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ZAPATERO Y EL MIEDO AL ABURRIMIENTO

En su reciente libro "Anatomía del Miedo", José Antonio Molina hace una extensa cartografía de todos los miedos y fobias imaginables con, entre otras muchas, una referencia al conocido miedo al aburrimiento y lo describe como una pasión aversiva. Como he conocido en mi vida bastantes personas con esta característica creo que no se trata tanto de un problema psicológico como fisiológico. Creo que todos los que demuestran esta sintomática tienen bajos niveles relativos de adrenalina, sin llegar a situaciones patológicos, con la consiguiente falta de "élan vital" y un continuo sentimiento de letargo, solamente superable con altos niveles de excitación. Tengo la impresión que personas con esta característica abundan entre aventureros y deportistas extremos cuya continua búsqueda del peligro es bastante incomprensible y ajena para la mayoría de la gente. Mientras que aquellos pueden ser hasta beneficiosas para la sociedad, la cosa cambia mucho, y se convierta en altamente peligrosa, cuando personas de este tipo se dedican a la política. Tengo la impresión que tanto Felipe González como, mucho más, Zapatero son claros representantes de este tipo humano tan peligroso para la vida política. Creo que es bastante obvio, considerando su trayectoria de los últimos años, que a Zapatero el cuerpo le pide literalmente la excitación, la continua necesidad de precipitarse hasta el borde del abismo. Comparte con González - mucho más prudente que el por más inteligente - la aversión al trabajo de despacho, la preferencia para los mítines con su arengas para enardecer los ánimos, los plenos parlamentarios con sus conflictos verbales; todo gratamente excitante. Como después de la alta excitación la adrenalina cae en picado creando una  sensación de agotamiento estos personajes necesitan vice-presidentes para que les hagan el trabajo de verdad. En el caso de González, Alfonso Guerra, en caso actual, Fernández de la Vega. 

Desgraciadamente para la inmensa mayoría de los españoles, tanto populares como socialistas, mantener imprudentemente altos niveles de conflictividad con el Partido Popular no es para Zapatero una necesidad política o ideológica sino una necesidad puramente personal y fisiológica, fruto de su adicción a la excitación.             

 

ã 4/2007

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