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LA CIENCIA Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

Existe la impresión que en el último siglo la ciencia, con su imparable avance, se ha popularizado más y más acercándose a gran parte de la población. La impresión es ficticia ya lo que solamente se ha popularizado son su resultados. Todos, hasta en el tercer mundo, aceptan con enorme rapidez los avances tecnológicos sin que el 99% de la gente - incluyendo la inmensa mayoría de los universitarios no dedicados al estudio de las ciencias puras - tenga la más mínima idea del porqué de su funcionamiento y de las teorías que lo hicieron posible. El resultado ha sido y sigue siendo que muy pocos han cuestionado los supuestos avances en disciplinas menos exactas como las ciencias sociales. Hay una tendencia en cada generación de aceptar con pocos miramientos las teorías y proclamaciones de académicos dedicados a estas ciencias, como si de la palabra de Díos se tratase, y hasta cuando las teorías en cuestión han demostrado ser falsas o equívocas siguen teniendo efectos sociales a largo plazo.
Podemos tomar como ejemplo teorías como la craneometría - la medición de cráneos para demostrar la superioridad de la raza blanca nórdica sobre los demás - y el determinismo biológico - otra justificación del racismo -, y otros, todos del siglo XIX, que tuvieron, junta al la teoría hereditaria de la inteligencia, una enorme influencia sobre la política de la primera parte del siglo pasado y formaban la justificación de las leyes raciales del III Reich y del holocausto. Su influencia en Estados Unidos llevó a la aprobación a la Ley de Restricción Inmigratoria de 1924 que limitaba enormemente la inmigración de gente supuestamente genéticamente inferior de ascendencia mediterránea, eslava y judía. A decenas de miles de judíos les fue negado en los años treinta  un visado para los Estados Unidos, una negación que les llevó a la postre directamente a los campos de exterminación nazis.
A partir de la II Guerra Mundial se demostró que las teorías en cuestión fueron el resultado de manipulaciones más o menos subconscientes de los datos de los estudios en que se basaban. He dicho subconsciente porque los científicos que elaboraban las teorías en cuestión eran gente honrada y de gran reputación que nunca se hubieran prestados a cometer falsificaciones a propósito. El secreto de lo que pasó está en el hecho de que todos somos humanos y que nadie puede liberarse totalmente de las ideas prevalecientes en su sociedad. Mientras que Darwin coleccionaba los datos de sus investigaciones sin saber que su posterior interpretación le llevaría a algo tan novedoso y revolucionaría como la Teoría de la Evolución, en otros campos los investigadores reunían datos para demostrar la validez científica de las ideas preconcebidas de su entorno socio-cultural.
Estas ideas preconcebidas influye las preguntas a plantear y los datos a buscar; determina nuestra interpretación; y dirige nuestra reacción frente a las interpretaciones y conclusiones. (Gould)  

Todo esto es aplicable a los estudios sobre algo que durante años fue llamado el calentamiento de la tierra, después el efecto invernadero y que al final se ha quedado en un término mucho más ambiguo como el cambio climático que seguramente valdrá tanto para un roto como para un descosido. El concepto se ha convertido a través de los años casi en un dogma ideológico y por lo tanto no solamente en algo preconcebido sino, peor todavía, en una "idée fixe"  sobre el determinismo humano en todo lo que afecta a nuestra planeta. Una idée fixe, o sea obsesiva y hasta delusoria, condiciona completamente la mente del investigador y le ciega totalmente a favor de datos que apoyan su teoría y en detrimento de los que la contradigan. Los datos positivos son aumentados y presentados más favorablemente mientras que los negativos son suprimidos o considerados como excepciones a la regla que la validan. Todas estas manipulaciones son hechas sin malicia y, en general, de forma subconsciente. Al mismo tiempo cualquier crítica es considerado como poco científica o partidista, y solamente refuerza la autodecepción.
Si consideramos las investigaciones sobre el cambio climático podemos reconocer esta ceguera en el hecho de que los datos aportados para justificar un supuesto aumento generalizado de las temperaturas en el futuro se refieren básicamente a los últimos 35 años y que algunos de sus defensores ya mayores pronosticaron en el año 1975 una próxima entrada en una mini época glacial basándose en la bajada de las temperaturas medias durante los 40 años anteriores. O sea, si a partir del ´75 los temperaturas han subido - excepto los últimos 6 o 7 años -,solamente se han recuperado de la bajada previa. El clima es un sistema caótico influido por tantos factores que, como sabemos todos, predecir el tiempo es difícil hasta a plazos muy cortos y las fuerzas de la naturaleza tienen muchísimo más impacto que nuestros quehaceres. Terremotos, erupciones volcánicos, manchas y vientos solares tienen influencias imprevisibles. Por ejemplo, la erupción actual del volcán Katla en Islandia, con su expulsión de centenares de kilómetros cúbicos de cenizas, puede tener un efecto enfriador en el norte de Europa durante varios años, mientras que el terremoto de Chile parece haber desplazado ligeramente el eje magnético de la tierra sin que sepamos la influencia que esto pueda tener a largo plazo. 

No hay duda de que la predisposición de muchos investigadores a favor de la teoría del cambio climático ha coloreado fuertemente los resultados obtenidos pero hasta si no hubiera sido así y las investigaciones hubieran sido hechas con total esmero y objetividad, tampoco habrían demostrado nada sin más. Uno de los principales problemas en la investigación científica es saber si una serie de datos que se orientan en una determinada dirección marcan una verdadera tendencia o son, a la postre, meramente aleatorios. Para investigar este problema y llegar a conclusiones validas ha surgido una rama científica conocida por estadística física. Tomamos como ejemplo una mesa de ruleta en la cual ha salido, en 50 tiradas, el rojo 40 veces y el negro solamente 10. Alguien, que no tenga ninguna noción del cálculo de probabilidades, podía sacar la conclusión de que el resultado indica una tendencia a que el rojo sale 4 veces más que el negro. Sabemos que no es así y que en series largas el rojo y el negro saldrán con igual frecuencia si la mesa no está trucada y que por lo tanto el resultado anterior fue puramente aleatorio. Volviendo al clima, habrá que pensar que si la bajada media de la temperatura en el periodo 1930-1975 clarísimamente no marcó una tendencia a largo plazo, tampoco el aumento de la temperatura media a partir del ´75 demuestra forzosamente nada más de que el clima tiene sus ciclos cambiantes.

Como el tema tiene sin ninguna duda gran importancia espero que se haga una investigación solvente por gente objetiva sin condicionamientos previos.

 

 

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ã 4/2010