plazo no demasiado largo, a su futuro irrelevancia. No hay duda de que después del Vaticano I hubo un largo periodo de resurgimiento de la Iglesia, ayudado por la generalización de la educación y el consiguiente aumento de los colegios católicos, instrumento principal para el adoctrinamiento de los creyentes. Se  inculcaban nuevas pautas de conducta, como comulgar y confesarse con gran frecuencia como si fuese una obligación de fe (otra nueva "tradición", ya que solamente existe la obligación de hacerlo por lo menos una vez al año; IV Concilio de Létran,1215). No obstante, al mismo tiempo que la Iglesia parecía haber cobrada nueva vida, quedó claro a partir de los años veinte que el tan alabado resurgimiento no era nada más que un otoño dorado que llevaba inequívocamente a un crudo invierno. La "culpa" la tenía la democracia, el liberalismo, el socialismo y especialmente el laicismo y el librepensamiento; conceptos contra los cuales la Iglesia, lógicamente, siempre ha apuntado su artillería más pesada. No es que todo esto llevo al ateísmo y la inmoralidad, según el criterio de la Iglesia, sino más bien al anticlericalismo, o sea no es que los creyentes perdieron la fe sino que se distanciaron cada vez más  de las imposiciones papales.       

Los signos de este distanciamiento están a la vista no solamente entre los legos sino también entre el clero (tanto el secular como el regular), supuestamente la espina dorsal de la Iglesia:

Durante el papado de Juan Pablo II todo este inmenso problema fue disfrazado por medio de un enorme montaje mediático centrado en sus incesantes viajes. Se convirtió, como si de un cantante de rock se tratase, en un ídolo de masas con audiencias multitudinarias. No obstante, estas multitudes por muy impresionantes que parecieran, representaban en cada país visitado solamente un porcentaje pequeño de los creyentes, formado en gran parte por los más indoctrinados y reaccionarios y liderado por adeptos del Opus Dei, Comunidad y Liberación y grupos parecidos.

Ahora que esta larga representación teatral ha terminado, los problemas serán cada vez más evidentes y la posición del papado y de la curia será progresivamente más defensiva y reaccionaria, en una huida hacia delante sin fin. El sínodo de obispos convocado por Benedicto XVI con solamente 250 participantes - de un total de 2300 arzobispos y obispos - seleccionados sin duda por su probado conservadurismo, lo demostrará sin tapujas. 

DESPUÉS DEL PAPADO EL DILUVIO 

         

   

 

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ã 8/2005