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GEORGIA Y EL IMPERIALISMO RUSO

El reciente conflicto entre Georgia y Rusia tiene, por extraño que parezca, mucho en común con los conflictos étnicos en África después de la descolonización. Las colonias africanas habían sido trazadas con una regla en el mapa de África dividiendo tribus y grupos étnicos en dos y combinándolos con otros igualmente divididos artificialmente. Esto no creó demasiados problemas durante las administraciones coloniales que actuaban de forma más o menos neutrales, pero una vez obtenida la independencia las diferencias entre una etnia dominante, mayoritaria o no, y otras, creaba rápidamente cócteles explosivos que siguen estallando con gran frecuencia. Los ejemplos abundan como por ejemplo Burundi, Ruanda, el Congo, Somalia, Sudan y hace poco Kenya. Francia ha tenido que intervenir muchas veces en sus ex-colonias para reestablecer la paz y proteger sus intereses económicos en la región. 

El Cáucaso no es en este sentido muy distinto a África. Desde tiempos inmemoriales ha sido una de las regiones más conflictivas del mundo y ha sido siempre un corredor por el cual han pasado casi todas las grandes migraciones. Todas estas migraciones dejaban atrás pequeños grupos que se asentaron para ser dispersados con la siguiente migración. Con el tiempo el Cáucaso se ha convertido en un auténtico mosaico de etnias y lenguajes. 

La historia de Georgia es parecida al resto de los países del Cáucaso, y sus  periodos de independencia han sido pocos, cortos y muy distanciados en el tiempo. Solamente contando desde el siglo VII ha estado ocupado por persas, bizantinos, árabes, turcos selyúcidas, mongoles, otra vez persas y otomanos, para ser finalmente incorporado en el Imperio Ruso en 1801. Considerando migraciones y ocupaciones no es de sorprender  que la población está compuesta por casi 100 grupos étnicos distintos, la mayoría minúsculos. 

 Durante la revolución rusa Georgia se declaró independiente en 1918, con un gobierno menchevique, para ser ocupado de nuevo por tropas soviéticas en 1921. Los nuevos amos, no obstante su eslogan de libertad, se consideraban herederos del imperialismo zarista. Además: ¿Cómo no iba Georgia a formar parte de la USSR si Stalin, entonces comisario del pueblo para las Nacionalidades, era georgiano?  Durante todo el periodo soviético Georgia fue - primero como parte de la República Socialista Federativa Soviética de Transcaucasia, y a partir de 1936 como república federada de la Unión Soviética-,una de las repúblicas más favorecidas y con una de las rentas per cápita más altas.  El 70% de la población es georgiana pero hay das otras etnias importantes,  los osetios y los abjasios. Ambos pueblos se distinguen de las demás minorías por tener territorio propio. Osetia (del Sur) se declaraba ya república soberana en 1990 como reacción a la decisión del todavía Soviet Supremo georgiano de declarar el georgiano idioma único oficial. O sea, Osetia declaraba su independencia un año antes que Georgia mientras que Abjasia seguía el mismo camino en 1992. Desde entonces han existido cruentas luchas intermitentes, ora abiertas ora subterráneas, entre las partes, con ayudas a Osetia por parte de sus primos hermanos de Alania, al norte de la frontera rusa, y a Abjasia por pueblos caucásicos con un entorno étnico similar en Rusia. 

Georgia, tanto como provincia zarista que como república federada soviética, fue en parte una creación artificial ya que a su territorio histórico se añadieron  Osetia y Abjasia como una especie de quinta columna rusa injertada en el tronco georgiano. La lengua nativa de los osetios es el oseto - que pertenece a la familia de las lenguas indoiranías -, antigua lengua de los alanos, mientras que el abjasio pertenece a la familia caucásico, una familia muy sui géneris ya que consiste de 40 idiomas muy minoritarias que no tienen ningún parentesco probado entre si y son hablados en conjunto por unos 6 millones de personas. Para entender el impacto que tuvo la declaración del georgiano como única lengua oficial en 1990 hay que entender que tanto en la Rusia zarista como en la soviética y en la actual, el idioma ruso era y es la lengua franca del país en el cual se hablan más de cien lenguas, muchas muy minoritarias, que hace de Rusia uno de los países más multiétnicos, multilingüísticos y multinacionales del mundo en el cual los rusos étnicos solo representan el 18% de la población. Las minorías son casi todos bilingües por pura necesidad de comunicación. 

Visto todo esto es sorprendente que la nueva república georgiana no aceptase simplemente, y de buen grado, la independencia de los territorios en cuestión con el cual se hubiera liberado de unos minorías molestas y recalcitrantes. Mejor solo que mal acompañado. Además, deberían haberse dado cuenta que tener dos minorías hostiles "rusas" (ser ruso es un concepto muy elástico) en el país daba a Rusia una excusa para intervenir en su "protección" de forma muy parecida a la invasión nazi en Checoslovaquia con el pretexto de proteger la minoría alemana de los Sudetes. El problema fue que los primeros gobernantes de la nueva república eran los mismos que antes habían gobernado el Soviet Supremo georgiano y por lo tanto acostumbrados a gobernar de forma autoritaria. Las hostilidades contra los dos territorios cesionistas se mezclaban con una lucha por el poder entre facciones georgianas. Una vez resuelta esta última, el problema de Osetia y Abjasia se resolvió temporalmente con una autonomía de facto garantizada por tropas rusas. A partir de allí el problema se quedó estancado durante años, en parte por las problemas económicos y financieros de Rusia que desviaban su atención de un asunto menor como el de los dos territorios en cuestión, en parte por la presidencia de Shevardnadze - había sido ministro de Exteriores de la USSR durante su última época -,que sabía perfectamente que no convenía despertar al oso ruso de su letargo. Todo cambió en 2004 con la llegado al poder de Saakashvili, un joven exiliado que había estudiado y trabajado en EE.UU y había establecido importantes contactos con políticos estadounidenses. Se había acostumbrado a la forma de hacer política en Occidente y se lanzó de cabeza a una confrontación con los rusos convencido que estaba protegido por el umbral americano y de la ONU. Respaldado por Bush pidió la entrada de Georgia en la OTAN y empezaba a dar rasguños a los rusos  invadiendo Osetia y Abjasia para imponer la unidad georgiana. No se daba cuenta de que el oso ruso ya se había despertado de su hibernación hace años y que su vertiginoso crecimiento económico desde el 2000 había cambiado no solamente su situación financiera sino también la militar y estratégica, y que ya no iba a tolerar algo que no había podido impedir cuando los países bálticos entraron no solamente en la Unión Europea sino también en la OTAN lo que les amparaba de cualquier intento ruso de intervenir en sus asuntos. En estos países, especialmente en Estonia y Letonia con minorías rusas de un 30% de su poblaciones, Rusia no había tenido más remedio que tragarse la definitiva imposición de las lenguas autóctonas (por un lado letón y lituano que constituyen la rama báltica de las lenguas indoeuropeos, y por el otro el estonio, una lengua "ugrofinesa" relacionada con el finés y el húngaro) con la relegación del ruso. 

No hay duda de que en la Rusia actual el sentido imperial ancestral ha despertado de nuevo, y que esté dispuesto a responder a los rasguños georgianos, o de otros, con zarpazos de oso. Cualquier pretensión tanto de la Unión Europea como de la OTAN de extender su tentáculos en territorios que Rusia considera como dentro de su esfera de influencia, va a crear conflictos en donde Rusia probablemente va a salir victoriosa por el simple hecho de controlar la llave de buena parte de las necesidades energéticas europeas. Si los georgianos tienen el más mínimo sentido común se dejan de "aventurismos" inútiles y tontos, aceptan la independencia de los territorios en disputa, y negocian un tratado de cooperación con los rusos que a la larga les va a salir más beneficioso que unirse a la Unión Europea.    

De cierta forma los georgianos hubieran estado mejor servidos si sus políticos no les hubieran llevado en 1991 a una independencia que tuve como resultado conflictos étnicos y un enorme bajón económico, por la pérdida de gran parte del mercado ruso, que todavía afecta al país y que seguramente haya empeorado por la reciente escalada bélica. Si se hubiera contentado con seguir incorporado en la Federación Rusa hubiera sido en la actualidad una de las 20 repúblicas federadas de base étnica  (bilingües). Desde la Constitución de 1993 estas repúblicas tienen derecho a adoptar su propia Constitución, himno y bandera y tienen un muy alto nivel de autonomía. Esto probablemente hubiera satisfecho las aspiraciones de identidad de los georgianos y les hubiera hecho partícipe del gran crecimiento económico ruso de los últimos 10 años. Con la independencia perdieron entre otras cosas el mercado de Moscú que antes fue en gran parte abastecido con frutas y verduras por los horticultores georgianos. Todavía hay tiempo para integrarse en la Federación Rusa lo que les dará más beneficios que convertirse inexorablemente en una especie de protectorado. 

La acción rusa en Georgia es también una advertencia, apenas velada, para los 4 "stanes" (Kazajstán, Kirguizistán, Uzbekistán y Turkmenistán, todos con minorías rusas de entre el 10 y el 40%) de tener mucho cuidado en respetar los derechos de sus minorías y no irritar al gran oso.   

Parece que en parte el conflicto actual corresponde, subconscientemente, a un afán de recuperar la vieja tradición guerrera de los georgianos que nunca tuvo mucho impacto en el Cáucaso pero sí en una tierra muy lejana: Egipto. Allí Saladino creó un cuerpo militar, los Mamelucos (lit."esclavos blancos"), a partir de esclavos georgianos, teniendo este pueblo de origen muy antiguo la reputación de ser el más resistente y guerrero de todos los tiempos. Este cuerpo se convirtió en menos de un siglo en una auténtica casta militar dominante, eligiendo de entre ellos el Sultán de turno y limitando el poder del Califa a los asuntos religiosos. Fueron una sociedad de esclavos auto propagadora, manteniendo su fuerza numérica con la compra y/o secuestro de niños de su mismo origen étnico. Tan fuerte fue su agarro étnico que mantuvieron su lengua georgiana a través de los 6 siglos de su existencia y muchos de sus componentes nunca aprendieron el árabe. Como fuerza militar formaban el ejercito más temido de Oriente, salvaron al Islam derrotando a los mongoles, los turcomanos de Timur y derrotaron a todos los que se les pusieron delante. Cuando finalmente sucumbieron ante Bonaparte, no fue por falta de valor o ferocidad, sino simplemente por atraso tecnológico.  

¡Ya les gustaría a los modernos georgianos ser tan fieros!

 

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ã 10/2008