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Existe la
impresión que en el último siglo la ciencia, con su imparable avance, se ha
popularizado más y más acercándose a gran parte de la población. La impresión
es ficticia ya lo que solamente se ha popularizado son su resultados. Todos,
hasta en el tercer mundo, aceptan con enorme rapidez los avances tecnológicos
sin que el 99% de la gente - incluyendo la inmensa mayoría de los
universitarios no dedicados al estudio de las ciencias puras - tenga la más
mínima idea del porqué de su funcionamiento y de las teorías que lo hicieron
posible. El resultado ha sido y sigue siendo que muy pocos han cuestionado los
supuestos avances en disciplinas menos exactas como las ciencias sociales. Hay
una tendencia en cada generación de aceptar con pocos miramientos las teorías y
proclamaciones de académicos dedicados a estas ciencias, como si de la palabra
de Díos se tratase, y hasta cuando las teorías en cuestión han demostrado ser falsas
o equívocas siguen teniendo efectos sociales a largo plazo.
Podemos tomar como ejemplo teorías como la craneometría - la medición de
cráneos para demostrar la superioridad de la raza blanca nórdica sobre los
demás - y el determinismo biológico - otra justificación del racismo -, y
otros, todos del siglo XIX, que tuvieron, junta al la teoría hereditaria de la
inteligencia, una enorme influencia sobre la política de la primera parte del
siglo pasado y formaban la justificación de las leyes raciales del III Reich y
del holocausto. Su influencia en Estados Unidos llevó a la aprobación a
A partir de
Estas ideas preconcebidas influye las preguntas a plantear y los datos a
buscar; determina nuestra interpretación; y dirige nuestra reacción frente a
las interpretaciones y conclusiones. (Gould)
Todo esto es
aplicable a los estudios sobre algo que durante años fue llamado el calentamiento
de la tierra, después el efecto invernadero y que al final se ha
quedado en un término mucho más ambiguo como el cambio climático que
seguramente valdrá tanto para un roto como para un descosido. El concepto se ha
convertido a través de los años casi en un dogma ideológico y por lo tanto no
solamente en algo preconcebido sino, peor todavía, en una "idée
fixe" sobre el determinismo humano en todo lo que afecta a
nuestra planeta. Una idée fixe, o sea obsesiva y hasta delusoria,
condiciona completamente la mente del investigador y le ciega totalmente a
favor de datos que apoyan su teoría y en detrimento de los que la contradigan.
Los datos positivos son aumentados y presentados más favorablemente mientras
que los negativos son suprimidos o considerados como excepciones a la regla que
la validan. Todas estas manipulaciones son hechas sin malicia y, en general, de
forma subconsciente. Al mismo tiempo cualquier crítica es considerado como poco
científica o partidista, y solamente refuerza la autodecepción.
Si consideramos las investigaciones sobre el cambio climático podemos reconocer
esta ceguera en el hecho de que los datos aportados para justificar un supuesto
aumento generalizado de las temperaturas en el futuro se refieren básicamente a
los últimos 35 años y que algunos de sus defensores ya mayores pronosticaron en
el año 1975 una próxima entrada en una mini época glacial basándose en la
bajada de las temperaturas medias durante los 40 años anteriores. O sea, si a
partir del ´75 los temperaturas han subido - excepto los últimos 6 o 7 años
-,solamente se han recuperado de la bajada previa. El clima es un sistema
caótico influido por tantos factores que, como sabemos todos, predecir el
tiempo es difícil hasta a plazos muy cortos y las fuerzas de la naturaleza
tienen muchísimo más impacto que nuestros quehaceres. Terremotos, erupciones
volcánicos, manchas y vientos solares tienen influencias imprevisibles. Por
ejemplo, la erupción actual del volcán Katla en Islandia, con su expulsión de
centenares de kilómetros cúbicos de cenizas, puede tener un efecto enfriador en
el norte de Europa durante varios años, mientras que el terremoto de Chile
parece haber desplazado ligeramente el eje magnético de la tierra sin que
sepamos la influencia que esto pueda tener a largo plazo.
No hay duda de que la predisposición de muchos investigadores a favor de la teoría del cambio climático ha coloreado fuertemente los resultados obtenidos pero hasta si no hubiera sido así y las investigaciones hubieran sido hechas con total esmero y objetividad, tampoco habrían demostrado nada sin más. Uno de los principales problemas en la investigación científica es saber si una serie de datos que se orientan en una determinada dirección marcan una verdadera tendencia o son, a la postre, meramente aleatorios. Para investigar este problema y llegar a conclusiones validas ha surgido una rama científica conocida por estadística física. Tomamos como ejemplo una mesa de ruleta en la cual ha salido, en 50 tiradas, el rojo 40 veces y el negro solamente 10. Alguien, que no tenga ninguna noción del cálculo de probabilidades, podía sacar la conclusión de que el resultado indica una tendencia a que el rojo sale 4 veces más que el negro. Sabemos que no es así y que en series largas el rojo y el negro saldrán con igual frecuencia si la mesa no está trucada y que por lo tanto el resultado anterior fue puramente aleatorio. Volviendo al clima, habrá que pensar que si la bajada media de la temperatura en el periodo 1930-1975 clarísimamente no marcó una tendencia a largo plazo, tampoco el aumento de la temperatura media a partir del ´75 demuestra forzosamente nada más de que el clima tiene sus ciclos cambiantes.
Como el tema tiene sin ninguna duda gran importancia espero que se haga una investigación solvente por gente objetiva sin condicionamientos previos.
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ã 4/2010