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AUTODETERMINACIÓN Y CEGUERA POLÍTICA.

  

La redacción de los artículos 2 y 8.1 de la Constitución como parte del consenso constitucional no era sorprendente, y hasta lógico, dentro del contexto histórico del año 78. No obstante pocos años después cualquier analista político independiente tenia que haberse dado cuenta del craso error cometido y los graves inconvenientes que estos artículos iban a crear.

Por mucho que la autodeterminación nos puede parecer, subjetivamente, una aberración y un sinsentido dentro de la Europa moderna, tenemos que aceptar, objetivamente, que estamos hablando de un derecho democrático innegable que por lo tanto no debiera haber sido declarado implícitamente "ilegal" de forma constitucional. Las consecuencias han sido francamente nefastas. De un lado la negación constitucional del derecho de autodeterminación ha sido usada por la banda terrorista ETA como su principal, si no único, argumento para "justificar" sus actos violentos. Y han tenido un cierto éxito, hace solamente pocos días un locutor de CNN les llamaba: "el grupo guerrillero ETA"(sic) como si fuese un ejercito independentista que se hubiera echado al monte para luchar contra un poder colonial. De otra parte, los principales partidos nacionalistas, CiU en Cataluña y PNV en el País Vasco, siempre se han quejado de la negación de la autodeterminación con la boca pequeña; no es que tuvieran el mínimo interés en la autodeterminación, como se verá mas tarde, sino que les daba la insospechada oportunidad de torear impunemente al Gobierno de la Nación con la sencilla argucia de agitar el trapo de la autodeterminación para provocar el embiste del toro "constitucionalista". ¡Y pingues beneficios han sacado en los últimos 20 años!

Si los dos partidos mayoritarios hubieran tenido el más mínimo sentido político, hubieran acordado -- allá por el año 85-- de común acuerdo la necesaria reforma de los artículos constitucionales antes aludidos. Este no solamente hubiera sido un acto democrático sino, más importante todavía, un acto de enorme calado político. Un pulso estratégico no solo a ETA sino también a CiU y al PNV. Vamos por partes; una reforma apoyada conjuntamente por el PSOE y el PP (un 80% de las dos cámaras) hubiera obtenido el voto unánime de todos los partidos. ¿Quién hubiera votado en contra? ¿CiU, PNV, CC, IU, otros partidos regionales? Claro que no. O sea, la reforma en cuestión hubiera obtenido el 100% de respaldo, y por lo tanto no hubiera implicado ninguna merma electoral para ninguno de los partidos. (Dejando además coincidir la aprobación de la reforma con el fin de la legislatura el inconveniente de la convocatoria de elecciones anticipadas también quedaría resuelto). 

La reforma en cuestión hubiera tenido los siguientes efectos: por un lado hubiera cortado las alas a ETA, ya que con la autonomía más avanzada del mundo y el derecho de autodeterminación asegurado ¿qué argumentos "políticos" les quedarían? ; por otra parte también se les hubieran quitado los bríos a CiU y al PNV. De lo que los partidos mayoritarios nunca han querido darse cuenta en todos estos años - no se sabe si por ceguera, por cobardía o por falta de análisis político- es que la famosa exigencia de "autodeterminación" ha sido un farol total. Ni el uno ni el otro quieren no ya la independencia sino ni siquiera un referéndum. Hay varias razones por las cuales un referéndum de independencia/secesión da autentico pánico al CiU y al PNV:

1.Los dos partidos saben que no hay mayoría en sus respectivos territorios. Un referéndum de esta índole exige por su crucial importancia un planteamiento especial. No es imaginable que, para dar un ejemplo, se pudiera obtener la independencia con el 51% de los votos y una abstención de un 30-35% o sea con, más o menos, un 33% del electorado. Las posibilidades de manipulación por parte de los grupos violentos seria infinita. Habría que eliminar entonces cualquier posibilidad de aprovechamiento de la abstención. La única fórmula seria sería hacer, como excepción, el voto obligatorio, combinado con la exigencia de obtener el cincuentayalgo por cien del censo. En estas condiciones los partidos "independentistas" no llegarían ni al 30%; lo que coincide con el resultado de las encuestas habidas sobre el particular.

(Tampoco hay que tener miedo a un improbable resultado adverso en el caso que la mayoría de los vascos y catalanes se hubieran vuelto locos. En este caso habría que recordar la advertencia de Luis de Ortiz a Felipe II -referente a la implicación de España en los problemas religiosos del Norte de Europa-"si se quieren perder, que se pierdan; pero que no se pierda España". O sea mejor solos que mal acompañados.

2.La hipotética independencia sería un auténtico desastre económico. Hasta en el caso de que España no aplicase su derecho al veto, la negociación para la entrada en la Unión Europea de las nuevas naciones tardaría por lo menos 5 años. En este intervalo perderían totalmente el mercado español, ya que comprar a Francia o Portugal etc. sería mucho mas barato para los clientes españoles. Además, no hay duda que en este periodo se establecerían industrias alternativas en otras partes de España. ¿Una autentica oportunidad de oro para industrializar Extremadura y Andalucía! (Con este panorama: ¿ cuantos empresarios catalanes y vascos no optarían por la nacionalidad española?) 

3.En el caso de los vascos hay un tercer temor, un temor nunca expresado, un temor tabú, pero por esto no menos real. ¿Hay alguien tan ingenuo, tan ciego, que pudiese pensar que una vez independiente "Euskadi", Eta desapareciese como por arte de magia? ¿No sería más lógico pensar que los vascos se quedarían "solos ante el peligro"? Todo esto se ha clarificado mucho en los últimos días con la manifestación de HB de que su ideal para Euskadi es la ¡Albania de Hoxa! Un auténtico modelo para la democracia. 

El miedo es siempre el peor de los consejeros. Si catalanes y vascos "juegan" con el sutil chantaje de la autodeterminación, pues "dos tazas". Lo peor es dejar que CiU y el PNV caigan en su propia trampa y se vean forzados a una huida hacia delante, a un órdago hacia sus peores pesadillas.

 

Vea también Terror y publicidad, Hb y el fascismo,

           Terrorismo y derecho penal 

 

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ã 6/2000