CARISMA Y PSICOPATÍA
Recientes estudios psiquiátricos han llevado a la conclusión que la psicopatía es hasta 10 veces más frecuente entre políticos que entre el resto de la población. ¡Ah!,- pensarais-, de ahí la baja popularidad de nuestros representantes parlamentarios, pero no es así porque sorprendentemente los políticos mientras más psicópatas, más populares son. Para explicar esta contradicción tenemos que explorar lo que es exactamente la psicopatía y lo que representan los psicópatas. La psicopatía no es como tal una enfermedad mental sino una enfermedad de la personalidad definida por un comportamiento totalmente antisocial. El psicópata es incapaz de identificarse emocionalmente con otras personas y siente un falta total de empatía. Para él los demás somos simples objetos a explotar. No todos los psicópatas cometen necesariamente actos criminales y se limitan a un comportamiento "meramente" inmoral. Pueden o no ser violentos. Hay una variante de la psicopatía, la sociopatía, cuyos individuos se distinguen por su alto nivel de inteligencia, su aparente encanto, su enorme poder de persuasión y de manipulación. Conocen perfectamente la psicología del resto de los mortales y explotan la credibilidad, la ingenuidad, las flaquezas y pecadillos de los demás con total cinismo. Son como aquellos magnates que no se sientan a negociar con nadie antes de haber dejado investigar su vida privada por expertos, para poder explotar (chantaje incluido) el más mínimo desliz, error o pecadillo cometido por su interlocutor. En general no tienen que recurrir al crimen violento para cumplir sus objetivos pero no lo descartan en caso de necesidad. Hay indicaciones que en estos casos lo ejecutan tan bien que en general sus crímenes salen impunes y no son detectados como tales.
El carisma es considerado, imprudente- e impúdicamente, como una necesidad para cualquier político que quiere alcanzar la cima, lo que demuestra que nuestra cultura se rige por valores muy dudosos. Los carismáticos son ,casi sin excepción y en diferente grado, psicópatas o sociópatas. Todos los grandes tiranos han pertenecido, o siguen perteneciendo, a esta especie. Napoleón, Lenin (Stalin era simplemente un psicópata paranoico aprovechado, pero no un carismático) - Hitler, Mussolini, Mao, Castro, Chávez, para mencionar solamente algunos, han sido, o son, grandes carismáticos capaces de llegar al poder a partir de anular con su magnetismo maligno la capacidad de raciocinio de sus seguidores. En las democracias los poderes de los carismáticos son algo menos evidentes y aparentemente menos peligrosos ya que en un Estado de derecho existen supuestamente toda un número de frenos legales que imposibilitan los grandes abusos de poder. Estos frenos formales no han eliminado a los políticos carismáticos sino al contrario les han estimulado a ser más sutiles, más "encantadores", más cautivadores. Usan con maestría todas las armas y trucos de la publicidad comercial incluyendo mensajes subliminales. Usan lemas sencillas e impactantes, en general falta de contenido, como talante, cambio, progreso, futuro. Encandilan a sus audiencias y manipulan especialmente los sentimientos de los votantes más jóvenes creando en ellos la misma entrega e histeria normalmente asociada a los más famosos cantantes pop. Parece que logran activar la parte del cerebro que regula las emociones de sus seguidores (corteza frontal orbital) y apagar la que esta asociada al razonamiento (corteza prefrontal). Esto es especialmente efectivo con los adultos más jóvenes ya que la corteza prefrontal no llega a su plena madurez hasta más o menos los 25 años, lo que ha llevado a algunos observadores a comentar que por ser tan manipulables, "encandilables y deslumbrables", los jóvenes no debieran tener derecho al sufragio hasta los 25 años. Parece que hay un fundamento anatómico en la vieja frase: "Si no eres socialista a los 18 años no tienes corazón (emoción), si sigues siéndolo a los 30 años no tienes cabeza (razonamiento)".
Un ejemplo típico es el senador Obama en las primarias del Partido Demócrata que con mucha retórica, mucha llamada a un cambio sin definir (Ya se sabe: "Cambiar todo para que todo siga igual") y con el insistente lema de que "Si,podemos" ha logrado encandilar no ya a cada vez más seguidores sino hasta a la prensa liberal que le retrata como si de un profeta se tratase. En España tanto González como Zapatero son ejemplos evidentes. En su vejez, y fuera del poder, a aquel ya se le ha caído la careta y cada vez que abre la boca le está saliendo el rencor a borbollones. Qué decir de Zapatero que ya no es de sobra conocido. Pero hay que admitir que es sorprendente que, siendo como sociópata más bien torpe, el hombre sigue encandilando las masas lo que dice más sobre la falta de raciocinio de éstas que sobre las habilidades carismáticas de aquel.
No hay duda que todos los tiranos carismáticos han tenido éxito en lo que se refiere a sus propósitos personales. Han cumplido todas sus esperanzas más egocéntricas: el poder absoluto, la adulación total de sus incondicionales y el miedo de los demás. Al mismo tiempo han sido un auténtico castigo de Díos, o de Marx, para sus países que en general han hundido en la más absoluta miseria. En los países democráticos los lideres carismáticos no han logrado llegar a tanto pero si han dejado un legado mucho peor de lo que heredaron de sus antecesores y si antes había problemas ellos solamente lograron empeorarlos. Muchas veces representan algún grupo de poder que les ha promovido consciente de su poder carismático, otras veces están rodeados por gente de características muy parecidas, pero sin su capacidad embaucadora, que se convierten en sus eminencias grises, sus clones, o simplemente en trepas aprovechados.
La especie no solamente existe entre los políticos sino se extiende por toda la sociedad y se ha incrustado en la economía y en las iglesias. No todos tan evidentes como Jesús Gil y otros de su calaña, pero todos tenemos la íntima convicción de que hay mucho multimillonario por allí que no ha ganado su fortuna gracias a su trabajo, inteligencia e inventiva sino más bien por malos artes, corrupción y favores políticos. Por otra parte no hay duda del carisma sociópata de muchos telepredicadores y lideres de sectas (pseudo)religiosas. Claro, todos las grandes religiones empezaron en sus orígenes como sectas minoritarias y todos tuvieron sus profetas carismáticos. Una idea verdaderamente aterradora.
Es
una de las grandes curiosidades - para llamarlo algo - de la vida humana que
gran parte de nuestra cultura está llena de iconos con los pies de barro. Si miramos las
biografías de muchos famosos compositores, pintores, escritores, filósofos y hasta
santos, nos quedamos sorprendidos al enterarnos cuántos de ellos sufrieron no solamente
graves trastornos mentales como
esquizofrenia, psicosis maniaco-depresiva y paranoia, neurosis como ansiedad aguda,
fobias y cuadros obsesivo-compulsivas, sino también comportamientos desviados
perversos como bestialidad,
necrofilia, pedofilia, sadismo, fetichismo, sodomía, voyeurismo
y exhibicionismo. Hay datos verdaderamente sorprendentes que demuestran un
enorme abismo entre la persona privada y su máscara pública. Un interesante
ejemplo es Jean-Jaques Rousseau autor, entre otras muchas obras, de Emilio o De la educación (1762),un
influyente estudio en donde expuso una nueva
teoría de la educación, subrayando la preeminencia de la expresión sobre la
represión, para que un niño sea equilibrado y librepensador. Fantástico, pero
el valor del personaje como temprano psicólogo infantil queda muy mermado
sabiendo que tuvo con su criada nada menos que 8 hijos y que todos fueron
abandonados, poco después de nacer, "religiosamente" en el portal de
alguna iglesia. Parece que el buen hombre sabía más de partos que de
niños. Todo
esto no distrae de sus logros artísticos e intelectuales pero, considerando sus
éxitos, parece insólito que lo peor que le puede ocurrir a una persona es ser
cuerdo y equilibrado. Más o menos de la misma forma como ser honrado es un
impedimento grave, casi un defecto genético, para amasar fortuna. ©2/2008 Volver a POLÉMICA