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FRANCIA : ¿SALVACIÓN O DEPRESIÓN?

Hace exactamente 5 años (como corre el tiempo) escribí un análisis  sobre la primera vuelta de las elecciones presidenciales de entonces (vea: FRANCIA: ESQUIZOFRENIA ELECTORAL). Aquellas elecciones demostraban la enorme división en el seno de la República y las luchas personalistas y destructivas dentro del partido socialista. Si no hubiera sido porque el candidato oficial, Jospin, tuvo que compartir el voto socialista con dos listas socialistas alternativas que le quitaron el 7,6% de los votos, Jospin, en vez de ser eliminado, hubiera ganado la primera vuelta, por encima de Chirac, con casi el mismo porcentaje de votos que obtuvo en 1995.( Es curioso que el líder de una de aquellas dos listas, Chevenement, se ha convertido en esta campaña en uno de los consejeros principales de Ségolène Royal). La posterior victoria de Chirac en la segunda ronda por goleada era muy falseada porque, puesto a elegir entre él y Le Pen, todos los socialistas, y hasta la izquierda revolucionario, le votaron. 

Las actuales elecciones tienen lugar en plena decadencia económica de Francia. En los últimos 10 años se ha convertido en el estado enfermo de Europa, y la mayoría de la población solamente se ha dado cuenta muy recientemente. El crecimiento más bajo, el paro más alto, casi ninguna creación de empleo, un déficit galopante y una deuda pública que no deja de crecer. Es verdad que la productividad de sus trabajadores por hora trabajada es muy estimable, lo malo es que los franceses trabajan muy pocas horas.

Una de las razones es sin ninguna duda una falta de liderazgo político que tiene sus orígenes en la educción de 2 de los 3 presidentes que el país ha tenido en los últimos 33 años. Tanto Giscard (1974-1981) como Giscard (1995-2007 ) son productos de la prestigiosa Escuela Nacional de Administración (ENA) supuestamente, y extrañamente, la cima de la educación francesa. La creación de la ENA por de Gaulle en 1945 era  reflejo del clásico intervencionismo francés. Si Giscard Y Chirac fueron intervencionistas y burócratas por educación, Mitterand (1981- 1995) lo fue por temperamento y socialista.  El resultado ha sido que los tres presidentes en cuestión nunca han sido verdaderos políticos sino superburócratas y no fueron tanto presidentes de la nación como comandantes en jefe de la administración pública - la derecha francesa en cualquier otro país hubiera sido considerada como social-demócrata - y que no han gobernado sino se han limitado a administrar a Francia, y los franceses no han sido tanto "citoyens" como "administrados".  Muy bien por cierto - la administración francesa funciona de maravilla - pero la administración, cuando funciona bien y está bien engrasada, se vuelve rutinaria y no es un ambiente estimulante para que broten las ideas políticas necesarias para adaptar el país a un entorno cada vez más cambiante. La burocratización es tal que en una entrevista reciente en una cadena de televisión francesa un empresario que había estado muchos años fuera de Francia contaba que había logrado  registrar una empresa en Inglaterra en 10 minutos, en Malasia en una semana, y no lo había conseguido todavía en Francia después de tres años de intentos.   

Otra razón es el exagerado conservadurismo de la clase obrera. Una actitud estimulada por los sindicatos que más que conservadores son, en un sentido socio-psicológico, casi reaccionarios. Resisten con todas sus fuerzas cualquier tipo de cambio y usan la huelga como potente arma contra cualquier tipo de innovación y de esta forma, sorprendente en gente que se autodenominan progresistas, imposibilitan cualquier progreso económico. Tienen una auténtica fobia a los emprendedores - que según ellos son gente que pretenden hacerse ricos explotando a los demás- y al éxito ajeno. El resultado ha sido que más y más jóvenes talentos han buscado el éxito fuera, hasta tal punto que, por ejemplo, Londres, es por población gala, la quinta ciudad francesa  

Las elecciones de este año han sido muy diferentes a las de hace 5 años. La participación ha subido más de 15 puntos hasta casi el 85%, lo que demuestra que muchos franceses se dan cuenta que se están jugando su futuro. Hay un cambio generacional en los candidatos. La candidata socialista logró en las primarias de su partido batir a los viejos elefantes de siempre y ha hecho una campaña moderna y "glamourosa" a lo Kennedy, aprovechándose de su atractivo y de ser la primera mujer candidata a la presidencia. No obstante, la diferencia con otros políticos socialistas es más de forma que de fondo. Ella también es producto de la ENA y los viejos hábitos tardan en desaparecer. Se ha presentado como un personaje maternal, humanitario, protectora de los débiles y gran nodriza, y en consecuencia ofrece más, y hasta mucho más, de lo mismo. Más servicios sociales, más sueldo, más ayudas. Muy bien pero el problema de Francia es que ya no puede pagar los muchos servicios sociales existentes. Para simplemente mantener estos a medio plaza en sus niveles actuales habrá que estimular la economía, bajar el paro, aumentar los ingresos y controlar el déficit público. Haber sido apodado la "Zapatera", demuestra que hay más humo que sustancia. De todas formas ha tenido más éxito de lo esperado y con su casi 26% ha superado ampliamente a Jospin en sus dos intentos anteriores. 

Tampoco el combativo Sarkozy contaba con el beneplácito de la vieja guardia gaullista. Contrario a Chirac es un verdadero representante del centroderecha, un liberal en lo económico que quiere revolucionar la vida autocomplaciente de los franceses y parece que ha logrado despertar a buena parte de ellos y hacerles conscientes de los peligros que corren. Es apodado el "Thatcher francés" y ha logrado 11 puntos más de lo que Chirac obtuvo tanto en 1995 como en 2002. 

Los partidos antisistema tanto de la izquierda como de derecha han bajado su participación de uno de cada tres franceses a uno de cada cinco, parcialmente por el aumento de la participación. El FN, el partido de Le Pen, ha perdido un millón de votos cuando, por el aumento de participación, debiera de haber ganado por lo menos casi otro tanto. El FN no ha sido nunca un partido de ultraderecha sino un partido antisistema, oportunista, populista y demagógico - casi el 40% de sus votos viene históricamente del proletariado "lumpen", el que más ve su trabajo de baja calificación amenazado por los inmigrantes - y  ha basado su éxito en ofrecer un compendio de promesas para todos los gustos. Las encuestas entre sus votantes indican que hasta un tercio puede inclinarse en la segunda vuelta por Royal, no exactamente una candidata de derechas. La verdadera ultraderecha está representado por de Villiers que solamente ha cosechado un 2,5%. 

La gran sorpresa parece haber sido la participación de Bayou, el candidato de la UDF (el antiguo partido de Giscard) al CD de Suarez. No entiende muy bien de lo que viene tanta sorpresa. La intrusión de un candidato díscolo del centro derecho/ centrista ha sido la norma en las elecciones presidenciales. Este papel lo cumplió Chirac en 1981 (18%), Raimond Barre en 1988 (16,5%) y Edouard Balladur en  1995 (18,6%). Como vemos las cifras son completamente comparables con el 18,54% de Bayou este año. Haciendo números, en los casos anteriores casi todo este voto se inclinó en la segunda vuelta hacia el candidato oficial de la derecha, y solamente en 1988, cuando Mitterand había obtenido el 34% en la primera vuelta, aquel no logró la victoria. 

Royal tiene un problema casi insuperable, la izquierda global ha obtenido este año solamente un 35% de los votos, el porcentaje más bajo en la historia de la V República. Como he dicho antes a estos votos podía sumar un 3,5% provenientes de los votantes más izquierdistas de Le Pen, lo que significa que para ganar la segunda ronda tiene que seducir a dos de cada tres votantes de Bayou, bastante improbable ya que casi el 60% de sus votantes se declaran de centro/centro derecha. Sumando los votos más probables de los dos candidatos  - Royal [35+ 3,5 (FN)+8 (UDF)] 46,5%; Sarkozy [31+2,5 (Villiers)+ 2,5 (derecha antisistema) + 7(FN) + 10,5(UDF)] 53,5% - los primeros sondeos que pronostican la victoria por 54 - 46 no parecen muy descabellados.  Pero ya veremos lo que quiere la mayoría de los franceses; trabajar o vivir a coste del estado.               

 

 

©4/2007

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