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BENEDICTO XVI Y EL ISLAM
La reciente metedura de pata por parte de Benedicto XVI en su discurso religio-político en su ciudad natal en Alemania no me ha sorprendido demasiado. Ya con su elección me parecía un Papa en el molde ultraconservador de Juan Pablo II sin tener su carisma, su instinto para las relaciones públicas ni su cintura. Si a todo esto añadimos la sustitución de un Secretario de Estado muy curtido en mil batallas por otro novato ultramontana, la receta para el desastre estaba servida. Después de la polémica sobre las caricaturas (vea: Caricaturas ) solamente faltaba que el Papa. el mismísmo Papa!, abriese la boca para echar todavía más leña al fuego. No valen las protestas que sus palabras han sido sacado de contexto, ya que los consejeros que escribieron el discurso tenían que haber evitado la posibilidad misma de que esto pudiera ocurrir, tomando en cuenta además que las traducciones posteriores aumentan la posibilidad de confusión y la pérdida de muchos matices. Haber tomado como ejemplo un escrito del Emperador bizantino (Basileus) Manuel II Paleólogo (reinaba de 1391 a 1425) sobre Mahoma y el Islam, es una auténtica locura ya que, en aquellos tiempos, éste, como cabeza de la Iglesia Ortodoxa, fue considerado un hereje por parte del papado al que había dedicado descalificaciones igual de fuertes que a Mahoma. Y ciertamente con más razón si consideramos como los cruzados se habían apoderado de Constantinopla en 1204, saqueándola y, expulsando y masacrando su población, estableciendo por su cuenta el Imperio Latino de Constantinopla hasta que los bizantinos lograron recuperarlo en 1261. Por cierto, durante este periodo los Emperadores bizantinos se convirtieron en Emperadores de Nicea, ciudad que, más que Jerusalén, es la auténtica cuna del cristianismo posconstantino (vea:De perseguidos a perseguidores). Ironías de la historia. Pero, aparte, hay que considerar sus observaciones sobre el Islam en el contexto histórico de Bizancio en aquellos momentos. Los turcos otomanes habían conquistado todo el Asia Menor bizantino a principios del siglo XIV, Nicomedia (hoy İzmit) en 1338,los Balcanes a partir de 1354 y Adrianapolis (hoy Edirne) en 1361, y el Imperio de Manuel II se limitaba a escasamente 30 Km. alrededor de Constantinopla. El hombre estaba lógicamente muy resentido. Pero además se equivocaba; los turcos no conquistaban por musulmanes sino por su origen nómada turcomano y las tradiciones guerreras de las tribus turco-mongoles. La necesidad de conquista era casi genética. Esto explica la enorme tolerancia religiosa del Imperio Otomano en su apogeo. Durante gran parte de su historia la mayoría de su población era cristiana y el Imperio era el estado universal de la Iglesia ortodoxa (Toynbee). Muchos de los territorios conquistados aceptaron el dominio otomano de buen grado porque era menos oneroso que la dominación bizantina o católica.(Algunos autores bizantinos contemporáneos de Manuel II consideraban a los Turcos como una herramienta de Díos para preservar la Iglesia Ortodoxa contra el papado, para otros su éxito era permitido por Díos como castigo por los pecados de los cristianos). La población fue organizada en "millets", comunidades religiosas con gran autonomía en sus propios asuntos y sus jefes constituían una clase de intermediarios entre el gobierno y el pueblo. Otro ejemplo - que contrasta positivamente con la intolerancia de los países católicos en aquellos tiempos - fue que los judíos expulsados de España encontraban buena acogida en los territorios otomanes, donde formaban el millet de los sefardíes (del hebr. Sefarda=España). El Islam como fuerza motriz empezaba a cobrar fuerza solamente a partir del momento que Selim I se vio forzado a conquistar las posesiones mamelucas para evitar la expansión de los Safawíes persas que habían convertido el shiísmo de una secta religioso islámica en religión de estado y extremamente militante.
El Papa en vez de usar un ejemplo fácilmente manipulable fuera de contexto hubiera podido explicar que las dos grandes religiones monoteístas, ambas inspirados en el Antiguo Testamento hebreo, se han acusado durante los siglos de todo lo imaginable, de infieles a la palabra de Díos, y ya es tiempo que firman la paz y acepten mutuamente que adoran al mismo Díos y que sus diferencias debieran ser por lo tanto menos importantes que lo que les une. Una vez dicho esto podía haber añadido que el islamismo es una aberración dentro del Islam y haber admitido que estas aberraciones también han existido dentro de la Cristiandad.
Las dos religiones han tenido un desarrollo bastante similar: la sociedad cristiana por un lado y la sociedad islámica por el otro, una primera fase de cerca de mil años en donde el estado controlaba la religión, y una segunda donde la Iglesia o la religión se hizo supremo frente al estado y pretendía controlar toda la vida de los creyentes. Esta segunda fase empezó en el cristianismo en el siglo XI y en el Islam con la decadencia del Imperio otomano en el siglo XVIII. La tercera fase, la larga lucha para separar estado y religión, empezó en el cristianismo con el Renacimiento en los estados occidentales sobre el siglo XVI y en el Islam en el siglo XX con el secularismo de la nueva República turca bajo Atatürk. La lucha en Occidente fue larga y cruenta y todavía no ha sido ganada al 100% ya que la Iglesia acepta la democracia y los derechos humanos solamente a regañadientes y con la boca pequeña. Igualmente, el islamismo en los países islámicos es un síntoma de esta misma lucha contra la modernización y la secularización.
Está claro que no obstante las apariencias la lucha no es verdaderamente entre el Islam y el cristianismo. Si la secularización y la democracia no hubieran ganado la partida contra las fuerzas ultramontanas a partir de la mitad del siglo XIX, nuestra forma de vida, la forma de vestir de las mujeres y nuestras "moralinas" y costumbres no hubieran sido muy diferentes a las que los islamistas quieren imponer. Tomamos como ejemplo extremo la situación en los Estados Pontificios en la mitad del siglo XIX. La Inquisición todavía tenía el derecho de "excomulgar, confiscar, exiliar, condenar a prisión perpetua y hasta ejecutar en secreto" toda persona sospechosa de "blasfemia, inmoralidad, falta de respeto para la Iglesia, no acudir diariamente a misa, etc" . Niños y niños pudieron ser excomulgados por no denunciar a sus padres por haber comido carne un viernes o haber leído un libro incluido en el Índice de libros prohibidos (más o menos el 90% de todos los libros publicados desde Gutenberg, incluyendo los Evangelios). Los acusados fueron llevados a tribunales eclesiásticos sin tener derecho a un abogado defensor y sin poder enfrentarse a sus acusadores; todos los acusados sin excepción fueron condenados sin derecho a apelación. Cuando los Estados Pontificios fueron poco a poco ocupados por los ejércitos de la Nueva Italia y las prisiones fueron abiertas la situación de los presos fue calificado de "indescriptible". Cuando Roma fue ocupado en 1870, el júbilo de la población era solamente comparable con el del día de la liberación de los alemanes 74 años después. Otro dato más: el ghetto, ya abolido en el resto de Europa, donde los judíos vivían hacinados y que fue cerrado a cal y canto cada noche, seguía en funcionamiento hasta el mismo día de la ocupación.
La acusación de Manuel II contra Mahoma y el Islam podía haber sido expresado con más fundamento por el último soberano azteca Cuauhtémoc, o por el Inca Manco Cápac II, contra los conquistadores españoles por imponer el cristianismo a fuego y hierro. Esta claro que nunca se puede acusar a los fundadores y profetas de las grandes religiones por los desmanes y crímenes cometidos por sus supuestos seguidores. Otra cosa es acusar a los que se han desviado del camino recto, de la verdad relevada, de las verdaderas enseñazas, de haber manipulado su religión en sentido contraria. Tan anti-islámicos son los islamistas, como anticristiana fue la Inquisición.
Parece que en la Iglesia los únicos que verdaderamente tienen conocimientos profundos de otros religiones sean los jesuitas. No es que tenga ninguna predilección para ellos pero el hecho de que Juan Pablo II les apartó por completo del Vaticano tuvo como resultado prescindir de su sentido común, su finura intelectual y su mano izquierda. No hay duda de que si Benedicto XVI hubiera tenido en su entorno algún jesuita para supervisar la redacción de los discursos papales, se hubiera evitado el uso del desafortunado discurso por parte de los islamistas para inflamar todo el mundo musulmán, justamente cuando muchos pensadores y políticos estaban haciendo esfuerzos para lograr que la comunidad islámica, la umma, condenase la ideología islamista como una aberración contraria al Corán y las enseñanzas de Mahoma.
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EN HORA
BUENA!
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Þ POLÉMICA