MUCHO TALANTE; POCO TALENTO 

Las definiciones de los dos términos son muy aclaratorias.

Talante: Modo o manera de ejecutar una cosa.
Semblante o disposición personal. Voluntad, deseo, gusto.
Talento: Inteligencia, capacidad intelectual.
Aptitud, capacidad para el desempeño o ejercicio de una ocupación.

Las dos palabras vienen del latín talentum  pero han recorrido caminos muy diferentes. Por una parte está claro que el sustantivo talante es muy ambiguo. Puede ser bueno, malo o hasta nefasto, puede ser conservador, moderado, socialista o marxista. Por la otra, todos aceptamos que el talento es una cualidad positiva. No hablamos de un criminal talentoso; listo o genial (en el sentido de alta disposición para una cosa específica: como ciencia, arte y hasta crimen) sí. No hay duda que Zapatero es un hombre de talante pero cuando los votantes socialistas pensaban que esto implicaba una mejora de actitud en relación con la de Aznar no veían más allá de sus narices. De igual forma cuando pensaban que era un talante social-demócrata. Es verdad que Aznar en su segunda legislatura se hizo más autoritario y más soberbio que durante la primera y si el talante de Zapatero hubiese sido volver a la actitud de Aznar de la legislatura anterior hubiera acertado. Pero no, Zapatero pretendía volver al talante de los gobiernos de González, y en particular el último, elevado al cubo. Un talante inclinado hacia el marxismo y el revanchismo con el uso constante del agitprop, la manipulación, la mentira y el engaño. 

De cierta forma Zapatero es un hijo perfecto de la segunda parte del siglo XX, ya que combina mediocridad con ambición desmesurada. Uno de los grandes problemas de nuestra sociedad es que en todos los principales ámbitos de la vida, tanto en la política, en la empresa como en la Iglesia, los mediocres desalmados y dispuestos a todo suben como la espuma. En las empresas hay mucha gente con talento y capacidades que se queda estancada a niveles medio-altos porque no están dispuestos a vender su alma y dejar víctimas en su camino. Intuyen que querer subir implica algo tan desagradable como tener que hacer "política empresarial", un eufemismo para esconder la exigencia de convertirse en lameculos sin escrúpulos para trepar hacia las alturas. No hay nada malo en ser mediocre, casi todos lo somos en mayor o menor grado, lo malo es cuando mediocres superambiciosos son promovidos hasta niveles muy por encima de sus capacidades ya que, como estamos viendo en la actual crisis económica, pueden joder no solamente a sus propios empresas sino a todo el mundo. Solamente hay que observar las locuras en que se han metido los altos mandos de muchos de los grandes bancos y de su falta de conocimientos, capacidades, sentido común y prudencia para darse cuenta que estamos en manos de temerarios inconscientes. Lo malo es que cuando son finalmente despedidos después de haber logrado una debacle total ni siquiera tienen su justo castigo, muy al contrario obtienen una indemnización multimillionaria como premio a su desastroso hacer.
Algo parecido ocurre en la Iglesia. Últimamente han aparecido varios libros escritos por prelados dentro del Vaticano en que se han criticado la corrupción espiritual, el nepotismo, el favoritismo, el enchufismo y el chantaje como armas para ascender en la jerarquía. Es por lo menos sorprendente los muchos curas que han sido nombrados obispos auxiliares  por el mero hecho de haber sido chofer, secretario y factótum para todo de un obispo, arzobispo o cardenal,  sin tener la más mínima experiencia pastoral y muchas veces sin haber dicho misa nunca más después de haberla cantado en su ordenación. Con tantos prelados mediocres y arribistas en el Vaticano en particular, y la Iglesia en general, no es de sorprender que esta sea cada vez más ultramontana en su liderazgo y que la división entre el episcopado por un lado y muchos párrocos y creyentes por el otro está creciendo continuamente. Gente que sin la debida preparación y sin talento suficiente para el cargo que ocupa y que además, para garantizarse futuros promociones, quiere demostrar una canina obediencia a sus superiores, no tiene madera para promover las reformas que la Iglesia necesita como el agua de mayo.
Como es lógico, la política imita desgraciadamente la sociedad al dedillo. En todos los países, pero en España mucho más que en cualquier país de Europa occidental, una mayoría de los diputados y senadores en el parlamento son gente sin oficio ni beneficio. Gente que solamente sepa vivir de la política y, si se cae de las listas electorales o no sale elegido, no tiene idea como se puede ganar el pan fuera de ella. Estos "políticos" son mucho más frecuentes en el PSOE que en el PP lo que explica la poca rebelión que hemos visto entre diputados socialistas contra la política Zapatero con que muchos están en completo desacuerdo. ¿No dijo Bono, en relación al "Estatut", que había 60 diputados socialistas que solamente esperaban un líder para rebelarse? Pero nada de nada, la "pela es la pela", y unos diputados que creen a pies juntillas en un concepto tan catalán como este no iban a votar en contra del Estatut. Además, menudo es Pepiño al que solamente le falta un abrigo negro de cuero para parecerse a una caricatura perfecta de un comisario político soviético. El tal Pepe Blanco tampoco tiene mucho oficio y parece que ni siquiera fue capaz de terminar el bachillerato. Que tropa.
Zapatero en este sentido no es solamente un hijo perfecto de su época sino también del desarrollo de su partido en los últimos 15 años. Diputado a los 25 años, era un soldado sumiso y totalmente desconocido hasta que un grupo de sus calaños (y de su misma calaña) lograron, con la ayuda de Maragall y Chaves, subirle al altar de la secretaria-general. Es curioso como en todos los partidos de origen marxista el puesto de máxima importancia sea el de secretario-general. El puesto fue inventado por Lenin en 1922 y el único que se ofreció para ocuparlo fue Stalin. Tanto Trotski como Zinóviev, Kámenev, Bujarin y  Ríkov, los lideres más importantes después de Lenin, lo rechazaron como poco atractivo y demasiado burocrático para sus gustos. Ya se sabe como terminaron por entregar el control del aparato del partido a un hombre que despreciaron profundamente. Cuidado con los secretarios-generales de los partidos socialistas; no hay que olvidar que también el Partido Comunista Ruso se llamó hasta marzo de 1918 "Partido Obrero Socialdemócrata Ruso.
En un reciente libro sobre Mao se ha analizado la razón de su reputación como gran líder considerando que su forma de gobierno era desastrosa y fue directamente responsable de la muerte de más de 70 millones de chinos. Se han detectado 4 elementos principales que pueden ser aplicados a casi todos los totalitarios, dictadores, lideres aparentemente democráticos pero con instintos totalitarios, y nefastos gerentes de grandes empresas. Analizándolos nos daremos cuenta que no solamente son aplicables en nuestra época a Castro, Chávez y otros dictadores sino también a José Luis Rodríguez Zapatero:

  1. Un eslogan poderoso y mendaz: En el caso de Mao este fue "Servir a la gente" , algo en completa contradicción con su imperial estilo de vida. En el caso de Castro: "La historia me absolverá". En el caso de Zapatero: "Un cambio de talante".

  2. La implacable manipulación de los medios de comunicación: Zapatero no controla lógicamente los medios de comunicación pero tiene a su disposición todo un grupo de periódicos, radios, televisiones y periodistas sicofantes que han cantado durante los últimos cuatro años sus maravillas en contra de todas las pruebas de su nefasta gestión.

  3. El sacrificio de amigos y enemigos: lo del sacrificio de enemigos es tan antiguo como la humanidad pero ser, o haber sido amigo, de tiranos es igualmente peligroso. Ya hemos visto como Stalin ajusticiaba a muchos de sus antiguos camaradas, igual como Castro mandó a gran parte de sus correvolucionarios de la Sierra Maestra al calabozo. De una forma parecida, Zapatero también ha aplicado la excomunión socialista a personas emblemáticas de su partido como Rosa Diez, Nicolás Redondo Terreno, Marín, Leguina y otros, por no comulgar sumisamente con su política de acercamiento a Eta y los partidos ultra-nacionalistas. 

  4. Sustituir una falta de logros por una actividad desfrenada: Si la gente se fijan demasiado en los fracasos de algunas políticas hay que introducir nuevas medidas y leyes por doquier para desviar la atención. Poco importa que sean mal redactadas, peor ejecutadas y muchas veces inaplicables por falta de la financiación adecuada. Que más da, hay que mantener el electorado socialista en efervescencia y además no se dará cuenta del timo hasta después de las elecciones cuando ya sea demasiado tarde. Si no llega el AVE a Barcelona, ya nos ocuparemos vde que llega a Valladolid y a Málaga. ¿Mal hecho y sin haber hecho los necesarios ensayos de seguridad? Con un poco de suerte no habrá víctimas hasta después del 9 de marzo. ¿Que hay algunos pueblos en Málaga a los que por culpa de las obras se les han roto los acuíferos y que se han quedado sin agua? Son unos pobres desgraciados que no importan. Y así hasta la náusea.            

Contrario a Castro, Chaves y otros "salvapatrias", Zapatero todavía no ha logrado eliminar a la oposición pero dale tiempo al tiempo. Fernández de la Vega dijo el año pasado que el PP no era un partido democrático,  una indicación de que sueña con poder ilegalizarlo. Podemos añadir a los cuatro conceptos anteriores un quinto: Aprovechar cualquier error del contrario para montar un "agitprop" furibundo con el único objetivo de crear una enorme cortina de huma para ocultar y obviar los asuntos que verdaderamente preocupan al electorado. Zapatero, Blanco y los demás luminarios del PSOE, bien enseñados por Rubalcaba, el malvado (¡ su apodo dentro de su partido!), se han convertido en verdaderos maestros del manipuleo, del engaño y de la mentira. A su lado los populares pecan de un exceso de ingenuidad y siempre hay algunos que cometen, sin duda con buena intención, crasos errores tácticos que facilitan al PSOE fervorizar a sus masas. Un claro ejemplo de esto es la Conferencia Episcopal con su reciente manifestación para la familia y su, más reciente todavía, pastoral, que  Zapatero ha podido usar para inventarse la supuesta deriva hacia la derecha del PP. El hecho es que el problema del PP ha sido para muchos su ala democristiano, minoritaria pero indudablemente con bastante influencia sobre los postulados sociales del partido. Ahora la Iglesia ha dado, con una extraordinaria falta de sentido político, los argumentos que le faltaba al PSOE para levantar la bandera del anticlericalismo. El electorado español es único en Europa occidental en su sectarismo. En cualquiera de nuestros vecinos del Norte un mal gobierno como el de Zapatero perdería las próximas elecciones parlamentarios por goleada por tener un electorado mucho más pragmático y flexible que España. Aquí los dos principales partidos dividen entre si más del 80% de los votantes y de estos un 70% se divide sin más a partes iguales y fijas con una extraordinaria fidelidad sectaria. Para ganar las elecciones hay que atraer la mayoría de este 10+% de votantes independientes y flotantes. El problema es que muchos de estos están igualmente opuestos tanto al talante autoritario, marxista y ultra-feminista por lo que se ha derivado el Gobierno como a un posible exceso de influencia clerical en el PP. Muchos de ellos, creyentes o no, comparten una actitud anticlerical, no en el sentido de quemar iglesias y matar monjas sino en el sentido de querer una estricta división entre Estado y Iglesia conforme a los evangelios:«Devuelvan al César las cosas del César, y a Dios lo que corresponde a Dios» (Mt:22,21). Claro el concepto es bastante difícil para una Iglesia  acostumbrada durante más de un milenio a confundir los dos conceptos gracias en gran parte a la existencia de los Estados Pontificios en los cuales los papas reinaron como auténticos emperadores romanos. En democracia la Iglesia tiene perfecto derecho a manifestarse e imponer criterios a sus creyentes, que pueden o no seguirlos. No obstante hay momentos, especialmente en plena precampaña electoral, cuando es mejor callarse y no facilitar al PSOE  atizar el fuego. Aparte de esto los obispos ni siquiera tenían razón. Algunos obispos vascos han actuado en varias ocasiones como intermediarios en contactos con Eta y otros han adoptado posturas equidistantes entre las víctimas y los presos etarras, al mismo tiempo que muchos sacerdotes en el País Vasco han estado abiertamente a favor de posiciones abertzales y han tratado a las víctimas con un deprecio total. La merecida crítica de los obispos a  "partidos que negocian con terroristas" hubiera tenido más valor si ellos en el pasado hubieran criticado de la misma forma al clero vasco. Entonces no se atrevieron  por miedo a las exigencias, tanto de los obispos vascos como de los catalanes, de poder formar sus propias Conferencias Episcopales, una clara indicación de sus posturas nacionalistas. Si en España como tal no hay ningún peligro de que resucite el nacionalcatolicismo, no se puede decir lo mismo del País Vasco y de Cataluña; se está formando sin duda una especie de nacionalcatolicismo vasco y otro catalán. 

Errores de este tipo pueden convertir una posible victoria electoral en una derrota. Un cambio de inclinación de solamente un 2% de los votantes es suficiente para tener Zapatero 4 años más, lo que sería desastroso desde casi todos los puntos de vista. Es sorprendente, que estando la inmensa mayoría de los españoles, incluyendo gran parte de los votantes socialistas, en contra de las negociaciones con Eta y la admisión de que Zapatera nos ha estado mintiendo durante años, esto no parece tener ninguna repercusión negativa sobre las perspectivas electorales del PSOE. Otro tanto podemos decir sobre el fracaso de las infraestructuras por culpa de Magdalena Álvarez o la falta de Zapatero y Solbes de admitir la crisis económica y su incapacidad de hacer frente a ella. Parece que los votantes socialistas se rigen por una absurda fidelidad visceral y que prefieren uno de los suyos por malo que sea por encima de todo. Como muchos de ellos pertenecen al grupo social que va a estar más afectado por la crisis económica, parece que todos son unos sufridores natos, una especie de socios del Atlético de Madrid en el ámbito político. Masoquismo puro.

Hace poco, en una comida, un socialista me acusó de antisocialista. Lo dijo como si de un insulto se tratase pero si yo le hubiera devuelto el agravio llamándole antiliberal igual lo hubiera considerado un cumplido. De todos formas su acusación ni siquiera era verdad. Fui en mi tierna juventud miembro del partido comunista, igual como Sánchez Dragó, durante seis meses hasta que me curé de tan peligrosa infección. A partir de allí me desplacé hasta el liberalismo, esa perfecta combinación de centro-derecha en lo económico y centro-izquierda en lo social. La existencia de un partido socialista, o mejor dicho social-demócrata, es una necesidad. No tengo nada en contra del PSOE pero si contra su cúpula dirigente que durante los últimos 26 años ha ido de mal a peor hasta llegar a nefasta con el grupo actual. No hubiera tenido ninguna aversión a un PSOE dirigido por gente como Rosa Díez, Marín, Redondo Terrenos, y Leguina. Todos son honrados, tienen sentido ético y sentido común.  Habrían ganado igualmente las elecciones por culpa del atentado pero se hubieran comportado de forma bien diferente. Habrían mantenido el Pacto antiterrorista, y no dudo de que hubieron ofrecido una serie de Pactos de Estado al PP sobre la organización del Estado, la educación, el agua, los estatutos etc. Desde luego no hubieran provocado todo esta espiral de sectarismo, de enfrentamiento constante para crear una división casi guerracivilista en la sociedad. No hubieron aceptado la constante persecución del castellano en Cataluña y el País Vasco. Vamos, con ellos España hubiera sido un país bien diferente y como el mérito hubiera sido atribuido más al gobierno que a la oposición, aquel hubiera ganado las elecciones próximas por goleada, lo que demuestra la falta de cordura e inteligencia del actual. 

ã 1/2008

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